Diálogo con el narco, propone el episcopado

sábado, 2 de abril de 2016
Dice que sólo busca la paz, el fin de la zozobra para millones de mexicanos: ante el aumento exacerbado de la violencia criminal y la ineficacia de las fuerzas del Estado para combatirla, la Conferencia del Episcopado propone “dialogar” con el crimen organizado. Se trata de sentar a la misma mesa a Dios y al diablo, asegura el obispo de Chilpancingo, en Guerrero, entidad donde se pretende aplicar el modelo que en el pasado le dio buenos resultados al clero colombiano. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Ante el fracaso de la guerra contra el narcotráfico emprendida por el gobierno federal, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ya empieza a proponer un “diálogo” con los cárteles de la droga a fin de evitar lo más posible los asesinatos, desapariciones, secuestros, extorsiones y otros atropellos derivados de esa confrontación. Con el argumento de que “sin diálogo no puede haber paz”, la propuesta eclesiástica surge justamente en el estado de Guerrero, uno de los más violentos del país y donde la CEM aplica un proyecto piloto de pacificación y atención a víctimas inspirado en el modelo del episcopado colombiano. Salvador Rangel Mendoza, principal impulsor de este “diálogo” y obispo de la convulsionada diócesis de Chilpancingo-Chilapa, comenta: “La Iglesia siempre ha promovido el diálogo, porque sin diálogo no puede haber paz. Por eso es necesario dialogar con la gente que se dedica al narcotráfico, pero sin hacer ninguna concesión. ¡Dialogar, no pactar! Eso que quede claro; con ellos no se debe pactar, pero sí llegar a ciertos arreglos”. –¿Cuál sería el objetivo del diálogo? ¿Qué arreglos se pretenden? –pregunta el reportero. –Sobre todo evitar tantos asesinatos, secuestros, extorsiones y demás atropellos. Algunos se preguntarán, escandalizados: ¿cómo es posible sentar en la misma mesa a Dios con el diablo? Pero es necesario hablar para detener este terrible baño de sangre, sobre todo de gente inocente. ¿Cómo puedo ponerme en paz con mi enemigo si ni siquiera podemos vernos la cara? Ya basta, pongámonos a dialogar, no somos mudos. Mendoza es un franciscano con amplia experiencia en zonas de conflicto; durante siete años realizó labor pastoral en Israel, “entre muertes, bombardeos, explosiones de minas personales, ataques aéreos y todas las demás atrocidades que una guerra implica”. Y hace apenas siete meses que el Papa Francisco lo envió como titular a la diócesis de Chilpancingo-Chilapa para que ahí aplique su experiencia como pacificador. Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2057, ya en circulación

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