El chavismo, ni socialista ni revolucionario

sábado, 27 de abril de 2019
El proyecto político que Hugo Chávez implantó en Venezuela desde su llegada al poder no es revolucionario ni constituyó siquiera un modelo de desarrollo. El discurso de la llamada revolución bolivariana se quedó en propaganda y sus resultados en el manejo económico y político del país desprestigiaron a la izquierda latinoamericana, coinciden intelectuales venezolanos de izquierda, quienes consideran “urgente” la salida de Nicolás Maduro del poder.  CARACAS (Proceso).- El economista Manuel Sutherland, un intelectual marxista que dirige en Venezuela el Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO), tiene muchos años refutando lo que a su juicio se ha convertido en un cliché: que el chavismo es un modelo de desarrollo de izquierda, socialista y revolucionario. Él está convencido de que el movimiento liderado por el fallecido teniente coronel Hugo Chávez desde su llegada al poder, en 1999, hasta su muerte, en 2013, ni siquiera llegó a transformarse en un modelo de desarrollo. “Mucho menos en un modelo socialista –plantea–, porque ha sido instrumentado principalmente por militares muy anticomunistas, que no tienen nada de socialistas, y por funcionarios corruptos que se han enriquecido en complicidad con la burguesía financiera tradicional.” El chavismo, asegura, es un proyecto “fundamentalmente capitalista” que se fincó en el “rentismo petrolero” y que, al caer los precios internacionales del crudo, ya con Nicolás Maduro como presidente del país, agudizó “sus rasgos más autoritarios y represivos y aceleró su descomposición”. Para Sutherland, lo que hoy existe en Venezuela es un régimen “populista, militarista y clientelar que desarrolla un modelo lumpenizado de acumulación de capital en el que delitos como el saqueo a las arcas públicas y el narcotráfico juegan un papel central”. Las críticas de Sutherland son especialmente punzantes para el gobierno de Maduro porque se inscriben en el marco de un proceso reflexivo impulsado por intelectuales venezolanos de izquierda que respaldaron a Hugo Chávez –algunos incluso fueron funcionarios de su gobierno– y que desde hace años comenzaron a advertir que el país iba hacia un despeñadero. De ese grupo de chavistas ilustrados que terminaron por apartarse del régimen y que hoy cuestionan desde la izquierda a Maduro forman parte los exministros Héctor Navarro, Ana Elisa Osorio, Gustavo Márquez y Oly Millán; los dirigentes de Marea Socialista Gonzalo Gómez y Gustavo Martínez, así como el politólogo y activista social Nicmer Evans. Muchos de ellos, incluido Sutherland, son articulistas habituales del portal Aporrea.org, que reivindica el socialismo y la transformación “revolucionaria y democrática” de Venezuela, pero no por el camino del chavismo. Sutherland, un marxista que ha leído, releído y estudiado a conciencia toda la obra de Karl Marx, apoyó a Hugo Chávez hasta 2007, cuando sus críticas al modelo aplicado por el líder de la llamada Revolución Bolivariana comenzaron a molestar a los dirigentes del Partido Comunista, en el que militaba y el cual era aliado del gobierno. “En esa época –señala–, 90% de la izquierda apoyaba al chavismo. Pero yo veía que el modelo que se estaba aplicando era una intensificación del rentismo petrolero de los gobiernos de antes de Chávez. La economía crecía por los altos precios del petróleo, sin ninguna base productiva.” Heterodoxia ideológica y financiera  La primera vez que Chávez habló de socialismo fue en el Foro Social en Porto Alegre, en 2005, seis años después de asumir la presidencia de Venezuela. En ese acto propuso el “Socialismo del Siglo XXI” (título de un libro del economista y sociólogo alemán Heinz Dieterich, quien fue su asesor) como un modelo para “trascender el capitalismo por la vía del socialismo”, en el marco de un sistema democrático. “Fue una forma de darle una base ideológica a la Revolución Bolivariana que él impulsaba. Pero lo cierto es que no tenía idea de lo que era el socialismo ni hizo ningún esfuerzo por construir una teoría del socialismo venezolano. De esto no hay libros y nunca hubo una escuela de formación de cuadros”, afirma Sutherland. El economista de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y maestro en ciencias y planificación del desarrollo dice que el pensamiento de Chávez era una “ensalada ideológica” en la que se mezclaban el bolivarianismo, el peronismo, el cardenismo, el guevarismo, el cristianismo y los consejos del líder cubano Fidel Castro. “Esta mezcla le ha sido muy útil al chavismo porque es todo y nada a la vez. Nunca se ha apegado a ninguna corriente y nunca hemos estado, ni de lejos, en el camino de la construcción del socialismo. Todo el proyecto ha dependido del capital generado por el petróleo”, asegura. Aunque el régimen chavista aplicó una política de expropiación de compañías privadas y creación de empresas públicas, éstas acabaron quebradas por el ineficiente manejo y la corrupción. Como ha señalado Heinz Dieterich, un problema de la izquierda es que piensa que la economía no capitalista consiste en colocar banderas rojas en las fábricas y ocuparlas con obreros armados. Entre 2004 y 2014 Venezuela recibió 746 mil 497 millones de dólares por concepto de exportaciones de petróleo. El exministro de Chávez, Héctor Navarro, estima que en esos 11 años de bonanza petrolera el desfalco a las arcas públicas por funcionarios del régimen llegó a 350 mil millones de dólares, equivalentes a 46% del capital que generó el crudo. Navarro sostiene que gran parte de esos fondos fueron saqueados con el tráfico ilegal de los dólares subsidiados que, por el control de cambios, destinaba el gobierno para las importaciones. Los funcionarios los adquirían y, en complicidad con inversionistas privados, los colocaban en el mercado negro de divisas con enormes tasas de rentabilidad. Esa plusvalía nunca se trasladó a la clase obrera. “La mayoría de la propiedad –dice Sutherland– siguió en manos privadas y las empresas estatales nunca desarrollaron capacidad productiva. Lo que se creó el chavismo fue una máquina de saquear la renta petrolera.” El economista marxista y autor del libro ¿Qué es la revolución socialista? indica: “El hecho de que tú nacionalices algunas cosas y subsidies algunos bienes y gobiernes con militares anticomunistas no es socialismo”. Giro a la derecha Para Manuel Sutherland, cuyas críticas al chavismo le costaron hace dos años su trabajo como profesor en la estatal Universidad Bolivariana, la idea de revolución, socialismo y cambio estructural que trató de inculcar el régimen en la sociedad venezolana se convirtió, en los hechos, “en pura propaganda hueca”. La propaganda es clave para el régimen. Para ello dispone de un gran aparato de medios públicos. Hasta las Fuerzas Armadas y la petrolera PDVSA tienen canal de televisión. La mayoría de medios privados están acotados por la autocensura o han sido adquiridos por empresarios señalados como testaferros del régimen. Y las páginas web de medios considerados críticos por el gobierno, tanto venezolanos como extranjeros, están bloqueadas en el país. “El socialismo sólo está en la propaganda –continúa el economista– y en eso sí son muy astutos, en hacer propaganda en sus medios y en las redes sociales. Son expertos en generar la noción de que esto es una revolución, algo que jamás hubo aquí, y son expertos en producir noticias falsas (fake news) y confundir a la gente.” De acuerdo con Sutherland, “la cantidad de fake news que el mismo gobierno genera ha hecho que nadie en Venezuela sepa qué es verdad y qué es mentira”. Frente a los generalizados apagones, por ejemplo, el gobierno señala que son producto de atentados y “ataques cibernéticos y electromagnéticos” de Estados Unidos, Colombia, Brasil y la derecha opositora interna contra el sistema eléctrico. Técnicos independientes sostienen que se deben a la falta de mantenimiento y a la corrupción en la empresa estatal Corpoelec. La caída de los precios y la producción de petróleo y el aniquilamiento del aparato productivo han provocado el desplome de la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) desde 2013. La hiperinflación llegará este año a 10,000,000%, según el FMI, y el salario mínimo mensual equivale a sólo 5.45 dólares. Maduro enfrenta la crisis más aguda en dos décadas de chavismo. La respuesta, dice Sutherland, ha sido una “derechización” del régimen, que ha adoptado prácticas “propias de una dictadura militar”. El encarcelamiento de opositores y la ejecución de jóvenes que protestan en los barrios populares son “algo común”, dice. Además, “la policía ha sembrado el terror en los barrios. La represión, el apoyo de los militares y el control del Poder Judicial y del aparato electoral son los factores que sostienen a Maduro. Él sabe que ya perdió el apoyo en las urnas. Y en el siglo XXI no puede haber socialismo sin democracia”. Para Sutherland, el autoproclamado presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, es “una marioneta” de Estados Unidos, pero “es también el que encarna la posibilidad de que Maduro deje el poder, y esto es lo que quiere la mayoría de venezolanos”. El cambio, sostiene, “es urgente” porque “la destrucción social que ha generado el gobierno está causando la destrucción de la clase obrera, que ya no tiene la posibilidad de comer lo que necesita, de vestirse, de salir de casa (por la alta criminalidad), de bañarse (por la falta de agua), de transportarse (por la falta de autobuses), de vivir con electricidad (por los constantes apagones)”. La clase obrera venezolana, añade, está perdiendo incluso “la capacidad biológica de reproducirse” por la baja ingesta de calorías y la “depresión tremenda” en que vive. Sutherland reivindica al marxismo como una corriente de pensamiento y un método de análisis y transformación de la realidad que es “perfectamente adaptable al siglo XXI”. Marx, sostiene, era un intelectual “radicalmente heterodoxo y anti dogmático” cuyos postulados fueron desvirtuados por sus intérpretes. El Marx original, el de los manuscritos económicos, el de El Capital, el que los izquierdistas poco han estudiado porque están demasiados ocupados en la praxis política, “es perfectamente compatible con la democracia pluripartidista”, sostiene el economista. En ese sentido, lo que ha dejado el chavismo al mundo y al movimiento obrero mundial es la experiencia “de todo lo que no se debe hacer”. Daño a la izquierda El dirigente del Movimiento por la Democracia y la Inclusión y exmilitante del chavista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Nicmer Evans, considera que el proyecto político encabezado por Nicolás Maduro le ha hecho “un enorme daño” a la izquierda del continente: “Muchos latinoamericanos rechazan hoy a la izquierda como un proyecto político, económico, social y de concepción del Estado, por negación. Eso es porque no quieren ser lo que los chavistas dicen que son: izquierdistas. Son tantos los fracasos acumulados por el chavismo y tanta su capacidad de destrucción de un país, que no quieren ser eso.” Entonces, dice Evans, uno de los grandes retos de quienes, como él, se asumen como “de izquierda”, es plantear “formas distintas para reconstruir a la izquierda en América Latina y particularmente en Venezuela”. Y esa reconstrucción pasa “por demostrar que somos capaces de mejorar y de aprender de los errores” y de ejecutar proyectos de desarrollo social sin afectar la generación de riqueza. El chavismo, dice, acabó con el más alto número de pobres en la historia moderna de Venezuela y “destruyó” el aparato productivo nacional “por mal administrador y por corrupto”. Evans, un politólogo que forma parte del Frente Amplio, la coalición que agrupa a la variopinta oposición venezolana, coincide en que Maduro no es de izquierda: “Cuando un gobernante decide entregar la riqueza nacional a trasnacionales chinas y rusas, persigue y mata a opositores y a comunidades indígenas; cuando destruye el valor del salario y hace que la gente no pueda vivir del salario, sino de una caja de alimentos que le regala a cambio de lealtad política, no es de izquierda. Eso es capitalismo estalinista.” De acuerdo con el vocero del Movimiento por la Democracia y la Inclusión, “asumirse de izquierda y defender a Maduro es estar de espaldas al pueblo venezolano que sufre, y eso, finalmente, no es ser de izquierda, sino cómplice de un régimen opresivo y profundamente reaccionario”. Este reportaje se publicó el 21 de abril de 2019 en la edición 2216 de la revista Proceso

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