La conquista perdida: El español contra las lenguas originarias

viernes, 31 de enero de 2020
Todo pasa por el lenguaje, y el lingüista de El Colegio de México, Luis Fernando Lara, arroja una información desconcertante: “El proceso de adopción del español por parte de los nahuas tomó 200 años”, debido a una fuerte resistencia cultural –en la que participaron enfrentados el clero regular y el secular– antes de comenzar a ser bilingües. De ahí que sitúe en el inicio el papel de la lengua en la Conquista, y por supuesto el de Malinche traductora, porque el grueso del ejército de Cortés no hablaba español. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Malintzin ha sido juzgada a lo largo de la historia como la mujer que traicionó a su pueblo y permitió con ello la Conquista de México. Sin embargo, en el contexto de los 500 años de la llegada de Hernán Cortés a las costas del actual Veracruz y de los procesos que provocaron la caída de Tenochtitlán (13 de agosto de 1521), la figura de la joven –a quien el mismo conquistador admiró y protegió– comienza a ser revalorada. El doctor en Lingüística y Literatura Hispánicas de El Colegio de México (Colmex), donde dirige el proyecto del Diccionario del español de México, Luis Fernando Lara Ramos, le atribuye un papel tan “estratégico” a partir del dominio que tuvo de las lenguas, que sin ella Cortés no hubiera podido organizar a sus aliados tlaxcaltecas. Incluso lanza una pregunta provocadora a los historiadores: Qué tal si al llamar ‘Malintzin’ a Cortés, como Bernal Díaz del Castillo lo consigna, se le estaba diciendo ‘marido de María’ y era a ella a quien los indios reconocían como figura principal. En la biblioteca de El Colegio Nacional (Colnal), al cual pertenece desde el 5 de marzo de 2007, el lingüista nacido el 20 de marzo de 1943 en la Ciudad de México, explica en entrevista con Proceso que las lenguas que se hablaban en aquel momento y las traducciones, fueron decisivas en el desarrollo de los acontecimientos. Sin embargo, el español tardó más de 200 años en ser aprendido por los indígenas, y hasta hoy más de 60 idiomas originarios, y sus variantes persisten y se han constituido en una forma de resistencia cultural. Su punto de partida son los fragmentos de la historia en los cuales el fraile Jerónimo de Aguilar –que había naufragado en Yucatán junto con Gonzalo Guerrero (quien se quedó con los mayas y combatió con ellos a los españoles) y vivido siete años en la región, por lo cual aprendió su lengua– se une al ejército de Cortés. Y, por otro lado, Malintzin, una joven “probablemente noble”, proveniente de un pueblo náhuatl de la región de Tabasco (algunos historiadores señalan que venía de Oluta, un pueblo de Veracruz), hablaba tanto esa lengua como el maya, y es regalada al conquistador en Champotón. La historia de Marina, Malintzin o Malinche aún es controvertida. En el texto “¿Fue traidora la Malinche?”, del libro Mentiras y verdades en la arqueología mexicana, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma cita a Bernal Díaz del Castillo, quien afirma que fue una “gran señora y cacica de pueblos y vasallos” originaria de Painala, cerca de Coatzacoalcos y entregada a Cortés en su paso por Tabasco. Según la reseña que la historiadora Beatriz Lucía Cano Sánchez hace del libro La conquista de la Malinche. La verdad acerca de la mujer que fundó el mestizaje en México, del historiador Luis Barjau, aunque hubiese sido cacica, al ser regalada a Cortés después de la batalla de Centla, ella no podía sino ser esclava. De hecho, pasó a ser en aquel momento propiedad de Alonso Hernández Portocarrero (dimensionantropologica.inah.gob.mx/?p=6821).
El mestizaje
Investigador como es de la lengua, el lenguaje y la comunicación, el filólogo Lara Ramos se deleita sonriente tratando de adivinar cómo pudo ser la relación entre Cortés, Jerónimo de Aguilar y Malintzin, y de ellos tres con los mexicas y su tlatoani Moctezuma: “Imaginemos una pregunta de Cortés a Jerónimo de Aguilar en español, él se la traduce a Malintzin en maya, y ella la traduce del maya al náhuatl. Podría haberse tratado realmente de un teléfono descompuesto –ríe–. Y lo que no podremos saber nunca es qué clase de fórmulas de cortesía se utilizaban. “Sabemos que Cortés venía educado con las formas hacia los reyes de España, y Malintzin debe haber sido educada con las fórmulas hacia los nobles mexicas. No debieron ser iguales, de modo que siempre me he preguntado cómo lo dirían. ¿Cómo se acercaría Malintzin a Moctezuma para transmitirle lo que estaba diciendo Cortés? Esa es una interrogación que no vamos a resolver, necesitaríamos una máquina del tiempo.” El papel de Malintzin se engrandece solo, pues a decir del investigador, los españoles en general no aprendieron alguna de nuestras lenguas, si acaso algunas palabras para actos elementales como pedir comida. En cambio, sí lo hicieron “de manera maravillosamente buena” los misioneros como fray Pedro de Gante, “de quien se dice que fue hermano bastardo de Carlos V, y tenía una educación renacentista”. De Gante, refiere el especialista, llegó primero a Huejotzingo y luego a lo que es hoy la Ciudad de México. Aquí funda la capilla de San José de los Naturales, que fue la primera de la Nueva España, en donde actualmente está la iglesia y los restos del convento de San Francisco en la calle de Madero, a un lado de la Torre Latinoamericana. Al percatarse de la cantidad de imágenes y símbolos que se utilizaban en los códices mexicas, el fraile pretendió escribir un Padre Nuestro “con monitos”. Y otro franciscano, Jacobo de Testera, imitó la idea con los “catecismos ilustrados” o “catecismos testerianos”. Es difícil imaginar su efecto, apunta, porque De Gante ponía un monito como Jesús, otro como un ángel y etcétera, “pero los jeroglíficos no son monitos, tienen un contenido simbólico muy profundo”.  Subraya que durante el siglo XVI sólo los misioneros “se tomaron el trabajo de aprender no sólo náhuatl, sino todas las lenguas de las regiones que iban colonizando. A ellos les debemos trabajos centrales para entender el mundo náhuatl: fray Bernardino de Sahagún con la Historia general de las cosas de la Nueva España; a fray Alonso de Molina con su diccionario español-náhuatl/náhuatl-español y muchos más”. Por su parte, los nahuas tuvieron que aprender sobre todo los nombres de las instituciones políticas y administrativas creadas por los españoles, porque se les impuso ese gobierno, y poco a poco fueron aprendiendo palabras que hoy nos parecen comunes: caballo, yegua, tabaco, que traían los españoles de fuera, de parte de las Antillas, pero “el proceso de adopción del español por parte de los nahuas tomó 200 años. Presentaron una fuerte resistencia antes de comenzar a ser bilingües”. Al mismo tiempo, hubo una confrontación entre el clero secular, los curas enviados por el gobierno, y el clero regular, que eran los franciscanos, dominicos, agustinos, y de otras órdenes, que era más culto e insistió en que toda la gente debería aprender náhuatl y todas las lenguas indígenas. El secular, “aliado de las autoridades”, quería en cambio que se prohibieran las lenguas para forzar a los indígenas a aprender español. Esa situación se mantuvo durante la colonia y, finalmente, los nahuas se volvieron bilingües. Recuerda que fray Juan de Palafox, quien fue primero oidor de México, luego obispo de Puebla y finalmente virrey, hizo un viaje para reconocer su obispado, que comprendía parte de Veracruz y Oaxaca, e iba tomando nota de los sacerdotes que hablaban lenguas indígenas, y la mayor parte de ellos lo hacía. Entonces puntualiza el investigador que la pérdida de las lenguas fue un proceso distinto a la guerra de Conquista: “Se debió al mestizaje. Muy al principio, los mestizos, hijos de español e india, pasaban a formar parte de las casas de los españoles y aprendían el idioma. Seguramente conservaban el náhuatl, pero cuando empezó a crecer la población de mestizos, los españoles ya no los querían tener en sus casas y entonces los echaron. De modo que se produjo una población cada vez más grande de mestizos que no tenía casa, que vagaba, y su lengua de comunicación era el español. A estos mestizos se debe que, poco a poco, se hayan ido perdiendo en este caso el náhuatl y después las otras lenguas. Y es lo que nosotros heredamos.” –¿Entonces el idioma español no se impuso “a sangre y fuego”? –Por el hecho de que establecieron en los dominios indígenas formas políticas e instituciones españolas con las cuales vino la lengua, sí, sin duda fue una imposición, pero también fueron las condiciones sociales del mestizaje, y con ello no estoy acusando a los mestizos de una especie de traidores. No, de ninguna manera: Las condiciones sociales que vivieron los obligaron a aprender el español. Lo mismo pasó con los africanos que llegaban como esclavos, hablaban diversas lenguas africanas y la única manera que tenían de comunicarse entre sí, con los españoles, con los indios y los mestizos, era el español. Entonces se vieron en la obligación de aprenderlo. –Si asimilar el español fue un proceso de 200 años, ¿qué papel tuvo en la Conquista, fue determinante? –Bueno, depende de qué queramos definir como determinante. Si consideramos que toda la estrategia de Cortés se tenía que dar en español, necesariamente fue determinante. Si no la hubiera dado en español no se habrían podido poner de acuerdo, pero no olvidemos que las tropas de Cortés eran mayoritariamente tlaxcaltecas y a ellos se les tenían que dar las órdenes en náhuatl. Ahí el papel de la Malinche.
Hipótesis provocadora
La cuestión es qué tan determinante fue el papel de ella en la caída del imperio mexica. Se le ha juzgado equivocadamente como una traidora. En el texto antes citado, Matos Moctezuma hace hincapié en su origen: Ella no era mexica y por lo tanto no traicionó a ese imperio, perteneció a un grupo sometido por Tenochtitlán y lo que hizo fue “ayudar a su pueblo ante la amenaza que representaba el mexica…”. Lara Ramos afirma que el papel de Marina en la conquista “fue determinante porque ella fue quien tradujo”. Sin afán de reivindicarla por el lado feminista contemporáneo, porque no cabe, se le pregunta si acaso no debe ya ser considerada como una mujer excepcional, pues fue reconocida en su tiempo, hablaba varios idiomas (popoloca, maya chontal, náhuatl y castellano, según Barjau) y logró hacerse de un lugar en el proceso de conquista. El propio Cortés la tuvo en alta estima y no la abandona, la casa con su amigo Juan Jaramillo para dejarla protegida. “Cortés era un hombre muy inteligente. Si lo comparamos con otros conquistadores de América, pienso que era el más inteligente, entonces claro que sabía del papel estratégico que tenía Malintzin para él. En cuanto a ella, sí, he estado leyendo muchos intentos por definir mejor qué mujer era, qué papel tuvo, etcétera. “No me opongo a ellos, pero me gustaría plantear ciertas interrogantes. Primero, a quien los indios le decían Malintzin era a Cortés, no a ella. El nombre, digámosle originario, de ella no lo conocemos. Los españoles simplemente la llamaron María. En náhuatl no hay oposición entre ‘ere’ y ‘ele’, de tal manera que todas las ‘eres’ las pronuncian como ‘ele’. un poco como los japoneses. Entonces empezaron a decirle Malía. Luego le agregaron el ‘tzin’, que es honorifico y de cortesía, para decir Malintzin.  “Pero a quien nombraban así era a Cortés, eso se nota muy bien en la crónica de Bernal Díaz del Castillo, entonces le pongo una pregunta provocadora, porque no sé si los historiadores estén de acuerdo conmigo: ¿Qué tal si le está diciendo Malintzin a Cortés, porque el personaje central era su mujer María? ¡Es ella la que está hablando, no el señor Cortés! Y entonces es como decirle a Cortés “marido de María”. Yo me baso en lo que cuenta Bernal ¿no? Y entonces el papel de Malintzin crecería muchísimo puesto que los indios la estaban reconociendo con esas características. Es una hipótesis.” –¿Entonces diría que la conquista no la hace Cortés sino Marina?  –¡No, sí la hace Cortes! –Por la estrategia militar, pero ¿qué peso tiene la lengua? –Ella tuvo mucho peso, por supuesto, para organizar a los tlaxcaltecas que venían como aliados de Cortés. Al resumir a Barjau, Cano Sánchez destaca que las habilidades en la traducción de Malintzin causaban sorpresa entre indígenas y españoles, y “conforme crecía su poder en el ejército hispano e indígena, no sólo traducía las órdenes de Cortés, sino que se daba el lujo de mandar ciertos movimientos militares”. Más adelante añade: “Cuando se enfrentaba a situaciones inéditas, plenas de ambigüedad y misterio, repetía la voluntad de Cortés y hablaba con la misma certeza y autoridad…” El lingüista dice en la entrevista que los indios comenzaron pronto a aprender el español y destaca un aspecto poco considerado hasta hoy: La mayor parte de los pueblos indígenas son multilingües, los monolingües son los hispanohablantes. Menciona como ejemplo que en la montaña de Guerrero hay personas que hablan náhuatl, tlapaneco, amuzgo (ver recuadro). Si aquí vivían en un territorio multilingüe es fácil imaginar que no les costaba mucho trabajo hablar varias lenguas, entre ellas el español. A medida que se incrementa el número de indios que aprenden la lengua hispana, se les pierde la pista. Por otra parte, menciona a los escribanos de fray Bernardino de Sahagún:  “Lo que hacía Sahagún era interrogar a los sabios mexicas y el resultado de aquel interrogatorio lo transcribían al Códice Florentino. La transcripción la hacían los indios, ellos hablaban náhuatl, y ese pequeño grupo sin duda ya hablaba español. Cuando le digo que se tardaron 200 años en aprenderlo me refiero a la totalidad, no a que haya habido algunos grupitos que rápidamente lo aprendieron.” –¿Tendrían cierto poder los indígenas que sí lo sabían? –Sí, seguramente, como sucede ahora, cualquier indígena en Oaxaca o en Chiapas que habla español adquiere poder sobre los demás, ¿Por qué? Pues porque está hablando la lengua con que se comunica con todo el mundo, eso da poder, necesariamente. –Y a la inversa, tal vez quienes decidieron como forma de resistencia no hablarlo tenían su propio valor. –-¡Por supuesto que tenían su propio valor! No hay que olvidar que el dominio español aprovechó la organización política y social de los propios indios, o sea, ellos no les quitaron el dominio a los caciques, sino que se dieron cuenta de que estaban muy bien estructuradas estas sociedades y que cada altépetl (agua-cerro) tenía su cacique, su tlatoani.  “Entonces adaptaron al tlatoani, le reconocieron todos sus méritos, él recibía los tributos y, claro, los españoles le cobraban el impuesto, pero no habría podido haber conquista si no se hubieran sabido asentar sobre los sistemas políticos de los pueblos indígenas. En donde eso no sucedió fue en los pueblos del norte de América, desde los apaches hacia arriba o con los de Sudamérica, que eran pueblos nómadas, no tenían sistemas políticos muy desarrollados y simplemente los eliminaron, los mataron y ya.” –En el presente, pero con perspectiva histórica y de la revisión de los 500 años, ¿cuál es la fortaleza del español en el mundo globalizado? –El español en su conjunto es la segunda lengua más hablada del mundo después del chino, más que el inglés. Ahora el inglés es la lengua extranjera más hablada en el mundo porque la aprenden los chinos y la aprende todo el mundo y, además, desde finales de la Segunda Guerra Mundial está realizando el comercio, la política, las relaciones internacionales, etcétera. Eso nos coloca a todos los hispanohablantes en una posición secundaria, pero no quiere decir que nuestro español no funcione, por el contrario, es muy pujante, podemos dividirlo en 22 nacionalidades, tenemos una literatura perfectamente creativa, un español popular riquísimo. Donde sí hay dificultades, desde su punto de vista, es en el uso del español en las ciencias, precisamente por la globalización del inglés. Y recuerda que hace años viene haciendo un llamado a los científicos de habla hispana para divulgar sus avances en español, cumplir con el inglés si lo requieren sus necesidades discursivas para la academia, pero hacer una versión al español, para establecer relación con la gente y vaya apoderándose de ese conocimiento: “Siempre he dicho que la ciencia es la avanzada de la cultura y no podemos permitir que se nos corte la cultura. Nos sucedería lo que les pasó a los nahuas, que ya no pudieron seguir desarrollando su propio conocimiento y ahora, lamentablemente, no hay todavía una escuela perfectamente bilingüe en náhuatl. Si uno intenta explicar en náhuatl química ¿cómo le hace?”  Este reportaje se publicó el 26 de enero de 2020 en la edición 2256 de la revista Proceso