La LOAPF, una ley humanista, pero supercontroladora

sábado, 17 de noviembre de 2018
La aprobación de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal (LOAPF) en San Lázaro durante la madrugada del miércoles 14 dividió las opiniones de las bancadas. Mientras los representantes de Morena hablan de las bondades de la reingeniería integral que proponen Andrés Manuel López Obrador y sus colaboradores, los representantes del PRI, PAN y Movimiento Ciudadano ponen el acento en la concentración de poder por parte del próximo mandatario. Todos estarán supeditados a él, considera la priista Dulce María Sauri Riancho, en tanto que la panista Adriana Dávila llega al grado de hablar sobre los supuestos riesgos de una “dictadura”.         CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El andamiaje administrativo diseñado por Andrés Manuel López Obrador y afinado por la Cámara de Diputados contiene medidas radicales cuyo propósito es apuntalar su proyecto de nación. Con esa reingeniería busca terminar con las cuotas de poder y el uso discrecional del dinero practicado por el priismo y sobre el cual se meció el PAN durante dos sexenios consecutivos, de 2000 a 2012. Para la oposición, esas medidas –que apuntan a una concentración de poder en la figura presidencial y sus hombres: Alfonso Durazo Montaño, Gabriel García Hernández, Carlos Urzúa y Julio Scherer Ibarra– presuntamente provocarán choques con las entidades federativas. La priista diputada Dulce María Sauri Riancho advierte sobre el riesgo de que el país se extravíe en un laberinto que nunca imaginó; en contraste, su colega Adriana Dávila, del PAN, vislumbra un Estado policiaco y un amago de dictadura. En defensa de la reingeniería administrativa, Dolores Padierna, de Morena, sostiene que la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal (LOAPF) –aprobada por mayoría la madrugada del miércoles 14 y que los próximos días se discutirá en el Senado para dar el último toque que reinstala la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana– es “humanista”. Arguye que se apoya en el artículo primero de la Constitución, cuyo eje es el respeto a los derechos humanos. “No es centralista –abunda–, es quitar una bola de vicios que tiene la administración pública y practica desde hace 80 años”,  Los elementos concentradores El peligro más grave de las modificaciones a ley mencionada es la concentración del poder, sostiene Sauri Riancho, vicepresidenta de la Mesa Directiva en San Lázaro, quien dice tener vocación de salmón: nadar siempre contra la corriente. Relata que convenció a sus 46 compañeros de bancada para exponer en tribuna los peligros que entraña para los priistas la nueva ley, lo que prolongó el debate hasta la madrugada del miércoles 14. “No nos confundamos –puntualiza–. Cuando hablo de concentración de poder, hablo de concentración en el presidente de la República, en Andrés Manuel López Obrador”. Y, con base en el artículo 17 de la mencionada ley, alude a los llamados superdelegados que, insiste, estarán “bajo el mando directo del presidente de la República”. (Fragmento del reportaje especial publicado en Proceso 2194, ya en circulación)

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