Ismael Hernández, el inesperado medallista olímpico y sus dualidades

domingo, 30 de octubre de 2016
Ismael Hernández le regaló a México uno de los mejores resultados en los pasados Olímpicos. Obtuvo el bronce en pentatlón, una prueba en la que ninguna autoridad deportiva esperaba nada. Pero su historia no sólo es inspiradora por la presea conseguida, sino por el modo en que se logró: mediante la colaboración efectiva entre muy diversas dependencias. Eso sí, el catalizador de esa cooperación fue el compromiso total de la familia, y no fue iniciativa del gobierno. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Tenía apenas 22 años pero Ismael Hernández sentía que ya era uno de los mejores pentatletas del mundo. Llegó a la última prueba del Campeonato Mundial de Roma 2012 confiado porque, a tan corta edad, ya había calificado a la final. Ese era un resultado que ni el experimentado Óscar Soto había logrado en ese certamen. Veía sus primeros Juegos Olímpicos, en Londres, al alcance de la mano. Había hecho la competencia de su vida. Un puntaje extraordinario en esgrima, contrario a cualquier pronóstico en la prueba que sigue siendo su talón de Aquiles. Su mejor marca en natación, y había llegado en primer lugar en la prueba combinada de tiro-carrera. Faltaba sólo la equitación. Ismael vio que el caballo que le tocó en el sorteo era difícil. Derribó al chileno que lo montó primero. Tan rejego estaba el animal que le ofrecieron cambiarlo. “En mi arrogancia dije ‘no, yo puedo con el caballo’”, recuerda. Los “ten cuidado, Ismael”, los “a la primera que te aflojes te va a tirar” no le importaron. El muchacho enseñó sus mejores cualidades. Recorrió la pista sin contratiempos. Un desempeño impecable. Pero en el obstáculo número 10 el atleta aflojó. El caballo se amarró y la inercia proyectó a Ismael contra las barras. “Buscó la primera oportunidad para tirarme. Me rompí el piso de la órbita ocular, la pared de la órbita, el pómulo, perdí un diente y tuve una fisura que llegó hasta el colmillo. Toda la parte derecha de mi cara quedó destrozada. Fue una imprudencia, mucha arrogancia y soberbia de mi parte.” Ismael Hernández estuvo fuera del pentalón moderno durante cinco meses. En ese tiempo se deprimió. Pensaba que no haber calificado a Londres 2012 era el menor de los daños. Si el golpe hubiera sido más fuerte habría perdido la vida. En su mente desfilaban las imágenes de personas que habían tenido menos suerte que él. Las miraba muertas, deformes o cuadripléjicas. Se preguntaba hasta qué punto arriesgaría su vida por alcanzar una meta. “Reflexioné que era mi sueño y si no lo seguía iba a ser infeliz toda mi vida. No seguir los sueños es la forma más fácil de ser infeliz”, afirma. Hoy, Hernández es el mejor pentatleta de México. Ganó medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Es el dueño del resultado más exitoso del pentatlón moderno mexicano y el ranking indica que es el sexto mejor del mundo. Aquella caída lo ayudó a sacudirse la soberbia. Le plantó los pies en la tierra. Fue el golpe que necesitaba, dice, para ubicarse. Como atleta y como persona, Ismael Hernández está lleno de dualidades: tiene la ingenuidad de un niño, pero toma decisiones de adulto; es de naturaleza noble, pero sabe entrarle a los golpes; mide 1.78 metros y apenas pesa 62 kilos, pero tiene alma de acero; puede ser el más sentimental y a la vez el más rudo; es economista de profesión, pero su mente está atrapada en la astrofísica y el movimiento de los cuerpos celestes; la convivencia con él puede ser la más agradable, o complicadísima. Oscila entre mundos contrarios. Quizá por ello otro caballo fue el motivo de su mayor alegría: adquirir la condición de medallista olímpico. El sábado 20 de agosto, en el sorteo le tocó el animal número 25, de nombre Moustic des Salines, un semental francés de 16 años. El argentino que lo montó primero, Emmanuel Zapata, le explicó cómo venía. Un auténtico dulce de leche. Y la competencia de Ismael fue fantástica, de 300 puntos que lo dejaron en la sexta posición de la competencia. Para la prueba de tiro-carrera, especialidad en la que es líder mundial, salió sólo 29 segundos atrás del primer competidor. La medalla comenzó a dibujarse: tendría que remontar tres posiciones para subir al podio. El presidente de la Federación Mexicana de Pentatlón Moderno, Juan Manzo, dice que la apreciación sobre los caballos es uno de tantos mitos que se cuentan en este deporte, como que es exclusivo para personas rudas, casi militares, y que sólo los ricos pueden practicarlo. Según él, se es o no buen jinete. Y dice que Ismael lo es. Si antes de Londres el caballo lo tiró es porque él se aflojó, porque pecó de confianza. La caída fue su penitencia. Para la medalla olímpica, el deportista enseñó sus cualidades en esta prueba. “Se mantuvo bien sentado, atrás, y con la espalda recta. Lo controló. Ismael no es bueno en equitación por pura casualidad. Es uno de los mejores desde hace seis años porque lleva ocho entrenando con un militar, José Antonio Shimoto”, abunda. Hijo del plan Hernández es uno de los mil 425 pentatletas registrados que hay en México, de los cuales, según Manzo, más de 900 son infantiles y juveniles. En 25 entidades se están desarrollando. Por su nivel de competencia destacan el Estado de México, Jalisco, Nuevo León y la Ciudad de México. En los pronósticos de medallas de la delegación mexicana que diseñaron la Conade y el Comité Olímpico Mexicano (COM) no figuraba Ismael Hernández. Ni siquiera aparecía para terminar entre los ocho mejores de prueba. Por eso, el día que compitió no había una sola autoridad deportiva en el estadio. Tampoco hubo medios de comunicación. Los reflectores estaban lejos del pentatleta: casi al mismo tiempo, el clavadista Germán Sánchez se había colgado plata en plataforma individual. El sorpresivo resultado no es hijo de un milagro. Hernández y su papá, un ingeniero fanático del pentatlón moderno, diseñaron un proyecto de trabajo que presentaron al metodólogo de la Conade, Daniel Moncayo. La medalla de bronce de Ismael se construyó en el sistema deportivo mexicano: el atleta y su padre se coordinaron con un grupo de entrenadores, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), la Conade y el Comité Olímpico Mexicano (COM) pusieron instalaciones y los recursos económicos y humanos. La presea es la suma de esos esfuerzos. “Mi medalla sí es producto de la planeación y la estrategia que hice con mi papá, de la ejecución con los entrenadores, pero de la mano de estas instituciones. Fue el proyecto que ofrecimos para que apostaran por mí. Dijimos que la meta era una medalla olímpica y que la construiríamos con tales entrenadores, yendo a ciertas competencias y campamentos. Tocamos la puerta del COM para tener dónde entrenar y alimentarme, la de la Conade para los viajes, la federación para recursos, la Sedena para material, los caballos y el entrenador. Todos aportaron”, dice Hernández. Héctor Bedolla es el líder del proyecto. Es un instructor de natación con 40 años de trayectoria adscrito a la Federación de Pentatlón Moderno. Él se encarga de coordinar al de atletismo, Luis Nemer; al de esgrima, Octavio Angelito; al de tiro, Onésimo Albino, y al de equitación, el teniente coronel José Antonio Shimoto. A ese grupo se suma también el preparador físico Javier Guerra. Su labor consiste en diseñar el programa de entrenamiento dosificando las cargas, cuántas horas y cuántos días a la semana entrenará Ismael cada uno de los cinco deportes, de tal manera que le alcance el tiempo y descanse lo suficiente para recuperarse y evitar lesiones. A él también le corresponde hacer contrapesos con Hernández, que es extremadamente temperamental. Su naturaleza curiosa (pregunta los porqués de todo) y el ser un ávido lector lo lleva a cuestionar todo. Es un incrédulo. Su cerebro está revolucionado. “Nos damos unos agarrones… Nos hemos mandado a volar muchas veces, pero siempre terminamos bien. Él sabe que busco que sea mejor. Lo sabe y al final entiende que tengo razón. Hemos estado juntos desde 2009, desde que con sus primeros resultados nos sorprendió y supimos que con él habría resultados grandes”, reconstruye Bedolla. Enojados y con espada Con Río 2016 en la mira, Hernández y su padre contrataron al instructor polaco Waldemar de Makay, a quien se le conoce simplemente como Marek. Financiado con presupuesto familiar, Marek estuvo en México desde enero pasado. Según el atleta, fue un factor decisivo para mejorar, sobre todo en esgrima. Pero Juan Manzo y Octavio Angelito coinciden en que no fue más que un placebo: Ismael necesitaba sentir que con ayuda mejoraría su desempeño. Angelito, de hecho, se ofendió con la contratación. Se sintió desplazado. Alega que no es verdad que Ismael mejorara su esgrima en Juegos Olímpicos (terminó en el lugar 19). Ha entrenado al mexicano durante casi una década y sabía que al nuevo instructor le tomaría tres meses adaptarse. Quedarían dos meses para aplicar lo aprendido. A regañadientes aceptó que entre los dos lo adiestraran. Cuenta que Marek se limitó a grabar los entrenamientos que él le ponía a Ismael y lo puso a hacer lo mismo. Fue lo único sensato para no perder la continuidad. Angelito está catalogado como uno de los 10 mejores entrenadores de esgrima para pentatlón en el mundo. Dice que su trabajo mantuvo a Óscar Soto siempre entre los primeros tres sitios en copas del mundo. En los peores días caía, si acaso, al séptimo. “No necesito remos prestados. Si viene otra vez el polaco lo dejo con él para que vea quién es quién. Yo soy muy celoso. Al principio Ismael no fue agradecido y dijo que ganó por el polaco. Todos mis atletas se caracterizan por ser aguerridos, sólo él no porque es diferente, él rehúye el combate. Se le complica porque es más cerebral, no es un esgrimista nato porque tiene que ir en contra de lo que es para ganar.” Al entrenador de esgrima también le molestó ser ignorado cuando le dijo al papá de Ismael que su hijo necesitaba un psicólogo para ayudarlo a mejorar en esgrima. Hasta que Marek lo propuso hicieron caso. Cinco meses antes de Río comenzó las terapias. Detrás de algunas medallas olímpicas no hay historias virtuosas. Hay diferencias y pleitos. Cada quien quiere imponer sus ideas. A Juan Manzo no le gustó el plan de Ismael y su papá. Tampoco que traigan entrenadores extranjeros ni que mande a su hijo a campamentos a Hungría porque supuestamente es el país con el mejor nivel de pentatlón moderno. Le molesta, dice, que haya venido el polaco y que Luis Nemer le mande a Ismael los entrenamientos a través de mensajes de WhatsApp. Quiere que en México los ­pentatletas sean entrenados por entrenadores especialistas en cada una de las disciplinas. No es el caso de Onésimo Albino, el de tiro. Ni tampoco el de Nemer. “Para ser el mejor pentatleta tienes que ser bueno en todas las disciplinas, tener nivel en cada una de las pruebas. Ya no queremos nadadores o corredores que se vuelvan pentatletas”, insiste. Corre Luis Nemer forma parte de la Federación Mexicana de Asociaciones de Atletismo. Es el entrenador de la mediofondista Brenda Flores y por sus resultados tiene una beca en el fideicomiso de alto rendimiento de la Conade (CIMA, por sus siglas). Angelito tiene un sueldo de 20 mil pesos mensuales que, si le va bien, le depositan cada tres meses. Otras ocasiones Conade le paga todo hasta diciembre, cuando ya está lleno de deudas. El entrenador dice que le ha tocado quedarse sin comer porque una pensión que recibe del Ejército y un salario de 3 mil pesos del Instituto del Deporte del Estado de México no cubren sus gastos. Hace tres años, Ismael y su padre, por recomendación del exvelocista Alejandro Cárdenas, le pidieron a Nemer que se hiciera cargo de su preparación. Le ofrecieron un sueldo a cambio que desde hace algunos meses ya no recibe. Hernández Uscanga es corredor nato. Si se dedicara al atletismo le llovería el éxito. “Ellos detectaron que en la carrera estaba estancado y buscaron a alguien que se adaptara a que no es sólo corredor, que tenía otras cargas de trabajo y necesitaba un desarrollo ordenado para no generarle estrés o fatiga que fuera contraproducente. Necesita generar una base aeróbica y de fuerza. Estuvieron de acuerdo en que el efecto se vería en dos o tres años. Algo que recalqué: trabajar la parte final de la carrera es decisiva, es donde se accede a la medalla o quedas en los ya merito. Ya la desarrollamos, pero todavía falta. Puede seguir mejorando”, detalla Nemer. La lucha por el bronce olímpico en Río fue dramática. El oro y la plata se definieron con amplio margen, pero un pelotón de seis deportistas peleó por el último lugar en el podio. La clave del triunfo fue que en la última curva Ismael Hernández aceleró para salir adelante. Traía pegados al francés Valentin Prades y al italiano Riccardo de Luca. Su determinación y fuerza física le permitieron cerrar bien la prueba. “Ismael me dijo: ‘Profe: se la rifó, me sentí de lujo’. Ese comentario paga todo. El mismo atleta reconoce que mi trabajo fue valioso para el resultado. Se vio. Llegó entero. La primera vuelta (de 800 metros) la hizo muy rápido. Salió 19 segundos después del que estaba en tercer lugar. El oro lo teníamos a 29 segundos, la plata a 24. Yo sabía y lo habíamos platicado que si llegamos al tiro-carrera máximo con 30 segundos podíamos agarrar la medalla. Y se cumplió.” Nemer reconoce que sí, que por mensajes le daba seguimiento a Ismael. No podía hacerlo de otra manera. Estaba concentrado en los entrenamientos de Brenda Flores. Dice que la Federación de Pentatlón Moderno no le pudo pagar y que le dijo a Ismael que lo ayudó porque lo vio muy comprometido. “No tener pago no mermó mi interés ni las ganas de seguir. Me ayuda más tener un buen resultado. Tarde o temprano se hará justicia en ese sentido”. La empatía de Ismael Hernández y Héctor Bedolla es de tal magnitud que durante las competencias está al pendiente de él. Así como en ocasiones a Octavio Angelito le toca ayudarlo a calentar el caballo, Bedolla está al tanto del tiro y las demás disciplinas. En Río, lidió con que la pistola que normalmente usa y no funcionaba correctamente. El pentatleta estaba desesperado queriendo arreglarla. Para Bedolla era obvio que usara la de repuesto. Ismael no quería. Dice Manzo que la presencia del entrenador le da mucha seguridad, lo mismo que su papá. “Marcelo es el mejor placebo de Ismael. Si su papá está en las gradas él está bien y se siente seguro. Lo mismo con Bedolla. Si no lo ve se desespera. Es como un niño al que hay que guiar; a la vez es muy fuerte. Hay que saber tratarlo porque si se siente agredido o regañado, se desmorona. Su medalla le va a ayudar al pentatlón para que más gente lo conozca. Él ya es un ejemplo a seguir”, concluye.

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