Paquito D' Rivera y Bellas Artes convertido en un enorme Mamá Rumba

lunes, 1 de junio de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Por segunda vez consecutiva, el clarinetista y saxofonista cubano Paquito D´ Rivera (Francisco de Jesús Rivera Figueras), nacido en Marianao, La Habana, el 4 de junio de 1948, llenó el Palacio de Bellas Artes por dentro y por fuera. Cúmulos de amantes del jazz latino, rumberos y asiduos a la música de cámara se dieron cita para escucharlo, tras el exitoso primer concierto del viernes 29 de mayo; el domingo cerró con broche de oro Paquito, quien actuó en compañía de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) dentro del marco de la temporada anual de conciertos 2015 de la misma, dirigida por Carlos Miguel Prieto. En punto del mediodía, con las pantallas exteriores preparadas para transmitir los eventos al público, el Palacio de las Bellas Artes (como una monolítica aparición de aquello que se encuentra a punto de desaparecer ante la indiferencia de los cibernéticos tiempos modernos) anunciaba la presentación de la OSN esa tarde con una mixtura interesante y arriesgada para su titular. Ante un ambiente sobre expuesto de publicidad y violento por las peleas por el poder y en pleno día de cierre de campañas, se abrieron los espacios culturales de convergencia y paz donde la lucha sonora es entre humanos dominando su instrumento musical. Puntual, la orquesta comienza el ritual de afinación… La gente aplaude a la concertino que sale a ejecutar su faena; aparece Carlos Miguel Prieto y una ovación lo recibe con el ánimo dispuesto para el programa; una marimba en el centro y, en escena, el joven percusionista de 22 años, originario de Ecatepec de Morelos, José Eduardo Chávez Quintero, quien ofreció el Concierto para Marimba y Orquesta de Cuerdas del compositor francés Emmanuel Séjourné, obra de carácter romántico con influencias de jazz y flamenco, en la que el virtuosismo del intérprete quedó demostrado. La ovación no se hizo esperar, Chávez Quintero salió dos veces al escenario para agradecer y ofreció una pieza más. Entonces, el adorado Paquito D´ Rivera hizo su entrada triunfal con una simpática frase de “Todos estamos trabajando”; el público lo recibió con entusiasmo y él presentó su primera pieza anunciando con que después de ésta vendría el intermedio. Así dio inicio el concierto de Paquito como invitado de la OSN, tocando Cape Cod Files (“Archivos de Cabo Cod”) compuesta por él mismo, un concierto para clarinete y orquesta de tres movimientos inspirada en fraseo de Big Band por Benny Goodman (1909-1986); luego, Bandoneón, milonga que invoca al sentimiento del tango; Lecuonerías, improvisaciones sobre melodías del clásico isleño de Guanabacoa, Ernesto Lecuona (1895-1963) y Chiquita Blues inspirada en la novela Chiquita (Premio Alfaguara 2008) de su paisano Antonio Orlando Rodríguez (Ciego de Ávila, 1956), donde utilizó como recurso el blues de doce compases; el danzón tradicional cubano y la música atonal contemporánea. Al regreso, nuevamente afinó la orquesta incluyendo a la banda de jazz que acompaña regularmente a Paquito D´Rivera: Alex Brown (piano), Oscar Stagnaro (bajo eléctrico), Mark Walker (batería) y Diego Urcola (trompeta y trombón), comenzando entonces Adagio (sobre un tema de Mozart), que el clarinetista interpretara con su grupo pionero afrojazz Irakere de Chucho Valdés, hace más de veinte años. Carlos Miguel Prieto, sumamente expresivo en su forma de dirigir, sentir y comprender la música (no sólo con el intelecto sino con el cuerpo), apoyó a Paquito, quien interpretó con su sonido dulce y elocuente el clarinete. Los músicos lucían resplandecientes en su traje claro de domingo brotando sonidos impecables en cada nota para disfrute del público. Los integrantes de la banda de jazz perfectamente bien ensamblados y justos, en conjunción maravillosa sin perder las distancias, unidos por perfecta ejecución. El programa continuó con dos piezas del tremendo bandeononista argentino Astor Piazzolla (Mar del Plata, 1921-Buenos Aires, 1992), “Revirado” y “Oblivion”, con ejecuciones magistrales y la incursión de la OSN donde no podía faltar la elaboración de solos como es la usanza en el jazz. Cada miembro de la banda estableció extraordinarios momentos, resaltando el solo de bajo de cinco cuerdas con el poderío rítmico del peruano Oscar Stagnaro, quien hizo vibrar a los presentes. Se pudo ver zapatear al director de orquesta con cierre energético. Enseguida, tocaron “Waltz por Sonny” (Vals para Sonny) de Toots Thielemans (Bruselas, Bélgica, 29 de abril 1922), arreglada por el joven pianista Alex Brown. Posteriormente, “Contradanza” y “Vals Venezolano” del propio Paquito D´Rivera junto al clarinetista Eleanor Weingartner (integrante de la OSN, quien hizo hermoso papel acompañando estas piezas que fueron inspiradas por temas tradicionales latinoamericanos, los cuales suenan constantemente y se reconocen a lo largo de ambas composiciones). Hacia la recta final del concierto se pudo notar que las incursiones de la OSN eran cada vez más espaciadas y el ensamble de jazz hacía mejor gala de su talento, creciendo en calor y continuando con dos obras de Lecuona: “Ante el Escorial” y “Andalucía”. En ánimo caribeño, la gente dispuesta a bailar comenzó a hacer sacudir el Palacio, palmeando la entrada de la siguiente pieza, “To Brenda With Love” (“A Brenda con Amor”) escrita por Paquito D´Rivera, con cierre monumental de la OSN convertida en una Big Band, haciendo trepidar y poniendo al público de pie. Agradeció a los presentes, a la orquesta; se ovacionó a los músicos y parecía la despedida, pero la banda de jazz no dejaba de sonar. Así, comenzaron a hacer más rítmica y sabrosa la salida, con el también director orquestal Paquito bailando hacia la puerta que da a camerinos; volvió a sala para pedir al público cantara “por la paz” porque “aún con tanta guerra y violencia allá afuera, nosotros tenemos la fortuna de poder distraernos en este entorno de paz y de música, de son y de amor”. El Palacio completo cantó “la, la, la, la” con euforia y para finalizar, interpretaron “La Habana” de Ray Tico y Daniel Freiberg, la OSN irradiaba notas potentes y cadenciosas, mientras Paquito iba haciendo gala de su virtuosismo y carisma. Así concluyó este concierto con los escuchas de pie aplaudiendo hasta el cansancio. Por esto y mucho más, sólo Paquito D´Rivera puede convertir El Palacio de Bellas Artes en un enorme Mamá Rumba.

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