Blue Demon Jr., por un Museo Nacional de la Lucha Libre

La lucha libre podría tener pronto un museo, gracias a un proyecto de decreto del senador Jesús Casillas Romero, quien con otros legisladores se unió a la propuesta original lanzada por Blue Demon Jr. Para este vástago adoptivo de La leyenda azul, “la lucha libre especialmente refleja la cotidianidad del mexicano por salir adelante”, e igual pugnará no tanto por un “Día nacional de la lucha libre”, sino mejor por un “Día del luchador mexicano”. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El hijo adoptivo de La leyenda azul Blue Demon, apodado Blue Demon Jr., propone crear el Museo Nacional de la Lucha Libre “a causa de ser el segundo deporte más importante del país después del futbol y además por formar parte de nuestra cultura, porque no son sólo enmascarados, ni golpes, ni puro show. ¡La lucha libre posee todo!, y no existe una sede para conocer su historia”. Ya se encuentra en pláticas tanto con el gobierno federal como con el de la Ciudad de México para cristalizar su sueño: “Con ambos estamos en contacto, para ver cuál nos apoya, a ver si nos donan un lugar en la capital mexicana en comodato o en una asociación. Sería un punto más de turismo. Este deporte es muy concurrido y el menos violento. Es importante destacar que existen muchos creadores como pintores, escritores, fotógrafos, cineastas y caricaturistas, en fin, que abordan en sus obras al también llamado ‘pancracio’. Son trabajos trascendentales y deben mostrarse al público.” Convencido, enfatiza a Proceso: “Incluso, ahora el luchador enmascarado es un referente de México en el mundo.” El también luchador nacido el 19 de julio de 1966 en la Ciudad de México y heredero del deportista y actor Blue Demon (García, Nuevo León, abril 14 de 1922-Ciudad de México, diciembre 16 del 2000), acaba de dar el primer paso para fundar el museo con una exposición. Como ha platicado a muchas personas, otros luchadores y coleccionistas están donando infinidad de cosas “muy atrayentes”. Ya en marzo pasado organizó una muestra con el título del proyecto: Museo Nacional de la Lucha Libre en el Centro de la Cultura y las Artes “José Emilio Pacheco”, Tlalnepantla, Estado de México. La exhibición, con alrededor de 500 piezas, lució fotos, pinturas, revistas, máscaras y juguetes, entre otros artículos, y finalizó en mayo. Destacaron las máscaras de luchadores como Karis la Momia, Hijo del Espanto, El Hijo del Santo, Rayo de Jalisco y La Parka. También, una capa del recién fallecido Hayabusa. Así como chamarras y equipos de Sexy Star, Los Villanos, Ray Mendoza, René Guajardo e Hijo del Fantasma, y varios más. Blue Demon Jr. adelanta que posiblemente se volverá a montar en Puebla, Monterrey y Guadalajara. “Este museo itinerante lo llevaremos a varias partes. Trataremos de cubrir toda la República Mexicana. Y existen muchos coleccionistas sobre este tema, hay quienes tiene un sinnúmero de revistas, programas de varias luchas, autógrafos de luchadores, fotografías y otros hacen sus propios juguetes o playeras, etcétera.” Sano entretenimiento Cabe apuntar que la lucha libre mexicana se caracteriza por su tipo de llaves, las máscaras y sus secuencias teatrales o territorialidad escénica, esto último conforme a investigadores como el escritor, poeta y profesor universitario Gabriel Weisz Carrington (autor de La máscara de Genet, Cuerpos y espectros, El juego viviente). Según varios especialistas la lucha libre en el país inició hacia 1863, se introdujo durante la Intervención Francesa. Después el italiano Giovanni Relesevitch trajo hacia 1910 su empresa donde había luchadores. En los años treinta, el mexicano Salvador Luttherot González viajó a Texas, donde vio encuentros de lucha y se divertía la gente. Retornó al país con algunos luchadores de Estados Unidos y comenzó a montar el espectáculo. En 1933 creó la Empresa Mexicana de Lucha Libre, hoy Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), y el 21 de septiembre de ese año abrió la Arena Modelo (ahora Arena México), ubicada en Doctor Lavista de la colonia Doctores, en la Ciudad de México. Se le pregunta a Blue Demon Jr. (primer latino enmascarado en conseguir el título de campeón mundial de peso completo de la organización mundial National Wrestling Alliance –NWA, Alianza Nacional de Lucha Libre Profesional–) qué ha proporcionado la lucha libre a la cultura mexicana, y responde: “Un entretenimiento sano.” Argumenta que es raro que surjan pleitos en las funciones a pesar de que los asistentes gritan, y exalta los valores de lo que es el bien y el mal, “pues la lucha libre especialmente refleja la cotidianidad del mexicano por salir adelante”. Ensalza el enmascarado azul: “La lucha tiene mucho arraigo con el pueblo y es muy valorada por el pueblo. Me atrevo a destacar que también por los políticos. Ellos recurren mucho a las funciones para agradarle a la gente. Vaya, hasta los presidentes van a lucha libre.” –¿Cuál fue la reacción del público en Tlalnepantla con respecto a la exposición? –Fue una repuesta muy importante. Nos comentaron que nunca había concurrido tanta gente al Centro de la Cultura y las Artes “José Emilio Pacheco” y siempre se contó con personas que atendieron a los visitantes. Hubo un sinnúmero tremendo de gente, y estamos hablando de Tlalnepantla. En la Ciudad de México sería diez o quince veces más el flujo del público, sería más rentable, en términos de turismo. A finales de los años ochenta iniciaron las historias en la pantalla grande con luchadores enmascarados. El historiador de cine Emilio García Riera en sus libros dejó constancia del suceso de la serie Los tigres del ring, compuesta por La última lucha (1958), de Julián Soler; Santo contra Cerebro del Mal y Santo contra los hombres infernales (1958), de Joselito Rodríguez. Hacia 1961, Federico Curiel filmó Santo contra el Cerebro Diabólico y fue un éxito de taquilla, pese a exhibirse en un cine de segunda. Esto alentó la realización en la época de 25 filmes, protagonizados en su mayoría por El enmascarado de plata. Chano Urueta no se quedó atrás rodó El Demonio Azul (1964), y entonces Blue Demon fue convertido en estrella. Muchas de las cintas de luchadores eran de horror (hoy son de culto en Japón), y Santo vs las mujeres vampiro (1962), de Alfonso Corona Blake, se presentó en el Festival San Sebastián y gustó a críticos de Europa y los Estados Unidos. –El cine ha sido importante para la lucha libre mexicana. ¿Qué pasa ahora? –Que no hay mucha presencia de la lucha libre en el cine, no como antes. El tipo de vivencias que tenemos hoy en día y la situación general de nuestro país ya no está generando situaciones blancas; pero siempre ha sido importante la figura de un luchador en las películas del país. Recuerda que en Matando cabos (2004), de Alejandro Lozano, participó Mascarita Sagrada, y que la más reciente película del cineasta Arturo Ripstein, La calle de la amargura, aborda el mundo de la lucha libre, y fue llevada el año pasado al Festival de Cine en Venecia, donde Blue fue homenajeado. Cada vez surgen nuevos pintores o fotógrafos que asumen como temática este deporte, añade y subraya que en marzo pasado él fue el personaje del año en la Convención de La Mole Comic Con y los dibujantes produjeron “cosas muy significativos e interesantes, creo que la lucha libre no tiene un tope para las artes”, si bien “se le sigue considerando ‘el patito feo’ de los deportes”. –¿Por qué? –La han considerado un entretenimiento para gente baja, ignorante; pero no, he visto que van importantes figuras y mandatarios, intelectuales y empresarios nacionales o de otras naciones, ¡y porque los medios no nos cubrían para deportes por considerarlo un espectáculo, pero los periodistas de espectáculos no nos cubrían porque era deporte! Por fortuna ya nos toman más en cuenta. “Para quienes digan que sólo es show, los invito a que me sigan el paso en una semana de trabajo, con entrenamiento, a veces malas comidas, para verme subir al ring sin dormir tras tan dura disciplina. Hay ‘puro teatro’ pero sólo en el momento que representamos a un personaje para divertir.” Anuncia que cuando ya se halle cerca de concretar el Museo Nacional de la Lucha Libre convocará a los luchadores mexicanos para que se sumen al proyecto: “Todos están invitados a participar, incluso a los jerarcas de esas empresas quienes deben quitar barreras y velen más por nuestro deporte, que dejen a un lado los egos. En el museo no vamos a poner: ‘lucha libre fulana o zutana’, ¡es la lucha libre nacional.” Actualmente radica en Estados Unidos, dada la situación del país: “Es triste decirlo pero me autoexilié de México porque no estoy de acuerdo con la sociedad de mi país, no es coherente con lo que pide. Increíble que acuda más gente a una foto de desnudos en el Zócalo de la capital que a una marcha por la paz, a un festival de rock masivo que a algo más importante, por ejemplo, los actos por los desaparecidos. La gente se une cuando tiene un interés político y no se une por la mala situación de la nación. “Las personas piden soluciones y no ayudan en nada. En algunos lugares se siguen quejando porque se inundan las calles y siguen tirando basura. Se quejan por los precios, pero siguen robándose la luz. Cada sociedad tiene el gobierno que se merece. Espero que surja algo nuevo en la política, otra corriente realmente distinta, algo va a surgir porque no es el fin, sino el comienzo de algo realmente.” El decreto de Casillas A la propuesta del Museo Nacional de la Lucha Libre, se unió el priista Jesús Casillas Romero, senador por el estado de Jalisco, quien manifiesta: “La lucha libre es un espectáculo con mucha disciplina, talento y esfuerzo, y ha destacado en el cine. Cuenta con muchos seguidores, sobre todo niños que ven a estos personajes (sic) como sus héroes, por lo que hay que apoyar a este tipo de expresiones.” Enseguida, señala que hizo un proyecto de decreto presentado el 12 abril pasado, para que se declare el 21 de septiembre de cada año el Día Nacional de la Lucha Libre y del Luchador Profesional Mexicano. “El Museo Nacional de la Lucha Libre, y que un día al año se celebre a este deporte-espectáculo puede ser bueno ante una situación en la que los ciudadanos no estamos en las mejores condiciones”, comenta a este semanario Casillas Romero. “Es para encontrar un lado amable, una diversión sana y una forma de conocer ese proceso de evolución de la lucha libre. Es también bueno sumergirnos en nuestra cultura en una época complicada, para que haya un rayito de luz para los mexicanos.” El proyecto del decreto lo firman también las senadoras priistas Ivonne Liliana Álvarez García, Anabel Acosta Islas y Lilia Guadalupe Merodio Reza y Ana Gabriela Guevara Espinoza, del Partido del Trabajo. En el documento se leen argumentaciones como “la mayoría de los especialistas consideran a la lucha libre un arte y una fiesta, donde se conjugan elementos míticos, simbólicos y lingüísticos, los cuales representan el folclor mexicano”. También se adiciona: “En los cuadriláteros conviven personajes que encarnan a demonios y deidades, la muerte, alebrijes, fuerzas naturales, excentricidades o animales majestuosos.” Además “es considerada la más ‘honesta de las simulaciones”, es un espectáculo donde se combinan la comedia, el teatro, la actuación, las llaves y los vuelos, los luchadores se preparan físicamente”. Se realza en el texto que en Japón la lucha libre mexicana es un deporte que se admira y respeta por sus destacadas acrobacias, y que Alemania, Brasil, Francia, España, Guatemala y en el principado de Mónaco se reconoce a la lucha libre como uno de los deportes más importantes. El documento habla de la mala situación laboral de sus deportistas: “Este juego cuenta con organizaciones que congregan a centenares de luchadores en retiro y que se encuentran en activo. Los gremios de luchadores, de acuerdo con la Ley Federal del Trabajo y sus contratos colectivos, brindan toda la asistencia social para que cuenten con una vida digna. Por desgracia, también debemos de recalcar que hay muchos luchadores independientes o retirados que carecen de apoyos y seguridad social, lo cual, entre otras cosas, los hace vulnerables ante cualquier eventualidad económica, de salud e incluso familiar, o que simplemente no tengan los recursos para atender los padecimientos que sufre cualquier deportista de alto rendimiento, por ejemplo, es de admirarse que un luchador pueda realizar hasta cinco presentaciones por semana.” Otro punto que se matiza en el decreto es que se reconozca, “en especial a los luchadores como parte del patrimonio intangible, popular y cultural de México”. Para Blue Demon Jr., las intenciones son buenas, empero: “Creo que no necesitamos un ‘Día de la lucha libre’, porque si aplicamos la palabra lucha en la cotidianidad mexicana, significa que luchamos por nuestro trabajo, para que nuestros hijos salgan adelante… Mejor pongámosle ‘El día del mexicano’, porque es el día del luchador.” “El Museo es cultura”: Valverde Conocido a nivel nacional e internacional, el pintor y escultor Miguel Valverde, nacido en Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua, en 1980, participa con su obra en la exposición Museo Nacional de la Lucha Libre, además es el autor del mural A dos de tres caídas sin límite de tiempo, ubicado en la Arena México y con el cual se conmemoró el 80 aniversario de la lucha libre en nuestro país. También colecciona todo lo relacionado con este juego y espectáculo, el cual admira desde pequeño, y cuenta con una máscara de Blue Demon padre que le regaló Puma Valderrama. Narra a Proceso que a partir del 2006, cuando ganó la beca Siqueiros para elaborar 12 pinturas sobre el tema, terminó creando 50 trabajos: “En este proyecto encontré una veta artística para seguir trabajando, y en 2007 llevé parte de esta colección a la exposición de la Expo Lucha Banamex.” Al pedirle su opinión de la propuesta de Blue Demon Jr. de crear el Museo Nacional de la Lucha Libre de manera permanente, indica emocionado que es “una gran ventaja”, ya que la lucha libre en sí misma es un escape social. “El proyecto beneficiará al pueblo mexicano por la posibilidad de tener un espacio para disfrutar y conocer de manera profunda qué aporta este deporte a nivel mundial y a la cuestión de la identidad para México. La lucha libre mexicana es el perfecto reflejo de cómo es México en la cuestión económica, política, social y cultural. Y no sólo refleja lo que pasa en el ring de seis por seis metros, sino también lo que hay afuera de él.” El público juega un papel importantísimo, agrega, aunque no se esté dando golpes en el ring. “Es el que le empotra picardía y color a todo lo que es esa fiesta.” –México padece violencia tremenda, crisis económica, hay 43 estudiantes normalistas y miles de desaparecidos, hay impunidad, corrupción e injusticia… Entonces, ¿qué importa un museo más ahora? –La lucha libre puede traer algo muy positivo para canalizar la violencia. Este mal no sólo es de México, en todos los países. A mayor oferta educativa, mayor número de electores, disminuyen los conflictos y las guerras. Un museo le aporta más cultura a un pueblo, ese es un factor positivo. Los museos son cultura. “Para mí, que México tenga millones de museos más. Y el de la lucha libre, ¡pues que venga nuestro reino!, como dicen, ojalá pueda generar una gran conexión en el país porque a fin de cuentas la lucha libre no nada más la hacen en la Arena México. Como leí una frase de una exposición: ‘La lucha libre la hacemos todos’, formamos parte de ella. Todos somos México y todos somos lucha libre. Es una gran iniciativa y ojalá que siga adelante poco a poco.” –Ha pintado otros temas, ¿por qué lo cautivo tanto la lucha libre? –Lo que más represento en mi obra es el mexicanismo. Estoy orgulloso de ser mexicano. La contemporaneidad de la lucha libre refleja parte de las tradiciones y la cultura popular mexicana y también muchísimo del folclor, eso es lo que me ha cautivado. Aparte de cómo se le pueda ubicar, sea deporte o espectáculo, creo que la gente se olvida de que es teatro, y va más allá del circo, la maroma y el teatro. La lucha libre encaja perfectamente con la lucha de clases. México siempre ha tenido una dualidad, la lucha de los ricos contra los pobres, el cacique contra el campesino, y somos un pueblo del combate, desde la manera en cómo se representaban las luchas con los antiguos mexicanos… Concluye el artista: “Tampoco por un museo nos vamos a olvidar que existen muchos conflictos en México, pero para mí es muy bueno otro museo.”

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