Al cine, el arte del bailarín afrocubano Carlos Acosta

domingo, 3 de noviembre de 2019
Inspirada por las memorias del bailarín habanero Carlos Acosta Sin mirar atrás, traducidas al inglés como No Way Home, aunque aún no se publican en Cuba, la directora y actriz madrileña Icíar Bollaín relata a Proceso cómo llevó a la pantalla grande la vida del versátil artista afrocubano de 46 años, protagonizada por el propio Acosta, bajo el título de Al ritmo del corazón: Retrato fiel no exento de ficciones, donde la isla luce cual marco formidable. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El bailarín de ballet Carlos Acosta actúa en la película Al ritmo del corazón, dirigida por la reconocida española Icíar Bollaín, basada en su autobiografía de 2007 No Way Home (Sin mirar atrás), libro que no se ha publicado en su natal Cuba, aunque el filme ya se proyectó en la isla caribeña. “Era arriesgado que apareciera el también coreógrafo cubano actuando; pero al mismo tiempo era algo original porque no hay biografías en la pantalla grande con la persona real dentro de la historia, salvo que fuera un documental. En una ficción no es común, lo cual nos pareció estupendo”, cuenta en entrevista Bollaín por teléfono desde su país. En Al ritmo del corazón –que en 2018 obtuvo el premio a Mejor Guion para el británico Paul Laverty en el Festival de Cine de San Sebastián– se ve a Acosta (2 de junio de 1973, La Habana) desde pequeño. Vive en un barrio humilde, Los Pinos, en La Habana, e impulsado por su padre se convertirá en la estrella de una de las más grandes compañías de ballet del mundo. Fue el primer bailarín afrodescendiente en interpretar Romeo en el Royal Ballet de Londres, donde forjó su leyenda durante 17 años. Aquí habla del arte y del sacrificio que implica triunfar. Los demás actores son Santiago Alfonso, Laura de La Uz, Keyvin Martínez y Edison Manuel Olbera. La cinta, de 110 minutos y producida por Alemania, Cuba, España y Reino Unido, se estrenó en la 17 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) y se proyectará en las salas del país a partir del 8 de noviembre. ¿Veto de Alicia Alonso? Icíar Bollaín no pudo asistir a la proyección moreliana pues prepara otra cinta. Realizadora de Flores de otro mundo (1999), Te doy mis ojos (2003), También la lluvia (2010) y El olivo (2016), entre otras, Bollaín cuenta que Al ritmo del corazón surge cuando la productora del proyecto Andrea Calderwood y el mismo Acosta le propusieron a su esposo Paul Laverty adaptar el guion: “Paul (escritor habitual de las cintas de Ken Loach) es el guinosta de mi cinta El olivo y habíamos hablado de realizar el siguiente largometraje juntos. Les dijo que estabamos trabajando los dos y les pareció muy bien. Entonces Paul y yo nos embarcamos. Leímos la autobiografía, que nos pareció fascinante. Estuvimos en La Habana con Acosta y su compañía Acosta Danza, y empezamos a trabajar.” –¿Qué tanto se basaron en el libro del bailarín y qué tanto aportó Carlos Acosta al guion e incluso en el rodaje? –se le pregunta. –En realidad nada. Bueno, por supuesto aportó con su presencia en el largometraje e hizo un trabajo estupendo; pero a nivel del guion y demás, no intervino. Él nos facilitó su autobiografía, nos puso en contacto con unas personas que lo conocían en La Habana, como su hermana Marilín, su maestra Ramona de Sáa y otra gente con la que hablamos. Su confianza fue total. Él nos dijo: “Aquí está esto, ustedes son los cineastas, ¡adelante!”. Paul tuvo muchísima libertad, y en muchas cosas que no son exactamente de la autobiografía, como toda la parte del presente en el que Carlos está montando una coreografía con su compañía, todo eso es ficción. Carlos no está creando eso ni hay una coreografía sobre su vida, esa se elaboró para el largometraje. Acosta leyó el guion y le encantó. “Le pareció que, en efecto, no era exactamente su biografía; pero era totalmente el espíritu de lo que él había vivido, me puse a trabajar con la dirección y fue igual, Acosta me señaló: ‘Mira, lo tuyo es realizar cine, lo mío es bailar. Yo no tengo nada que decir’. Fue muy generoso. Llegó a rodar lo suyo, ni siquiera pidió o exigió de ninguna manera ver lo filmado, o saber del casting, nada. Carlos en ese momento también dirigía su compañía, bailaba y vivía en el Reino Unido con su familia, no tenía tiempo para involucrarse en el filme. Nos dejó vía libre.” El libro de Acosta No Way Home no se ha distribuido ni presentado en Cuba. En 2016, la editorial cubana Arte y Literatura programó la presentación en el llamado “Sábado del Libro en La Habana”; pero a última hora se suspendió sin ninguna explicación. Algunos especialistas creen que fue Alicia Alonso, fallecida el pasado 17 de octubre, quien “vetó” el libro debido a que ahí Acosta narra que sufrió racismo por parte de Alonso durante su breve paso por el Ballet Nacional de Cuba. Acosta es hijo de un camionero de escasa cultura. Desde pequeño sufrió la división racial de su familia. Por su mamá había una hija blanca y él y su hermana Marilín, por su papá, eran los negros. Bollaín, nacida el 12 de junio de 1967 en Madrid, narra que los ensayos previos al rodaje, fueron extensos: “Primero se debía laborar en las coreografías de ballet que se incluyeron en la historia. Carlos al principio estuvo tentado a crearlas, pero enseguida se dio cuenta de que no contaba con tiempo. Buscamos un coreógrafo, en este caso fue una coreógrafa que es María Romina, catalana, y que ya había trabajado con Carlos, y poseía un tipo de trabajo muy narrativo, que era lo que yo necesitaba. Deseaba que las coreografías contaran cosas, no podían ser abstractas. Me puse a trabajar con ella y con la compañía de Carlos, y el músico Alberto Iglesias, quien hizo un trabajo espectacular. Luego hicimos el casting que también fue un proceso de meses y ensayamos con los actores.” –¿Cómo encontró al niño que recrea a Acosta de pequeño? –Buscamos en la calle a un niño de diez años. Salió de Varadero y enseguida vi que poseía toda la chispa y la fuerza como Carlos cuando era infante. Vimos a muchísimos niños y encontramos a este pequeño. Para el personaje de Carlos de joven, quería al alguien que bailara muy bien. Efectué un casting con las compañías que hay en La Habana, con bailarines con esas características, y en ese momento Keyvin Martínez bailaba en la compañía de Acosta e hizo la prueba, y me gustó mucho. “Fue complicado encontrar a la persona que actuara del padre de Acosta para la cinta, porque a pesar de que hay una sociedad multirracial en Cuba, no hay tantos actores negros y mucho menos de esa edad. Enseguida vi que no encontraba a nadie y busqué fuera del mundo de la interpretación y encontré a Santiago Alfonso, quien por 20 años ha sido el coreógrafo del Tropicana. Es una institución en Cuba, pero experiencia como actor tenía muy poca; entonces, hubo mucho trabajo con él.” Pero Alfonso Santiago entendía muy bien al personaje, dice con alivio: “Es un hombre muy orgulloso de su raza, consciente de sus raíces y muy religioso, como el padre de Carlos. Entonces conectó mucho y le echó muchas ganas.” –¿Qué opina del guion? –Era estupendo. Quizá lo más difícil fue estar a la altura del guion, porque Paul es muy expresivo escribiendo, muy emocionante, entonces había que conseguir ese nivel de expresión y de emoción. Había una parte de la película que era íntima, de personajes, con lo cual estoy más familiarizada, es la parte dramática del padre y del hijo, eso lo veía complicado, pero bueno es mi terreno. “Luego se encuentra toda esa parte más espectacular de danza, que era totalmente nuevo para mí y fue un reto. Aunque es de lo más bonito todo ese trabajo de convertir escenas en danza, que se entendieran y que el espectador no se fuera de las salas, vaya, que no djera: ‘Yo he venido a ver una película, no un espectáculo de danza’. Eso fue lo más complicado, seguramente.” Acentúa satisfecha: “En Al ritmo del corazón, Carlos conserva mucho carisma, presencia y se le ve bailar. Posee muchas cosas a favor, sin embargo, por otro lado decíamos: ‘¡Es un experimento!, ¿cómo va a funcionar el Carlos de verdad con los actores de ficción?’ Ese riesgo lo asumimos y dijimos: ‘Vamos a intentarlo’. Pero sí que incluía desafíos. Aunque Carlos nos la hizo muy fácil.” Cuba, otro personaje –Cuando el bailarín Acosta vio la película, ¿cuál fue su reacción? –La vio con su mujer. Le mostramos el primer corte, todavía no estaba terminada ni la mezcla, ni nada, pero más o menos mantenía su forma. Quedó muy impactado, muy emocionado. No pudo hablar, de hecho se echó a llorar mucho. En realidad, llora cada vez que la ve. Está muy agradecido y yo con él. Se puso muy contento con la sensación de que se ha contado su vida y se ha hablado incluso más allá de Cuba, cosas importantes: del origen de uno, la identidad. Él ve todo ese nivel en el filme y le encanta. –Ese tópico de la identidad es el que no deja a Acosta cuando se encuentra fuera de Cuba, ¿verdad? –Sí. Carlos poseyó lógicamente mucha nostalgia. De alguna manera estuvo fuera de su nación, no contra su voluntad, porque efectúo una carrera espectacular, no la hubiera hecho de otra manera; pero eso tiene un precio muy caro de pagar, de mucha soledad, de mucho desarraigo. Yo creo que al mismo tiempo hay una cosa muy bonita que comunica la película: ¡Que eso es Carlos! “Acosta es un hombre que no renunció a sus raíces. No renunció nunca a Cuba. No salió nunca sin permiso para poder volver. Cuando ha tenido ocasión ha vuelto, y ha creado ahí su compañía. Es muy apegado a su tierra y a quien es. Siente mucho orgullo por Cuba y eso también es un tema en el largometraje.” En una escena de Al ritmo del corazón, Acosta se encuentra en Londres y ve con tristeza la televisón, porque transmiten cómo los cubanos salen en balsas pequeñas. La cineasta platica al respecto: “Carlos salió de su país a finales de la década de los ochenta, y los cubanos hablan de ese momento como una época dorada porque aunque había poco, había para todos. Existía además mucha ilusión, muchas ganas de hacer cosas. Carlos deja así a su nación. Recuerda una infancia muy libre, a pesar de los problemas en la familia. Habla mucho de su comunidad, de los vecinos, todo mundo se echaba la mano, y cuando vuelve se encuentra una isla devastada por la crisis económica; porque cuando cae la Unión Soviética, ésta deja de ayudar a Cuba y es terrible. Realmente la gente la estaba pasado muy mal y cuando Carlos vuelve se encuentra con eso, no es la Cuba que dejó.” Por eso Cuba es un personaje en la cinta: “La vida de Carlos va en paralelo con la vida de la isla, además, a su familia le ha pasado lo que a muchos cubanos. No sólo es la historia de Carlos, igual de la gente que lo rodeaba y de su país. Era importante que todo eso estuviera.” –¿Para usted que significó filmar este largometraje? –Me aportó muchísimas cosas, como volver a Cuba. Antes iba mucho, sobre todo a la Escuela Internacional de Cine y Telelvisión de San Antonio de Los Baños, primero como alumna, luego como profesora. Me dio la ocasión de conocer más en profundidad a Cuba, de trabajar con los cubanos, que me parecen muy profesionales. También es muy complicado realizar cine en esa isla, no deja de ser un esfuerzo y me dio la oportunidad de eso. Me permitió acercarme al mundo de la danza, el cual me parece impresionante. “Me alegró mucho haber contado otro aspecto de Cuba. A veces las películas lógicamente se centran más en lo político, en el régimen, pero hay una Cuba de gente de la calle, de familias como la de Carlos que normalmente no se les da tanta voz, y luego existe la Cuba del arte, es un lugar de baile, cine, literatura, pintura y por supuesto de música. Espero que parte de todo eso se comunique en el filme.” –Bueno, en otro lugar un niño humilde como Acosta no hubiese podido estudiar ballet… –Lo mismo cuenta Carlos. Esto sólo podía pasar en Cuba. Un niño de estas características, de un barrio, no se dedica a ser bailarín en otros lugares. Enfatiza que la música en el relato cinematográfico es muy significativa: “Corre a cargo de Alberto Iglesias, que es el mejor compositor de España. Es un gran artista y el trabajo con él fue bonito y él lo disfrutó mucho. Es muy modesto, muy sencillo y muy fácil trabajar con él, se aprende mucho.” El largometraje ya se estrenó en España y menciona que le fue muy bien pues “hace un año se proyectó y tuvo aceptación, pero incluso ha habido reacciones mejores, por ejemplo, en Alemania, porque en España las personas no van con tanta regularidad al ballet”. La cinta se proyectó por primera vez en Cuba en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en 2018. En las tres proyecciones que hubo la aplaudieron. “Se mostró en el Teatro Karl Marx, con más de mil 800 butacas o algo así, ¡es una locura! Ahí asistió todo el equipo del filme y Carlos con todos los actores. Hace poco la volvieron a estrenar de manera comercial, y muy bien.” Al final, Bollaín da su sentir de que su largometraje se vea en México: “Puede resonar mucho en México por muchas cosas. Me han contado que hay un bailarín mexicano, Isaac Fernández, quien está triunfando fuera de su país. Hay ahí otro referente. Espero que les guste la historia. Igual porque México es muy cercano a Cuba.” En la fotografía trabajó Alex Catalán y en la dirección de arte, Laia Colet. Este texto se publicó el 27 de octubre de 2019 en la edición 2243 de la revista Proceso

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