"Híkuri", los versos malditos de José Vicente Anaya

domingo, 26 de junio de 2016
Ha sido un periplo largo, pero para el autor del poema “Híkuri”, el chihuahuense José Vicente Anaya, sumamente estimulante ahora que una veintena de ensayos sobre el texto en torno a los tarahumaras acaba de ser publicado. Se llama Caminatas nocturnas. Híkuri ante la crítica (Instituto Chihuahuense de la Cultura y el Gobierno del Estado), donde identitifican a este poemario con la etnopoesía y el editor lo compara con largos y emblemáticos poemas de los grandes literatos mexicanos. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Tardaron cerca de cuatro décadas para que los versos de Híkuri alcanzaran a sus lectores, dice con satisfacción el autor chihuahuense José Vicente Anaya, quien los escribió hacia 1978 sin verlos publicados en libro hasta 1987 “y casi por casualidad”. Ello, gracias a una primera edición de la Universidad Autónoma de Puebla (ahora BUAP). “Pasaron muchos años sin que Híkuri fuera bien visto en el mainstream de la poesía mexicana, yo llevo una lista de todos los premios que perdí, pues lo envié a certámenes importantes como el Premio de Poesía de Aguascalientes. Rompí con el canon, y me pareció natural que no fuese reconocido e incluso que los jurados no me lo aceptaran”, afirma Anaya, sonriente en la mesa de corrección de Proceso, donde colabora. Ahora, en el reciente volumen Caminatas nocturnas. Híkuri ante la crítica (Instituto Chihuahuense de la Cultura/Gobierno del Estado de Chihuahua, enero de 2016, 276 páginas), se recogen 15 ensayos de distintas épocas donde sus autores elogian los valores estéticos del poemario “por haber inaugurado la etnopoesía en México”, a la vez que el editor del mismo, José Reyes González Flores lo equipara al Primero sueño de Sor Juana, Muerte sin fin de Villaurrutia, Canto a un Dios mineral de Cuesta o Piedra de sol, de Paz. Anaya sólo musita: “Me llena de orgullo que específicamente en la contraportada aparece un párrafo donde se equipara Híkuri hombro con hombro a esos grandes poemas de Sor Juana, Villaurrutia, Cuesta o Paz, pero cuando lo escribí no pasó por mi mente compararme con nadie. El poeta vive la poesía. Ser poeta no es una pose, sino una forma de vida. Todo buen poema es un territorio utópico.” Híkuri (que en lengua rarámuri significa peyote) posee nueve ediciones a la fecha con tres prólogos diferentes, explica mientras muestra la penúltima de 2014, en la colección Archivo Negro de la Poesía Mexicana de Malpaís/Fonca, con la introducción “Un poeta de la contracultura” de Alejandro Palma Castro y Gustavo Osorio de Ita, profesores de Literatura en la BUAP. “El mismo Heriberto Yépez que abre esta edición de Caminatas nocturnas con su ensayo ‘Nomadismo de regreso a Híkuri’ había hecho un prólogo extenso, anteriormente. En realidad, de los ensayistas del volumen sólo conozco bien a él, al editor o a la etnóloga Angélica Santa Olaya, creo.” Nacido en Villa Coronado, Chihuahua, el 22 de enero de 1947, su obra se ha vertido al francés, árabe, portugués, italiano e inglés, y asimismo ha traducido a sus plumas preferidas como Antonin Artaud, Carl Sandburg, Henry Miller, Allen Ginsberg, Gregory Corso y Jim Morrison, siendo un referente en cuanto a la literatura de la Generación Beat. José Reyes lo presenta, así: “Estudioso de la literatura de Japón y de China… La hoja de vida de José Vicente es vasta, sólo mencionaré que fue uno de los fundadores, junto con Roberto Bolaño, del movimiento posvanguardista conocido como Infrarrealismo. Después de un fructífero encuentro-reconocimiento con los rarámuris, inicia su aventura con la Etnopoesía, tal como lo hicieron Jerome Rothenberg, Gary Snyder, Francis Babey, David Antin, Simón J. Ortiz y Richard Johnny John.” Sin embargo, Anaya desconocía el término “etnopoesía” al crear los extensos versos de “Híkuri”, llamando hoy su atención que entre sus “nuevos lectores” haya un nutrido sector femenino (“tal vez por mi inclinación a favor de las mujeres”), incluyendo esta nueva edición ensayos de estas especialistas: Karla Preciado Mendoza (“Híkuri: invitación en pos del instante”), Norma Liliana González Ibarra (“Existir a través de lo cotidiano: La propuesta poética de Híkuri”), Kristell Sarahí Navarro Magallanes (“Viajar con Híkuri por la poesía”), Margarita Ramírez Viera (“Viaje semiótico por Híkuri”), Patricia Cázares Macías “Reflejo de una búsqueda existencial a través de una contradicción dialéctica”, Ave Barrera García (“Séba Rayena: Del vacío al nombre verdadero”), y de Angélica Santa Olaya (“Entrecruzamientos espacio-temporales en el poema Híkuri”). Rechazo de Cohen y Castañón No siempre la crítica fue generosa con aquellos versos de Anaya, según él mismo refiere: “Hubo un ataque contra Híkuri en el suplemento cultural Sábado del diario unomásuno que me llevó a pleito con Sandro Cohen, quien hizo una de las primeras reseñas. Y luego, como un año después, tuve oportunidad de estar frente a él durante un encuentro de traductores, en Toluca, él es gringo y también traduce del inglés al español. Ése día le reclamé y yo pensé que nos íbamos a liar a golpes, pero no. Reculó y me pidió disculpas. Me dijo que se había equivocado, que había hecho una lectura muy rápida. “Pero su crítica apareció en Sábado donde yo por cierto era colaborador, ya que Huberto Batis había sido mi maestro y me abrió las páginas. Yo escribí una respuesta allí, mi defensa y contraataqué a Sandro Cohen con el objetivo de dar espacio una polémica de mayor altura acerca de la poesía con él, pero no contestó hasta nuestro reencuentro.” Acude a su memoria otro rechazo lejano, por “alguien” de su generación “que trabajaba en el Fondo de Cultura Económica”. Bromea: “Orita me acuerdo de su nombre… ¡Inconscientemente he tratado de olvidarlo pero es importante recordarlo, más ahora que Híkuri es ya un poema tan famoso!” La mirada de Anaya se ilumina: “Fue Adolfo Castañón. Los dos habíamos estudiado Letras en la UNAM. Un día me lo encontré. Yo había regresado de ese largo viaje de cuatro años por México y los Estados Unidos, cuando viajé a la zona tarahumara, en la última etapa viví en California, y al volver iba caminando por el campus de Ciudad Universitaria y me encontré a Castañón. “Estaba muy contento y me dijo: ‘Soy lector del Fondo de Cultura, si tienes un nuevo libro llévamelo para recomendarlo y te lo publicamos. Le llevé Híkuri mecanoescrito. Se tardó mucho en dar su dictámen. Finalmente me citó un día para dármelo, pero cuando llegué me dijo que no había tenido tiempo de escribirlo y le respondí: ‘Bueno, al menos dime cuál es tu juicio’. Me contestó: ‘Es que no está escrito…’” Anaya comprendió que el FCE había rechazado publicarle. “En vez de estallar enojado, le contesté riendo: ‘¡Oye, cabrón, leíste algo que no está escrito!, ¿no te parece maravilloso? ¡Has hecho un elogio a mi poemario con ideas opuestas!” Por supuesto que ese fue el modo de su rechazo cuando era consejero editorial del Fondo de Cultura donde estuvo tres décadas. Yo entonces, sin más, me despedí de él.” Además de incluir el poemario en las 70 páginas de Caminatas nocturnas… y los laudatorios textos femeninos o de José Reyes González Flores (maestro en la UdeG) y Heriberto Yépez, el libro contiene ensayos de: Javier García Parada (“Para anunciar la vida: Híkuri y su aportación a la Literatura Hispanoamericana”), Saúl Lázaro Altamirano (“Un viaje al centro de la ausencia”), Víctor García Vázquez (“Apártate de la luz: El cinismo en la poesía de José Vicente Anaya”), Eduardo Alejandro Ramírez Bello (“De la obra literaria como documento etnográfico”), Misael Rubio Espinosa (“Ontología rarámuri, existencia de equilibrio con la poesía y la vida”), Josué Elí Vázquez Arroyo (“Ruptura de la discontinuidad en Híkuri”) y José Ricardo García Martínez (“Camino temporal: la búsqueda ontológica en Híkuri”).

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