Apatlaco: la mano dura de Graco, contra ejidatarios

viernes, 9 de septiembre de 2016
La represión de elementos del Mando Único a ejidatarios de San Pedro Apatlaco, Morelos, el pasado 30 de agosto indignó a los morelenses, quienes advierten al gobernador Graco Ramírez que ellos son pacíficos, pero: si les intentan arrebatar el agua del río Cuautla para alimentar una planta termoeléctrica –una de las obras del Proyecto Integral Morelos, iniciado a mediados de 2012– van a responder a los agravios. APATLACO, Mor. (Proceso).– Antaño se le conocía como Cuahuixtla (lugar de las serpientes con cabeza de aguja) a esta comunidad que se ha convertido en el último reducto de la lucha contra una planta termoeléctrica, inscrita en las obras del Proyecto Integral Morelos (PIM) que se inició en 2010 y hoy es impulsado por el mandatario perredista Graco Ramírez. Ellos y ejidatarios de otros poblados llevan meses oponiéndose a esos trabajos. Las jornadas de resistencia se intensificaron desde marzo de 2015, cuando 32 ejidos afectados se organizaron para detener las obras de construcción del acueducto en la zona del módulo de seguridad pública de Apatlaco. El movimiento lo encabezó Jorge Zapata, nieto del Caudillo del Sur. A lo largo del año evitaron confrontarse con la policía e instalaron un plantón a 500 metros de la planta tratadora. Asimismo iniciaron la lucha jurídica y buscaron el apoyo de los campesinos de la zona norte del río Cuautla, quienes son los directamente afectados. Sin embargo, el mes pasado se recrudecieron los embates. El día 13 llegaron los uniformados y, con el apoyo de una empresa de seguridad privada, arremetieron contra el plantón. Rompieron las mantas, carpas y lonas, y se reiniciaron las obras del acueducto, que avanzaron hasta la cancha de usos múltiples de Apatlaco, en las márgenes del río Cuautla. Les faltan unos 200 metros para conectar la termoeléctrica con la planta tratadora, por la calle Ignacio Zaragoza, que comunica los municipios de Cuautla y Ayala, al que pertenece Apatlaco. “No podemos permitir que la obra continúe”, comenta Armando Cervantes, comisariado ejidal de Tenextepango, cuyos campesinos serán de los más afectados si la termoeléctrica se lleva el agua potable. Los ejidatarios no se arredraron y el 28 de agosto instalaron un nuevo plantón en un predio despoblado, frente a la calle que lleva a la planta tratadora. Los inconformes demandaron parar la construcción y advirtieron que no permitirían a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ni al gobierno estatal llevarse el agua. “Esta tierra y esta agua son nuestras; nos las dio Zapata con su sangre y en la tierra del Jefe nadie se mete con los campesinos”, advirtió Flavio Plascencia Abúndez, ejidatario de Moyotepec. El 30 de agosto, el gobernador envió a Apatlaco a elementos del Mando Único (MU) a reprimir brutalmente a sus habitantes. El saldo fue de 30 heridos y cinco detenidos. Al cierre de edición los policías aún permanecían en la cancha de usos múltiples y en las calles aledañas, donde se veían piedras amontonadas en la banqueta; con ellas se defendieron los habitantes de San Pedro Apatlaco que realizaban el plantón. Primeros desencuentros Todo comenzó en 2010, durante la administración del panista Marco Antonio Adame Castillo, comentan los agredidos. En esa época, Graco era senador y presidía la Comisión de Energía. Ambos hicieron las gestiones para comenzar el desarrollo del PIM, que incluye la construcción de dos plantas termoeléctricas de ciclo combinado, un gasoducto proveniente de Tlaxcala, la ampliación de carreteras y el rescate del tren Ciudad de México-Cuautla, entre otras cosas. La comunidad de Huexca, municipio de Yecapixtla, ubicada a 14 kilómetros de Apatlaco, fue elegida para la construcción de las termoeléctricas. Para abastecerlas, se construyó un gasoducto desde Tlaxco, Tlaxcala, que cruzó todo el estado de Puebla hasta llegar a Huexca. La termoeléctrica comenzó a construirse a mediados de 2012, el último año de gestión de Adame Castillo y fue concesionada a las empresas españolas Abengoa y Elecnor. Pobladores de esas tres entidades –más de 60 comunidades– conformaron el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y Agua Morelos, Puebla y Tlaxcala, y en julio de ese año advirtieron que no dejarían que el proyecto se consolidara. En Puebla, el gobernador Rafael Moreno Valle detuvo a varios líderes campesinos por oponerse al gasoducto. En Morelos, durante su discurso de toma de posesión del 1 de octubre de 2012, Graco dijo que su gobierno trabajaría para construir “una sociedad de derechos”. La promesa duró tres semanas. El día 23 de ese mes, la Policía Estatal arremetió contra campesinos de Huexca, quienes tenían bloqueado el predio destinado para la termoeléctrica. La “bestia de granito y hierro”, como la llaman los campesinos, se encuentra a 500 metros de un jardín de niños y una primaria. Los vecinos advierten que sólo el ruido de las pruebas ha causado dolor de cabeza y otras molestias a los menores. El 13 de abril de 2014 le tocó el turno a Amilcingo. Ese día, cientos de policías abrieron paso con escudos, toletes y gas lacrimógeno a las máquinas que excavaban la tierra para el paso del gasoducto proveniente de Puebla. Los opositores realizaban acciones de boteo en la autopista Siglo XXI cuando fueron agredidos por elementos del MU. Ese día hubo cinco detenidos y el pretexto para que el gobierno de Graco enviara a cientos de policías a la comunidad. En defensa del agua A finales de 2014 la termoeléctrica y el gasoducto quedaron concluidos y conectados. Sin embargo, no han podido arrancar por falta de agua. Se necesitan 250 litros por segundo para el enfriamiento de las turbinas. Fue entonces cuando la Comisión Federal de Electricidad y el gobierno de Graco pensaron en el río Cuautla, que nace en la región de los Altos de Morelos y termina con los achololes (escurrimientos) en la zona baja de Tlaltizapán y Tlaquiltenango, en el sur de la entidad. Se acercaron a la Asociación de Usuarios del Río Cuautla (Asurco), unos 3 mil ejidatarios y pequeños propietarios que desde 1991 tienen la concesión para utilizar el afluente. Ellos afirman que mediante engaños y coacciones la CFE comenzó a construir un acueducto de 16 kilómetros que atraviesa 19 pueblos de Yecapixtla, Cuautla y Ayala. Pero la Asurco se opuso. Las autoridades decidieron tomar de la Planta Tratadora de Agua Residual de Cuautla los 250 litros de agua por segundo que necesita la termo. Ubicada en los límites entre Cuautla y Ayala, la planta trata 630 litros de agua por segundo, según el inventario de la Comisión Nacional del Agua publicado en internet. Actualmente, el líquido tratado se vierte al río Cuautla a la altura de San Pedro Apatlaco, para engrosar el afluente y mantener la agricultura de unos 8 mil productores en 32 ejidos y varias pequeñas propiedades de los municipios de Ayala, Cuautla, Tepalcingo, Tlaltizapán y Tlaquiltenango. Para Martín Merino, nieto del coronel zapatista Rafael Merino, quien perteneciera al Estado Mayor Zapatista, ahí está el meollo de la oposición al acueducto. Durante un recorrido por el entorno, el ejidatario comenta: La consigna es “Ni una gota de agua a la termoeléctrica”. Si se permite, la dotación para la comunidad se reduciría en 40%. “¡Imagínese! –dice–. Los ejidos de Tlaltizapán y Tlaquiltenango, los de la zona baja del río, apenas riegan con achololes. Si dejamos que la termo se lleve el agua, pues los van a desaparecer. Wolfango Aguilar Flores, ejidatario de Anenecuilco y profesor jubilado de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, comenta: “El asunto va más allá. No hay que olvidar que el Proyecto Integral Morelos plantea construir otra planta termoeléctrica: si permitimos que se lleven 250 litros de agua por segundo, con la otra planta serán 500 y entonces sí, moriremos de hambre.” La represión Los campesinos de Apatlaco comenzaron sus jornadas de resistencia. El 28 de agosto –era domingo– fueron a medir el diámetro de los tubos y decidieron instalarse en plantón. Armando Cervantes, comisariado de Tenextepango y vocero de los afectados, declaró: “A la primera detención de quien sea, de Jorge Zapata o cualquiera de nosotros, aquí va a estallar un movimiento social. Que lo entienda Graco de una buena vez”. Al día siguiente, el gobernador envió a un centenar de elementos del MU, la Policía Acreditable y del Grupo de Operaciones Especiales a la cancha que se encuentra frente al plantón, en la otra orilla del río. Los uniformados tomaron por asalto la cancha, comentó el ejidatario Ángel Vides Benítez. El martes 28 por la tarde, las campanas repicaron y la gente comenzó a reunirse en los alrededores de la parroquia. Luego empezaron a avanzar por las calles de Cuauhuixtla y a recoger piedras para defenderse. Y se inició la trifulca. Algunos policías se replegaron para evitar los proyectiles que les lanzaban los indignados campesinos, quienes se apoderaron de la cancha de San Pedro Apatlaco. Una hora después llegó al lugar un contingente de 300 elementos del MU para apoyar a sus compañeros. Un helicóptero de la Comisión Estatal de Seguridad Pública coordinaba el operativo; en tierra El Rinoceronte –un vehículo blindado antimotines– también participó. Cervantes llamó al comandante y le re­i-teró: “Si nos reprimen, si detienen a uno de nosotros, entonces sí se vendrán cosas fuertes, será un movimiento social; la tumba de Graco, y por consiguiente de sus policías”. Después de la represión, el subsecretario de Gobierno, Ricardo Robledo, comentó a los reporteros locales que Jorge Zapata, oriundo de Anenecuilco, fue quien instigó la violencia en Apatlaco. Anunció incluso que hay una orden de aprehensión en su contra. Los vecinos dicen que no conocen a Zapata. El 31 de agosto, alrededor del mediodía, el dirigente de la Asurco, Ranulfo Flores, llegó acompañado de varios comisariados ejidales de la zona alta, media y sur del río Cuautla y organizó una asamblea para reiterarles que la concesión del agua del río Cuautla es hasta 2035. “No sólo eso –les dijo–. Hemos establecido claramente que la concesión no es sólo del agua que lleva el río, porque no hay que olvidar que el nombre de nuestra asociación es Asociación de Usuarios del Río Cuautla, Manantiales y Corrientes Tributarias General Eufemio Zapata Salazar. Quiero comunicarles que el agua de la planta tratadora también nos corresponde, por ser una corriente tributaria.” Los temores Al final de la asamblea de usuarios del río Cuautla, en pleno plantón, un campesino tomó la palabra: “Somos un movimiento pacífico –dice–. Si nos reprimen o quieren conectarse por la fuerza para llevarse nuestra agua, vamos a tener que responder. Ya aquí la mayoría tiene 60 años o más. “Vamos a ser pacíficos hasta donde se reviente la reata, porque ésta es la tierra del Jefe. Si nos vienen a quitar el agua a la fuerza, van a topar, porque les vamos a responder a la fuerza.” Sin embargo, la comunidad de San Pedro Apatlaco tiene miedo de que le corten el suministro de agua potable que les viene desde los manantiales de Cuautla. Por ello reaccionaron con violencia el pasado 30 de agosto. Javier Sicilia, fundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y vocero del Frente Amplio Morelense que exige la salida de Graco, su enjuiciamiento y pugna por un gobierno de reconciliación, sostiene: “Los únicos que parecen no entender son los gobernantes. Graco y la CFE han dicho que no van a tomar agua del río Cuautla para la termoeléctrica. “El problema es que tomar agua de la planta de tratamiento condena a miles de familias a morir de hambre; porque ninguno de ellos quiere hacer otra cosa que sembrar; porque por generaciones han defendido su forma de vida y porque cultivando la tierra les va bien. “Son campesinos que se alimentan bien y viven bien. No sueñan con la vida urbana. Es más, la desprecian. Por ello se oponen a la termoeléctrica, al gasoducto y al acueducto.” Sicilia, quien fue golpeado por elementos del MU en Cuernavaca el 29 de agosto durante la reinstalación de un plantón en el Palacio de Cuernavaca, condena la reacción del gobernador en San Pedro Apatlaco: “Estamos frente a un personaje que es candidato a valoración psiquiátrica. Sólo a un demente se le ocurre, en medio de la convulsión que vive Morelos, lanzar a sus policías, sus helicópteros, la fuerza contra la población indefensa, en una zona tan aguerrida como la oriente, donde comenzó la Revolución Mexicana.”

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