'Musas”, un oasis de arte en Sonora

domingo, 18 de noviembre de 2018
Enclavado en el corazón de la ciudad de Hermosillo, el Museo de Arte de Sonora (Musas) se yergue, a nueve años de su creación, como el centro cultural emblemático no sólo de la ciudad sino del estado. Desde 2010 su director Rubén Matiella ha ido conformando un acervo de obras fundamentales de la plástica local y nacional contemporánea, mismas que desde el 28 de este mes se exhibirá como Sonora 2.0. Apuntes para una colección. Asimismo, da a conocer el lanzamiento en la FIL Guadalajara del libro Arte Sonorense. Sonora 1.0., de Octavio Avendaño Trujillo.  CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con miras a cumplir este 2019 una década de haberse fundado en la ciudad de Hermosillo el Museo de Arte de Sonora (Musas), Rubén Guillermo Matiella Villaescusa, su director, anuncia la exposición de 30 artistas nacionales, Sonora 2.0. Apuntes para una colección a inaugurarse el miércoles 28, cuya curaduría fue realizada por Edgardo Ganado Kim. “El Musas vino a crear un puente de igualdad entre el noroeste olvidado en el que nadie reparaba, y el centro de este país que se distingue por ser brutal y cruelmente centralista, valga la redundancia”, declara Matiella. “Hemos apoyado expresiones de arte antes impensables de llevar a la región, y además catapultamos a talentos culturales locales que no habían tenido la oportunidad de acceder a espacios en otros lugares de la República, particularmente en la Ciudad de México, para después catapultarlos a nivel internacional.” Sonora 2.0… consta de unas 70 obras del creciente acervo de Musas para esta muestra valorada en 850 mil dólares, que incluye piezas de Alberto Castro Leñero, Miguel Fernández de Castro, Pedro Friedberg, Graciela Iturbide, Enrique Jezik, Magali Lara, Isabel Leñero, Jorge Marín, Betsabeé Romero y Carla Rippey, entre otros tantos. Días antes de la inauguración, durante la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara, el lunes 26 de noviembre, se presentará el volumen Arte Sonorense. Sonora 1.0. Apuntes para una colección, escrito por Octavio Avendaño Trujillo y editado por Minerva Salgueiro, donde aparece el trabajo de destacados creadores visuales sonorenses, como: Alejandra Avilés, Ethel Cooke, Juan Carlos Coppel, Mónica Ejerhed, Carlos Iván Hernández, Alfredo Karam, Helga Krebs, Paula Martins, Gustavo Monroy, Mario Moreno Zazueta, Roberto Parodi, Alejandra Platt, Sergio Rascón, y Miriam Salado. Empresario, diseñador, fabricante “por intuición” de alta joyería, y egresado de la Universidad Autónoma de Guadalajara, donde estudió para contador público, Rubén Matiella relata a Proceso que fue llamado a dirigir Musas al año de haberse edificado en 2009, pese a la oposición de buena parte de la ciudadanía de Hermosillo, por haberse levantado el museo en el Parque de Seris, con arboledas de eucalipto que fueron trasplantadas. Su primera directora fue Rosa María Hass. La meta del Musas ha sido “la creación de un acervo que dé cuenta del proceso plástico en la región en las últimas décadas, trazando su propia historia en el arte desde la perspectiva de esta mirada; y además, la integración de una colección de arte moderno y contemporáneo a nivel nacional para participar de las discusiones desde el noroeste del país con exposiciones, préstamos e investigaciones en torno a la historia del arte mexicano en general, y en particular de la plástica mexicana”. “Pobres, pero moñudos” Lector voraz de las novelas de Julio Verne y Emilio Salagari desde pequeño, Matiella nació en el poblado sonorense Magdalena de Kino. Una mañana el niño de 10 años tocó a la puerta de casa de la alcaldesa local, doña Alicia Arellano Tapia de Pavlovich, diciéndole que como a él le gustaba mucho leer y en Magdalena no existía biblioteca pública alguna, debería construirse. Sorprendida, la primera senadora de México lo invitó para participar en aquel proyecto suyo, exitosamente; Magdalena tuvo su biblioteca. Renuente en un comienzo para dirigir Musas en 2010 tras ver que el magnífico centro cultural de cinco mil metros cuadrados se hallaba desierto y desolado, Matiella aceptó la previa invitación del gobernador priista Eduardo Bours, y decidió retomar una idea propuesta desde la sociedad civil, en el pensamiento de crear una colección permanente con artistas sonorenses. Al ser elegida para la gubernatura del estado la abogada Claudia Artemiza Pavlovich Arellano (hija de doña Alicia), su paisana, en 2015 juntos se propusieron dar máxima vida artística a su tierra, famosa por el dicho de que Sonora era el sitio de México “donde termina la cultura y comienza la carne asada”. O como asegura Rubén Matiella, “Sonora se distingue por un espíritu de lucha, por un carácter duro de sus habitantes debido a las condiciones climáticas y geográficas que tenemos, y una frontera despiadada”. Por lo mismo, “es una carácter que también desemboca en creatividad, en poesía, y la plástica se nutre mucho de esas condiciones”. Suelta un chascarrillo: “¡Somos pobres, pero moñudos! Lo cual quiere decir que aunque no contamos con un presupuesto para compra de obra, no por ello vamos a dejar de pensar y de visualizar una calidad de primer nivel en la colección que queremos lograr. Esta exposición es el modelo de esqueleto de un acervo nacional de arte que eventualmente se convertirá en internacional.” El proceso de la adquisición de obra se dio por dos métodos: donaciones directas de ciertos artistas seleccionados por el equipo del Musas, y por el programa de la Secretaría de Hacienda conforme el programa Pago en Especie. A pregunta expresa de Proceso, Matiella cede la palabra al curador Edgardo Ganado Kim (Ciudad de México, 1964), miembro asesor del Musas e historiador de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, quien asiente: “Esta manera se ha criticado muchísimo, yo pienso que ha habido claroscuros y que a últimas fechas sí se ha podido hacer mejor el trabajo de acopio de obras de arte a partir de este programa de Hacienda. Pero yo le critico que sea profundamente antidemocrático, es decir: todos tendríamos que pagar impuestos de la misma manera, los artistas no tendrían porqué no pagar impuestos de la forma en que todos lo hacemos. Esto lo hemos discutido mucho en las sesiones de consejo del programa, pues es un decreto de 1953; sin embargo y por lo pronto, nos está beneficiando. Hasta hace algunos años no podían los museos directamente pedir obra a los artistas, sino que entraba directamente al acervo de la Secretaría de Hacienda y después se repartía a los estados. Es un pago al Estado mexicano, los artistas no están regalando nada.” –En esos claroscuros nos tocó la claridad –añade Matiella–. Porque además tuvimos la oportunidad de acceder a obra de artistas que seleccionamos con un rigor bastante exigente en la calidad de su creación. Y expone un tercer modo de apoyo, su acercamiento a los empresarios de diferentes puntos del estado: “De quince a los que me acerqué, los quince nos apoyaron”. En cuanto al libro Arte Sonorense. Sonora 1.0. Apuntes para una colección, el curador de arte y autor del mismo, Octavio Avendaño “efectúa una reflexión sobre la evolución del arte sonorense en el periodo histórico que va de 1972 a 2006, a través de cuatro núcleos curatoriales”. El primero presenta al pintor Sergio Rascón, al poeta Abigael Bojórquez y al artista sonoro Aristeo. En el segundo núcleo “se encuentran artistas que recurren a estrategias modernas, mayoritariamente influidos por la generación de la ruptura”. El tercero “abarca creadores de distintas generaciones que abordan problemáticas de género y culturales en Sonora”. En el cuarto se encuentran los artistas jóvenes que se distinguen por su inserción en el arte contemporáneo nacional e internacional. Desde Tucson, Arizona, donde divide su residencia con su Hermosillo natal la mitad del año, la fotógrafa sonorense Alejandra Platt dijo a Proceso: “Hace dos años, cuando participé en el Musas con la exhibición gigante Un mundo separado por fronteras, colectiva de Francoise Robert, Michael Hyatt, Deborah Mc Collough y yo, me maravillé de ver cómo iban fascinadas las personas, los niños y hasta extranjeros para ver las cuatro salas. Sinceramente considero que en Sonora existe un hambre de arte y cultura increíble que afortunadamente el Museo de Arte de Sonora está saciando.” Este reportaje se publicó el 11 de noviembre de 2018 en la edición 2193 de la revista Proceso.

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