La trampa que le abre paso a la Línea 7 del Metrobús

martes, 20 de junio de 2017
Miguel Ángel Mancera lo dijo fuerte y claro: la Línea 7 del Metrobús va porque va, sin importar los impedimentos legales que pueda haber. Su bravuconería se cimienta en un tecnicismo legal del INAH: esta dependencia –que debe velar por la protección de los monumentos históricos de Paseo de la Reforma– emitió una “autorización de trabajos preliminares”, lo que significa que el gobierno capitalino puede emprender la construcción aunque el fondo del asunto no haya sido resuelto. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El Metrobús en Paseo de la Reforma va porque va. Al menos así lo han dicho las autoridades de la Ciudad de México. Incluso el director de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Arturo Balandrano, anticipa que apenas se resuelvan algunas discrepancias “menores”, el proyecto obtendrá el visto bueno de la dependencia. Por lo pronto, a través de un comunicado subido a su página de internet el pasado martes 13, el INAH notificó que otorgó una “autorización de trabajos iniciales” o “preliminares” para que el gobierno de la ciudad avanzara en el cambio de la carpeta asfáltica en el carril de baja velocidad de la avenida, por donde pasarán los camiones –que a diferencia de los usados en Insurgentes serán de dos niveles. Agregó que hace meses se estableció una mesa de trabajo con las autoridades de la ciudad para revisar los aspectos del proyecto relacionados con los monumentos históricos que existen en el trazo. Dicha mesa se reunió el pasado miércoles 14. “La postura del INAH ha sido la de compaginar las iniciativas que favorezcan la movilidad con el cuidado del patrimonio”, asegura Balandrano vía telefónica desde la ciudad de Campeche. Por determinación de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos (LMH, que clasifica como tales los construidos antes del siglo XX), Paseo de la Reforma entra en esta categoría, pues sus orígenes se remontan al siglo XIX. Además, la avenida está flanqueada por 42 esculturas de héroes de la Guerra de Reforma –aportadas por cada entidad de la República– y bancas históricas. Sobreviven también casas de la época porfiriana y hay obras artísticas del siglo XX, como el Monumento a la Independencia, realizado por el arquitecto Antonio Rivas Mercado y declarado como tal el 4 de mayo de 1987. A decir del historiador Felipe Echenique March, con base en diferentes documentos se puede establecer que la avenida y sus elementos forman una “zona de monumentos histórico-cívico-artísticos” que comenzó a conformar el presidente Benito Juárez. Investigador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, Echenique es quien en junio de 2004 solicitó un amparo para impedir que se moviera el monumento a Cuauhtémoc con el fin de permitir el tránsito libre del Metrobús Insurgentes. Diversas fuentes ubican el origen de la vía durante el Segundo Imperio, cuando Maximiliano de Habsburgo mandó trazar la ruta para encontrar un camino más corto desde el Palacio Nacional hasta el Castillo de Chapultepec, que eligió como morada. Echenique resalta que fue Juárez “y nadie más” quien quiso honrar a los próceres de la patria, llamando primero Degollado y más tarde Paseo de la Reforma a la ruta, y ordenó su construcción con un decreto fechado el 17 de febrero de 1872. Lamenta que a lo largo de la historia, con el aumento del tránsito vehicular, se haya “herido” la fisonomía de esa zona de monumentos “propiedad de todos los mexicanos” con la traza de la Avenida de los Insurgentes, los ejes viales, y en 2004, con la colocación de unas pirámides en el camellón central y la elevación de las banquetas, lo que dejó “chaparras” las esculturas de los héroes de la Guerra de Reforma, pues no se elevó su nivel sino que se les sepultó la base. Considera que con un autobús de dos niveles pasarán aún más inadvertidas para los ciudadanos. “El correr del Metrobús no será más que otra muestra del autoritarismo chabacano prevaleciente, de alguien que cree haber descubierto la Ciudad de México aunque ésta haya nacido oficialmente cuando se le dio el título de Muy Noble, Insigne, Muy Leal e Imperial Ciudad de México, en 1548. Desde que comenzó eso que llaman neoliberalismo, lo que menos importa son los ciudadanos.” Nada en la ley Se le pide al arquitecto Balandrano que precise en qué parte de la ley de monumentos –o de su reglamento– se diferencia una autorización general de una preliminar. Explica: “No, no hace ninguna distinción; lo que sucedió en este caso es que el gobierno de la ciudad, por la necesidad de avanzar en esta parte –que era tal vez la más complicada porque era reducir un carril de circulación–, nos presentó como una alternativa el cambio de carpeta asfáltica. Entonces lo tratamos como un proyecto en sí mismo y le dimos la autorización, sabiendo que ese cambio obedecía a un proyecto mayor, que todavía estamos analizando y aún no tiene una resolución definitiva.” Dice que esta forma de actuar ya se ha aplicado en otros proyectos. “Consideramos que no afecta el patrimonio histórico ni arqueológico, pedimos que no hubiera daños en los edificios y monumentos por donde pasa el trazo y que se pudiera realizar esa parte del proyecto aun sin saber si lo vamos a autorizar (en su totalidad) o no. Creemos que lo vamos a avalar, porque en términos generales es bastante respetuoso, pero todavía tenemos algunas discrepancias menores, que estamos tratando de resolver”. Entre ellas menciona las estaciones de abordaje y descenso, pues el gobierno contempla incluir paneles publicitarios. Supuestamente son 30 en ambos sentidos, aunque Gustavo García, abogado de los vecinos de las delegaciones Miguel Hidalgo y Cuauhtémoc, habla de casi 900 marquesinas que se otorgarían por concesión a la empresa francesa JCDecaux. El INAH solicitó que el mobiliario urbano de las estaciones no tenga publicidad “para no alterar el paisaje histórico y no banalizar esos espacios”. Para autorizar el proyecto, según Balandrano, se pide al gobierno local modificar el proyecto y poner, en lugar de anuncios comerciales, fotografías históricas o de bienes culturales, “con objeto de promover el valor histórico-cultural del lugar”. De igual forma se pidió que la señalética (comunicación visual) sea mesurada, acorde con el carácter histórico. –Dado que no consideran afectaciones al patrimonio cultural, ¿aprobarán el proyecto? –se le pregunta. –Mire, el reto que tenemos ambas instancias (el gobierno de la ciudad y el INAH) es que el proyecto cumpla los objetivos de ambas, que respete y conserve el patrimonio de las zonas que cruza y, al mismo tiempo, provea un servicio de calidad a la población, mejore la calidad de vida de los habitantes. –Si el INAH aprueba el proyecto, ¿ya no se concederá la suspensión total? –Eso lo tendrá que decidir el juez; es quien definió la suspensión primero provisional y luego definitiva. Nosotros no litigamos en el proceso, no somos parte litigante; a nosotros nos llamó el juez para pedirnos información sobre el valor patrimonial, se la dimos, tomó en cuenta los valores de las zonas por las que cruza el Metrobús, y consideró que deben protegerse ante cualquier obra pública, sea la apertura de una zanja para cambiar las líneas eléctricas o sea el Metrobús. Durante la emisión del miércoles 14 del programa Espiral de Canal Once, el abogado García aseguró que la suspensión dada a conocer hace unos días se dio con base en lo expuesto por el INAH al juez, y confió en que se les dará la suspensión definitiva si hay afectaciones al patrimonio. En cambio, expone ahora Balandrano: “Lo que hemos estado haciendo desde hace un año es trabajar con el gobierno de la ciudad para garantizar que el proyecto no altere ni dañe los valores patrimoniales que tenemos el mandato de proteger. Pensamos, después de haber trabajado tanto tiempo con ellos, que el Metrobús puede ser viable y que solamente faltan pequeños detalles. Nos van a garantizar en su totalidad que no serán alterados ni dañados los monumentos históricos.” –Entonces, como ha dicho Miguel Ángel Mancera, ¿el Metrobús “va porque va”? –No, bueno, yo no lo diría de esa manera; yo diría que un proyecto de la magnitud que implica generar un transporte de servicio público de alta calidad debe de contar con todas las garantías para no afectar los valores patrimoniales de los mexicanos. En la medida en que cumpla con esas garantías, puede ir; si falla en garantizar la conservación, no podrá ir. Práctica común Como ha dicho Balandrano, no es la primera vez que el INAH otorga una autorización preliminar. Trabajadores del propio instituto han denunciado que es cada vez menos frecuente que se detengan proyectos relacionados con la construcción de carreteras, presas, explotación de minas o edificación de altísimas torres para consorcios nacionales o internacionales en la ciudad. “Es una forma de no negar una autorización de solicitantes VIP (very important people: gente importante)”, dice un empleado de la dependencia, que pide que se omita su nombre por temor a represalias. Balandrano, en cambio, descarta que se trate de un esquema para VIP: “Para nada. Lo hacemos cotidianamente en todo el país y no distinguimos el tipo de promovente.” Indica además que puesto que los trabajos de cambio de carpeta implicaron excavación, intervino Salvamento Arqueológico. Echenique ha denunciado en diversas ocasiones ante este semanario y la agencia Apro que debido a la falta de un reglamento de la Ley Orgánica del INAH, en el instituto se han multiplicado las autorizaciones de proyectos que no pasan por los caminos institucionales, sino que son entregados de manera discrecional. Proceso ha recibido denuncias en el sentido de que el salvamento lo realizan arqueólogos cuyos sueldos son pagados por los directamente interesados en el proyecto, sea la Comisión Federal de Electricidad, Petróleos Mexicanos o constructoras privadas de carreteras, presas o minas. Y así lo confirma la fuente consultada al asegurar que muchas de las autorizaciones preliminares han permitido que “una torre de oficinas en áreas patrimoniales pueda elevarse hasta los 14 niveles”. Y con este esquema los interesados logran brincarse los procedimientos del Sistema Institucional de Trámites, instrumentado por la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer). Añade: “Esta mágica fórmula descubierta tiempo atrás por los funcionarios del INAH no solamente da luz verde a notables promoventes de determinada obra en monumentos o zonas de monumentos, sino que, además, los exonera conveniente y oportunamente de la presentación de un proyecto ejecutivo porque ‘son trabajos preliminares’. ¡Hombre, tú empieza, ahí te mando unos arqueólogos, tú les pagas, y si no hay alboroto, pues terminas así y ya! Y si hay problemas, actuaremos de acuerdo con la ley…’” El gobierno de la Ciudad de México, que en varios medios ha calificado de “vecinocracia” a las organizaciones de vecinos inconformes, aduce que seguirá con las obras del Metrobús por tratarse de un bien común. Los monumentos, igualmente, son de utilidad pública. El INAH parece mediar entre ambos, y en su boletín añade, además de la Primera Sección del Bosque de Chapultepec declarada monumento, la Calzada de los Misterios, que tiene monumentos históricos de carácter religioso a ambos lados de la avenida. Para el viernes 16 se esperaba la resolución del amparo promovido por la unión vecinal. El trabajador entrevistado considera que será revocado: “Se aprobarán las obras del Metrobús Línea 7, no se encontrarán vestigios arqueológicos que pongan en riesgo la continuidad de los trabajos de las constructoras, y probablemente no se requiera de una nueva autorización por ya disponer de la de ‘trabajos preliminares’ aprobados”. Este reportaje se publicó en la edición 2120 de la revista Proceso del 18 de junio de 2017.

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