Entre Graco y Robles, la medalla a la indolencia

viernes, 30 de marzo de 2018
En Morelos, la indiferencia gubernamental mantiene en la calle a los damnificados por los sismos del 19 de septiembre. A seis meses de la catástrofe, la desesperación ha llevado a algunos a levantar sus casas con lo que pueden, repitiendo errores de construcción que tenían sus viviendas. El gobernador Graco Ramírez prácticamente declara resuelto el problema, mientras que la titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), Rosario Robles, se lava las manos. CUERNAVACA, Mor. (Proceso).- A medio año del sismo del 19 de septiembre, la situación de los damnificados en esta entidad no mejora; empeora. Además del abandono gubernamental, de las calles llenas de escombro en las comunidades más afectadas, del fraude que han sido las tarjetas de ayuda entregadas sin tener fondos, de los actos políticos que sólo sirven para la foto, miles de alumnos de educación básica toman clases en la intemperie, en sitios que no garantizan su seguridad y mucho menos que puedan favorecer el aprendizaje. De las dos mil 188 escuelas que según el gobierno de Graco Ramírez hay en el estado, al menos 200 fueron dañadas por el terremoto, dejando a miles de niños sin clases. La lentitud en los trabajos para levantar los planteles, y el hecho de que en algunas instalaciones la atención es nula, ha causado molestia en los padres de familia, quienes se valen de manifestaciones y bloqueos callejeros para tratar de captar la atención de las autoridades y exigirles que cumplan con sus promesas de reconstrucción. En un recorrido realizado por Proceso, se percibe que no habrá una solución inmediata. Esta misma semana, los padres de los alumnos de las secundarias 14 y 15 de la colonia Miraval y del poblado de Santa María Ahuacatitlán, en Cuernavaca, realizaron bloqueos para exigir que Graco Ramírez cumpla con las obras de los planteles, pues sus hijos, denunciaron, son quienes más están padeciendo “la indiferencia de las autoridades”. En el caso de la secundaria 15, los alumnos tomaban clases de manera escalonada para ocupar únicamente los salones en buen estado; no obstante, hace unos días la dirección del plantel ordenó la ocupación total de las instalaciones, pese a que éstas no han sido reforzadas y se cimbran. “Nuestros hijos están en riesgo; es obvio que la escuela se va a caer si sigue temblando”, advierte uno de los padres inconformes, quien solicitó no ser identificado por temor a represalias. Precariedad y hasta asaltos En Xoxocotla, pueblo del municipio de Puente de Ixtla, está la primaria Emiliano Zapata. Sus instalaciones resultaron con daños y fue cerrada. Hace cuatro meses, el gobierno del estado consiguió un “salón de fiestas” para que los 412 alumnos del plantel, divididos en 12 grupos, tomaran clases; la instalación no es otra cosa que una plancha de cemento con techumbre de lámina y barda perimetral. Dentro del predio también hay un terreno baldío, y al fondo de éste un chiquero donde hace unas semanas se engordaba a un cerdo. En ese ambiente toman clases los jóvenes. Otro problema: el lugar cuenta sólo con dos letrinas que están por desbordarse. La temperatura promedio en Xoxocotla es de al menos 30 grados y la techumbre no alcanza para todos, así que algunos se cubren bajo una especie de carpa. Por si fuera poco, no todos los días tienen clase porque el dueño del salón lo renta para fiestas. En la zona sur de Morelos, en el municipio de Tlaquiltenango, está el Centro de Atención Múltiple (CAM) 3, escuela que ayuda a niños y adolescentes con discapacidad intelectual o motriz. Los menores reciben educación básica y los mayores aprenden oficios. También hace unos cuatro meses estos alumnos toman clase en el patio de las instalaciones del DIF municipal. Dos grupos se ubican en una oficina y los otros dos se acomodaron como pudieron en un pasillo o en el propio patio, sólo cubiertos con mantas y lonas que los propios padres de familia consiguieron. La directora del lugar CAM 3, Itzel Guadalupe Gutiérrez Galarza, dice que las condiciones no son las mejores pero que están haciendo lo posible para continuar con la educación. Los padres de familia demandan a las autoridades reconstruir sus instalaciones originales, “o que nos digan si no pueden, porque nosotros tenemos manos y podemos hacer algo”. En la zona oriente las cosas no son mejores. En la comunidad de La Joya, en Yautepec, la secundaria general 47 Juan Rulfo, con mil 200 alumnos en dos turnos, tuvo afectaciones que obligaron a su cierre. Sin embargo, estudiantes y profesores decidieron regresar a su plantel por temor a la delincuencia. Hace unos meses, los padres de familia consiguieron varias carpas para que sus hijos improvisaran su escuela en una cancha de futbol. Como los toldos no alcanzaban para la totalidad de los muchachos, éstos tomaban clase en horarios escalonados. El problema ocurrió en una tarde de diciembre, cuando varios hombres armados ingresaron al campo y agredieron a profesores y alumnos, a quienes les robaron celulares y dinero. Como solicitaron ayuda y nadie los apoyó, los directivos decidieron que era menos riesgoso estudiar en un inmueble dañado que ser víctimas de la delincuencia en la calle; así que los niños van a clases una o dos veces por semana para que todos puedan estar en los salones que están en “mejores” condiciones. “Mejor hagan simulacros” Una profesora de la secundaria general Juan Rulfo, quien también pidió que se reservara su identidad, reveló a este semanario que un funcionario del Instituto de Educación Básica del Estado de Morelos (IEBEM) sólo les recomendó que hicieran más simulacros de sismo mientras ocupan la escuela dañada, porque “lo mejor es que los estudiantes aprendan cómo reaccionar frente a un sismo”. A los padres de familia de la secundaria 15 de Santa María les dijeron lo mismo: “Si el edificio de la escuela se cimbra (deben) hacer simulacros”. El reportero constató el ambiente en el que toman clase algunos niños de educación básica que se quedaron sin escuela. El panorama es radicalmente distinto al que anuncia el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, cuando asegura que “casi 100% de las escuelas están en clases normales después del sismo”. Además, no hay información sobre el destino de una bolsa de 500 millones de pesos que se supone serían empleados para la reconstrucción de los planteles. Componentes científicos El otro lado de la tragedia es la incertidumbre. Según los damnificados entrevistados, ninguna autoridad ha podido garantizarles que las viviendas que quedaron en pie y algunas que están reconstruyendo resistirán otro movimiento telúrico. Por si fuera poco, el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) ha repartido a los damnificados tarjetas de ayuda con una cantidad de dinero muy limitada (en algunos casos hasta sin recursos) para quien desea reconstruir su vivienda. Se supone que el gobierno estatal hace lo propio. De acuerdo con especialistas consultados que trabajan en zonas de desastre de Morelos, la mayoría de los afectados que reconstruye sus viviendas está incurriendo en los mismos errores de obra que tenían sus casas antes del sismo, debido a que en México la reconstrucción se entiende como la contratación de un albañil para comenzar a levantar paredes, y eso, alertan, no garantiza que la tragedia del 19 de septiembre no se repita. Rafael Martín del Campo, profesor e investigador del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) de Guadalajara, explica que Jojutla es el municipio más afectado de Morelos, donde centenares de viviendas se derrumbaron porque el suelo de la zona, como en el caso de la colonia Emiliano Zapata, magnifica los sismos y porque sus construcciones son deficientes. Acompañado por otro ingeniero civil, por un técnico en mecánica de suelos y un alumno del ITESO, el académico explica que fue la propia comunidad la que les pidió ayuda. Luego de dos meses de realizar investigaciones, dice, descubrieron que el suelo que ocupa la colonia Emiliano Zapata era utilizado durante siglos como campo de cultivo, particularmente para caña y arroz. La zona, además, está rodeada de canales que desfogan los escurrimientos (apantles) provenientes de ríos o de los propios regadíos. “Esto hace que el suelo en la zona tenga un alto nivel de humedad, lo que a su vez provoca reblandecimientos”. También la superficie del suelo que más daños tuvo está compuesta, según la investigación, por una capa de arcillas de mínima resistencia. “A una profundidad de cuatro a cinco metros existe otra capa de mayor rigidez y firmeza. El problema es que nosotros no podemos saber, con el equipo que tenemos aquí, qué espesor tiene esta segunda capa”, explica Del Campo. El investigador también recuerda en entrevista que Rosalba Pérez Gutiérrez, especialista de la Universidad Autónoma de Guerrero, encontró a unos siete metros de profundidad un basamento rocoso “de lo que llamamos roca basal”, que garantiza una mejor cimentación. Sin embargo, indica, la combinación de basamento bueno con roca caliza de rigidez media hace que el terreno sea muy malo para construir. Puntualiza: Tomando en cuenta lo anterior, lo que ocurrió en Morelos es lo que pasó en la Ciudad de México en 1985. “El basamento profundo firme, la arcilla suave y el alto grado de humedad dieron como resultado un suelo que se convirtió en gelatina.” Respecto de las deficiencias de construcción, el investigador del ITESO pone como ejemplo que en este municipio a la hora de construir las familias encontraron que las calles pavimentadas estaban un metro arriba de sus predios. Por ello, decidieron, en la mayoría de los casos, rellenar con escombro o tierra para que su construcción quedara al menos a la altura de la calle. Para Rafael Martín del Campo es alto el riesgo de que se repita una tragedia: “Lo que está haciendo la gente, en su desesperación por recuperar su vivienda, es lo mismo que realizaron antes: repiten el mismo esquema de construcción, las mismas malas prácticas, es decir, levantan paredes y con algunos acicates intentan que su nueva casa quede más resistente, aunque lo hacen sobre el mismo suelo y sin tomar en cuenta los requerimientos para una mejor cimentación”. Los expertos consultados están actualmente en Guadalajara analizando la información que recolectaron en Morelos. En los próximos días regresarán a Jojutla para exponer sus resultados a las autoridades y emitir las recomendaciones para la reconstrucción de casas y escuelas. Los gobiernos incumplen Hasta el momento los damnificados de Jojutla y otros municipios afectados sólo han conseguido promesas del gobierno estatal y federal. El martes 6, luego de que los inconformes tomaron durante una semana las oficinas de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) en Morelos, la titular de la dependencia federal, Rosario Robles, acudió al estado y se reunió con ellos. Al salir de la reunión, la funcionaria explicó que el problema de la reconstrucción es que el gobierno de Graco Ramírez no ha aportado el dinero que le corresponde. En respuesta, Elena Cepeda, esposa del gobernador, escribió en Twitter: “es una pena que Rosario Robles no atienda sus pendientes”, en relación con las denuncias de desvío de recursos públicos. Sin embargo, el gobierno estatal admitió que no había aportado sus recursos y anunció que lo haría el viernes 16. Este reportaje se publicó el 25 de marzo de 2018 en la edición 2160 de la revista Proceso.

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