Francia, ¿pronto el caos?

sábado, 28 de mayo de 2016
PARÍS (proceso.com.mx).- Refinerías bloqueadas, transporte ferroviario y aéreo perturbado por huelguistas, circulación interrumpida en carreteras y autopistas por camiones de transporte de mercancías o tractores, votación a favor de paros laborales en las 19 centrales nucleares del país, manifestaciones en París y provincia, y enfrentamientos con la Policía: la octava jornada de protesta contra la nueva Ley Laboral que se llevó a cabo el 26 de mayo, destacó por su dureza. Aún no es el caos en Francia , pero … ¿Hasta cuándo los franceses solidarios con los sindicalistas rebeldes (60% según los sondeos de opinión) y las empresas que necesitan gasolina para seguir trabajando aguantarán la creciente escasez de carburante? Hoy la tercera parte de las gasolineras galas tienen graves problemas de abastecimiento. Muchas tuvieron que cerrar. Las que siguen abiertas limitan la venta a 20 litros de carburante y están literalmente tomadas por asalto. Esa situación obliga al gobierno a recurrir diariamente a las reservas estratégicas de petróleo del país. El problema es particularmente candente en la región Ile de France, que rodea la capital y agrupa a casi 20% de la población francesa. En esa área vital para la economía gala, 80% de las gasolineras sufren una escasez parcial o total. Lo mismo ocurre en toda la parte occidental y en el sur del país. ¿Cómo reaccionarán los franceses --simples ciudadanos o empresarios-- si la coalición sindical rebelde cumple sus amenazas de proceder a cortes de corriente eléctrica? Al apostar sobre una eventual impopularidad de los opositores a la Ley Laboral, François Hollande y el gobierno encabezado por el inflexible Manuel Valls juegan con el fuego . Pero también toma muchos riesgos la coalición sindical encabezada por la Confederación General del Trabajo (CGT) y su flamante líder, el implacable Philippe Martinez. Tanto Valls y Hollande por una parte, como Martinez por otra, juegan su credibilidad en ese conflicto, sin merced que se da a un año de las elecciones presidenciales galas y en víspera de la Eurocopa de futbol 2016 . Se calcula que unos 7 millones de aficionados del balompié circularán entre las diez ciudades de Francia donde se disputarán los partidos del Campeonato Europeo de Futbol de la UEFA del próximo 10 de junio hasta el 10 julio. Sacudida por dos graves ataques terroristas en enero y noviembre de 2015, Francia tiene previstas medidas de seguridad sin precedente para estas cuatro semanas deportivas, pero Hollande y Valls no se esperaban semejante desafío sindical. ¿Cómo conciliar una organización impecable de la Eurocopa de futbol, una seguridad antiterrorista máxima y el control de un creciente movimiento social?, ¿Podrán las autoridades galas resolver esa cuadratura del círculo? El combate contra la polémica Reforma Laboral empezó el 7 de marzo con una primera movilización masiva que Hollande y Valls ningunearon. Con el filo de las semanas se multiplicaron manifestaciones de protesta en todo el país, pero el gobierno siguió haciéndose de oídos sordos. Al margen de las marchas parisinas y de las de provincia, grupos heteróclitos de militantes enmascarados – unos se reivindican como "autónomos" , otros enarbolan convicciones anarquistas, varios pertenecen a movimientos radicales europeos como el no border— enfrentaron la Policía con una violencia inédita. Hollande y Valls buscaron instrumentar esa violencia para restar apoyos a los manifestantes. En vano. En la Asamblea Nacional, los diputados no se quedaron atrás. El proyecto de Ley Laboral fue objeto de tantas discusiones acaloradas y enmiendas por parte de la oposición de derecha --que la considera como demasiado tibia-- y por parte de diputados de izquierda o de socialistas disidentes --que la juzgan atentatoria al derecho de los trabajadores-- que el pasado 10 de mayo Manuel Valls optó por recurrir al artículo 49.3 de la Constitución. Esa disposición permite que el Primer Ministro imponga por decreto un proyecto de ley demasiado cuestionado que amenaza con no ser aprobado por la Cámara de Diputados. Lejos de apagar el incendio, la decisión de Valls atizó las luchas y lanzó en la guerra a sectores que hasta la fecha se habían mantenido atentos, pero al margen de los movimientos de protesta, como los trabajadores de las refinerías y ahora los de las centrales nucleares. Los rebeldes desconocen la vigencia de la Ley Laboral recién impuesta por decreto y piden al gobierno que la retire de una vez por todas. Insisten : el segundo artículo de esa ley no es en absoluto negociable. Y nunca lo será. Es el único punto en común que tienen con Manuel Valls. El Primer Ministro afirma, por razones diametralmente opuestas, que efectivamente ese artículo no es negociable. Ni lo será jamás. ¿Por qué tantas tensiones alrededor de ese artículo de Ley? Porque va en contra del actual Código del Trabajo y fragiliza a los trabajadores, insisten sus opositores, porque "por fin" da más margen de acción y más flexibilidad a los empleadores, replican sus defensores. Ambos tienen razón ya que ese artículo tan polémico establece la primacía de la negociación dentro de la empresa, a expensas de los convenios colectivos. Es una concesión mas de Hollande y Valls al sector empresarial. Y esa concesión cuenta con el apoyo de la muy reformista Confederación Francesa Democrática del Trabjo (CFDT). Para la CGT, cercana al Partido Comunista, semejante disposición deja a los trabajadores bastante desarmados ante las exigencias crecientes de los empleadores. Mas allá de sus divergencias ideológicas -- la CFDT es socialdemócrata y la CGT de izquierda "dura"- las dos Confederaciones sindicales se disputan el liderazgo sindical en Francia. A lo largo de décadas, la Confederación General del Trabajo dominó el panorama sindical francés con sus 3 millones de miembros. Hoy la CGT cuenta con solo 600 mil afiliados y salió bastante debilitada de un grave conflicto interno que duró meses y acabó con la elección de Philippe Martinez en febrero del año pasado. El nuevo líder sindical necesitaba urgentemente imponerse tanto en su propio sindicato como en Francia. Con su controvertida Ley Laboral, Hollande y Valls le ofrecieron un trampolín de oro. Martinez supo aprovechar y organizar el descontento popular, concentrándose sobre el artículo 2 y aglutinando a siete otras organizaciones sindicales minoritarias pero activas, como Fuerza Obrera (FO) o las de estudiantes y alumnos de liceos y colegios. Manuel Valls intentó en vano desacreditarlo, cuestionando su representatividad y la de la CGT. El Primer Ministro se apoyó para hacerlo sobre la baja tasa de sindicalización gala: sólo 11% de los franceses pertenecen a un sindicato, de los cuales 2. 86% están afiliados a la CGT. Pero el Primer Ministro finge no tomar en cuenta dos factores importantes. El primero es evidente: la confederación sindical de Martinez está muy bien implantada en sectores claves como el de luz y fuerza, de los ferrocarriles, de los transportes públicos de París y de sus alrededores, en las refinerías petroleras y en los puertos. El segundo factor es de orden psicológico: en tiempos de desempleo masivo es difícil arriesgar su trabajo haciendo huelga y muchos asalariados del sector privado entregan una especie de "carta poder" a quienes dan la cara por ellos enfrentando al gobierno. Y mientras más resisten, más los apoyan. Ahora falta saber si ese apoyo se mantendrá a pesar de la escasez de gasolina , a pesar de trenes y metros parados, de carreteras y autopistas bloqueadas… y de eventuales recortes de electricidad. La fama de Martinez y el porvenir de la CGT dependen en gran parte de ese apoyo. Si pierden la batalla, será la CFDT reformista y los grupos más extremistas quienes buscaran canalizar la inconformidad y el coraje de los franceses afectados por la Ley Laboral. Sin hablar del Frente Nacional que está al acecho, siempre. El porvenir de Valls también esta en juego. Se mostró tan rígido que le será difícil no renunciar a su cargo si, arrinconado por la presión creciente de la CGT y la urgencia de restablecer la calma para acoger la Europacopa de Fultbol de la UEFA, François Hollande decide cambiar de estrategia. ¿A quién le tocará capitular primero, a Valls o a Martinez? Si no fuera por lo que está en juego – la defensa de derechos laborales - el enfrentamiento entre estos dos líderes podría resultar algo divertido ya que ambos nacieron en familias españolas: Valls en Barcelona en 1962 y Martinez un año antes en un suburbio de París. Divergen sin embargo sus orígenes sociales: los padres de Valls pertenecían a una burguesía catalana acomodada y los de Martinez eran modestos migrantes de Cantabria. El primero se lanzó muy joven en la política. El segundo empezó trabajando en fábricas antes de meterse de lleno en el sindicalismo. Martinez adquirió la nacionalidad francesa al nacer y Valls la pidió a los 16 años. Pero ambos son tan testaduros, orgullosos y autoritarios el uno como el otro.

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