Revista Proceso

En Argentina, los enemigos hoy se abrazan

Con Diego Armando Maradona se va un pedazo de la vida de los argentinos. La muerte del Pelusa, tragedia nacional, los ha unido de manera tan profunda que los aficionados de Boca Juniors y de River Plate han olvidado su odio histórico y se funden en abrazos y consuelo mutuo.
sábado, 28 de noviembre de 2020

Con Diego Armando Maradona se va un pedazo de la vida de los argentinos. La muerte del Pelusa, tragedia nacional, los ha unido de manera tan profunda que los aficionados de Boca Juniors y de River Plate han olvidado su odio histórico y se funden en abrazos y consuelo mutuo. Es una escena registrada en Buenos Aires, pero que también se vive en cada rincón de la nación sudamericana. Proceso ha registrado el pulso popular de un país que se ha quedado sin D10S. 

 

Buenos Aires (proceso).– Jueves 26, el centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encuentra atestado de gente, fotografía atípica de la tierra porteña en tiempos de pandemia. La tristeza es colectiva, también lo es la desolación, la incertidumbre de la muerte, el dolor de saber que una persona que se quiere no es eterna: es el funeral de Diego Armando Maradona.

“El Diego de la gente” falleció el día anterior por una descompensación cardiaca, tenía 60 años. Pasado el mediodía la noticia empezó a correr por los medios de comunicación y en las redes sociales. El llanto fue masivo. A los 60 años, el Pelusa, Dios, dejó la tierra para convertirse en una leyenda.

 “No lo puedo creer, sabemos que todos nos vamos a morir, pero esta muerte es muy injusta. El Diego es mi infancia; mi papá me llevó a verlo en Boca en 1995”, llora desconsolado Sebastián Fernández, un joven que se encontró con amigos en el Obelisco, uno de los símbolos bonaerenses, tras enterarse de la muerte de Maradona. Va con una camiseta con el 10, el número de Maradona. Esa indumentaria se repetirá en varios jóvenes en las sucesivas horas de la jornada.

Con Maradona se va un pedazo de vida de los argentinos. En un punto, sus aciertos, errores y polémicas representaban el ADN argentino: talentoso, enérgico, contradictorio.

Se fue el hombre de orígenes humildes, nacido en una villa, que le hizo una jugada al cruel destino que lo esperaba sumido en la pobreza y triunfó a escala mundial.

Adorado y criticado, el hombre del Mundial de México 86, que trajo alegrías y gloria con sus jugadas en los años iniciales de la democracia del país, marcó a fuego a los argentinos.

Maradona trascendió a la cancha: también fue un discurso político, por eso no es casualidad que muchas figuras de América Latina lo hayan recordado: Evo Morales, Luis Inácio Lula Da Silva y Nicolás Maduro, entre otros, evocaron a la figura internacional.

El ariete siempre mostró un discurso contra los poderosos y quiso mostrarse del lado del pueblo, como el de Argentina y el de Nápoles; siempre estuvo del lado de los trabajadores y de los desposeídos, lugares que no le eran ajenos.

Incluso, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, le dedicó una sentida carta que fue publicada en la página oficial de internet del gobierno nacional, para que todos los ciudadanos pudieran apreciarla.

 “La mano de Dios había depositado a un genio del futbol en la Tierra”, comienza la misiva elaborada por la presidencia francesa. El texto describe al campeón del Mundo como un “jugador suntuoso e impredecible” y como un “bailarín en botines, no era un atleta sino un artista que encarnaba la magia del juego”. Para Macron, “el futbol de Maradona no se había visto antes”.

Fragmento del reportaje publicado en la edición 2300 del semanario Proceso cuya versión digital puedes adquirir aquí.

Comentarios