Urgente, una estrategia digital cultural

sábado, 3 de marzo de 2018
Si México no impone condiciones a los monopolios trasnacionales (Google, Amazon, Netflix o Microsoft) y no crea su propia agenda digital para la cultura, estancará gravemente el desarrollo de su economía, piensa el especialista Jorge Bravo, quien dice desconocer los términos en los cuales se está dirimiendo el tema de la economía digital en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Deplora asimismo que la agenda no figure en las propuestas de los candidatos a la presidencia. Rafael Tovar y de Teresa, primer secretario de Cultura, se propuso cerrar la brecha digital, “pero el gobierno de Peña Nieto no cumplió”. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A diez meses de finalizar su gobierno, Enrique Peña Nieto no ha cumplido con el propósito de desarrollar una agenda digital para la cultura (ADC), no obstante que está dentro de los objetivos del Programa Especial de Cultura y Arte (PECA) 2014-2018. Es la conclusión del especialista en temas de internet y telecomunicaciones, Jorge Bravo. Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM, el también director editorial del Grupo Mediatelecom señala los elementos que debería incluir esa agenda o política de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en cultura, y deplora que estos temas –como el de la economía digital– no figuren en los discursos de los candidatos a la Presidencia de la República. Advierte asimismo que hasta hoy se desconocen los términos en los cuales se están dirimiendo estos asuntos en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP por sus siglas en inglés), cuando, en pleno ejercicio de su soberanía, México debería imponer condiciones de operación a los monopolios transnacionales como Google, Amazon, Netflix o Microsoft. Mínimamente para proteger el uso de los datos personales de los usuarios. En entrevista con Proceso, el experto indica que los países que buscan transformar y desarrollar sus economías deben crear agendas digitales. Es decir, una política pública de acceso a las tecnologías de la información, de acuerdo con sus propios objetivos. En nuestro caso se debería lograr una mayor conectividad y cerrar la llamada brecha digital, aunque estos propósitos ya han sido superados en otras naciones. Cuenta que el primer secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, se propuso realizar la ADC pero no logró articularla con la Estrategia Digital Nacional porque “hay que decir claramente que el gobierno de Peña Nieto no cumplió”. Una ADC –dice– debe comprender la infraestructura de telecomunicaciones para garantizar la conectividad, llevar las redes a las bibliotecas públicas, sitios arqueológicos, museos, escuelas y otros recintos culturales para que la cultura circule. El siguiente elemento son los servicios de telecomunicación de banda ancha móvil o fija para la circulación de los contenidos. El tercero que tiene que ver con la cultura es el de los contenidos y plataformas. México los tiene, asegura, pues no carece de conocimientos, innovación y creatividad que puede ofrecer a los usuarios. Y el cuarto son los usuarios –todos los espacios culturales, teatros, cines, museos, librerías tienen públicos que pueden acceder a las plataformas digitales. Asegura que Tovar deseaba impulsar la ADC pero “hay muchas reticencias en el sector cultural. Hay quienes piensan que lo digital no es lo importante sino lo tangible: el libro impreso, la obra de arte expuesta en un museo o el patrimonio cultural en los lugares. Son visiones limitadas, no están entendiendo algo que ya está ocurriendo y es inminente y es la digitalización del patrimonio, de los acervos y de los contenidos culturales”. Todas las dependencias del gobierno tenían que elaborar su agenda digital y coordinarse con la Estrategia Digital Nacional, dependiente de la Presidencia, pero “ahí hubo fallas enormes, no tuvieron la visión, ni los recursos para hacerlo y por lo tanto no se avanzó”. En cambio, considera que Tovar tuvo visión pero “su error –lamento decirlo ahora que falleció– fue haberle encargado el proyecto a personas que no entendían de digitalización y las tecnologías, que incluso las despreciaban y creían que no tenían valor”. Se refiere al escritor Jorge von Ziegler, quien en el gobierno de Vicente Fox encabezó el proyecto de construcción del edificio de la Biblioteca Vasconcelos, cuando voces como la de Guillermo Tovar pedían con insistencia dirigir ese gasto suntuoso en la digitalización de los acervos bibliográficos, como lo declaró inicialmente a Proceso. Von Ziegler encabezó al inicio de la nueva gestión de Tovar la Agenda Digital. Para Bravo, el ahora director general de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura “es un gran conocedor del valor del libro impreso y sus contenidos, pero no entiende que también debe estar en las plataformas digitales… Si Rafael hubiera designado a una persona con conocimiento en tecnologías, tendríamos otro diagnóstico”. Mal y a destiempo Y es que México llega tarde a la creación de plataformas para ofrecer productos digitalizados, pues ya existen en Estados Unidos, uno de los mayores competidores. Es un tema que deja pendiente la presente administración, cualquier partido que quiera ganar la presidencia debe tomar en cuenta la creación de una Agenda Digital Cultural, dice Bravo, para quien este tema está incluso por encima del de la seguridad, pues ofrece a la población oportunidades de desarrollo personal y económico. Al depender tecnológicamente de Estados Unidos, éste impone sus flujos de información, contenidos e industrias, pero es la oportunidad de plantear por primera vez –quizá no de equilibrar– un flujo de sur a norte y del sur al resto del mundo de lo que se produce en México. En opinión suya, así como las nuevas tecnologías permiten a los usuarios mexicanos adquirir productos culturales en red, incluso a precios menores que los físicos (discos, películas, libros), los creadores nacionales pueden ofrecer sus producciones con más oportunidades de comercializar. El punto es tener una estrategia para que los productores y creadores obtengan ingresos por sus contenidos. Y “hay estrategias de empresas y esfuerzos individuales, pero se necesita una estrategia pública del más alto nivel que deberá asumir el próximo presidente de la República, está comprobado que si no se toma al más alto liderazgo no funciona”. Un líder debe sumar a todos los actores involucrados: la industria, los creadores, las instituciones, los públicos, operadores de telecomunicaciones, para que conecten esos recintos públicos. Se requiere una institución con carácter de una secretaría de Estado para diseñar la agenda. En países de Asia como China, Corea del Sur y Japón –“y no estoy diciendo que tenemos que copiar”–, hay instancias dedicadas a la planeación de la conectividad, la innovación, la ciencia. En México hay que crear nuestras propias plataformas: La cuestión es si la creatividad e innovación aquí no está siendo apropiada por las grandes transnacionales como Google, Amazon, Netflix, Facebook, como cuando se exporta petróleo crudo y regresa refinado más caro. Señala el especialista que internet nació libre y abierto, pero ciertamente el riesgo es que se convierta en una industria cerrada con nuevos monopolios. Las nuevas plataformas ya no sólo comercian con productos e información, sino que crean “ecosistemas digitales”: Una sola empresa ofrece sus dispositivos, las aplicaciones para éstos, sus bases de datos, sus almacenamientos de información. Y “al final, vamos a tener pocas posibilidades de salirnos de esas plataformas, va a ser más caro transferir nuestros contactos de un dispositivo a otro”. Lo que hace falta, dice, es “un cambio absoluto de mentalidad y transformaciones legales e institucionales”. Piensa por ejemplo en estimular ya no la generación de empleos, sino el desarrollo de los trabajadores para las empresas del futuro (no lejano, pues lo vislumbra a unos cinco años), que serán tecnológicas, desde las que vendan autos o medicamentos, hasta las involucradas propiamente con el desarrollo tecnológico: “Pero ni las universidades ni el Estado estamos preparando a esos nuevos trabajadores, que van a requerir conocimientos, por ejemplo, de inteligencia artificial y de programación. “El riesgo, ya se está viendo, es que los monopolios de la información nos van a capturar dentro de sus ecosistemas digitales y ya no se regulará la competencia sino la libertad del individuo de decidir entre una aplicación, un proveedor, un dispositivo y otro. El cambio de modelo es absoluto.” Cuestión de soberanía –¿Ya no se puede regular entonces?, ¿ya no valdrán las leyes internas de telecomunicaciones si los monopolios son internacionales? –Yo creo que estamos en un momento muy similar al de Franklin D. Roosevelt (autor del llamado Nuevo Trato): Se necesita un nuevo acuerdo digital donde se reconozca que la economía y la transformación, la productividad, el futuro y las oportunidades de un país están precisamente en la economía digital. “Están operando en México empresas que no tienen sedes aquí y no pagan impuestos. Además, tienen muy buena aceptación de la sociedad. A diferencia de las empresas de la televisión y los grandes cabezales de la prensa, que eran cuestionados, estos monopolios, Google, Apple, Netflix, Spotify, Amazon, son bien vistos por quienes disfrutan de sus servicios y contenidos, que son principalmente los jóvenes.” Esa aceptación social hará más difícil su regulación. El punto es que toda la información que pasa por ahí, datos de los usuarios incluidos, se almacena en Estados Unidos. La reforma fiscal de Donald Trump acentuará este punto, pues las empresas instalan sus centros de operación allá. “Hay un tema de seguridad, incluso de soberanía nacional digital, porque toda la información del mundo está yendo hacia estas empresas. La intervención de Rusia es mínima comparada con quien tiene realmente el control de la información. No hay en este momento intentos por regular esto, sólo Europa desea evitar prácticas monopólicas y que no dominen nuestros datos personales.” Hace tiempo que el especialista propone una establecer normas en los tratados comerciales, entre ellos el TLCAN. Explica que cuando se firmó hace 24 años el internet no era un tema pues México apenas tenía 2% de penetración de telefonía móvil, cuando ahora prácticamente todas las transacciones ocurren en línea. “Hay que eliminar las barreras digitales al comercio, antes eran las barreras físicas para que pasaran los camiones, ahora la información, los contenidos, los productos, los capitales, pasan por encima de las fronteras. El tema es qué queremos como país. Y, desde luego, queremos proteger la información de los ciudadanos, proteger su privacidad. Lo que ya no se puede detener es el flujo de información.” También es deseable que el tráfico de internet sea más barato. Para ello es necesario que las empresas establezcan centros de datos en México, generen empleo y que la información se quede aquí. Asimismo, que haya más empresas culturales, se creen aplicaciones, plataformas y que los contenidos de información y cultura de empresas mexicanas puedan circular. El tráfico siempre estará en favor de E.U. porque genera más contenidos. Considera que ahí no se puede proteger al cine como se ha intentado en el TLCAN, lo que México sí puede hacer y Estados Unidos tratará de evitar es cobrar impuestos a las plataformas digitales. Costará más caro Netflix o Spotify, y esos impuestos no necesariamente se etiquetarán para el cine, música o libros, pero abrirá un mercado a los productos nacionales, sobre todo entre la población de habla hispana. Resume lo que México debería plantear en la renegociación del TLCAN: “Cuando accedemos a las plataformas nos piden nuestra información, ahora vivimos una economía de datos, mi privacidad, mi geolocalización, mis gustos, mis ambiciones, son la nueva mercancía. Facebook, Google, Apple, comercializan mis datos y venden publicidad: Hay que proteger la privacidad de los usuarios y que nos consulten. “Desde luego, crear los llamados IXP (Internet Exchange Point o infraestructura física), puntos de internet en México que son lugares donde llega la información y se distribuye: Todo el internet viaja a EU y regresa. Pongo un ejemplo: Si abro Facebook y coloco una foto, una información, esa información primero viaja a EU y después regresa a México para que la puedan ver todos mis contactos, eso encarece internet, lo hace lento y además otro país está controlando la información que yo decidí publicar.” No duda que en las negociaciones del TLCAN y del TTP (una calca del primero en el tema de las telecomunicaciones) los representantes de México permitirán que no se cobren impuestos a estas empresas y que no establezcan sus centros de datos aquí. “Pero debería quedar en claro que México es un país soberano de solicitar a empresas de otro país que cumplan con ciertos requisitos. En el caso de las digitales, sus centros de datos.” Este reportaje se publicó el 25 de febrero de 2018 en la edición 2156 de la revista Proceso.

Comentarios