El Edomex, un polvorín alimentado por OHL

martes, 27 de diciembre de 2016
Durante años, ejidatarios mexiquenses documentaron que sobrevendría un desastre en Tultepec. Pero Enrique Peña Nieto –como gobernador y como presidente– ignoró las advertencias y promovió medidas que pueden provocar explosiones similares o peores a la padecida la semana pasada en el mercado de San Pablito. Al impulsar el Circuito Exterior Mexiquense –un negocio de la empresa OHL, acusada de sobornar a jueces–, dio pie a la concentración ilegal de polvorines en un área conocida como La Saucera. Así que la situación empeora: el gobierno municipal quiere instalar el nuevo mercado de pirotecnia, a cuya reconstrucción ya se comprometió el presidente, justo ahí. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Cuando fue gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto permitió que los talleres de producción y bodegas de pólvora del municipio cohetero de Tultepec se concentraran ilegalmente, y sin medidas adecuadas de seguridad, en un área que se le arrebató a los ejidatarios del lugar, quienes están litigando para recuperar sus tierras… Ahora, ellos mismos alertan que el hoy presidente convirtió esa área en una peligrosísima “zona minada” que en cualquier momento puede explotar, como pasó la semana pasada en el mercado de San Pablito, donde los coheteros vendían los productos terminados. Este muy peligroso reordenamiento de los polvorines se hizo para tender el Circuito Exterior Mexiquense, la costosa autopista de cuota que circunda a la Ciudad de México, utilizada por Peña Nieto como plataforma política para llegar a la Presidencia y que fue construida –arrasando ejidos– por la polémica empresa española OHL. Manuel Andrade, abogado de los ejidatarios de Tultepec que fueron despojados de sus tierras, comenta a Proceso: “Llevamos años alertando sobre lo peligroso que resulta producir y almacenar pólvora en esta área conocida como La Saucera, que es parte de las tierras que OHL les robó a los ejidatarios de Tultepec para construir el Circuito Exterior Mexiquense. De manera que esta altísima concentración de polvorines se debe a los intereses económicos de OHL, que no tomó en cuenta ninguna medida de seguridad para proteger a la población local. “Estos talleres y bodegas de pólvora de La Saucera están muy cerca unos de otros. Al explotar uno puede provocar la explosión en cadena de los demás, justo como ocurrió el pasado martes 20 en el mercado de San Pablito. Llevamos años señalando estos riesgos y no nos hacen caso.” En efecto, en mayo de 2011 los ejidatarios de Tultepec le dieron un recorrido al reportero por esa peligrosa zona de almacenes de pólvora, en cuyas fachadas se leían carteles de advertencia: “¡Cuidado!”, “¡Polvorín!”, “No fumar”. Otras eran bodegas de productos terminados que almacenan grandes cantidades de luces de bengala, cohetones de vara, chinampinas, palomas de todos tamaños y otros explosivos que se transportaban, para su venta, al mercado de San Pablito. Julio Sánchez Durán, entonces presidente del comisariado ejidal de Tultepec, explicaba: “Estos talleres y bodegas antes estaban diseminados en áreas que hoy ocupa la autopista. Pero los constructores de la obra ahora los concentraron arbitrariamente en nuestros terrenos”. Sin dejar de señalar las construcciones de tabique diseminadas en un árido terreno, añadía: “Nos metieron a los coheteros. Ahora tenemos en el ejido 350 talleres de cohetes que arrojan a nuestras milpas sus desechos químicos: azufre, aluminio y tanta porquería. La tierra se contaminó y echó a perder nuestras cosechas”. Y concluía con una advertencia: “Esta es un área muy peligrosa. Los polvorines estallan de pronto. Estallan con el puro calor del sol. Es una lástima: convirtieron al ejido en una zona minada. Esa autopista fue nuestra desgracia… la construyeron a la brava” (Proceso 1802). Ya se advertía desde entonces que San Pablito, por sus mismas condiciones de inseguridad, era igualmente una zona que en cualquier momento podía detonar. Y hoy en La Saucera sigue aumentando el número de polvorines. De hecho, una explosión ya destrozó tres de ellos, según cuentan los ejidatarios. Y temen otro estallido más generalizado. Por ello, en recientes asambleas ejidales han acordado pedirle a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), encargada del control, supervisión y otorgamiento de permisos para estos almacenes, que ya de plano revoque las autorizaciones y ponga las bodegas en una zona más segura. La Sedena inspecciona dos veces por año los cientos de polvorines de La Saucera. Y cada fabricante de cohetes debe entregar mensualmente un reporte escrito a esta dependencia en el que especifique la cantidad de pólvora y de cohetes que produce y almacena. De La Saucera a San Pablito –unos ocho kilómetros de distancia– el producto se transportaba en las llamadas “cajas secas”: cajones recubiertos de “madera ­antichispas”. El abogado Andrade precisa: “Algunos ejidatarios son también coheteros, pues es la principal actividad económica de Tultepec. De manera que cuando OHL concentró los polvorines en La Saucera, también provocó una división entre los ejidatarios: la mayoría se opone a esta reubicación porque es muy peligrosa y contaminante para sus tierras; pero algunos tienen ahí sus polvorines y están de acuerdo. “Así, OHL también provocó un conflicto social en esta comunidad que durante generaciones ha sido de tradición y cultura pirotécnica. Esta es su principal fuente de empleo.” Capital político a costa de vidas En su tiempo, Peña Nieto aprovechó la construcción del Circuito Exterior Mexiquense para promoverse a la Presidencia de la República. La vía le dio una amplia cobertura mediática. La presentó como la obra carretera más importante del país. De 113 kilómetros, esta autopista conecta el Estado de México, Querétaro, Hidalgo y Puebla sin pasar por la Ciudad de México. Sin embargo, OHL la construyó arbitrariamente, pues no efectuó los procesos expropiatorios correspondientes con los ejidos que arrasó, como los de Tultepec, Huehuetoca, Coyotepec, Zumpango, Melchor Ocampo, Jaltenco y Nextlalpan, entre otros. También fueron cercenados e incomunicados por la autopista municipios enteros, como el mismo Tultepec, Texcoco, Ciudad Nezahualcóyotl y Chimalhuacán. En este último, los pobladores llegaron a emprender acciones de resistencia civil que incluyeron el bloqueo de la autopista. Arturo Chavarría, presidente del Colegio de Arquitectos y Urbanistas del Estado de México, comentaba entonces (en 2011) a este semanario: “El Circuito Exterior Mexiquense es un claro ejemplo del abuso de poder. Es el negocio de unos cuantos empresarios y políticos a costa de los ejidatarios, pequeños propietarios y de millones de pobladores de la zona”. Y señalaba que el entonces gobernador –Peña Nieto– era “sólo un títere” que, en su afán por llegar a la Presidencia, promovía la obra, pero de ella sacaban provecho OHL y empresarios mexicanos ligados al Grupo Atlacomulco, como Carlos Hank Rhon, Emilio Azcárraga Jean, Carlos Slim y Miguel Alemán Magnani. Fermín Carreño Meléndez, investigador de la Facultad de Planeación Urbana y Regional de la Universidad Autónoma del Estado de México, expresaba: “Hay negocios muy turbios detrás de cada tramo del circuito. Debería investigarse tramo por tramo, ya que las tierras por donde pasa fueron propiedad de alguien. ¿Se vendieron o expropiaron legalmente? No lo sabemos. Sólo conocemos una mínima parte del problema. “Lo cierto es que el gobierno mexiquense proporcionó información privilegiada a los empresarios y desarrolladores inmobiliarios sobre este proyecto de construcción para que éstos hagan sus negocios y especulen con el suelo, comprándolo a muy bajo precio.” Indicaba que esta visión empresarial no tomó en cuenta a los millones de habitantes de la zona, ya que “les bloqueó la movilidad a sus hogares, centros de trabajo, educativos o de recreo. El circuito lo que provocó fue tenderles grandes barreras, no ejes articuladores que integraran a la comunidad. Perjudicó a las clases más desprotegidas que no pueden usar esa autopista” (Proceso 1802). La razón del reordenamiento Uno de los municipios divididos por la carretera –construida sobre taludes de cuatro metros de altura y protegida por vallas metálicas– fue precisamente el de Tultepec. De ahí que OHL haya decidido juntar los polvorines, antes diseminados, en una sola zona, para que no tuvieran que cruzar la autopista. Pero no tomó en cuenta la seguridad. Este reacomodo es considerado uno más de los “daños colaterales” provocados por la autopista. Para colmo, en septiembre del año pasado, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, anunció que el Circuito Exterior Mexiquense se va a ampliar a más carriles porque será la autopista que conectará con el nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México, que se construirá en Texcoco. Dos meses después, en noviembre, empezaron a llegar a los terrenos del ejido de Tultepec los topógrafos a tomar medidas para hacer esta ampliación. Por esas fechas, Santiago Rodríguez Rangel, el presidente en turno del comisariado ejidal, comentaba indignado: “A nuestras tierras ya empiezan a llegar topógrafos de OHL. Vienen con sus equipos a tomar medidas a los costados del Circuito Exterior Mexiquense, que cruza arbitrariamente por nuestro ejido. Ahora van a meterle más carriles porque esta autopista conectará con el nuevo aeropuerto de Texcoco”. –¿OHL ya les informó que ensanchará su autopista y que ocupará más tierras de ustedes? –se le preguntó. –No, para nada. Eso lo sabemos por los rumores que corren. Y por los técnicos de OHL que empiezan a llegar un poco a escondidas. Hace poco pusieron una hilera de estacas a lo largo de la autopista para señalar los nuevos carriles que planean construir. Apuntando hacia la autopista que se pierde rumbo a Texcoco, Rodríguez ­aseguraba: “OHL ahora planea ampliar su autopista despojando de tierras a los ejidos que le quedan a su paso, como siempre lo ha hecho. Pero nosotros nos vamos a defender (Proceso 2035).” Por el momento, el Tribunal Superior Agrario ya invalidó todas las adquisiciones de tierras ejidales que OHL realizó al margen de acuerdos de asamblea. En una sentencia emitida el 2 de abril de 2013, en el juicio agrario 152/2010, el tribunal apuntó que OHL actuó ilegalmente por comprar tierras a cada ejidatario “en particular”, ya que “el derecho de propiedad sobre esos bienes es de naturaleza colectiva” y la venta debió aprobarse en asamblea. Por eso el tribunal le pide a OHL la “restitución” de sus tierras a los ejidatarios. Transas y sinsentidos En mayo de 2015 se divulgó una conversación telefónica entre dos ejecutivos de OHL en la que acuerdan pagar sobornos a magistrados para arreglar precisamente los pleitos que tienen en “Tultepec”, ocasionados por los estragos que dejó la autopista. Pablo Wallentin, entonces director de Relaciones Públicas de OHL México, le pregunta a Gerardo Fernández, director jurídico de la empresa: “¿Cuánto hay que darle a los magistrados?” Fernández le contesta: “Pues, yo creo, este, una manita ¿no?… No hay otra forma, como se hace siempre”. En el argot jurídico, una “manita” equivale a los cinco dedos de la mano, es decir, 5 millones o 500 mil pesos. Ahora, Tultepec ocupa la atención de los medios por la explosión ocurrida en su mercado de pirotecnia de San Pablito, cuyos 300 locales fueron destrozados por el siniestro, que dejó al menos 35 muertos. Expertos en explosivos, criminalística, química y genética actualmente realizan investigaciones en las 4.5 hectáreas que ocupaba el mercado para determinar la causa del estallido. Y mientras que el presidente Peña Nieto prometió reconstruir el mercado, el alcalde de Tultepec, Armando Portuguez Fuentes, precisó que éste podría ubicarse en La Saucera. El abogado Manuel Andrade espera que a raíz de esta tragedia se quiten por fin los polvorines del ejido y se apliquen verdaderas medidas de seguridad en el peligroso mercado de la pólvora: “Esperemos que ahora sí se tomen en cuenta las viejas peticiones de los ejidatarios, pues Tultepec se está convirtiendo en un enorme y mortífero polvorín”. Arturo Chavarría declara: “El principal responsable de este siniestro es el gobierno del estado, pues está obligado a instaurar todas las medidas de seguridad para proteger a la población. ¡Caray!, ese mercado de pirotecnia estaba en medio de una zona urbana muy populosa, con viviendas al lado. No tenía ninguna franja de amortiguamiento. La pérdida en vidas humanas pudo ser mucho menor. “El gobernador Eruviel Ávila, en lugar de echarnos su rollo político lamentando la tragedia, está obligado a presentar los dictámenes de protección civil, de desarrollo urbano y de medio ambiente de ese mercado devastado. No los presenta simplemente porque no los hay. San Pablito no tenía ninguna medida de seguridad. “Tampoco nos han mostrado las bitácoras de verificación que debió hacer la Sedena. Ni las licencias de construcción de los locales del mercado, otorgadas por el ayuntamiento. Hay una cortina de humo en torno a todo esto. “Y no es el único caso, en Almoloya de Juárez, por ejemplo, también hay muchísima venta de cohetes sin ninguna regulación. Y ahí están los polvorines que OHL les metió a los ejidatarios de Tultepec con el apoyo de Peña Nieto. Algunos puntos en el Estado de México son prácticamente zonas minadas debido en gran parte a la corrupción y a la negligencia de las ­autoridades.” –¿Servirán de algo los peritajes que realizan los expertos en la zona devastada? –No servirán para nada. Solo llegarán a la conclusión de que algún cohetero provocó una chispa y ésta a su vez causó el estallido en cadena. Hasta ahí. Y otra vez se les echará la culpa a los jodidos, como siempre.