Cadhac, 25 años de lucha en pro de los desaparecidos

sábado, 21 de abril de 2018
MONTERREY, NL. (proceso.com.mx).- “Tienes que volver, ¿cómo me vas a dejar sola? Nadie sabe lo que estoy pasando. Mientras no vea un cuerpo, nunca voy a perder la esperanza de encontrarte. Aunque la duda sobre tu muerte siempre me asalta. Ya sabía que en el mundo hay mucha maldad”, comenta Tania González con un dejo de tristeza. Tania es una afligida madre de dos hijos, y esposa de una de las miles de víctimas desaparecidas en ese “hoyo negro” conocido como Tamaulipas. Su marido Felipe de Jesús Pérez García, un arquitecto de 28 años especializado en buscar sitios para instalar antenas para la telefonía móvil, no aparece desde el 19 de marzo de 2013. Ese día Pérez García se encontraba en una colonia de la periferia de Reynosa, controlada por el crimen organizado, midiendo las coordenadas para instalar una antena que daría servicio a varias firmas de telefonía móvil. Su desaparición ocurrió en los momentos en que el crimen organizado reconstruía sus sofisticados sistemas de comunicación, ya que el Ejército les había confiscado en ese municipio 76 antenas, 81 repetidoras, 655 radios, 400 teléfonos celulares, 391 aparatos Nextel y 19 computadoras. Gracias a los conocimientos de su esposo, Tania González mantiene la esperanza de que el crimen organizado lo mantenga con vida Tras ser afectada por la constante violencia que actualmente sufre toda la República, la madre encontró en Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (Cadhac) un espacio de consuelo para compartir su dolor y donde tomar fuerza para la búsqueda incansable de su esposo. Cadhac, dirigida por la hermana Consuelo Morales, es la primera organización del norte del país que arropó a las víctimas de la “guerra del narco”. También logró estructurar un sistema de búsqueda en colaboración con las Procuradurías, que se ha convertido en un modelo adoptado por otras organizaciones y gobiernos, el cual fue posible gracias a la intervención del poeta Javier Sicilia y otras personalidades. La pérdida incierta de padres, hijos o hermanos es la más terrible tragedia que sufren miles de familias. No obstante, la sociedad mexicana y las autoridades incrementan su dolor cuando criminalizan a las víctimas. Incluso, los cientos de los afectados inocentes conocidos como “daños colaterales” de la “narco guerra” son estigmatizados, y la sociedad no se ha solidarizado con sus familias, quienes permanecen aisladas con su dolor y en una solitaria lucha. “Las familias necesitan que la gente les crea. La sociedad criminalizó a las víctimas y a los desaparecidos. En Cadhac encontraron un espacio donde se sintieron escuchada y creídas”, dice a proceso.com.mx Consuelo Morales, quien cumple 25 años al frente de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos. Morales remembró que Cadhac nació el 23 de abril de 1993 en un pequeño espacio ante la urgencia de “defender y promover los derechos fundamentales de hombres y mujeres desde una concepción integral”. Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humano se fundó en dos pequeños cuartos que les ofrecieron comunidades eclesiales ubicadas en Ciudad Guadalupe, Nuevo León. Cuando llegaron a tomar posesión de su espacio, lo primero que vieron fue una enorme “alfombra roja que se movía”. La “alfombra” era una gran capa de hormigas que tardaron meses en erradicar. Cadhac nació como una organización civil, independiente de partidos políticos, respetuosa de la pluralidad de credos, ideologías y preferencias sexuales, dedicada a la defensa y promoción de los derechos humanos. Comenzó con un pequeño equipo que integró un abogado y sus primeros pasos fueron difundir y concientizar sobre los derechos humanos. Meses después comenzaron a defender a los presos que sufrían las más graves violaciones de sus garantías básicas en las prisiones estatales de Nuevo León. “Por ello nos acusaron de defender criminales. Que hayan cometido un delito no significa que deben ser tratados como animales”, explica la Consuelo Morales. A partir del año 2007, comenzó en el noreste la disputa por la región entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel del Golfo (CDG) y su brazo armado Los Zetas, provocando cientos de muertos, principalmente policías, y desaparecidos. Del 2007 a 2014, los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila registran las consecuencias de la narco-guerra. Primero entre el Cártel de Sinaloa y el CDG y posteriormente las más cruentas y sangrientas batallas entre Los Zetas y sus antiguos creadores del Cártel del Golfo. Las estadísticas oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) arrojan que, para esa época, suman alrededor de 10 mil muertos y unos 12 mil desaparecidos entre los tres estados. Las cárceles pronto registraron sobrecupo con nuevos “inquilinos” provenientes del crimen organizado, quienes crearon los “autogobiernos” para cobrar por todos los servicios penitenciarios, la venta de droga y exigir cuotas a los reos comunes para no torturarlos o matarlos. En ese nuevo ambiente la defensa de los derechos en las prisiones se convirtió en una tarea de alto riesgo, así que Cadhac abandona ese trabajo. Debido a la creciente violencia que sufría el noreste, cientos de familias acudieron a Cadhac en busca de apoyo para localizar a sus parientes, ya que las autoridades lo único que hacían era hacerlas sentir culpables. “A Mónica le gustaba peinar a sus muñecas” Una de esas víctimas fue Alma Mónica Álvarez García, quien desapareció junto con cinco amigas en Reynosa. Viajaron a la frontera en una camioneta XTerra. Desde julio de 2011 no se volvió a saber de ella ni de sus acompañantes. La Procuraduría de Tamaulipas registra que Mónica es de “complexión delgada, tez morena, cabello liso color castaño y con tatuajes en el muslo derecho que resaltan ‘Mónica’, y en la espalda del lado izquierdo tres estrellas”. “Su niñez fue muy feliz, a pesar de las carencias que tuviéramos”, afirma su madre. “De niña le gustaba jugar a las muñecas, le gustaba mucho peinarlas y hacerles vestiditos. Le decíamos la secretaria por su cuerpo tan pequeño. No era muy buena en la escuela, pero nunca faltaba”. Su desaparición sucedió hace siete años y hasta la fecha su familia la sigue buscando. “Ya han pasado siete largos años, pero queremos saber qué pasó con ella”, comenta su madre, quien se afilió a Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos. Modelo de colaboración Para principios de julio de 2011, el poeta Javier Sicilia arribó a Monterrey encabezando la caravana del Movimiento por la Paz. Se reúne con las familias organizadas y, junto con la hermana Consuelo, visita al entonces procurador Adrián de la Garza. A partir de esa visita, De la Garza acordó con Cadhac revisar cada mes el avance de 30 casos de desaparecidos, y también ordena que los MP trabajen en estrecha coordinación con las familias. “En un principio la relación con la Procuraduría fue de mucha desconfianza”, asegura la hermana Consuelo. “No obstante, cuando se dieron cuenta que los ministerios públicos las escuchaban, comenzaron a darse cuenta que andaban en búsquedas, ellos se fueron abriendo. Incluso en Navidad un MP llamó a una familia para informarse sobre avances en su caso”, añadió. Las autoridades se ganaron la confianza de las familias. Eso les dio confianza y entendieron que estaban buscando a sus parientes, aunque no los encontraban. “Se busca, pero no se encuentra. Si hay algo, nosotros debemos apoyar”, les comentó la dirigente de Cadhac a las familias. El grupo estuvo a punto de desarticularse, debido a una víctima que no le gustaron los resultados de las investigaciones de la Procuraduría. El modelo se fortaleció y creció. Actualmente las familias colaboran con las autoridades para atender mil 200 casos de víctimas en Nuevo León, y unos 300 casos de desaparecidos en Tamaulipas. Las familias también lograron que se formara un grupo de la Procuraduría Especializado en la Búsqueda, que opera inmediatamente que se decreta una alerta por la desaparición de una persona. Además, lucharon por la “Declaración de ausencia”, y lograron la aprobación de la Primera Ley de Desaparición Forzada en el país, ya que incluso las propias de autoridades ni siquiera reconocían los casos de este tipo. “Ahora estamos trabajando para implementar todo ello en Tamaulipas”, afirma Morales. “Los reconocimientos internacionales que recibimos fueron fundamentales; con el trabajo de la ONU y expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanas (CIDH), pero sobre todo el trabajo y persistencia de las familias”. Consuelo Morales destacó el modelo para actuar con la autoridad. No obstante, lo más relevante, aseguró, fue que las familias sintieran que la gente les creyera. “Tuvieron un espacio donde la gente se sintió escuchada y creída”. Las familias se dicen que son “hermanas del mismo dolor”, pero que Cadhac se convirtió en su hogar, en un refugio para el apoyo incondicional y que les dio fortaleza para buscar a sus hijos, hermanos o padres. A Jocelyn Mabel le gustaba cocinar Otras de las víctimas fue Joselyn Mabel Ibarra Buenrostro, quien nació en Monterrey el 14 de julio de 1983. “Una muchacha con muchos sueños, anhelos que se vieron truncados por esas personas malvadas y crueles que la tienen secuestrada junto con su hermano David, su novio Ángel y el trabajador Juan”, dice su madre. “En el kínder, primaria y secundaria le gustaba participar en las actividades escolares. En esa época no le gustaba leer y, como sabía que a su hermano David le gustaba leer, le pedía que le leyera cuentos e historietas cómicas, que es lo que les comprábamos”. A Jocelyn le gustaba meterse a la cocina. Alcanzó un “sazón muy rico”, y su comida preferida son las enchiladas, las gorditas y la comida china. Su música preferida es la de Selena, Pesado y La Costumbre. “Su hobby es ir al cine o ver películas en la casa con Ángel y sus hermanos. A veces por estar viendo películas se duerme hasta muy tarde”. Sus filmes preferidos son “Ghost” y “El guardaespaldas”. A Jocelyn la secuestraron el 15 de noviembre del 2010 al filo de las 14:00 horas. Ese día fue a buscar a su padre junto con su novio Ángel a un rancho de su propiedad en el “ejido La Esperanza”, ubicado en Cadereyta, Nuevo León, un municipio controlado por Los Zetas. Su padre no respondía el teléfono desde dos días atrás, “algo inusual en él pues siempre contestaba”. Al llegar al rancho se toparon con hombres armados que eran parte de la banda que había secuestrado a su padre. No obstante, el otro grupo de secuestradores había tenido la mala suerte de toparse con efectivos del Ejército y se enfrentaron a balazos. Tras rescatarlo, un militar le niega al papá de Jocelyn un teléfono para avisar a su familia que ya había sido liberado. Sin conocer lo sucedido su hija y novio, salen rumbo a “La Esperanza”, donde son plagiados por los hombres armados junto con un chofer del rancho, que también llegó a buscar a su patrón. “Al tercer día, el 18 de noviembre de 2010, los secuestradores piden rescate para liberarlos. Su hermano David Joab va a entregar el pago para su liberación. Pero lamentablemente no los liberan, a David también lo secuestran y hasta la fecha no han podido regresar con su familia. “Sé que algún día van a regresar con favor de Dios, cogidos de la mano de él”, concluye su madre.

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