Todo el dinero para los diputados, migajas para su sede

sábado, 2 de enero de 2016
MÉXICO, DF (Proceso).- Cada día, a la Cámara de Dipu­tados arriban más de 10 mil 500 personas que al cruzar por los 10 edificios de San Lázaro generan toneladas de residuos sólidos que no son tratados correctamente, por una supuesta insuficiencia de recursos, y que han llevado a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a ubicar a ese órgano legislativo en el peor nivel de manejo de desechos. En contraste, aun cuando la nueva legislatura, la número LXIII, ha trabajado apenas tres meses y medio, cada uno de sus diputados recibirá por ello cuando menos 350 mil pesos, con excepción de los 25 legisladores de Movimiento Ciudadano, quienes devolvieron los 7.9 millones de pesos que llegaron a sus oficinas y pidieron aplicarlos a San Lázaro para que deje de ser un “organismo y edificio altamente contaminante”, como lo calificó la UNAM en su último reporte ambiental. La legislatura pasada gastó en una primera etapa 400 millones de pesos para “remodelar” la fachada de los edificios, levantar toda la plaza cívica, cambiar las “X”, reemplazar elevadores, rentar autos y adquirir equipos de cómputo. Por fuera, la Cámara quedó bonita, pero se olvidaron de las entrañas, de las cañerías, que desde hace cinco años debieron rehabilitar e impermeabilizar de manera “urgente”, como se les recomendó, pues el almacén y el archivo histórico peligran. Por cierto que al almacén de San Lázaro llegan desde televisores, cámaras para el Canal del Congreso y computadoras, hasta baterías, paquetes de leche y de papel, lápices y todos los muebles que se dan de baja. Su lugar se ubica a lo largo de los sótanos de los edificios B, C y D. Hoy, ante los estragos provocados por la filtración del agua, la Cámara de Diputados trabaja a marchas forzadas levantando losas que apenas el año pasado colocó; pero de cómo revertir o reciclar la alta generación de residuos orgánicos, nada. Incluso la planta de tratamiento de agua construida en la legislatura pasada, dicen los empleados, no sirve. Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2044 de la revista Proceso, ya en circulación.

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