La lenta reacción de la nueva administración de Del Mazo ante el temblor

sábado, 23 de septiembre de 2017
Lenta, reaccionó la administración del gobernador Alfredo del Mazo a las repercusiones del sismo en el Estado de México. Los damnificados denunciaron abandono de las autoridades de todos los niveles de gobierno, falta de capacidad para dictaminar los daños a sus viviendas, ninguna certeza en las soluciones y parcialidad o ausencia en la entrega de apoyos gubernamentales. TOLUCA, Edomex. (proceso.com.mx).- Después del movimiento telúrico del martes pasado que afectó principalmente a Morelos, la Ciudad de México, el Estado de México y Puebla, el nuevo mandatario mexiquense atendió las primeras horas, las de crisis, desde el búnker de la base de operaciones del C5 en Toluca. A nivel escritorio, dirigió las primeras acciones de su administración para atajar la contingencia, sin que fluyera mayor información sobre afectaciones y soluciones que las difundidas por sus redes sociales, por breves y escuetos comunicados o mediante las entrevistas concedidas a radiodifusoras y televisoras nacionales. Mientras, en sus redes sociales no cesaban los reportes de afectaciones en diversos municipios, incluso con mensajes compartidos en las del propio mandatario. La usuaria Crystal Green ya le advertía: “hay municipios afectados y el gobernador no dice ni hace nada... no ha llegado ayuda a estos municipios: Ocuilan, Tenancingo, Coatepec Harinas, Tianguistenco, etc...”, todos, los más cercanos a Axochiapan, comunidad morelense donde se originó el temblor de las 13:14 horas del segundo fatal 19-S en México. Cuando tomó posesión del cargo el pasado 15 de septiembre, Del Mazo Maza ofreció -en su discurso del Teatro Morelos- transparencia como una de las cuatro prioridades de su administración, pero a la fecha, ni siquiera derivado de la necesidad de información por el sismo, ha ofrecido una sola conferencia de prensa. Las declaraciones que se le conocen, se desprenden de las coincidencias entre las coberturas y sus recorridos por los municipios afectados, implementados de forma escalonada a partir del día siguiente del temblor. Fuera de este esquema, todos los datos, genéricos, fluyen a cuenta gotas por los filtros de los comunicados. Sólo hasta el siguiente día del sismo, el mandatario estatal habló del levantamiento de un censo sobre las afectaciones. Acompañado por el presidente municipal, también priista, Indalecio Ríos, Del Mazo Maza realizó su primera visita de campo al Hospital General de Las Américas, en Ecatepec, donde fueron internados cuatro menores afectados por la caída de una barda en la escuela Secundaria no. 52 Ehécatl, de la colonia Estrella de este municipio. El 20 también recorrió la cabecera municipal de Joquicingo, “donde visitó la Secundaria Filiberto Navas Valdés, el Templo de El Calvario y alrededor de 150 inmuebles dañados, entre viviendas, bardas perimetrales, grietas en muros u otras construcciones”, al decir de la información oficial. Después, recorrió las calles Nezahualcóyotl, Moctezuma y Prolongación Nezahualcóyotl en Tenancingo, también de la cabecera municipal. “Camina el gobernador con vecinos de los municipios de Ocuilan y Malinalco”, tituló Gobierno del Estado su comunicado del 21 de septiembre. En la primer demarcación, de extracción perredista, apenas recorrió unas calles de la cabecera, desde el arco de entrada a la Iglesia, “supervisó la secundaria Justo Sierra Méndez y la primaria Lázaro Cárdenas”. En el segundo, visitó el exconvento de San Agustín, pese al reporte de al menos 120 viviendas dañadas. A lo mucho, en cada caso, al decir de los vecinos permaneció una hora. Él y su equipo arribaron en un par de helicópteros al área siniestrada; en Ocuilan, las aeronaves aterrizaron entre los límites de la cabecera y la desviación a Santa Martha -punto al que en auto, desde Toluca, se arriba en un promedio de una hora- y fueron resguardados por elementos de la Policía Estatal. Durante las visitas, Del Mazo Maza entregó a las familias despensas, colchonetas y material de limpieza. De sus recorridos a las zonas siniestradas, fueron producidos para sus redes sociales breves videos con imágenes conmovedoras, con música triste de fondo. En todos, sin embargo, la constante es la caminata por calles pavimentadas. Tres días después de la Secretaría de Gobernación emitió una Declaratoria de Emergencia Extraordinaria para las 16 delegaciones capitalinas y ofreciera para las demás entidades afectadas disposición de recursos, el gobernador del estado de México anunció que recurriría a la gestión para emprender la reconstrucción en los 12 municipios con mayores daños. Los candidatos al beneficio son Amecameca, Ocuilan, Tenancingo, Malinalco, Ecatzingo, Joquicingo, Zumpahuacán, Atlautla, Ecatzingo, Amecameca, Tepetlixpa, Tianguistenco, Villa Guerrero y Nezahualcóyotl. En toda la entidad, los resultados del censo en las zonas afectadas arrojaban para entonces un saldo de dos mil 034 viviendas afectadas, dos mil 236 escuelas con daños -234 instituciones educativas deben ser derrumbadas y reconstruidas- y 136 iglesias afectadas. Las víctimas mortales se contabilizan en 13, pero la falta de atención a los inmuebles en riesgo de colapsar representa aún un riesgo y muchas familias lo perdieron todo. Durante su visita al municipio de Ecatzingo el pasado viernes, el gobernador aseguró, en su cuenta de twitter, “continúan sin cobro de peaje nuestras autopistas. La movilidad es indispensable ante emergencia”. Sin embargo, los ciudadanos lo desmintieron en casos como la México-Toluca, Toluca-Valle de Bravo, la Peñón-Texcoco o la que va a Santiago Tianguistenco, acompañando las denuncias por fotografías de sus tickets, aún en los casos en que transportaban víveres para los damnificados. La Fiscalía mexiquense entró al quite, y aclaró: “las autopistas que continúan libres de peaje son @Circuito_mx, @chamapalaventa, Viaducto Elevado Bicentenario y Naucalpan – Ecatepec”. Para atender los requerimientos en materia de protección civil, este año el gobierno del Estado de México cuenta apenas con 620 millones 703 mil 953 pesos, de un presupuesto total de 260 mil 318 millones 993 mil 616 pesos. También dispone de un Fondo para la Atención de Desastres Naturales y Siniestros Ambientales o Antropogénicos por 222 millones de pesos para “atender a la población afectada y los daños causados a la infraestructura pública estatal, ocasionados por la ocurrencia de desastres naturales”, cuya operación, sin embargo, se desconoce a la fecha. “Por encimita” Las cifras oficiales, sin embargo, difieren entre autoridades. Vecinos afectados coinciden que las evaluaciones a sus viviendas son “por encimita”, hechas por personal no especializado, y en visitas que apenas contemplan las principales calles afectadas. Tan sólo en la cabecera municipal de Joquicingo colapsaron entre 55 y 60 casas, pero pueden ser hasta 300 las dañadas. Mientras desmonta el techo de su casa, Misael Orihuela, vecino del municipio, explica que las afectaciones principalmente ocurrieron en casas construidas con adobe que cuentan con al menos un siglo de antigüedad. “Las casas se fracturaron, las esquinas se separaron, las fachadas y bardas de las casas se inclinaron hacia los lados, hubo derribamiento de techos y tejas, y fractura en las estructuras”, expone mientras desmonta el techo de teja de su vivienda. En Ocuilan, el alcalde Félix Alberto Linares asegura que hay dos personas muertas en la comunidad de San Sebastián: Hilaria Valentina Morales Hernández de 93 años y Mario Bernardino González de 22 años; Gobierno del Estado apenas reporta el deceso de la primera en esa demarcación. Además tiene un registro de al menos 700 casas afectadas en 12 comunidades, de las que 348 se derrumbaron y deben demolerse y, por tanto, desde su punto de vista ya resultan inhabitables. Estas casas que se encuentran en números rojos, expuso, repercuten en la afectación de 3 mil 420 habitantes, de una población de 38 mil pobladores del municipio, quienes desde la noche del 19 de septiembre viven y duermen en los patios de sus casas, con familiares y otros habitantes. El edil reconoció que no se puede ofrecer a los pobladores un buen nivel de vida si no tienen su vivienda, pues “en las zonas rurales mucha gente sólo tiene una casita que han logrado a través de toda su vida”. Por eso, se comprometió a dar seguimiento para que no deban pasar los años y continúen en la misma situación. Daniel Urbina Peñaloza, delegado de la comunidad de Santa Martha, ubicada en el municipio de Ouilan, afirma que en su territorio se contabilizan al menos 50 dañadas: 40 que pueden considerarse pérdida total, y de ellas 30 que deben ser demolidas. A ojo de buen cubero El señor Sotero Siles perdió su vivienda ubicada en Villada esquina “Alfredo del Mazo”, en Joquicingo. Dos policías estatales evaluaron los daños, colocaron sellos rojos de suspensión en torno a la vivienda y pintaron sobre los muros blancos la palabra: “Peligro”, también en colorado. Los uniformados le dijeron que la vivienda debe ser demolida, pero no le dijeron cuándo ni quiénes se encargarán de la acción. Menos aún hablaron de reconstruirla. Acompañado por su mujer, Jerónima Pérez -en silla de ruedas- el campesino espera noticias en el estrecho patio de su vivienda, al alcance de cualquier muro que mientras tanto pudiera colapsarse. En su visita al municipio, el nuevo gobernador se fue de prisa, sin que pudieran plantearle su caso. Sin esperar algún dictamen técnico de las autoridades, Misael Orihuela, vecino de Joquicingo, emprendió por iniciativa propia el desmonte de su vivienda derruida por considerar evidente el riesgo que el inmueble representa a peatones, visitantes y personal voluntario que se ha volcado en apoyo. “Ha habido censos de protección civil, de Imevis, pero la indicación de desalojo, que se baje el techo de las casas y la estructura de madera, de derribes, todavía no se da. Lo estamos haciendo por mera precaución porque las casas están muy debilitadas, hay constante tránsito de camiones, tememos que se caigan”, justificó. El joven reconoció que los víveres no han faltado, gracias a la participación la sociedad civil, pero advierte que sobre todo en esa zona se requiere apoyo con especialistas para dictaminar los inmuebles afectados. “Y si nos pueden dar algún apoyo económico para un pie de casa o el reforzamiento de las casas de estructura moderna que se pudieran rescatar”. El muchacho lamentó que las autoridades no han realizado correctamente la evaluación de las viviendas: en algunos casos han sido supervisadas de prisa por elementos policiacos y en otros por personal de gobierno que dictamina sólo a “ojo de buen cubero”. “El dictamen es muy subjetivo, sólo pasan, checan, anotan en la bitácora, pero que vean las estructuras, evalúen y se realicen los dictámenes. Ha venido personal de Imevis, pero sólo hacen evaluación externa, se les comentó que internamente también hay daños, que se cayeron los tinacos, pero sólo lo anotaron en una bitácora, no entraron”, lamentó. La reacción de la autoridad municipal, dijo, es lenta, aislada y falta personal capacitado. “Ya pedimos a Protección Civil acordonar la zona y no ha hecho nada al respecto, todo se ha hecho por particulares, voluntarios”. Daniel Urbina Peñaloza, delegado de la comunidad de Santa Martha, cpincidió en la exigencia de adecuado para dictaminar las viviendas que ya no se pueden habitar. Expone que voluntarios han acudido con el propósito de ayudar con el retiro de escombros, pero no pueden hacer nada a falta de dictámenes técnicos. “Tuvimos la instrucción del director de obras del municipio, Nemias Melchor Rosales González, que primero deben realizar un peritaje para dictaminar y que se puedan demoler las construcciones, estamos en espera de eso”, manifestó. Otro de los vecinos en torno a cuya casa fueron colocados sellos de suspensión porque se encuentra pronta a derrumbarse, acusó que acudió con su esposa a la delegación a solicitar un garrafón de agua, porque desde el sismo no hay agua potable en la demarcación –ni señal de internet, ni telefonía-, “pero me dijeron que ya no había nada, cuando yo mismo presencié que estaban descargando un vehículo grande con apoyos”. A su hermano, también con una vivienda fracturada, lamentó, los delegados también despojaron de un cobertor que le habían entregado ya para pasar la noche, por lo que acusó favoritismo y parcialidad de las autoridades auxiliares. Olvidados La comunidad de Santa Martha, colindante con las Lagunas de Zempoala, es, según lo consideran los vecinos, la zona más afectada de Ocuilan, un municipio eminentemente rural. Muchos de los inmuebles dañados se concentran sobre las calles Tierra y Libertad y Morelos; además de las aledañas que son más bien callejones sin nombre o difíciles de identificar, de tal manera que muchas casas pasan desapercibidas. La mayoría de los pobladores, asegura Juan Urbina, se alquila como jornalero y gana en promedio entre 120 y 150 pesos al día. No obstante, el ingreso promedio es de 500 pesos semanal porque no hay trabajo para todos los días. En el lugar, el apoyo fundamental recibido por los pobladores es distribuido y aportado por la sociedad civil; intermitentemente los primeros días desfilaron camionetas y hasta taxis alquilados en que estudiantes, familias, activistas y trabajadores de empresas distribuyen a los damnificados comida caliente o fría, medicamentos y ropa. Pero de las autoridades, aseguran, casi no se ha visto nada. Antonio Vergara solicitó al presidente municipal atención, pues “la gente está muy molesta porque dicen que pasó (el día 20) y no le hizo caso a la ciudadanía”. “Estamos esperando autoridades, al presidente municipal, pero dicen los vecinos que nadamás pasó”, coincidió Juan Urbina. Felicitas Baldomero indicó que por la magnitud de las afectaciones, se requiere del apoyo del gobernador: “queremos alguien que nos apoye, que nos reconforte; nuestras escuelas quedaron destruidas, hay muchas viviendas que quedaron inhabitables”, dijo. “Que en realidad nos apoye, para eso lo elegimos… no queremos como otros gobierno que nadamás nos han prometido, que nadamás nos han usado como títeres, ya es tiempo de que seamos escuchados y tomados en cuenta; ya no queremos un gobierno corrupto, queremos que lo demuestre con hechos, que sí esté presente y no nadamás cuando necesita de nuestro voto. La gente está cansada de nadamás ser manipulada, que cumpla el gobernador”, apeló. "Somos los más jodidos del temblor; de por sí somos los más pobres de esta zona, ahora quedamos peor que antes", se queja Paloma Linares, mientras sus tres hijos la escuchan y observan bajo una pequeña lona colocada al centro del patio y que ni siquiera ha sido capaz de atajarlos de las lluvias. De su casa, construida de por sí con adobe y mampostería, ahora sólo quedan bardas en obra negra derribadas y fracturadas, y tablones de madera tirados; la cocina prácticamente colapsó. En la familia, hay un bebé de 8 meses que no sólo es proclive a enfermarse por falta de un techo, sino por la ausencia, ahora, también de ropa y alimento. Su madre tose y carraspea, tiene gripe. La delegación, asegura, no ha querido apoyarnos, pese a que sus únicos requerimientos consisten en colchonetas, una lona más resistente, "pañales y leche para mi bebé". La casa que habitaba la señora Irene Manzanares se fracturó, pero asegura que nadie la ha considerado damnificada porque no se encuentra en una calle principal y no se ve. La visitaron de prisa los delegados y tomaron fotos de su vivienda, “pero no nos preguntaron si necesitábamos algo”. Serpiente en la tierra “Este temblor fue en brincos, no normal, como movimiento de serpiente”, refirió Celestino Gómez, presidente de prestadores de servicios en Lagunas de Zempoala, mientras mueve la mano en forma de olas. “Ya solo esperábamos que se nos viviera el cerro encima, hubo desgajamiento, pensamos que hasta allí llegábamos; después se hizo una bola como de humo por el desplome de rocas, pensé que iba a nacer un volcán”, narró. Los hermanos de Sebastián Nájera habilitan con madera al centro del patio una pequeña habitación para que él y su familia pernocten mientras tanto. La noche del 19 les dio hospedaje un primo, la siguiente el vecino de enfrente. El señor, de 67 años de edad, no puede ayudarles porque los dedos de sus manos están retorcidos, producto de la artritis reumatoide que lo acongoja; tampoco puede trabajar por problemas cardiacos que lo llevaron al hospital hace meses; él y sus hijos dependen de su mujer que todos los días se traslada a la Ciudad de México para atender un puesto de jugos. “Lo que vivimos fue un terremoto, es una situación crítica; en momento creí que ya la muerte me llevaba”, manifiesta, al recordar las 13:14 horas de aquél día. La familia de Irene Manzanares habita temporalmente una habitación de la casa de sus suegros que también se encuentra fracturada pero cuyas fisuras son menores que las de la vivienda principal. Su esposo padece enfisema renal; debió mudarse a casa de sus suegros hace dos años por la necesidad de dializarlo. La energía eléctrica de la casa que habitaban era muy irregular e inservible para esos fines. En esa casa propiedad de la señora Argelia Campos, vivían 14 personas de tres familias; con lágrimas en los ojos, la mujer, de unos 60 años, recuerda que tardaron una década en edificarla, y ahora que casi se derrumba, dijo, estamos viviendo “como los pajaritos”, acomodándose de un lado a otro con su familia. El día del temblor, Irene estaba en casa con su esposo y su sobrina, cuando sintió “el sacudón” todos salieron al patio. “Mi sobrina estaba en la segunda planta, cuando se bajó empezaron a caer todas las protecciones de las escaleras que eran de tabique”, comenta. “No sabía para donde echarme a correr”, dijo, pues al intentar resguardase en el patio casi les caen encima trozos de la chimenea, los cables de luz “estaban chispeando” y apenas esquivaron el tejado del pequeño cuarto en que hacen tortillas. Su sobrina, Alma Delia Perete Lucio, de 11 años, recuerda que lloró de miedo al pensar que la casa se les vendría encima. No quiere regresar a la secundaria Juan Escutia, en tanto no sea reconstruida; sus muros quedaron resquebrajados, ya son inservibles y comenzaron a derribarlos. “Si no lo arreglan no quiero ir, creo que se puede caer, que lo vengan a arreglar todo, que esté todo bien, y también el pueblo”. También la primaria en la que estudia Héctor, de 9 años, la Vicente Guerrero, “se cuarteó”, al grado de creer que se le caerá encima. La barda del panteón de destrozó, de igual manera.

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