Pinocho: una inquietante relectura

sábado, 18 de junio de 2016
MONTERREY, NL (proceso.com.mx).- Las aventuras de Pinocho (Pinocchio), la novela escrita en el siglo XIX por el italiano Carlo Collodi, es una historia sombría. Disney se ocupó de endulzarla en el clásico animado de 1940, que, pese a su intención de infantilizarla, le incorporó elementos violentos, con una aterrador subtexto de crimen, abuso y muerte gráfica. Ahora llega una relectura demorada del 2014, de hechura alemana, que pretende echar un vistazo más apegado al origen. Concebida como miniserie de dos capítulos para TV, pero compactada para su comercialización en cines de Latinoamérica, y con un doblaje al español, la producción dirigida por Anna Justice contiene elementos de complicada digestión para los pequeños. La animación es rudimentaria. Evidentemente, no busca competir con los grandes estudios norteamericanos de digitalización perfecta. Más bien, se concentra en hacer funcional la única manera de dar vida, con recursos limitadísimos, a un personaje creado para animarse únicamente en la literatura. Aunque es vendida como la enternecedora aventura del muñeco de madera que anhela convertirse en humano, en realidad el periplo del títere es angustioso y, por momentos, hasta macabro. Su público natural es el infantil, pero los pequeños pueden sentirse inquietos con las imágenes pesadillezcas de las desgracias sucesivas del inocente Pinocho. Nada anda bien con el mono de pino y su padre, el humilde carpintero Geppetto. Se conoce, por la obra que presentó la fábrica del Ratón Miguelito, que es seducido, secuestrado y abusado por adultos. La producción germana entra en detalles y se detiene cruelmente en el sufrimiento. El sol no llega a las comunidades rurales donde el cielo, permanentemente, está cubierto por nubes. El chico de madera es acosado por los niños del pueblo. Es plagiado por un titiritero y luego por un explotador que lo condena a trabajos forzados. Desamparado, es asediado por bandidos de aspecto deplorable, que lo asaltan. Los añadidos a la versión conocida no permiten ningún deleite. Los niños, que seguramente buscan diversión, encuentran que el protagonista y sus amigos sufren un real peligro de muerte, bajo la amenaza de mayores que exhiben dagas y que los embaucan inescrupulosamente. En esta versión, Pinocho merece todas sus desgracias. Es travieso, imprudente y exasperantemente tonto. Busca las malas compañías y se enreda en problemas por pura necedad. El final es abrupto y, pese a su interés complaciente, no consigue redimir al personaje. La ya conocida transición de la marioneta a la humanidad, es tan apresurada que no da tiempo a suponer que el muchacho y su padre tendrán tiempo para reponerse de tantas barbaridades a las que estuvieron expuestos. Este Pinocho tiene mucho pesar y pocas sonrisas.

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