Testimonio de tortura policial: 'Algunos se cansaban y entonces entraban otros”

miércoles, 13 de julio de 2016 · 13:26
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Atraído por su afamada industria de la joyería en plata, el ciudadano estadunidense Ronald James Wooden se mudó años atrás a Taxco, Guerrero. Tan pronto como abrió su tienda, comenzó a recibir amenazas y tenía que pagar mil pesos mensuales para su protección. Un día de 2013, policías municipales lo golpearon durante cuatro horas con culatas de rifle. Tres años después el herrero ha empezado a recuperar la sensibilidad. "Me pegaron durante casi cuatro horas. Algunos se cansaban y entonces entraban otros. Iban a matarme y hacerme desaparecer", recuerda Wooden, quien asegura que sufrió daños en el sistema nervioso, además de costillas rotas y lesiones en los genitales. Tres años después de esos hechos, Ronald James Wooden, de 46 años de edad, relata a la agencia AP que los agentes le apretaron los grilletes y luego se pusieron sobre ellas para infligir el mayor daño posible a sus manos. El herrero, que había abierto un taller en las colinas de las afueras de la ciudad de Taxco, junto a su esposa, fue detenido por la policía por supuestamente alterar el orden, pero Wooden sostiene que la paliza se produjo por una disputa con su vecino, un expolicía que dijo pertenecer a un cártel local de la droga. Tras la brutal golpiza, lo que lo salvó, sostiene, fue una "intervención divina y el amor que mi familia tiene por mí". Su esposa, Carmen, esperó afuera del Ministerio Público durante horas hasta que pudo pagar su fianza de 200 pesos (12 dólares) y llevarlo a un hospital después de quedar en libertad. De acuerdo con la nota publicada por AP, grupos de derechos humanos aseguran que la tortura policial sigue siendo muy común en México, pero el caso de Wooden, ocurrido en 2013, es inusual por dos aspectos: es ciudadano estadunidense y logró una orden judicial para una investigación penal sobre la golpiza. Una pesquisa realizada en 2014 por la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos del estado de Guerrero halló que la policía de Taxco detuvo ilegalmente a Wooden, pero se contradijo sobre cómo se habían producido sus lesiones y esencialmente mintió sobre su alcance. Luego de determinar que el estadunidense había quedado cubierto de magulladuras, rasguños y cortes, emitió un dictamen donde señalaba que las autoridades municipales deberían castigar a los responsables y pagar una indemnización. Tras dos años sin avances, un juez federal ordenó el pasado 30 de junio que el gobierno de México abra una investigación penal formal por tortura y secuestro en el caso de Wooden. "Esto abre una brecha nueva, poco explorada, poco utilizada" para obligar a las autoridades a investigar las miles de quejas por torturas en México, dijo Mario Santiago, un abogado del grupo de derechos humanos Idheas, que representa a Wooden. "Sabemos que suceden cientos o miles de denuncias de torturas, todo el tiempo en este país (...) Hay impunidad, hay una falta de investigación", apuntó. Cuenta Wooden que un día su vecino sacó un machete y lo amenazó con enviarlo de vuelta a Estados Unidos en pedazos. Casi enseguida llegó la policía y se fueron directamente hacia él pateándolo y propinándole puñetazos en el suelo. Lo detuvieron por estar ebrio y alterar el orden, dice, pero asegura que las acusaciones son falsas. Sostiene que las prácticas de la policía de Taxco son tan conocidas que el gobierno federal desarmó a todo el cuerpo durante un año y medio tras su detención, y pasó la vigilancia a agentes federales. El exdirector de la policía de la ciudad, Eruviel Salado Chávez, fue detenido el mes pasado por cargos de crimen organizado y secuestro. Está acusado de mantener estrechos vínculos con Guerreros Unidos, el grupo considerado responsables de muchos de los 100 cuerpos encontrados en fosas comunes en los alrededores de Taxco y la cercana ciudad de Iguala. "Parte de lo que me protegió es que soy extranjero y no tengo miedo", explica Wooden. "Lo que me ocurrió a mi le ha ocurrido a otras personas (...) Familias enteras han desaparecido en estas situaciones". Cuando recuperó la conciencia en el interior de una celda tras la golpiza, "me di cuenta de que había sangre seca en el suelo, y no toda era mía". En un primer momento el artesano presentó una demanda penal tras la paliza, pero la retiró cuando un hombre en la oficina del juez lo llevó a un lado y le dijo: "Están planeando hacerte desaparecer si sigues haciendo ruido y pidiendo cargos". Además de los daños físicos, Wooden asegura que parte de su equipo fue sustraído. Luego, él y su esposa se marcharon de Taxco por miedo y se trasladaron a otras partes del país, pero hasta ahora, dice, no ha podido embarcarse en nuevos proyectos por sus lesiones y falta de dinero para comprar materiales. Ningún policía ha sido apresado por torturar a Wooden. Dos de los agentes involucrados sólo recibieron advertencias y se les pidió que tomaran clases sobre derechos humanos.

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