La Tarahumara, campo de batalla

sábado, 25 de marzo de 2017
Algunos de los municipios chihuahuenses localizados en la Sierra Tarahumara se convirtieron de pronto en un campo de batalla, donde dos facciones del mismo grupo, La Línea –sicarios del Cártel de Juárez– se disputan a tiros el territorio, pese al operativo desplegado por el gobierno estatal al menos en seis de esos conflictivos ayuntamientos. No es poco lo que pelean los criminales: se trata del corredor del narcotráfico que lleva a Ciudad Juárez. Y en esa guerra, el pasado domingo 19 el cabecilla de uno de esos grupos, El Cabo, fue asesinado por los matones que obedecen a su rival, El 80, quien ahora parece tener el control de esa parte de Chihuahua. SIERRA TARAHUMARA, Chih. (Proceso).- Los habitantes de los municipios chihuahuenses de las estribaciones de la Sierra Tarahumara viven en medio de la zozobra y el sobresalto ante los continuos tiroteos entre bandas del crimen organizado. En esa zona del centro-oeste chihuahuense, el domingo 19 se enfrentaron dos facciones antagónicas de La Línea, brazo armado del Cártel de Juárez; esos grupos pelean el control del corredor carretero del tráfico de drogas hacia el norte: uno, liderado por César Raúl Gamboa Sosa, El Cabo (quien presuntamente controlaba la región de Cuauhtémoc); el otro, por Carlos Arturo Quintana, El 80. El saldo de ese enfrentamiento fue de ocho sicarios muertos, entre ellos El Cabo, y cuatro policías municipales heridos. Una versión extraoficial, recabada entre pobladores de la zona, habla de decenas de muertos, cuyos cuerpos fueron recogidos por sus mismos compañeros y, en algunos casos, arrojados a una laguna cercana al rancho El Venado, en el municipio de Cuauhtémoc. Cerca de la laguna, el grupo del Cabo había organizado una fiesta ese domingo. Su rival, El 80, lo emboscó. El enfrentamiento tuvo su nivel más alto en el rancho La Quemada, donde quedaron tendidos tres cuerpos. Esa noche localizaron otros cuatro cadáveres en el municipio de Cusihuiriachi, siempre según versiones extraoficiales. Los sicarios emboscados robaron vehículos para huir o para llevarse a sus compañeros heridos. Se dispersaron por varias comunidades, donde obligaron a los médicos locales a atender a los lesionados. Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2108, ya en circulación

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