La rapiña del corruptazo exalcalde de San Fernando, en tiempos de Los Zetas

martes, 21 de junio de 2016
SAN FERNANDO, Tamps. (apro).- Cuando las columnas políticas de los medios de la capital de Tamaulipas hablaban de Tomás Gloria Requena, se referían a él como “el corruptazo alcalde de San Fernando”. Ahora que en el estado ganó la oposición comenzaron a salir las fechorías del actual delegado de la Confederación Nacional Campesina (CNC) en Veracruz: además del saqueo de recursos públicos, denuncian que se apropió de terrenos y bienes inmuebles de las víctimas asesinadas por Los Zetas durante el periodo en que este grupo dominó San Fernando y que coincidió con la alcaldía de Gloria Requena. El corruptazo alcalde Tomás Gloria arrancó su administración de tres años a finales del 2010. Su campaña política fue financiada por el Cártel del Golfo (CDG), denunciaron ciudadanos cuyos nombres se omiten para protegerlos ante posibles represalias. Meses antes habían comenzado la disputa por San Fernando entre el CDG y sus antiguos aliados, Los Zetas. A finales de marzo de ese año arribaron a San Fernando decenas de camionetas atestadas con hombres armados. Las trocas tenían pintado en sus vidrios y puertas la última letra del abecedario. Los pistoleros de Los Zetas arrebataron a los miembros del Cártel del Golfo esa estratégica plaza. Los grupos se dividieron los primeros días de marzo. El CDG controlaba la plaza de San Fernando desde el 2001. Fue inaugurada por Rafael Cárdenas Vela El Junior en ese año. Se trataba de un expolicía federal enviado por su tío Osiel Cárdenas Guillén para “sentar plaza”, ya que en ese tiempo nadie controlaba esa estratégica región, fundamental para el trasiego de narcóticos. “Osiel me dijo que hablara con el comandante de la Policía Ministerial Noé Hinojosa, ya que él me iba a ayudar. Cuando llegué, empecé paso a paso”, describió El Junior en un juicio celebrado en la ciudad texana de Brownsville, donde acudió como testigo protegido de la Fiscalía. Cárdenas Vela contó que llegó a San Fernando con 10 mil dólares para ofrecer pagos a policías, militares y oficiales de Marina para que “trabajaran para ellos”, así como a gente de la prensa y la radio. También reclutó como informantes a bailarinas de centros nocturnos. Para consolidar la plaza, el cártel entregó 20 mil dólares a los jefes de la Policía Federal Preventiva en la región. “Al alcalde no necesitaba pagarle ya que habíamos financiado su campaña”, dijo. En esa época las operaciones del Cártel del Golfo en San Fernando costaban 95 mil dólares semanales, precisó. “Ya sabía cómo hacerle. Aprendí mirando cómo mi tío Osiel manejaba las demás plazas, así que ya sabía a quién tenía que arreglar para tener bien controlado todo”. “Nudo de carreteras” La relevancia de San Fernando para el tráfico de drogas la resumió el general Miguel Ángel González, quien fue comandante de la Octava Zona Militar con sede en Reynosa: “es un nudo donde confluyen varias carreteras”. Agregó: “Hay una carretera que proviene por el Golfo que es una ruta del narcotráfico que viene desde Chiapas, Veracruz, pasa por Tampico y Soto la Marina. Es una ruta muy importante hacia la frontera de Tamaulipas con los Estados Unidos, ya que son casi 400 kilómetros de una porosa línea fronteriza que ellos quieren tener el control para el trasiego de la droga, el tráfico de personas y a la inversa el contrabando de armas hacia México así como una gran cantidad de mercancías”. Además de las carreteras y autopistas, precisó el general, la extensa región está conectada por decenas de caminos vecinales y desoladas brechas que únicamente conocen sus pobladores, las cuales se extienden rumbo a la zona fronteriza. La Laguna Madre del Golfo de México también resultó estratégica para trasladar narcóticos por embarcaciones que se confunden con las de los pescadores y por donde se realiza un continuo contrabando de armas compradas en el mercado negro de Centroamérica. Para el 31 de marzo del 2010, Los Zetas y el CDG protagonizaron una batalla que perdurará por muchos años en la mente de sus habitantes. Antes del mediodía los estruendos de granadas destruían negocios, las ráfagas de los “cuernos de chivo” y R-15 impactaban fachadas de casa y el rechinar de las llantas irrumpieron el sosiego y la tranquilidad que había disfrutado el pueblo durante décadas. Tras la batalla, manchas de sangre y decenas de cuerpos quedaron regados por todos los rumbos de la calle principal. Era el preludio de la barbarie que se posesionaría del pueblo al menos tres años. Los Zetas expulsaban al CDG e imponían una dictadura representada por la voluminosa figura de Martín Omar Estrada Luna, El Kilo, así como su séquito de 30 adolescentes que hacían la función de guardias o “halcones”. La estructura de mando de Los Zetas quedó encabezada por Salvador Martínez Escobedo La Ardilla como jefe regional; el exsoldado Édgar Huerta Montiel El Wache como jefe de plaza y el comandante El Kilo al mando de unos 100 sicarios que se posesionaron por todo el pueblo y entre menos de 60 mil habitantes. Además, los 40 policías municipales quedaron en su nómina. Desde que tomaron el control del poblado, Los Zetas se dedicaron a secuestrar y a matar a presuntos colaboradores del CDG. A partir de esa época el terror se posesionó de sus pobladores que veían cómo a pleno día llegaban sicarios a sacar familias enteras de sus casas. Mucha gente huyó y la economía de desplomó, ya que los grandes negocios emigraron de San Fernando. También se terminó el atractivo turístico que tenía la localidad gracias a su cercanía con la Laguna Madre. Así se convirtió en un pueblo donde se respiraba el miedo. Sus habitantes se refugiaban en sus domicilios al caer la tarde, ya que El Kilo impuso un toque de queda a partir de las 18:00 horas. En esos días, la funeraria La Paz, la principal de las tres que hay en el municipio, llegaba a recibir por día hasta cinco muertos producto de la violencia. Además, desde abril y durante unos dos meses, los 40 policías se dedicaron a bajar pasajeros de las líneas de autobuses como ADO, Transpaís, Omnibus, entre otros, supervisados por sicarios que se cubrían el rostro, uniformados como militares. Buscaban “contras” de los grupos aliados del CDG: Cártel de Sinaloa y La Familia Michoacana. A los jóvenes les revisaban sus celulares y a los pasajeros provenientes de Michoacán o Sinaloa los trasladaban en camionetas a la zona de El Arenal, donde los mataban y enterraban en una fosa que escavaban con maquinaria pesada propiedad del municipio. En muchas ocasiones, los autobuses seguían su marcha rumbo a la frontera sólo con pocos pasajeros de los alrededor de 40 que viajaban. Esos secuestros se frenaron hasta que los operadores hicieron huelga y solicitaron a sus empresas ya no entrar a San Fernando. La masacre de los 72 migrantes en agosto del 2010 y el descubrimiento de las narcofosas de El Arenal con 193 cadáveres registrados oficialmente, convirtieron a San Fernando en el ícono de los asesinatos múltiples y desapariciones que sufre Tamaulipas. La cifra extraoficial en El Arenal registra otros 100 cuerpos que el gobierno ordenó ya no contabilizar y que fueron enviados a una fosa común del panteón municipal en lugar del Servicio Médico Forense (Semefo) de Matamoros. El saldo actual de la violencia es de alrededor de mil niños y menores que quedaron huérfanos. Para apoyarlos, el municipio invierte 42 millones de pesos para edificar la Casa del Niño, con capacidad para albergar a 200 menores que prácticamente quedaron desamparados. Alcalde “avestruz” Durante la época de la violencia generada por Los Zetas, el entonces alcalde Tomás Gloria Requena se transformó en “avestruz”. Los pobladores que comenzaron a denunciar cuentan que los asesinatos, secuestros y extorsiones ocurrían a plena luz del día, pero el edil no los veía y mucho menos los denunciaba. En cambio, lo que sí hizo fue apropiarse de terrenos municipales y de propiedades de los empresarios víctimas de la violencia. Destaca el caso de Erasmo Galván Zarate, a quien se le conocía como El Gringo. Los Zetas lo asesinaron con armas de grueso calibre afuera del hotel América, de su propiedad, ubicado en la calle principal del pueblo. Además, su hermano Jaime Galván Zarate, dueño de otro hotel en la Laguna Madre, fue secuestrado por el grupo criminal. Los ciudadanos entrevistados señalaron que el hotel América, que quedó abandonado, ya es propiedad de la familia de Gloria Requena, según consta en documentos oficiales. También denunciaron que el ahora delegado de la CNC en Veracruz se hizo propietario de los terrenos donde estaba ubicada la preparatoria “Ponciano Arriaga”, ya que puso a su esposa como dueña del inmueble. Existen otras propiedades que fueron registradas con prestanombres debido a que sus verdaderos dueños fueron asesinados. Sin embargo, debido al autogobierno que mantenían Los Zetas en esa época, nadie denunció la irregularidad que cometió Gloria Requena. No obstante, ahora que la gubernatura y la alcaldía pasaron a manos del PAN, los ciudadanos exigen que se investigue y castigue al exalcalde por sus actos ilícitos. Sobre todo, por la complicidad con los crímenes que perpetraron Los Zetas contra cientos de pobladores de San Fernando.

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