Monero Hernández: Un Che dibujado... pero de carne y hueso

domingo, 17 de julio de 2016
Su autor aclara que se trata de una novela gráfica, no de una biografía vuelta cómic. Es Che. Una vida revolucionaria (Sexto Piso, 2016), segunda parte de una trilogía –aún inconclusa– elaborada por el monero José Hernández, quien habla con Proceso acerca de este proyecto y de las dificultades que debió sortear para plasmar en dibujos los pasajes más significativos de la vida de un hombre de carne y hueso que “permanece, se sostiene”, gracias a su “gran imagen moral”. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Su deseo era retratar al Che Guevara con todo y sus dudas, dolores e inquietudes, mediante sus gestos, actitudes y posiciones; no se trataba de repetir el ícono monolítico que todos conocemos por la célebre fotografía de Korda: el hombre inmutable de la boina, la barba y el puro. Y finalmente, luego de tres años de dibujar al médico revolucionario, quedó tal como lo quería el monero José Hernández. Hernández nos muestra algunas de las páginas de la novela gráfica Che. Una vida revolucionaria, en las cuales aparece el personaje en su etapa más importante, la de su consolidación como revolucionario. “Mi intención”, dice en entrevista el colaborador de este semanario, “era que la gente se metiera en la historia; por eso tampoco usé esos monitos de los cómics, sino especies de retratos realistas de los personajes, para hacer verosímil la historia. No son monitos como los de Rius, sino dibujos más realistas en una serie de atmósferas como las del cine. Yo estudié cine y quise hacer algo parecido a ese arte, desde la adaptación del texto hasta cómo resolver la puesta en escena y los encuadres”. Al hojear el libro de 168 páginas uno se da cuenta de que Hernández logró su objetivo. En la primera hay tres cuadros: primero, un fósforo a punto de prenderse; luego, ya encendido; después, en los dedos del Che, da fuego a un puro mientras la luz mortecina ilumina el rostro barbado. Así, cuadro a cuadro, en todos los dibujos estampados en las páginas perfectamente impresas transcurren las escenas cinematográficas de la vida del Che junto con las de algunos otros personajes que lo acompañaron: Fidel Castro, Raúl Castro o Camilo Cienfuegos, entre muchos otros con quienes dialoga e interactúa. Hernández insiste en que no se trata de una biografía del Che, sino de una novela gráfica que pretende recuperar la vida del personaje basándose no sólo en los momentos más importantes de su historia revolucionaria, sino también en algunos pasajes dramáticos en su vida. Ardua investigación La idea de hacer este libro la propuso la editorial Sexto Piso hace cuatro años. Ellos querían hacer una novela gráfica basada en el libro de John Lee Anderson Che Guevara. Una vida revolucionaria, publicado en 1997 y para cuya escritura dedicó seis años de investigación y vivió en Cuba, donde el gobierno le permitió ver algunos documentos que no se sabía que existían, gracias a los cuales se pudo localizar el cadáver del revolucionario argentino en una pista de aterrizaje en Bolivia. “Se pensó si valía o no la pena hacer esto de un personaje tan conocido. Lo primero que hice fue leer de nuevo el libro de John Lee Anderson con la idea de la adaptación; si la primera vez ya me había gustado, la segunda me pareció que tenía una serie de cualidades y que se parecía más a una novela que a una biografía. Es una investigación que se lee muy bien, se cuenta muy bien, a diferencia de otras biografías del Che que son más periodísticas, como las de Taibo o Castañeda”, comenta. Hernández incluso consultó con Anderson varias partes de la novela gráfica a fin de ser fiel a la investigación del periodista estadunidense y a la propia historia del Che. Además hizo una labor de investigación periodística y también indagó lo que se había hecho de novela gráfica y de cómic sobre Guevara y lo que se había escrito de la vida del personaje. Asimismo vio los documentales y casi todas las películas que se han hecho sobre el Che. “Como aquélla pésima que se hizo con Omar Sharif, la de Soderbergh y Walter Salles (Diarios de motocicleta). Ésta me parece la mejor; es tan buena que no importa que salga Gael García”. Señala que a pesar de que encontró varias publicaciones importantes –cinco biografías (entre ellas la Pacho O’Donnell), así como los libros escritos por su primera y su segunda esposas, por su papá y textos del mismo Che–, la mayoría eran biografías. “Encontré una novela gráfica que se editó en Argentina tres meses después de que mataron al Che, pero era una biografía ilustrada. Encontré otras de Francia e Italia que eran como monografías, y otra japonesa en la que el Che parecía de los supercampeones”, bromea. Eso no era lo que él quería. “Se me antojaba hacer una novela gráfica, no un libro de historia con datos biográficos y un monito ilustrando, sino contar una historia del personaje. Fue cuando se me ocurrió dividir el proyecto en tres y hacerlo más accesible para el lector y para mí. Tuvimos una reunión con Eduardo Rabasa, que es el editor, y con John Lee Anderson, platicamos varias maneras de abordarlo. Una era escoger cuatro o cinco historias de la vida del Che y desarrollarlas en cuatro o cinco capítulos, pero dejábamos fuera muchas cosas; otra fue la de dividirlo en tres grandes momentos: el Che en México, el Che en Cuba y el Che en Bolivia. Ésa fue la que más nos gustó.” Curiosamente, el primer libro de la trilogía que se publicó –a principios de este año– fue el segundo, el del Che en Cuba, porque, explica Hernández, ahí fue donde Guevara se formó como el personaje histórico que conocemos. La edición fue todo un éxito, a los pocos meses ya se editó en España y pronto estará en Inglaterra y en China. En el principio, Cuba En este libro, el segundo, hay cerca de 500 ilustraciones hechas a lápiz, que posteriormente fueron trabajadas en compu­tadora para darles mayor realismo. Algunas no tienen diálogos ni explicaciones; narran un pasaje por sí solas, en el más tradicional estilo del cómic llevado al cine. “Les propuse empezar por el libro dos, que es su vida en Cuba, porque es ahí donde se convierte en el Che revolucionario que conocemos, es ahí donde Ernesto Guevara pasa a la historia del siglo XX por su participación en la Revolución Cubana; es cuando Ernesto Guevara se convierte en el Che e incluso físicamente se moldea. La novela comienza en Tuxpan, de donde zarpa el Granma con un Che joven, sin barba; y sigue luego en Cuba, donde poco a poco se va formando el personaje con la barba, la boina y el puro. “Este libro lo empecé hace tres años, con los planes; un año de releer el libro de John Lee Anderson, las otras biografías, el libro que escribió el papá del Che, los libros de sus esposas, los propios textos del Che, documentándome de sus imágenes; afortunadamente fue muy fotografiado en esta época en Cuba. Entre las fotografías está la de Korda, que yo, a propósito, no quise usar en el libro. “Después trabajé un año en dibujar la historia. Terminé el segundo libro el año pasado. La idea es que a finales de este 2016 termine el número 1, que empieza con el regreso de su viaje en motocicleta, cuando se gradúa como médico y decide irse hasta llegar a Guatemala, donde vive el golpe de Estado y llega a México, donde conoce a Fidel. Este libro termina con su salida del puerto de Tuxpan.” Adelanta que para el año entrante hará el tercer libro, que empieza con la desventura en el Congo y luego en Bolivia, donde lo matan. “Será el año en que se cumpla el 50 aniversario de la muerte del Che”, precisa. –El Che es un personaje histórico, un ícono para muchas generaciones. ¿Cómo darle vida en un cómic? –Es un personaje que todo mundo ha visto, que todos reconocen en la famosa foto de Korda, está en camisetas, botones y posters, es el símbolo de la rebeldía. Pero poca gente conoce exactamente la historia del personaje, por eso la idea es hacer una novela. Explica que usó una técnica totalmente distinta a la de los cartones, que generalmente se hacen con tinta china. Todos los dibujos fueron hechos a lápiz y después en la computadora les metió color y jugó para recrear atmósferas y ambientes. Comenta que fue algo complicado tratar de no usar las imágenes más conocidas para que no pareciera un libro de las famosas fotos del Che, y que luego de estarlo dibujando todos los días durante un año hubo un momento en que ya podía dibujarlo de distintas formas. Para lograr la caracterización del Che y de otros personajes, él mismo se tomaba fotos en las posiciones en que necesitaba dibujarlos y de esa manera lo caracterizaba. “Eso también hacía con los otros personajes, como la mamá del Che angustiada. Yo creo que eso hacen muchos caricaturistas, que se toman muchas fotos en actitudes y con gestos para dibujarse.” Otra parte importante de la novela gráfica es la recuperación de las escenas más dramáticas, para darle vida al personaje no sólo por sus momentos históricos, que también se incluyen. Explica: “En el libro están esos momentos que históricamente al parecer no son muy importantes pero que dramáticamente eran fuertes y deben estar. Por ejemplo, cuando llegan a Cuba y desembarcan todo es un desastre, llegan cinco días tarde y a un lugar donde ya nadie los espera. El Che hace la broma de que no es un desembarco, sino un naufragio. Quien los recibe ahí es el ejército de Batista y al Che lo hieren en el cuello. Él piensa que ahí va a morir y las noticias que salen en Cuba es que se aplastó la rebelión y se murieron los principales líderes, entre ellos un médico argentino. “Esa información llega hasta los papás del Che en Argentina y tratan de confirmarla; en la agencia de información les dicen que hay que esperar, porque no está confirmada. La noche de Año Nuevo de 1956 en la casa de los papás del Che todos estaban angustiados, pero llegó de manera anónima una carta por debajo de la puerta, para la mamá, donde el Che le dice que está vivo. “Cuando leí esta escena en el libro de John Lee Anderson me pareció que era un momento cinematográfico. Ese momento en un libro de la historia del Che no tiene importancia o relevancia histórica, pero dramáticamente tiene importancia y había que contarlo. Así hay varios momentos que me interesaba contar más por una cuestión dramática que histórica. Este no es un libro de historia.” –¿Cómo fue este salto del mono al cómic, a una novela gráfica? –Bueno, las dos tienen su gracia. La historieta siempre me gustó, pero le tenía mucho respeto y miedo, porque es un género muy complicado. Me costó años entrarle con fuerza al género. Había hecho historietas de unas cinco páginas, pero una novela gráfica es la segunda vez que lo hago. Hace cuatro años la hice con el tema del terremoto del 85; Fabrizio Mejía hizo un pequeño cuento y yo lo ilustré, pero lo sufrí mucho porque me di cuenta de que no sabía hacer el tipo de dibujos que se necesitan para eso. “Me gustó cómo quedó el libro, pero quedé muy insatisfecho por el trabajo gráfico, nunca pude encontrarle el estilo y sacarle lo caricaturesco. En toda la historia nunca dibujé al personaje igual, siempre me salió distinto en cada cuadro. Cuando se me presentó este proyecto del Che, dije que eso no me volvería a pasar, así que trabaje mucho en la técnica y en el estilo.” Ahora, con la novela gráfica sobre la vida revolucionaria del Che, se siente satisfecho por los resultados. Cada uno de los libros de la trilogía tiene un color: el segundo es verde por la sierra maestra y el color de los uniformes; el primero es sepia, por los recuerdos; el tercero, el final, rojo. –¿Por qué crees que a pesar del tiempo el Che sigue siendo un personaje atractivo para la gente en muchos países? –Porque tiene una gran imagen moral y eso ningún personaje en el mundo lo tiene ahora. Por eso la figura del Che sigue, permanece, se sostiene.

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