Centenario de Elena Garro, viaje por su poesía

miércoles, 14 de diciembre de 2016
Elena Garro es quizá, con Los recuerdos del porvenir, la novelista más sobresaliente del siglo XX mexicano. También se aprecia su teatro, que por estos días escenifica la Compañía Nacional de Teatro en una dramaturgia de tres de sus piezas. Pero su labor poética es prácticamente desconocida. En entrevista sobre el centenario del nacimiento de Garro, la recopiladora de su obra, Patricia Rosas Lopátegui, habla de la edición que hizo de sus poemas inéditos. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Producto de casi 12 años de trabajo, Cristales de tiempo. Poemas inéditos de Elena Garro, recopila 78 escritos poéticos de la también narradora, dramaturga y periodista Elena Garro –cuyo centenario de nacimiento se cumplió el domingo 11–, debido a su biógrafa y agente literaria Patricia Rosas Lopátegui. La compiladora del libro, editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León con casi 300 páginas, dice que el lenguaje poético de Garro es influencia del romanticismo que dejó plasmado en sus novelas, cuentos y piezas teatrales. El título resulta único en materia de poesía de entre las publicaciones que con motivo del centenario de la autora de su más destacada novela Los recuerdos del porvenir (Premio Xavier Villaurrutia 1963) y su pieza teatral Sócrates y los gatos (ver recuadro), aparecieron a lo largo del año: Cuentos completos (Alfaguara), Elena Garro. Antología (Cal y Arena) y Teatro completo y Novelas escogidas (FCE). Con edición, estudio preliminar y notas de la investigadora, doctora en literatura latinoamericana y profesora en esa materia en la Universidad de Nuevo México, Estados Unidos, Rosas Lopátegui (Veracruz, 1954), divide la poética de Garro en cinco apartados que van de 1947 a 1980, más un epílogo con tres poemas de la hija de Elena con Octavio Paz, Helena Paz Garro. Los poemas varían en su extensión, lo cual revela, acuerdo a Rosas Lopátegui, el temperamento polifacético de Garro, desde “Sopló el diablo” –que tiene dos versos, una especie de haikú– hasta uno sin título que Rosas nombró “Vamos unidas”– de 921. Como explica en su nota aclaratoria, decidió titularlo Cristales de tiempo porque “adquiere las formas más inimaginables en su producción dramatúrgica, literaria y poética”. Vía telefónica, Rosas Lopátegui dice de quien considera una de las escritoras referentes y más importantes del siglo XX en México y el mundo: “Su lenguaje siempre fue muy poético, como se observa como narradora en sus novelas y cuentos, pero también era poeta. Su poesía es muy íntima, autobiográfica, y al mismo tiempo muy vanguardista, que nos muestra a una mujer muy culta y profunda conocedora de las vanguardias de principios del siglo XX. Ella decía que no le gustaba la etiqueta de surrealista, pero muchas de sus metáforas lo son, porque sin duda es producto de esa época.” En un reportaje aparecido en Proceso en 1991, firmado por la narradora y periodista Vilma Fuentes –“Me da horror pensar que el México que dejé ya no existe. Elena Garro desde París: Mejor será no regresar al pueblo”–, asentó el lugar de la poesía dentro de su vida: “Pienso mucho en versos, Vilma. ¿Sabes? Esa poesía ya no se escribe. Estaba llena de olores, colores, sabores. López Velarde es el gran poeta mexicano. Sí, pienso mucho en versos, durante el día, mientras camino dando vueltas, cuando me quedo sola en esta casa que no es mi casa. ¿Cómo dice García Lorca?: ‘Porque yo ya no soy yo/ ni mi casa ya es mi casa’. Pienso en versos por la noche, mientras llega el sueño, ocupa el insomnio. Como no los leo, me vuelven como ritornello.” La temática Los años que llevó a Rosas Lopátegui conformar Cristales de tiempo es resultado de una pasión por la vida y la obra de Elena Delfina Garro Navarro (Puebla, 1916), pues mientras escribía la biografía de la autora en dos volúmenes –Yo sólo soy memoria. Biografía visual de Elena Garro (1999) y Testimonios sobre Elena Garro (2002)–, emprendió el compendio Teatro de Elena Garro. Asimismo estuvo a cargo de la edición de la novela póstuma Mi hermanita Magdalena (en 1998, año del deceso de la escritora), coeditó el volumen Los colores de la memoria. Percepciones sobre Elena Garro (2007) y editora de la antología ensayística Yo quiero que haya mundo. Elena Garro, 50 años de dramaturgia (2008). También dedicó a la Garro una introducción a su obra dramatúrgica, Elena Garro, Obras reunidas II. Teatro (2009) y coordinó Obras reunidas III. Novela (2010). Publicó en 2014 El asesinato de Elena Garro. Periodismo a través de una perspectiva biográfica. La investigadora narra que en conversación sobre la poesía de Garro, su hija Helena, también poeta, le comentó que incluyera los que le dedicó: “Mi madre”, “La reina” y “La reina del aire”. Dice Rosas: “Se lo prometí. Recuerdo que ‘La reina del aire’ me lo dictó por teléfono y así lo transcribí, aunque posteriormente el Fondo de Cultura Económica lo publicó en el libro de poemas de Helena La rueda de la fortuna (2007).” Hasta que finalmente el año pasado, al retomarlo y con un mayor conocimiento de causa de la producción de Garro y su figura, “fue mucho más sencillo comprender la presencia del romanticismos en la obra de Elena y por eso el estudio preliminar se alargó.” Acerca de la organización del libro explica que muy pocos de los poemas están fechados, por lo cual decidió agruparlos temáticamente. Así, los cinco apartados del volumen son: La infancia en la memoria. Horror y angustia en la celda del matrimonio. A mi sustituta en el tiempo. Bioy tú me diste una tan buena lección que yo ya no puedo enamorarme de nadie, ni siquiera de Bioy (que son los poemas de amor y desamor a Adolfo Bioy Casares). La poética del exilio. “Hay unos que claramente encajan en una sección, como los poemas de amor-desamor a Bioy Casares; otros eran muy obvios, como los de la poética del exilio, principalmente escritos cuando estuvo en España y París. –¿Son una selección o son todos los poemas de Garro? –Hasta donde tengo conocimiento son todos los poemas que sobrevivieron de Elena Garro. “Siempre escribió poesía y nunca dejó de hacerlo. Lo que sucedía es que los quemaba o los destruía. O también cuando Elena tiene que salir de su casa el 28 de septiembre de 1968 (cuando se le acusa de ser instigadora estudiantil luego de la matanza de 1968) tiene que dejar sus archivos. Y también después de tantas mudanzas y de ese exilio es probable que se hayan perdido muchos.” –¿Hubo alguno de los poemas que Elena le mencionara con afecto? –El que me comentó fue el que abre el apartado Poética del exilio, sin título, y que inicia con el verso “Vamos unidas por la infamia…”. Es el más extenso. Cuando lo comentamos ella me dijo que era el poema que cerraba todos sus ciclos existenciales, el que abarcaba toda su vida, lo escribió en el exilio en España en 1977 y comienza hablando del exilio, pero después hay remembranzas que van desde su infancia, la adolescencia, su activismo social, su imaginario, su matrimonio con Octavio Paz, su hija, la pobreza y miseria de los indígenas… es todo su universo. “Al mismo tiempo revela un gran dolor, angustia e injustica que se cometió con ella a raíz de la masacre de Tlatelolco, pero que gracias a la memoria la remite a los años gloriosos de su infancia, con su familia, sus padres, hermanos, la defensa de los indígenas, es un poema muy bello donde vemos la ambivalencia, el dolor del exilio y por otro el de la memoria que la hace viajar a los años que adoraba.” El volumen que se presentó por vez primera en marzo en Monterrey, Nuevo León, en el marco del Día Internacional de la Mujer, se encuentra a la venta en las librerías del país. Luego de dos cancelaciones de presentación, una en junio en el Palacio de Bellas Artes y otra en julio en el Centro Cultural Elena Garro de Coyoacán, tiene una por confirmar para febrero de 2017 en la Sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes. Durante el programa de actividades que la Secretaría de Cultura anunció el 8 de marzo con motivo del centenario, el Museo de Arte Moderno abrió de manera reciente la exposición 20 mujeres y Elena Garro. A 100 años de su nacimiento, basado en el libro 21 mujeres de México (1956) del español Antonio Peláez. Y la Compañía Nacional de Teatro del INBA, cuya dirección acaba de asumir Enrique Singer tras ocho años de trabajo de Luis de Tavira, acaba de estrenar este 8 de diciembre Este paisaje de Elenas, con temporada al domingo 18 en la Sala Héctor Mendoza, que incluye la dramaturgia de tres obras de Garro: Andarse por las ramas, La señora en su balcón y Un hogar sólido, con escenografía de Philippe Amand y puesta de escena de Sandra Félix –quien la montó por vez primera hace 20 años con sus estudiantes. El programa de mano describe: “Una misma protagonista cambia de nombre y edad en cada versión, pero no en sus sueños. Titina, Clara y Lidia buscan la magia, lo extraordinario, lo infinito, tanto en el amor como en sus relaciones con el resto del mundo, y hasta su muerte permanece su concepto poético de la existencia.” –¿Va a hacer algo este domingo? –se le pregunta a Rosas Lopátegui –No. Yo tengo cuarenta años celebrando a Elena y su obra, desde que la comencé a estudiar en 1976, y creo que no necesito el día del centenario para hacer algo. Mi contribución está en las publicaciones que he hecho de ella.

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