El beisbol mexicano, entre amenazas y chantajes

domingo, 13 de noviembre de 2016
Las pugnas en el beisbol mexicano llegaron a un grado de tensión que no se veía desde hace mucho. Los mayores potentados de ese deporte protagonizaron un cisma que a duras penas se solucionó. Sin embargo, los problemas de fondo permanecen: los dueños de los equipos simplemente no respetan el reglamento que ellos mismos deciden, inflan los salarios a escalas insostenibles, fomentan el amasiato entre gobiernos y empresas deportivas, no se ponen de acuerdo en el espinoso tema de los jugadores nacionalizados y, en fin, no logran consensuar a qué modelo deportivo aspiran para el largo plazo. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La última asamblea de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB), en la que se supone que los presidentes de los 16 clubes debatirían la contratación de jugadores mexicanos no nacidos en territorio nacional, concluyó con un mensaje de unidad a regañadientes y sin haber agotado este asunto, que aún los mantiene divididos. El encuentro entre presidentes, algunos de los cuales son también dueños de los equipos, estuvo lejos de ser cordial. Por el contrario, las diferencias se recrudecieron a tal grado que ellos llegaron a amenazarse, incluso con emprender acciones de tipo penal, en su disputa por recuperar o mantener el control de la LMB. La ruptura El pleito entre dueños y presidentes comenzó en la asamblea que tuvo lugar en la Ciudad de México el 27 de septiembre pasado. Por primera vez en más de una década, los propietarios de los dos equipos más emblemáticos del beisbol nacional se apersonaron. Los empresarios Alfredo Harp Helú, de Diablos Rojos del México y Guerreros de Oaxaca, y Carlos Peralta Quintero, de Tigres de Quintana Roo, asistieron para tratar de echar abajo, junto con el dueño de los Sultanes de Monterrey, José Maiz Mier, un cambio al reglamento de la liga, aprobado en 2015, que permite contratar peloteros mexicano-estadunidenses sin ninguna restricción (Proceso 2083). Otro grupo de dueños, encabezado por los hermanos Arellano, de Leones de Yucatán y Vaqueros de la Laguna; Alberto Uribe, de Toros de Tijuana; Gerardo Benavides, de Pericos de Puebla, y José Antonio Mansur, de Rojos del Águila de Veracruz, se opuso a tocar el tema, pues lo consideró agotado. En protesta, Peralta, Harp y Maiz abandonaron la asamblea y anunciaron que renunciaban a la LMB. Detrás de ellos salió un delegado de Delfines del Carmen, equipo que también dejó dentro a otro de sus socios para tener representación en ambos grupos. En ausencia de los anteriores, los presidentes y dueños de los clubes que siguieron adelante con la asamblea nombraron a nuevos integrantes del Consejo Directivo –Mansur, de Veracruz; Uribe, de Tijuana; Benavides, de Puebla, y Eustacio Álvarez, de Rieleros de Aguascalientes– y anunciaron que la liga podría sobrevivir sin las novenas que se retiraron. Entre esa asamblea y la que se realizó el pasado martes 1, en Monterrey, Benavides y Harp Helú tuvieron un acercamiento y supuestamente estaban en negociaciones para restablecer la armonía. Pero ese martes, miembros de ambos grupos llegaron con las uñas por delante. Juan José Arellano, integrante del grupo que tomó el control de la LMB en la asamblea del 27 de septiembre, cuestionó la presencia de los representantes de Diablos, Tigres, Guerreros y Sultanes. Pidió al presidente de la LMB, Plinio Escalante, que explicara por qué estaban presentes. En respuesta, el conglomerado de cuatro equipos anunció que ya había sumado a otros tantos, de tal suerte que ya eran ocho: Diablos Rojos, Tigres, Guerreros, Sultanes, Piratas de Campeche, Delfines de Ciudad del Carmen, Saraperos de Saltillo y Olmecas de Tabasco. En el segundo grupo había sólo siete: Leones de Yucatán, Toros de Tijuana, Pericos de Puebla, Acereros de Monclova, Rieleros de Aguascalientes, Vaqueros de la Laguna y Rojos del Águila de Veracruz. El equipo 16 no está incluido, pues Broncos de Reynosa se encontraba en un limbo administrativo y no podía participar en la toma de decisiones. “Los ocho” hicieron un anuncio que dejó helados a sus contrincantes: tras abandonar el cónclave pasado habían realizado su propia asamblea de forma paralela, por lo cual el acta “oficial” –firmada por Plinio Escalante– no tenía validez para ellos. Los ocho clubes informaron que en su junta llegaron a los siguientes acuerdos: 1) nombraron otro Consejo Directivo, integrado por los presidentes de Sultanes, Olmecas, Delfines, Piratas y Diablos; 2) no autorizaron que Martín Bringas vendiera 67% de las acciones del equipo Vaqueros de la Laguna a los hermanos Arellano, porque esa transacción no cumplía con el procedimiento que marca el estatuto, y 3) aprobaron limitar a seis el número de jugadores mexicanos nacidos en el extranjero. Además, entregaron una carta a Escalante, firmada por los presidentes de los ochos clubes, en la que le pedían que presentara su renuncia, con fecha del 31 de octubre. Como presidente del Consejo Directivo paralelo, José Maiz tomó el control de la asamblea y desconoció el acta presentada por Escalante. Esto provocó que se encendieran los ánimos. Juan José Arellano, Alberto Uribe y su hijo Alejandro, y José Antonio Mansur amenazaron a los ocho firmantes con iniciar acciones penales en su contra por haber realizado una asamblea ilegal. Además, la no autorización de la venta de Vaqueros de la Laguna hubiera ocasionado un problema de grandes dimensiones, pues los hermanos Arellano ya habían formalizado la operación financiera con Bringas y entregado el dinero correspondiente. [caption id="attachment_456685" align="aligncenter" width="702"]Roberto Mansur, presidente de los Diablos Rojos. Foto: Germán Canseco Roberto Mansur, presidente de los Diablos Rojos. Foto: Germán Canseco[/caption] Choque de trenes El encuentro se salió de control. Maiz comenzó a perder fuerza. El presidente ejecutivo de Diablos Rojos, Roberto Mansur, empezó a negociar con Juan José Arellano. Por su parte, Gabriel Escalante (de Piratas de Campeche) llamaba a la cordura en pos de salvar la liga y el beisbol. Ambas partes comenzaron a ceder. Tras más de cinco horas de asamblea, acordaron abordar tres asuntos: dejar sin efectos las actas de las dos asambleas que se realizaron el 27 de septiembre, crear tres comisiones para sustituir la figura de Consejo Directivo y que así ninguno de los dos grupos tuviera el control de la liga y disminuir el número de jugadores mexicanos no nacidos en territorio nacional (mexicanos-estadunidenses o naturalizados). En varios grupos, los dueños y presidentes estuvieron discutiendo para por fin alcanzar algún acuerdo. Alberto y Alejandro Uribe se negaron rotundamente a ceder en el número de jugadores no nacidos en territorio nacional. Por fin, alrededor de las 19:00 horas anunciaron ante los medios de comunicación que crearían las comisiones de Honor y Justicia, Negocios y Finanzas y Área Deportiva, y que durante las próximas semanas representantes de los dos grupos –Cuauhtémoc Rodríguez, José Maiz y Roberto Mansur, por uno, y, por el otro, Gerardo Benavides, José Antonio Mansur y Alberto Uribe– continuarán con las negociaciones para zanjar el diferendo respecto de los mexicano-estadunidenses. De las actas de las asambleas realizadas el 27 de septiembre no mencionaron nada. Como si no hubieran ocurrido. En teoría, la discusión sobre los peloteros no nacidos en México deberá llegar a su fin durante la asamblea del 5 de diciembre que se realizará en Washington, durante las reuniones invernales en las que participa la LMB como parte de la Minor League Baseball, el sistema de ligas menores afiliado a la Major League Baseball (MLB) estadunidense. Control de daños En entrevista, Plinio Escalante asegura que lo ocurrido durante la asamblea de Monterrey fue únicamente una exhibición de músculo, una serie de ataques y contraataques para medir fuerzas entre los presidentes y dueños de los clubes, y no considera que sus opositores en verdad querían su cabeza. Añade que tampoco está aferrado al puesto, y que si no lo quieren como presidente de la LMB, él aceptaría que den por terminado su contrato, siempre y cuando se respeten los términos de una rescisión. “Acordamos tanto fomentar el desarrollo de peloteros mexicanos como montar un espectáculo, porque el aficionado paga. Crear peloteros profesionales nacidos en México y darles cabida en la LMB es nuestra responsabilidad social con el país. No somos una liga de desarrollo, pero tampoco somos Grandes Ligas, donde hay jugadores de todos lados, porque ahí sólo interesa el espectáculo. Hay que encontrar el justo medio, pero la base de los equipos tiene que ser de jugadores nacidos en México”, asegura. El presidente de los Tigres de Quintana Roo, Cuauhtémoc Rodríguez, alega que la contratación de los jugadores mexicano-estadunidenses pone en riesgo el beisbol, pues se les pagan salarios exorbitantes que los equipos no pueden cubrir y, por lo tanto, si quieren ser competitivos deben negociar subsidios con los gobiernos estatales. Un jugador en el sistema de Ligas Menores de Estados Unidos gana entre 500 y mil 500 dólares mensuales. Si juega en alguna liga independiente, como la Internacional o la del Atlántico, puede cobrar entre 2 mil y 2 mil 500 dólares. En la LMB, el tope salarial para peloteros mexicanos es de 130 mil pesos mensuales –unos 6 mil 500 dólares, más o menos. El sueldo máximo para los extranjeros es de 8 mil dólares la primera temporada y las subsecuentes de 10 mil. Rodríguez explica que el origen del pleito de los peloteros mexicanos no nacidos en México es que sólo vienen por el dinero, porque en ninguna liga menor de Estados Unidos podrían cobrar los salarios que aquí se les pagan. Según él, lo mínimo que aceptan para jugar aquí son 5 mil dólares. Critica que equipos como Pericos de Puebla y Toros de Tijuana hayan disputado la final de la campaña 2016, respectivamente, con 17 y 19 peloteros extranjeros y mexicano-estadunidenses, lo cual además reduce la posibilidad de que la LMB sea un escaparate en el que los mexicanos nacidos en el país enseñen sus cualidades para ser firmados por equipos de Grandes Ligas. “Los foráneos no van a venir por 2 mil dólares; entonces se les paga más y le quitan espacios a los peloteros mexicanos. De los que vienen a jugar acá, 95% son desechos de Estados Unidos que ganan muchísimo más que los mexicanos”, dice. También es un secreto a voces que las novenas no respetan el tope salarial. Por ejemplo, cuando Olmecas de Tabasco quiso traer al exligamayorista venezolano Freddy García, pidió permiso para que se le pagaran 20 mil dólares. Otra estrella de Grandes Ligas, Miguel Tejada, fue contratado por Pericos de Puebla por 15 mil dólares. Un caso aún más escandaloso es el de Jorge Cantú, quien es mexicano-estadunidense y cobraba en Tigres 25 mil dólares al mes (casi medio millón de pesos), libres de impuestos. Cuando ese equipo lo vendió a Toros de Tijuana, la directiva debió pagar la misma cantidad, que está muy lejos del tope de 130 mil pesos mensuales. Se le plantea esta situación a Plinio Escalante. Los presidentes de los equipos de la LMB continuamente violan las propias reglas que se imponen. “La moral no tiene forma de reglamentarse, esa es una realidad”, suelta. “El respeto a los acuerdos tomados es una cuestión de moral. Nadie tiene una fórmula para checar si se está pagando más o menos de lo acordado. Es cuestión moral ceñirse al reglamento. Esta liga se ha desbordado en el pago de sueldos y se están pagando, como en el futbol, salarios mayores a las posibilidades del negocio. Sé que los equipos lo hacen con el afán de ganar, pero el negocio no da para eso.” Escalante también dice que están considerando reducir el tope salarial de extranjeros a 8 mil dólares. “Yo fui dueño de Yucatán durante cuatro años e hice lo mismo, buscábamos lo que fuera para tener un mejor equipo. No puedo criticar a un dueño, pero si no respetamos los pagos golpeamos la economía de los equipos. Señores, el negocio no puede pagar esos sueldos desbocados. Ningún equipo deja de traer a sus seis extranjeros y, por el tipo de cambio, hay extranjeros sin calidad que ganan más que los mexicanos que llevan años entregados al beisbol nacional”, abunda. Escalante informa que en la reunión de invierno también se abordará el respeto al tope salarial y el pago de los impuestos correspondientes por parte de los mexicano-estadunidenses. Por su parte, Cuauhtémoc Rodríguez asienta que Carlos Peralta está pensando en jugar la temporada 2017 únicamente con mexicanos para adelgazar la nómina. Con la llegada del panista Carlos Joaquín González al gobierno de Quintana Roo, que sufre graves problemas financieros, no hay certeza de que el estado pueda seguir financiando al equipo, como ocurrió en las administraciones de Félix González Canto y Roberto Borge. En la asamblea del martes 1, los presidentes acordaron que cambiará de plaza el equipo Broncos de Reynosa –cuyo propietario era Eliud Villarreal, pero pasó a manos de la liga por la insolvencia financiera en la que cayó. Se convertirá en los Bravos de León. El alcalde Héctor López Santillana, con el apoyo del gobernador Miguel Márquez, ambos panistas, presentó una carta a la LMB para solicitar la franquicia. De inicio, el club usará recursos públicos de Guanajuato para remodelar el estadio Domingo Santana y presentará a un grupo de empresarios locales que invertirá y administrará el club. Pero ese “consorcio” apenas se está conformando. Según Plinio Escalante, una franquicia de la LMB no vale menos de 3 millones de dólares, pero Reynosa –que no tiene jugadores y sí muchos adeudos con proveedores– será vendido por menos. En una segunda fase, los gobiernos municipal y estatal, de la mano con el federal, erogarán entre 400 y 450 millones de pesos para la construcción de un nuevo estadio, que será la casa de los Bravos. También se aprobó el cambio de plaza del equipo Delfines de Ciudad del Carmen. Ahora serán los Alacranes de Durango. Virgilio Ruiz seguirá siendo el dueño con el apoyo del gobierno del estado que encabeza el panista José Rosas Aispuro, quien mandó una carta a la LMB en la que se compromete a otorgar el respaldo financiero necesario para operarlo.

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