El Hemiciclo y "El Caballito": Cadena de errores

sábado, 16 de abril de 2016
Resulta increíble que dos monumentos tan importantes como El Caballito y el Hemiciclo a Juárez hayan sido afectados durante procesos de limpieza. Un grupo de especialistas en restauración, algunos de ellos integrantes del proyecto para establecer la ruta del rescate de la estatua de Carlos IV encargado por el Fideicomiso del Centro Histórico, explican lo que consideran las fallas sustanciales en ambos casos. Hablan aparte los arquitectos Enrique Lastra –quien hace tres años dejó inmaculado el Hemiciclo– y Sergio Zaldívar, encargado de mover El Caballito hasta la Plaza Tolsá, a la espera de ser descubierto nuevamente a los ojos del público. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La restauración del Hemiciclo que honra la memoria del presidente Benito Juárez, en la Alameda Central, lleva irremediablemente a El Caballito, ubicado a unos 600 metros de distancia. Aunque se ha popularizado la idea de que Benito Juárez no sabía cabalgar, lo cierto –según el historiador José Antonio Crespo– es que un caballo le salvó la vida, cuando Maximiliano de Habsburgo ordenó a Miguel Miramón juzgarlo y matarlo. El investigador de El Colegio de México relata en su libro Contra la historia oficial, que Miramón, confiado en que el presidente liberal no sabía montar, pensó que lo sorprendería y cumpliría la orden pero Juárez “escapó a galope apenas quince minutos antes de la llegada de Miramón”. Ahora, a 150 años de aquel suceso, ningún caballo salvó al prócer de la Reforma. La experiencia con la restauración realizada en 2013 a la estatua ecuestre de Carlos IV, llamada popularmente El Caballito, que le provocó daños irreversibles, no protegió al Hemiciclo a Juárez de una situación semejante, pues según un grupo de restauradores de distintas instituciones –egresados todos de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete” (ENCRyM) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)–, el conjunto monumental ha sido mal intervenido, y devolverlo a su anterior estado podría dañarlo aún más y es costoso. Atribuyen los errores en primer término a las urgencias por dejar “limpio” el monumento para la ceremonia que realizaría Enrique Peña Nieto el 21 de marzo pasado en el sitio, con motivo del 210 aniversario del natalicio de Benito Juárez, que finalmente se hizo en Palacio Nacional. Y en segundo lugar, por no haber elegido para los trabajos a especialistas en la restauración de bienes muebles, quienes de acuerdo a la formación profesional que reciben en la ENCRyM saben cómo intervenir materiales como el mármol y los metales. Cabe recordar que también fueron restauradores quienes en su momento denunciaron los daños provocados a El Caballito por la empresa Marina Restauración de Monumentos. A decir del grupo de especialistas entrevistados ahora –quienes pidieron omitir sus nombres por temor a represalias– la experiencia sufrida con El Caballito no valió para el caso del Hemiciclo. El gobierno de la Ciudad de México contrató en esta ocasión a la empresa Megarquitectos, S.A. de C.V., dirigida por el arquitecto Gabriel Mérigo Basurto, reconocido en el ámbito académico y de la arquitectura pero no en el de la restauración de bienes muebles, lo cual –dicen– se evidenció en los resultados. En un recorrido por el lugar mostraron a Proceso las diferencias de color, que van del blanco liso, sin las vetas características del mármol, que atribuyen al empleo de pintura, hasta el amarillento que tomó la famosa piedra de Carrara por la utilización de sustancias no adecuadas; se ven también escurrimientos de material mal aplicado. Según un curriculum de la empresa representada por Mérigo, se constituyó en 1970 inicialmente como Mega-Diseño, S.A, y se transformó en Megarquitectos en 1985. Ha realizado diversos proyectos de construcción de oficinas y casas habitación. Se registran varios proyectos y anteproyectos de restauración para el Fideicomiso del Centro Histórico. Coordinó el restauro del exconvento de la Enseñanza para la Secretaría de Educación Pública, así como la reestructuración de 1998 en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, y la segunda etapa de restauración de la Casa del Lago. En 2003 supervisó de manera externa las obras de recimentación, suministro, fabricación de hincado de pilotes de control para el tercer patio Mariano y el Recinto a don Benito Juárez, en Palacio Nacional. Ahí mismo restauró bienes muebles e inmuebles históricos y artísticos de los salones presidenciales. En 2015 se le adjudicó el “Servicio de mantenimiento preventivo y correctivo de reparación y conservación de monumentos y elementos patrimoniales en la Alameda Central de la Ciudad de México”, para el cual la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda del gobierno capitalino, a través de la Autoridad del Espacio Público (AEP), abrió un concurso en mayo de ese año, conforme a la Ley de Adquisiciones para el Distrito Federal. El propósito, según las bases de la convocatoria, fue dar mantenimiento permanente para “preservar la nueva imagen de la Alameda Central”, luego de la remodelación y restauración del antiguo parque público, realizada en 2012 bajo la supervisión del arquitecto Enrique Lastra (Proceso, 1871), en el marco de la recuperación del corredor turístico financiero Reforma-Centro Histórico. Para el caso del Hemiciclo se especificó que se realizaría una limpieza cada tercer día “con trapo seco de los conjuntos escultóricos centrales, así como de los jarrones, elementos metálicos y columnas, hasta una altura no mayor a 2 metros, la limpieza se realizará suavemente para no dañar la patina (sic) del monumento”. Se pidió una limpieza superficial del mármol de la escultura “a base de jabón no iónico Canasol NF1000 diluido al 3% en agua, aplicado por aspersión, tallando la superficie con cepillos de fibras naturales y enjuague con agua a presión…”, y la aplicación de una “pátina artificial al barniz”. Metros de más Mediante un video se denunció en redes sociales que la intervención rebasó los dos metros de altura. Se ve a un trabajador con un overol blanco, fuera del andamio, pisando el monumento, sin protección alguna, que aplica a presión una sustancia que los restauradores consideran es pintura. Para ellos, tanto en la intervención de El Caballito como en la del Hemiciclo, se suman una cadena de errores. El problema del monumento a Juárez, explican, es que los elementos metálicos de la parte superior derramaron óxido sobre el mármol y “le daban mala apariencia”. Las manchas estaban ya en los poros de la piedra y quitarlas era “prácticamente imposible”, a menos que se lijara, lo cual era muy agresivo. Se aventuran a considerar que, no obstante, quizá algún funcionario ordenó limpiarlo, “porque iba a estar el presidente”; es posible que alguien sugiriera pintar los escurrimientos de óxido y quien lo llevó a cabo terminó pintando “más metros” de lo previsto. Todo ello se sabrá con certeza cuando Megarquitectos rinda su informe a la AEP y ésta lo dé a conocer públicamente. Expresan su preocupación ante el hecho de que en ambos casos no se consultara desde un inicio a los restauradores en bienes muebles, quienes, según el perfil de egreso planteado en la página web de la ENCRyM, están capacitados para “abordar la conservación y restauración de los bienes culturales con apego a criterios teóricos y con el más alto nivel de conocimientos técnicos y científicos”. Su trabajo se basa en el “conocimiento de las propiedades de la materia, la manufactura, la historia, el uso y la importancia de los bienes culturales”. Y llevan cursos de biología, química y bioquímica, entre otras, para tratar metales, madera, mármol, piedras, papel y otras materias. El grupo quiere dejar en claro que no pretenden hacer “una campaña en contra de una persona, institución o empresa”, sino expresar su preocupación, como restauradores, por este tipo de situaciones. Cuestionan si el monumento a Juárez requería realmente una intervención mayor o bastaba con aplicar medidas de mantenimiento dado que hace unos tres años se dejó en buen estado como parte de los trabajos de recuperación de la Alameda Central. En su opinión bastaría con darle un mantenimiento frecuente para evitar una intervención exhaustiva. Los especialistas han solicitado a funcionarios de la AEP toda la información para saber en qué consistía el proyecto de intervención, cuánto cobró Megarquitectos, qué se hizo exactamente, qué materiales se aplicaron, si son reversibles: “Queremos llevar la denuncia hasta sus últimas consecuencias.” El temor Los restauradores expresan su temor ante la posibilidad de que se encargue a Megarquitectos la gerencia de la restauración de El Caballito, pues hace unas semanas comenzó a circular el rumor entre los propios restauradores. Se anunció hace meses que la responsabilidad de la obra estaría a cargo de la Dirección de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural de la recién creada Secretaría de Cultura, pero aseguran que varios restauradores han sido convocados a las oficinas de la empresa representada por Mérigo. Este semanario buscó al arquitecto Mérigo con el propósito de que desmintiera o confirmara el rumor, y diera su versión sobre lo ocurrido con la intervención del Hemiciclo, pero hasta el cierre de esta edición no se reportó. Se buscó con el mismo fin al escritor José Mariano Leyva Pérez Gay, director general del Fideicomiso del Centro Histórico, que también interviene en el proyecto de restauración de El Caballito, y aportará los recursos para el mismo, pero tampoco respondió ni se reportó. Igualmente lo hizo el director de Promoción y Difusión del Fideicomiso, Miguel Rupérez Pascual. Algunos integrantes del grupo con el cual habló Proceso forman parte del equipo de especialistas que interviene en el Proyecto de Investigación Científica para establecer la “Ruta para la restauración de la escultura ecuestre de Carlos IV conocida como El Caballito” encargado por el Fideicomiso del Centro Histórico”, entonces dirigido por Inti Muñoz. Ante la pregunta de si era realmente necesario un examen tan minucioso para restaurar El Caballito afirman que sí. Destacan que ha sido un grupo interdisciplinario e interinstitucional en el cual participan investigadores y científicos del país de los institutos Nacional de Investigaciones Nucleares, Politécnico Nacional, y las universidades Autónoma de San Luis Potosí, Autónoma Metropolitana, La Salle y Nacional Autónoma de México. Uno de los restauradores desmiente que la estatua ecuestre tenga problemas estructurales, como se ha publicado en algunos medios: “El mejor estructurista del país, que es el doctor Roberto Meli, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, hizo un estudio que se llama de elementos finitos, apoyado en un escaneo 3D que hicieron investigadores de la UAM. El estudio dice que el monumento está estructuralmente estable, no se va a caer.” Insta a que si hay un estudio paralelo que diga lo contrario se debata con el doctor Meli, pues en su opinión sólo un sismo de gran intensidad podría hacer que El Caballito se cayera. Tendría que ser de efectos devastadores. Todos los estudios, forman un dictamen que no se ha dado a conocer a la prensa pues fue un acuerdo entre los especialistas, pero cuando el INAH, el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Fideicomiso del Centro Histórico firmaron el convenio para iniciar los trabajos de restauración, los investigadores informaron que faltaban dos o tres estudios para concluir el dictamen y, por ende, el proyecto integral de rescate. –¿Entonces ya tienen el proyecto de restauración? –Sí, porque los mismos resultados del estudios dan la solución. Se ha dicho que se le pondrá una nueva pátina para que pueda ser visto nuevamente por el público, sin las diferencias de color que el ácido le dejó. Se han hecho pruebas en trozos de metal de la misma aleación utilizada por Manuel Tolsá para saber cuál es la pátina más adecuada. Falta solamente plasmar en el documento la resolución final, y enviarlo al INAH para su revisión y aprobación. –Si ya tienen todo ¿por qué no han iniciado los trabajos? –Porque las instituciones no han dado los pasos para llegar a ello, al menos no con nosotros. Explica el restaurador que los participantes de este vasto estudio lo hicieron de manera honorífica, nadie cobró al gobierno de la ciudad. Si les permitieran terminarlo estaría listo en dos meses, pero está suspendido. Y es cuando comienza el rumor de que llegará Mérigo a dirigir la gerencia del proyecto. Para los restauradores es preocupante que se diera esta situación, después de lo ocurrido en el Hemiciclo, que además se desperdiciara el trabajo que han hecho a lo largo de más de dos años, y se alargue el inicio de las obras de restauración de El Caballito, pues éstas deben hacerse en época de secas y dentro de unas semanas comenzará la lluvia.

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