Devolver El Caballito a la comunidad: Zaldívar

domingo, 27 de noviembre de 2016
El emblemático bronce El Caballito pertenece a la ciudadanía y a ella debe retornar, en opinión del experimentado arquitecto en restauraciones metropolitanas Sergio Zaldívar Guerra, quien critica los alardes suscitados tras el reciente anuncio del INAH de que a la estatua ecuestre de Tolsá, un equipo multidisciplinario “le restablecerá su integridad”. Zaldívar cuestiona el proyecto de intervención, desarrollado a espaldas de las miradas públicas, y sugiere prioridades técnicas: “Lo esencial es estabilizar la obra y darle de nuevo un color uniforme.” CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A decir del arquitecto Sergio Zaldívar Guerra, el problema más grave en el proceso de restauración de El Caballito de Manuel Tolsá es que parece “secuestrado”, pues siendo un ícono de la ciudad desde septiembre de 2013, cuando la empresa Marina le arrojó ácido nítrico en una errónea intervención, se mantiene cubierto y no ha podido ser visto por la ciudadanía. “Es necesario que la comunidad retome posesión del bien. Es grave que siga cerrado y vayan a seguir tardando porque además confiesan que no tienen dinero, y en las circunstancias en que estamos no va a haber dinero.” Responsable en 1979 del traslado de la monumental escultura que representa a Carlos IV, Zaldívar fue invitado por la entonces directora general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), María Teresa Franco, a compartir sus opiniones con el equipo de investigadores que analizaron los daños de la estatua ecuestre, y elaboraron el proyecto para su restauración. Hace un año, ya retirado de sus funciones, el exdirector del Fideicomiso del Centro Histórico (FCH) de la Ciudad de México, Inti Muñoz, informó a este semanario que un equipo de expertos realizaba el más detallado estudio sobre diversos aspectos de la escultura, entre ellos de metalografía, petrografía, de imágenes con gammagrafía infrarroja; se determinó la aleación de que está hecha, e incluso hubo una investigación sobre su comportamiento estructural en caso de sismos. El martes 1, el INAH dio a conocer en una rueda de prensa que se conformó un equipo interdisciplinario para “intervenir la obra en los próximos meses”, que “restablecerá su integridad, enfatizando la estabilización, protección e integración de la superficie metálica”, dañada por diversas intervenciones a lo largo de los años, incluyendo la provocada por Marina en 2013. La reportera Niza Rivera informó para la agencia apro que los trabajos tendrán un costo de 5 millones 576 mil pesos otorgados por el FCH, que destinó aparte 2 millones de pesos para el estudio científico. Uno de los aspectos destacados en aquel momento fue la identificación de rastros de una capa pictórica verde-marrón, “con la que el arquitecto valenciano Manuel Tolsá decoró originalmente la estatua, hace poco más de 200 años, matizando zonas de luces y sombras”. Según el INAH, la técnica de acabado será una de las claves “para restituir la unidad visual de la pieza histórica”, aunque se considerará también cómo la recuerda la gente en la actualidad con un tono más bien oscuro. Sin embargo, no precisó cómo será la pátina que restituya la imagen de El Caballito. Así lo explicó la especialista en restauración Jannen Contreras: “Se ha seguido una análisis de lo que la gente opina y cómo ve a la escultura; tampoco va a ser una votación sobre qué color les gusta más porque la restauración no es así, se trata de hacer una investigación de carácter antropológico que tiene que ver con la historia del arte, los metales, y en conjunto con los restauradores e información social se tomará una decisión… Si el tono final es verde claro se verá la manera en darle un tono más oscuro.” Discrepancias Días después de su visita a El Caballito, en entrevista con Proceso, el arquitecto Zaldívar expresa su agradecimiento a Liliana Giorguli Chávez, coordinadora Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, y al equipo de técnicos a cargo del proyecto, con quienes pudo intercambiar opiniones. No obstante, señala: “Debo decir que independientemente de mi agradecimiento por sus atenciones, discrepo en algunas cosas, en cómo lo están llevando y creo que podría haber otro camino. Desde luego me consta que lo están haciendo con seriedad, con todo respeto a la obra, considerando sus valores. Estamos lejos de aquellas escenas de vandalismo con el esmeril, la lija y las cosas que le hicieron hace tres años.” Detalla sus divergencias: “Las investigaciones de este equipo técnico son acuciosas, muy serias, documentándose al máximo y todo; pero desde mi punto de vista hay una cierta confusión: Prevalece la idea de la obra de arte de salón o de pintura, que requiere un cierto tratamiento de análisis de cuestiones relativas a los materiales, los pigmentos, las veladuras, etcétera, muy razonables en la pintura. Una obra urbana de bronce como es El Caballito, tiene unos valores de volumen, es de otra naturaleza, aunque las dos sean obras de arte.” Considera interesante que las investigaciones microscópicas y los análisis físico y químico, permitieran descubrir restos de pátinas muy antiguas y una variedad de ellas, pues es natural que las haya en la vida de una escultura urbana de bronce sometida a los estragos del tiempo y a los elementos de la atmósfera, que la enriquecen plásticamente. “Es la famosa pátina que va formando el viento y le da una peculiaridad. Pero cuando me enseñaron, como resultados de una investigación notable, que hay restos de pátinas muy antiguas y fermentos que probablemente –dicen ellos– son las mismas que aplicó Tolsá, me da cierta incertidumbre, además de que son fragmentos muy pequeños.” Le parece innecesario intentar restituir el terminado que le dio Tolsá, pues “es como si pretendiéramos pintar las clásicas esculturas de mármol, sabemos que estaban pintadas pero no sabemos bien a bien cómo”. No le ve sentido si además implica una erogación de dinero y más tiempo del que ya ha estado oculta la escultura. Cuenta el arquitecto de su experiencia en la fuente de La Cibeles en la colonia Roma, algunas de la Alameda Central y otros bronces como la estatua de Miguel Hidalgo que llevaron a Madrid, España, en donde los fundidores le presentaron cinco o seis pátinas diferentes para que escogiera el acabado que finalmente va a modificar el tiempo. Lo importante para él no es tener necesariamente la escultura con el color dado por Tolsá, sino restituirle la uniformidad cromática para no tener “el de­sagradable efecto que le había dado el vandalismo con la terrible aplicación de ácido nítrico a cubetadas, que la manchó por todos lados”. Y al insistir en que lo más grave es que la escultura esté cubierta, comenta que durante la visita le informaron que se creó el micro sitio elcaballito.inah.gob.mx en el cual se puede encontrar breve información sobre el tema y un resumen del Diagnóstico y el Proyecto de intervención. Pero “el internet no basta”, Zaldívar piensa que no es la mejor manera de enterar a la gente de lo que se hará con El Caballito. El arquitecto recomienda una exposición semejante a la que se hizo cuando encabezó el Proyecto de Nivelación Geométrica de la Catedral Metropolitana, y la de otras obras de restauración cuando estuvo al frente de la Dirección de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural (ahora adscrita a la Secretaría de Cultura). Se colocaban en el lugar cartelones con imágenes de las obras e información con la historia del monumento, sus daños y la descripción de las obras a las cuales era sometido. “Hay que dar a la comunidad, al peatón, a la gente que pasa por ahí, una información efectiva de tipo museográfica, con fotografías; no solamente de la historia de El Caballito, sobre todo de los daños que tiene y los que tuvo, de qué es lo que se puede hacer en este tiempo. Y además, que la gente vea los daños; no tiene por qué no verlos, se produjeron, son una realidad.” Todo ello en su opinión contribuye a establecer vínculos entre la comunidad y su patrimonio cultural, que es un bien común, no para las élites o los científicos. En este sentido, indica que pudo ver en el informe los nombres de expertos de lugares como Australia o Cuba, y no está mal su intervención; pero lo esencial es estabilizar la obra, “devolverle un color uniforme y reintegrarla a la comunidad, a la gente que camina por ahí”. Piensa incluso en la posibilidad de que se hicieran visitas controladas que aprovecharan el andamio de las obras, para que la gente conozca los detalles de El Caballito: “Entiendo que de entrada sería complicado porque puede haber tumultos, pero se podía ver la manera de tener los sábados o domingos 50 boletos o 100 para hacer el camino. Que la gente subiera y bajara por los andamios, y viera y apreciara el privilegio que hemos tenido nosotros los técnicos de subirnos y ver a dos metros la figura, los detalles, las terminaciones de la escultura que son muy significativas y fabulosas.” Sería importante, por ejemplo, que se difundiera y destacara la gran hazaña que significó que Tolsá, después de modelar la obra, le echara unas 12 ó 13 toneladas de metal candente, sin que se enfriara, corriendo continuamente por canaletas y chimeneas, y “no sabemos cómo fue capaz de hacerlo, pero debe haber sido una operación maravillosa”. No le ve el caso mantenerlo como si fuese algo sagrado cuando el vandalismo ya se hizo con la mala intervención del 2013. Además “los habitantes de esta ciudad son los verdaderos dueños de la figura y no saben nada de ella”, cuando “la verdadera función de un organismo público es desarrollar políticas en beneficio de esta comunidad, no solamente elogios mutuos entre especialistas, sino beneficiar a la gente, darle posesión en esto, y parece que no se ejecuta, que están atendiendo más a una cuestión científica”. Parafernalia Tanto en el estudio como en el proyecto de restauración se ha incluido el pedestal que soporta la escultura, realizado por Lorenzo de la Hidalga en 1852. Para el arquitecto presenta problemas menores que pueden solucionarse con inyecciones de mortero para sellar las juntas: “No quiero ser peyorativo pero que no le hagan al cuento, no requiere mayores problemas. Es un valor de acompañamiento relativo para situar la figura en una especie de marco, de posición cronológica. En sí mismo está muy alterado, sufrió mucho desde que lo trasladamos y se ha restituido con un ánimo de que la exposición en la figura sea coherente con el soporte… Pero no debe haber conflictos en una reparación que como cualquier muro de piedra, se puede restaurar.” Al arquitecto le queda el sentimiento de que en torno a la restauración hay “una parafernalia exagerada, para lucirse en el trabajo de restauración”. Lamentablemente, añade, eso puede llevar más tiempo y más dinero del necesario. Lo fundamental, opina, es concretar el trabajo: “Estos fueron los daños, y ahorita vamos a hacer esto”. Habrá cosas que siempre se le puedan ir haciendo a El Caballito; pero si no se cuenta con los recursos, no deben ser factores que detengan el proceso de recuperación. Todos los bronces en el mundo, explica, tienen problemas, el caballito de Verrocchio o el Gattamelata, y no se les hace todo lo que se ha hecho con El Caballito de Tolsá: “El problema toral es el ácido que le echaron, qué se va a hacer… Hay que restituirle una calidad cromática, pero incluso si no se lograra hacer sigue siendo El Caballito. Se le puede hacer una pátina, ¿tiene que ser la de Tolsá o una de las 25 pátinas que ha recibido posteriormente?” Se le pregunta si cree que todo este proyecto y lo que él llama parafernalia se estaría haciendo si no hubiera ocurrido la intervención equivocada, pues no hay muchos monumentos que tengan una investigación tan acuciosa: “Hay un punto de referencia de lo que estás diciendo. Les dije: ‘Muy bien vamos a respetar y enaltecer a Tolsá. Pero como organismo, váyanse mañana a la Catedral Metropolitana a ver cómo están sus esculturas de la Fe, Esperanza y Caridad’. Se están deshaciendo y que hace 16 años pedí que se sustituyeran por copias, y se bajaran las originales porque están en peligro.” Expone que padecen “la enfermedad de la piedra” y no la han podido detener; son trabajos que requieren más del dinero del INAH, que la pátina de Tolsá que se quisiera restituir a costos elevados a la escultura de Carlos IV. Pero no ha habido ni en los medios ni en las redes sociales tanto escándalo por aquellas esculturas, como con El Caballito. Desde luego, se trata de una obra excelsa y monumental, e indica: “Están preocupados por el pedestal y no por las tres figuras de Tolsá en el remate de la fachada de la Catedral Metropolitana, me parece incoherente. No es que haya que ir monumento por monumento: hay que jerarquizar.” En otro aspecto, Zaldívar dice que estuvieron de acuerdo en que las lesiones que presenta El Caballito, como la rotura en una pata, no representan riesgos para la estabilidad del monumento como se llegó a publicar en algunos medios, aunque sí deben cuidarse y ser tratadas. Según el INAH, “las actividades para la conservación y restauración integral del monumento El Caballito se desarrollarán en un plazo de siete meses y medio a partir del inicio de los trabajos y recepción de recursos”.

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