Patada inicial en el futbol americano profesional

México vive otro intento por lanzar el futbol americano profesional. Una nueva liga ya arrancó su primera temporada con números y esquemas promisorios: aceptaron sumarse al proyecto 160 jugadores, que fueron dados de alta ante el IMSS y Hacienda y reciben buenas prestaciones. Sin embargo, el plan –armado exclusivamente con dinero privado– enfrenta retos de calado. El abuso de ciertos proveedores, el menosprecio gubernamental, la falta de patrocinadores y la carencia de una estructura antidopaje son los primeros escollos que enfrenta. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La Liga Profesional de Futbol Americano (LPFA), que comenzó a operar con cuatro equipos en la Ciudad de México en febrero pasado, es un proyecto en el que un grupo de seis empresarios apuesta por invertir recursos privados –sin solicitar dinero al gobierno– para consolidar una liga de desarrollo como fue la NFL Europa hasta hace nueve años. El proyecto lo encabezan el comentarista deportivo Juan Carlos Vázquez; el médico del deporte Nicolás Zarur, y el exjugador de los Aztecas de la UDLA Édgar Zapata, representante de la marca Under Armour en México. Tendrá un costo de operación que rebasará los 10 millones de pesos para realizar los 12 partidos, más la final. El plan en el mediano plazo es aumentar a seis el número de equipos en ciudades como Toluca, Puebla, Querétaro y Pachuca, y más adelante contar con un total de 10 franquicias y llevar la liga hasta Monterrey y Saltillo, donde, al igual que en la Ciudad de México, el futbol americano es un deporte de nicho. El director de Operaciones de la LPFA, Juan Carlos Vázquez, explica que durante seis años trabajó en el diseño del proyecto. La decisión de echarlo a andar se tomó después de que un estudio de mercado arrojó que en México el futbol americano es el tercer deporte con mayor asistencia a los estadios, es el quinto más visto por televisión y es el cuarto en número de personas que lo practican. “La inversión que hicimos antes de empezar la temporada fue como de medio millón de pesos, que se va a fondo perdido. El estudio nos decía que era muy complejo arrancar la liga. De hecho, si nos hubiéramos quedado hasta ahí hubiéramos decidido no hacerla, porque a escala nacional estaba todo en contra. Sin embargo, si lo recortas a algunas ciudades, es un deporte de nichos: la Ciudad de México claramente te da, Monterrey igual y, sorpresivamente, Saltillo también, y está muy arriba de Guadalajara. Este estudio se hizo cuando íbamos a sacar la liga hace seis años. –¿Qué indica la proyección financiera, en cuánto tiempo se recuperará el capital invertido y la Liga será un negocio? –En cuatro años. De hecho, si en cuatro años no ha funcionado, pues adiós. Vamos a operar dos años con cuatro equipos y, a partir del tercero, queremos tener una expansión a seis equipos. En los primeros dos años debemos conseguir un patrocinador de avión. Eso es fundamental. “Cuatro años atrás ya teníamos algo armado con dos equipos en Monterrey, uno en Saltillo y tres en la Ciudad de México, pero se nos cayó un patrocinador. Para tener equipos fuera del área metropolitana necesitamos forzosamente el transporte aéreo, y los gastos de avión terminan matándote. “Replanteamos el modelo de negocio y dijimos ‘Hagámosla regional, con cuatro equipos, que es lo mínimo indispensable’.” Los gastos Los equipos que disputan la LPFA son los Condors, los Raptors, las Eagles y los Mayas. La liga se juega los domingos a doble jornada (a las 11 de la mañana y a las 3:30 de la tarde), en el estadio Jesús Palillo Martínez, que está adentro de la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca. Para hacer uso de ese inmueble la liga paga al gobierno de la Ciudad de México 11 mil 500 pesos por día. Vázquez agradece que, de vez en cuando, el gobierno local le preste ese inmueble entre semana para que los jugadores entrenen. En un principio se valoró la posibilidad de realizar los juegos en el estadio Olímpico de Ciudad Universitaria o en el Wilfrido Massieu del Instituto Politécnico Nacional, pero abrir las puertas del primero costaba 750 mil pesos. En el segundo, el costo era de 16 mil pesos, pero por tratarse de escenarios en instituciones educativas públicas no se permiten anuncios comerciales. “Bendito soccer que lo consigue todo, porque en los juegos de los Pumas sí hay marcas”, se queja. El convenio que la LPFA firmó con el gobierno de la ciudad es por los años que le quedan a Miguel Ángel Mancera como titular del Ejecutivo local. Después tendrá que negociar otra vez la renta del estadio. La operación de la liga está sujeta también al calendario de actividades deportivas y musicales que se realizan en esa instalación. Por ejemplo, cuando hay otros actos, la empresa que opera el estacionamiento aumenta el cobro de 50 a 200 pesos, lo cual afecta la asistencia. En la semana dos, cuando se realizó un concierto de música electrónica, la entrada fue de mil personas en el juego matutino y de 600 personas en el vespertino. Los 11 mil 500 pesos sólo cubren la renta del inmueble. Para pagar los servicios de seguridad, limpieza, baños, permisos de protección civil en espectáculos y bomberos, venta de cerveza y entretenimiento (pantallas, audio y animador) se necesitan otros 74 mil pesos, que no se recuperan con la taquilla. “Hemos tenido un promedio de entrada por jornada de 4 mil 700 personas en los dos juegos. Hemos hecho promociones; en preventa hemos dado los boletos al 2 x 1 (jornadas 3 y 4); en la jornada 5 lo vendimos a 100 pesos. En las semanas uno y dos no tuvimos promociones y el costo fue el normal, de 170 pesos, ya con el cargo por servicio.” El primero de los tres meses que dura la temporada la taquilla generó 3.3 millones de pesos, pero el segundo mes los números se pusieron en rojo. Se espera que para el último mes, cuando se juegue la final (Tazón México) habrá una recuperación que permita equilibrar las finanzas. Los partidos se transmiten en televisión de paga a través de TDN y del canal AYM Sports. En la primera cadena, el primer partido del día es en vivo y el segundo, diferido. En la segunda, ambos son diferidos. Los ratings de TDN indican que unas 200 mil personas han visto los juegos en vivo y otras 170 mil, los diferidos. Vázquez asegura que el verdadero reto para consolidar la LPFA fue convencer a los jugadores de participar. Entre 1990 y 1996 existió en México la Liga Master, que desapareció. Durante estos 20 años ha habido otros intentos de crear un espacio para que los jugadores que terminan su elegibilidad en el futbol americano colegial puedan continuar con una carrera deportiva, pero todos han fracasado. Los deportistas participan en ligas informales o “llaneras” donde, además, tienen que pagar por jugar. La LPFA está integrada por 160 jugadores que promedian 27 años de edad, 1.81 metros de estatura y 96 kilos de peso. 159 de ellos jugaron Liga Mayor en la Organización Nacional Estudiantil de Futbol Americano (ONEFA). La excepción es Gibrán Mendieta, uno de los 800 jugadores que se presentaron a los try outs y fue seleccionado por el equipo Condors. Miguel Ángel Atilano, capitán de Raptors, es el más veterano, con 39 años. En los try outs fueron elegidos 110 elementos, y el resto se incorporó después; 60% de los jugadores estudió o estudia en una universidad pública y 40% egresó de una privada. Siete de cada 10 de los jugadores tienen trabajo fijo –aunque no necesariamente formal, porque de lo contrario no podrían entrenar entre semana. La LPFA estableció un presupuesto de 600 mil pesos para el pago de nómina de jugadores por los tres meses que dura la temporada. Este tope salarial permite cubrir sueldos de entre mil 400 y mil 800 pesos por partido que cobran mediante una transferencia electrónica que les hace una outsourcing. “El salario es bajo, pero 95% de ese sueldo sale de nuestra bolsa, el resto es de los patrocinios. Y además tienen todos los beneficios: el patrocinador pone la utilería, el uniforme, tienen campos de entrenamiento, coaches. El día de la jornada 1 no teníamos firmado a 75% de los jugadores por algo tan simple como que no tenían CURP, tenían que darse de alta en Hacienda. Otros no tenían ni cuenta bancaria, y para ellos era muy fácil decir: ‘Que me lleven el dinero al campo’, y no puede ser así.” Los jugadores están registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) como trabajadores eventuales, cuentan con servicio médico que les proporcionan los doctores de los equipos y, en caso de lesiones, son atendidos en Sport Clinic, el hospital y centro de rehabilitación del cual es dueño Nicolás Zarur, exjefe de los servicios médicos del club Cruz Azul y de la Federación Mexicana de Futbol. Faltantes Vázquez reconoce que un rubro que la LPFA no cumple a cabalidad es la realización de controles antidopaje, porque son muy costosos. A la semana se lleva a cabo un antidóping de forma aleatoria. Las muestras de orina se analizan en el laboratorio Imaginus, que es uno de los patrocinadores. Como no es un laboratorio oficial ni certificado por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA), no se pueden detectar todas las sustancias que prohíbe el Código Mundial Antidopaje –¿No es éste un punto muy vulnerable de la liga? –se le pregunta. –Claro. De hecho, tuvimos un acercamiento con la Conade para hacer los exámenes antidóping en el laboratorio que está certificado por la WADA. Muy probablemente para la segunda temporada ya lo haremos así. Sin embargo, en la Conade nos dijeron que un atleta que dé positivo se irá sancionado dos años. “Queremos una liga limpia porque queremos ser el ejemplo de los niños, tenemos que preparar a los jugadores porque hoy el jugador ni siquiera sabe si por tomar una pastilla va a dar positivo. “La sugerencia fue ésa: ‘Es algo nuevo para ellos, estos chavos nunca tuvieron controles antidopaje en el futbol colegial. El doctor (Juan Manuel) Herrera (gerente del Comité Nacional Antidopaje, recientemente suspendido por la WADA por las irregularidades con las que opera) me dijo eso: ‘Te sugiero que los vayas educando para que el año dos, si te aceptan que nosotros te hagamos los exámenes, los hacemos con gusto, pero el que dé positivo se va a ir dos años, de entrada’.” –¿Ya empezaste la campaña de información? –se le inquiere. –No la hemos empezado. –¿Cómo sabemos que no usan sustancias prohibidas? –Bueno, ahorita no ha salido nada. En el año dos tiene que estar perfectamente regulado. –¿Cuál es el Código de Ética de los jugadores? –Casi todo lo sacamos de la NFL Europa. No estamos inventando. Tenemos puntos como que el jugador no puede socializar con el coach durante la temporada, no puede irse de fiesta, me refiero a tomar y fumar. No puede participar en otra liga y tampoco vamos a permitir novatadas. Aquí no habrá jugadores chancleados ni nada de lo que hemos sabido. –¿Cuáles son los objetivos de la liga? –Uno, el negocio. México está listo para tener futbol americano profesional. Esto es una empresa que se debe tratar como negocio. Dos, fomentar el deporte en los niños que vienen al juego. Que se queden en este deporte, que puedan tener ídolos y, nosotros, generarlos. Queremos ser el espacio donde los jugadores que terminen el colegial puedan jugar. Los chavos terminan su elegibilidad a los 23-24 años. La madurez en el futbol americano la alcanzas entre los 25 y 29, y es cuando ya no tienes dónde jugar en México. “Por eso hoy estamos encontrando jugadores que en Liga Mayor no habían sobresalido lo suficiente, y aquí llegan y están rompiendo la liga porque ya están más maduros, físicamente están en mejor forma, y queremos ser una liga de desarrollo de la NFL en México. Ya hablamos con la gente de la NFL, le hicimos una serie de peticiones para saber si les interesa participar. –¿La NFL necesita una liga de desarrollo? –Lo intentó en Europa y cerró. No funcionó porque no hay fanáticos. Pero lo que se buscaba era colocar a jugadores que aún no estaban listos para llegar a la NFL. Era la transición entre el futbol colegial y la NFL. Éste es el mismo caso. Estamos buscando que manden a jugadores para acá a incrementar el nivel y a desarrollarse para luego regresar a sus equipos de la NFL. El próximo año vamos a traer jugadores estadunidenses. Tendremos dos plazas por equipo. Estamos buscando que la NFL los mande bajo un esquema de desarrollo, que ellos cubran los pagos, como lo hacían con la NFL Europa. –¿Por qué este proyecto fue concebido para no buscar apoyo gubernamental, cuando los deportes profesionales en México prácticamente operan con dinero público? –La verdad los grandes héroes aquí son los jugadores, porque creen en el proyecto. Pero sí, estoy arriesgando el patrimonio de toda mi vida. Queremos que sea una liga de empresarios, porque el gobierno está para apoyar al deporte con difusión, con instalaciones, espacios, y a lo mejor no es mi caso, porque pago impuestos, pero tal vez disminuyendo el pago de gravámenes por promover el deporte. “En algunos países las empresas que patrocinan al deporte les aceptan esos gastos como 100% deducibles de impuestos. México debería tener una política mucho más abierta para que la iniciativa privada meta más dinero en el deporte, pero lo está haciendo el gobierno al revés. La gente está pagando impuestos para que el gobierno le dé ese dinero directo al equipo profesional.” –¿Este proyecto es viable sin dinero del gobierno? –Sí, estoy convencido de que puede ser autosustentable. Ésa es nuestra piedra angular ante los gobiernos de los estados, decirles que nos apoyen con lo que esté a su alcance, sin necesidad de que tengas que desembolsar dinero.

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