Contra la privatización petrolera, su última batalla

viernes, 5 de junio de 2015
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Entre el domingo 8 y lunes 9 de diciembre de 2013, en el Senado de la República se aceleró la discusión sobre la reforma constitucional en materia energética. A pesar de la insistencia de los opositores por discutir los alcances y consecuencias de las reformas a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales, la maquinaria del PRI, PAN y Partido Verde trató de acelerar la aprobación. En su turno ante la tribuna del Senado, Manuel Camacho Solís coincidió con Manuel Bartlett, viejos adversarios en el gabinete de Miguel de la Madrid, y en ese momento aliados en la oposición a la apertura energética. Camacho Solís les advirtió a los senadores del PRI y del PAN que el dictamen fue elaborado en Estados Unidos y no en el país. El exregente capitalino soltó una revelación que dejó mudos a varios legisladores: relató que en la campaña presidencial del 2000, a él y a Vicente Fox se le acercaron las compañías petroleras trasnacionales para ofrecerles su apoyo a la candidatura presidencial a cambio de que modificaran dos cosas del artículo 27 constitucional: la “prohibición de contratos” y el permiso para otorgar concesiones a las poderosas “siete hermanas” del mercado energético global. “Fox aceptó, y yo lo rechacé. Por eso ganó”, afirmó Camacho Solís. En el 2000 el exregente capitalino fue candidato del Partido del Centro Democrático, organismo creado a raíz de su salida del PRI. Entonces, se detuvo la aplanadora oficialista. El cáncer que lo comenzó a aquejar en esos días, ya no le permitió estar en el debate de 2014 sobre las 11 leyes secundarias en materia energética. Muchos senadores, no sólo de la oposición, sino también del oficialismo, extrañaron en esas largas jornadas los argumentos de Manuel Camacho Solís.