Lo mejor para la UNAM es tenerla tranquila: Enrique Graue

domingo, 3 de noviembre de 2019
El doctor Enrique Graue, quien aspira a otro periodo de cuatro años como rector de la UNAM, admite que la institución es un reflejo de lo que pasa en el país. En un reporte de su actual gestión, señala que la inseguridad, la violencia de género, la confrontación política, las agresiones a las instituciones y los recortes presupuestales a escala nacional han generado un clima de desasosiego en todo el país. Por lo que atañe a la universidad, dice, confía en remontar ese clima adverso, actuando siempre con decisión y prudencia. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Desde el sexto piso de la Rectoría se observa el entorno de Ciudad Universitaria (CU), cuya población académica y estudiantil es de 400 mil personas. Desde ahí, donde tiene sus oficinas, el doctor Enrique Graue Wiechers admite que, al igual que el país, la universidad vive también tiempos agitados, violentos; de inseguridad y descontento. “Lo mejor es tenerla tranquila, con eso todo fluye”, comenta a Proceso. Sus cuatro años de rectorado no han sido fáciles. Apenas el 3 de septiembre pasado un grupo de jóvenes embozados rompieron cristales, pintaron paredes, lanzaron bombas molotov y golpearon con martillos la puerta de entrada del edificio de gobierno. Ese día estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades Azcapotzalco marcharon a CU a conmemorar el primer aniversario de la toma de su plantel por un grupo de porros. “Hay desesperanza en los jóvenes”, comenta Graue, quien busca reelegirse. Dice que la universidad y el gobierno federal deben buscar dar más oportunidades de trabajo a la juventud para que no haya descontento social. Asegura que el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien entiende muy bien el papel de la UNAM como movilizador social, la autonomía de la institución y la necesidad de tener el presupuesto suficiente para seguir funcionando, no intenta meter las manos en ese proceso. –Siempre ha habido una tentación desde el poder a tener cierta incidencia en la universidad. ¿La percibe usted en estos momentos? –No. La última vez que tuve la oportunidad de comunicarme con el presidente en relación con nuestro presupuesto, me aseguró, y lo ha cumplido cabalmente, primero, que íbamos a tener un presupuesto suficiente en términos reales, igual al que tuvimos el año pasado; segundo, absoluto respeto a la autonomía universitaria. –El presidente egresó de la UNAM –le comenta el reportero. –Sí. Entiende muy bien a la universidad. Entonces, estoy seguro de que así será. Tiempos agitados Durante los últimos cuatro años la UNAM, ha enfrentado los mismos problemas que el país, sostiene el doctor Graue, especializado en oftalmología, disciplina en la cual ha hecho varias investigaciones. De acuerdo con un reporte de su gestión, “la inseguridad, la violencia de género, la confrontación política, las agresiones a las instituciones y los recortes presupuestales a nivel nacional han generado un clima de desasosiego en todo el país. Ante ello, se ha actuado con decisión y prudencia”. Admite que ha enfrentado también el narcomenudeo, así como provocaciones externas que intentan afectar la vida académica, la violencia de género, amenazas a la autonomía y reducciones presupuestales. Pero todas, aclara, han sido superadas satisfactoriamente, “sin protagonismos personales, con eficiencia, con ánimos conciliadores y logrando consensos. Gracias a ello, hoy tenemos una universidad tranquila y trabajando para el bien de México”. “Son tiempos agitados”, comenta durante la entrevista el rector de la UNAM. Precisa que desde 1551, cuando se impartió la primera cátedra universitaria en el país, la universidad ha estado muy arraigada a la historia nacional y por eso no es de extrañar que sufra también en estos tiempos cambios y transformaciones como las que hoy se viven. “En buena medida, en muchos de los cambios que ha tenido el país la universidad ha ido por delante. Los eventos de Tlatelolco en 1968 son un buen ejemplo de esto y tenemos una democracia hoy en día que es muy difícil de desligarla de aquellos eventos”. La UNAM, insiste, es un fiel espejo de nuestra sociedad en este momento. A veces, hay inquietudes irracionales, dice; “hemos sido sujeto de una serie de ataques para los que no encuentra uno una razón. Hace un par de semanas, por ejemplo, vinieron unos jóvenes a golpear la Rectoría sin un pliego petitorio, sin nada. “En el fondo, eso es el reflejo de la desesperanza, de no encontrar un camino claro con toda seguridad. Estamos en ese ambiente difícil, México está agitado. La inseguridad que vive la nación también la vive la universidad. No obstante esa inseguridad, la universidad no ha detenido su crecimiento. “Va para adelante y espero que el país también vaya hacia adelante, a pesar de que hay un entorno de descontento, de no saber para dónde, que tenga resultados de crecimiento y de transformarse aceptablemente”. Autonomía Graue es el vigesimocuarto rector de la UNAM, desde que hace 90 años declaró su autonomía. Recuerda que en distintas etapas de la historia del país la máxima institución de educación superior ha marcado la ruta social y política del país. Se le pregunta si la universidad puede marcar la ruta en el gobierno de López Obrador. “Déjeme llevarlo de la mano con lo que está diciendo. La defensa de la autonomía marcó una ruta. Cuando pasó esta omisión involuntaria se respondió con intensidad y la autonomía se preservó. Yo creo que el Estado entendió la importancia de nuestra autonomía. Ser autónomos nos permite proponer transformaciones desde adentro. “Tomo el ejemplo de la autonomía por lo que hoy se dice de los organismos autónomos. No dudo que algunos estaban ya en estado engrosado y había que hacer algunos ajustes; me parece bien. Pero la autonomía y el equilibrio de poderes es muy importante. De hecho, la autonomía es parte de este equilibrio de poderes; no me refiero al republicano, sino al poder intelectual”. –En este equilibrio de poderes que también son necesarios en el país, qué papel juega o va a jugar la UNAM en este momento en que se propone la Cuarta Transformación. –Decir siempre la verdad. Primero, que todo el mundo se exprese en esta pluralidad. Deben existir todas las voces y esto debe ser aceptado. Yo lo acepto como tal, como universitario y como rector. Creo que todos los universitarios estamos acostumbrados al disenso, a platicar, dialogar, reflexionar y, eventualmente, proponer. Eso tiene que pasar en el país. –La UNAM es la conciencia crítica del país en muchos sentidos. –Sí. Yo agregaría que no solamente critica, sino también propositiva. Se debe reflexionar sobre la situación y proponer, y estar constantemente colaborando para las transformaciones dentro de lo que la academia permite. Hoy en la mañana firmamos con la Secretaría de Bienestar un convenio para evaluar sus programas. Eso me parece espléndido. Hablaremos con la verdad y de cómo las cosas están sucediendo. –Eso es difícil... –¿Decir la verdad? No, cuando es en buenos términos. Mientras no sea con el ánimo de ofender, decir la verdad, con razonamientos, a nadie debe de ofender. –¿Qué piensa de lo que propone el presidente, de eliminar el examen de admisión para aumentar la matrícula? –Eso es imposible. Creo que habría que entenderlo en el contexto en general. Es un deseo aspiracional, así debe ser: que todo estudiante que haya concluido la educación media superior tenga la posibilidad de ingresar a la educación superior en cualquiera de sus modalidades, que son muchas; desde la normal, universitaria, tecnológica. Pero no es así, en la media superior hay una cobertura cercana a 98%, mientras que en educación superior tiene una oferta de 38%. Hay una limitante real, con grandes asimetrías. Como ejemplo de estas asimetrías destaca que mientras en la Ciudad de México y el área metropolitana hay una cobertura de casi 97% de educación superior de manera abierta y presencial, en el norte andan entre 50 y 70%, mientras que en el sur es de entre 20 y 30%. “Si alguien quiere aumentar matrícula, ahí es donde deben enfocar los esfuerzos. La matrícula debe crecer en aquellas zonas donde hace falta. Yo aplaudo que en la reforma al Artículo 3 constitucional venga la obligación del Estado de proporcionar la educación superior, esto es clarísimo. “Claro que hay que hacer todos los esfuerzos por llegar a esa posición ideal de que todo el mundo tuviera cupo, pero no puede ser de inmediato”. Para ser más claro, reitera, es imposible que la UNAM tome alumnos sin examen de admisión. “Tenemos 357 mil alumnos. Si admitiéramos sin examen en un año habría más de 400 mil de primer ingreso. Por eso es imposible. Lo que sí podemos hacer es colaborar con un crecimiento de la matrícula de escuelas en ciudades como Mérida, Querétaro, León. Si hacemos otros proyectos podríamos crecer 1 o 2% al año, lo cual nos podría llevar a 42% que se acerca a la aspiración de la SEP, de llegar a 50% de cobertura para 2024. Para eso se requiere un aumento presupuestal, porque se trata de abrir puertas. Es importante crecer para que nuestros jóvenes tengan empleo y también una renovación del personal docente para que las universidades sigan siendo vitales. –Además está el bono demográfico. -Este el momento de abrir nuevas oportunidades y hay que estar consciente de lo que pasa con otras universidades que tienen grandes problemas financieros y están muy vulnerables. Necesitamos crear un sistema de recursos suficientes a nivel nacional para la educación superior, para que las universidades puedan salvar los problemas financieros. Esta entrevista se publicó el 27 de octubre de 2019 en la edición 2243 de la revista Proceso

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