Centenario del primer bolero mexicano

sábado, 17 de marzo de 2018
“Madrigal” es el bolero más antiguo del país y no, según se creía, “Morenita mía”. Fue dado a conocer durante las fiestas patronales del Santo Cristo del Amor, en agosto de 1918, en Yucatán. En entrevista con Proceso, el poeta e investigador Luis Pérez Sabido se remonta a los orígenes del género nacido en Cuba a fines del siglo XIX. Por su parte, el biógrafo de Agustín Lara, Pável Granados, informa del movimiento existente para promover al bolero como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, pues es “una tradición, una educación sentimental, un depositario de la historia de México”. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Yucatán es la cuna del bolero mexicano, toda vez que la primera canción del género fue “Madrigal”, compuesta hace cien años en la Hacienda de Cacao, propiedad de la familia Ponce Cámara, por el trovador Enrique Galaz Chacón, El Curro. Eso manifiesta el poeta, promotor cultural, padre del Diccionario de la canción popular de Yucatán (2010), Luis Pérez Sabido (Mocochá, 7 de enero de 1940), y además director del Centro Regional de Investigación, Documentación y Difusión Musicales “Gerónimo Baqueiro Fóster” en Yucatán. Y apunta: “Hasta ahora se ha venido repitiendo en los libros que el primer bolero mexicano es ‘Morenita mía’, melodía escrita por Armando Villarreal Lozano, oriundo de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, el 12 de diciembre de 1921 y dedicada a su esposa Guadalupe Salazar, pieza a la que posteriormente le agregó una letra. Pero eso es falso, además de que en su versión original ‘Morenita mía’ carece del cinquillo característico de los boleros de entonces.” Rememora: “El Curro fue un niño precoz. Nacido el 27 de marzo de 1900 en Hunucmá, aún no cumplía los seis años de edad cuando fue felicitado por el presidente Porfirio Díaz en su única visita a Yucatán, por febrero de 1906, pues Galaz Chacón tocaba los timbales en un danzón interpretado por la orquesta de Pepe Cuevas. Cuando apenas tenía 18 años compuso ‘Madrigal’, tomando los versos del poemario Amorosas, del periodista Carlos R. Menéndez, director de la Revista de Yucatán. Es nuestro bolero más antiguo y no ‘Morenita mía’. Ocurrió durante las fiestas patronales del Santo Cristo del Amor, en agosto de 1918, por lo cual este año festejamos en la Ciudad de México, Yucatán y Cuba los cien años del bolero ‘Madrigal’”. Dicen que en la retina del que ha muerto la última imagen retratada queda como el divino rostro de una hermosa en la delgada cartulina tersa. Si eso es verdad, cuando me esté  muriendo clava en mis ojos tus miradas tiernas para tener dos astros que me  alumbren en mis noches debajo de la tierra. –¿Qué es el cinquillo? –Es como la clave en la rítmica cubana del estilo bolerístico. Y ejemplifica sonoramente, antes de partir a la Cámara de Diputados para presentar en la Comisión de Cultura y Cinematografía su ponencia Yucatán, cuna del bolero en México. 100 años –en el foro donde junto con directivos del Instituto para la Preservación y Fomento del Bolero en México A.C. (IPFBM), Canal Once y la Fonoteca Nacional se planteó la iniciativa de declarar al bolero Patrimonio Cultural Inmaterial de México a la UNESCO–: “¡Chac chic chac! –pausa– ¡chic chac! “El bolero es un género musical romántico de estructura simple y tiempo binario. Nació en el oriente de Cuba en el último tercio del siglo XIX debido al trovero Pepe Sánchez, de la ciudad de Santiago, quien fue el autor del bolero ‘Tristezas’, considerada obra príncipe del género”. Cita que el notable etno-musicólogo Argeliers León, nacido en Pinar del Río, asienta en Del campo y el tiempo que el acompañamiento guitarrístico de los primeros boleros cubanos, “mezcla de rasgueado y punteado”, llegaba nuevamente a la isla por el camino de renovados contactos con sones yucatecos, especialmente a partir de 1888 cuando la compañía naviera Ward Line estableció una ruta regular Nueva York-La Habana-Progreso-Veracruz- Nueva Orleans, que duró hasta 1946. “La presencia en Mérida de compañías artísticas cubanas y la comercialización de discos procedentes de La Habana, acrecentaron el gusto de los peninsulares por este género sensual. Quien más influyó fue el barítono cubano Arquímides Pous, originario de Santiago, quien al frente de su Gran Compañía de Zarzuelas Cubanas hizo largas y exitosas temporadas en la Ciudad Blanca, comenzando en enero y febrero de 1918 al difundir boleros de Grenet y Ankerman que incluyó en sus revistas musicales Mérida de carnaval y Yucatán suvenir, escritas en Mérida. “El bolero mexicano hereda la temática amorosa del bolero cubano, pero enriquece sus letras con la calidad poética que le aportan los mejores bardos de su época. En 1919, el trovador Pepe Sosa, nacido en Ticul, musicaliza el bolero ‘Un ruiseñor’ con versos de Eliézer Trejo Cámara, que más adelante Guty Cárdenas llevará de serenata a su señora madre.” Un ruiseñor en el jardín ha muerto bajo la sombra en que formó su nido, reposa entre sus plumas adherido y el breve pico hacia el azul abierto… En 1920, expone Pérez Sabido (cuyo soneto de 1962 “Injusta lejanía” musicalizó posteriormente Armando Manzanero), el trovador Andrés Acosta, nacido en el pueblo de Abalá, creó “Fondo turquí”, con versos del mismo Trejo Cámara: En un fondo turquí, trozo de cielo, voy a engarzar tus hechiceros ojos, y con un negro bucle de tu pelo te formaré un collar a mis antojos. “Estos tres boleros, ‘Madrigal’, ‘Un ruiseñor’ y ‘Fondo Turquí’, llegan a la Ciudad de México en septiembre de 1921 con las voces y guitarras del grupo de trovadores dirigidos por Luis Mangas, que envía a Felipe Carrillo Puerto, presidente del Partido Socialista del Sureste, para actuar en las Fiestas del Centenario de la Consumación de la Independencia. Entre ellos, Enrique Galaz, Mateo Ponce, Pepe Sosa, Ricardo Palmerín y Luis Augusto Basulto se establecen en la capital del país y empiezan a difundir sus boleros en los cafés del Centro Histórico, frecuentados por artistas, intelectuales y políticos.” En 1924, el cantor campechano Emilio Pacheco Ojeda compuso el bolero “Presentimiento”, con letra del español Pedro Mata (“su difusión internacional se debe a Guty Cárdenas, quien luego lo graba en la Columbia de Nueva York”): Sin saber que existías te deseaba, antes de conocerte te adiviné. Llegaste en el momento en que te esperaba, no hubo sorpresa alguna cuando te hallé… “La popularidad de ‘Nunca’, gracias a Guty Cárdenas, impactaría tanto al compositor Agustín Lara, que lo motivó a componer su primer bolero, ‘Imposible’. Como exponente de la sensibilidad artística del talento de nuestros compositores, nuestro bolero merece ser declarado Patrimonio Cultural Intangible de México”, concluye Luis Pérez Sabido. Patrimonio de la Humanidad A su vez, Pável Granados (Ciudad de México, 1977), jefe del catálogo de música popular mexicana en la Fonoteca Nacional, comentó a Proceso: “La importancia de Lara fue continental. Guty Cárdenas fue un fenómeno único e irrepetible, porque murió a los 26 años y logró estar en los Estados Unidos como director artístico de la Columbia Records, cuando internacionalizó aquel bolero.” Y en torno a la eventual declaratoria para la UNESCO: “Yo ya conocía a Cecilia Margaona y a Rodrigo de la Cadena del IPFBM; ella, con otras personas como don Pancho López, han acudido a la Fonoteca Nacional para enriquecer su conducción en los lineamientos del proceso de convertir al bolero en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. También Canal Once del Poli, que próximamente lanzará más videos del bolero. Creo que es un momento importante para defender el bolero y que no se pierda, estamos defendiendo una tradición, una educación sentimental; el bolero es un depositario de la historia de México.” Autor de la biografía sobre Agustín Mi novia, la tristeza, con Guadalupe Loaeza refiere que era el género de mayor trascendencia lírica desde 1927 cuando llegó Guty Cárdenas a la capital “y hasta por lo menos 1960, cuando se fue haciendo a un lado el bolero con la irrupción del rock en México y menosprecio de los medios de comunicación. No es nada más cubano, sino que se ha unido con el sentir mexicano, es una identidad que debemos defender en varios frentes: interpretación, repertorio, músicos y también la discografía”. Recuerda una visita de la bolerista cubana Omara Portuondo: “Platicando con ella acerca de las influencias musicales de Cuba le pregunté: ‘Omara, ¿crees que el bolero estuvo por perderse en Cuba?’ y me dijo: ‘Sí, esa música tan importante estuvo a punto de desaparecer; pero fue una decisión de los intérpretes y compositores unirnos para defender este género. Actuamos en el momento preciso y salvamos aquel patrimonio.” Granados considera que en México estamos en un momento crítico, porque las generaciones de compositores e intérpretes, músicos ejecutantes y de arreglistas se han ido sin que haya relevo generacional. “Hoy le pides a un chavo que cante un bolero y lo confunde con la balada o tiene sólo la referente de ciertos tríos. Tenemos la tragedia de haberse perdido catálogos importantes de disqueras, colecciones particulares e incluso estaciones de radio han tirado a la basura mucho de su acervo. Antes no teníamos posibilidad de resguardar el legado musical de artistas fallecidos, así que ojalá se puedan organizar talleres, cursos, investigaciones, becas, conciertos y libros del bolero.” Por lo pronto, este año Yucatán se vestirá de gala en su centenario. Este reportaje se publicó el 11 de marzo de 2018 en la edición 2158 de la revista Proceso.

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