Revista Proceso

Demián Flores: La pintura como sanación

En 25 óleos de intenso colorido, Demián Flores junta pasado y presente en un proceso de identidad a través de una tradición del Istmo de Tehuantepec, la de los estandartes que, a manera de exvotos, la gente agradecida ofrece a los santos.
sábado, 7 de noviembre de 2020

La exposición que el artista juchiteco –discípulo de Francisco Toledo– acaba de abrir en Casa Lamm es un homenaje a la práctica pictórica, explica desde su taller en Xochimilco, donde se mantiene en confinamiento. En 25 óleos de intenso colorido, junta pasado y presente en un proceso de identidad a través de una tradición del Istmo de Tehuantepec, la de los estandartes que, a manera de exvotos, la gente agradecida ofrece a los santos.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La más reciente muestra del juchiteco Demián Flores, discípulo de Francisco Toledo y uno de los artistas que siguen su legado cultural y social, busca elevar el estado de ánimo durante la pandemia.

Las obras, dice, “forman parte de un proceso de sanación”.

Se trata de Estandartes. Lienzos para la memoria, que Casa Lamm abrió en línea el miércoles pasado con 25 obras al óleo en gran formato, inspirada en una tradición de los pueblos del Istmo de Tehuantepec: Son telas que los pobladores mandan a hacer como muestra de gratitud para los santos.

Creador de una vasta obra de gráfica, pintura, dibujo e instalación expuesta en recintos nacionales e internacionales, refirió en entrevista telefónica con Proceso que siendo niño le tocó portar estandartes en las celebraciones de mayordomía en Juchitán. Desde entonces quedó prendado de su significado. Posee una colección personal de unas 30 piezas, base para realizar estos óleos que pueden verse en la galería del centro cultural de Álvaro Obregón 99, colonia Roma.

La idea le vino de años atrás, pero la concretó en los meses de contingencia que ha pasado este año en su taller de Xochimilco (donde también trabajó en julio pasado la carpeta de obra gráfica La nueva normalidad, que creó al lado de su colega Gabriel Macotela para apoyar a grupos vulnerables de la Central de Abasto de la CDMX), explicó:

“Estos estandartes siempre me fascinaron, desde niño. Provengo de una familia de comerciantes, y podría decir que gran parte de mi trabajo se relaciona con esas imágenes que veía, son una extensión de mi imaginario basado en la identidad y la memoria… Son como mis estandartes de ofrenda a San Lucas, el Santo de los Pintores, en agradecimiento a la pintura, podría decir que es un homenaje a la práctica pictórica.”

–Mucho color, mucha vida… ¿tiene que ver con su estado de ánimo?

–Definitivamente. Relaciono el color con un proceso de sanación. Las hice durante la contingencia y creo que en el fondo era porque me quería sentir con vida, elevar el estado del ánimo, que yo creo a todos nos pasó en estos meses buscando hacer cosas para sentirnos con vida. En mi caso entiendo el color como un proceso de sanación y su energía como una forma de relación con el espíritu.

Tras la inauguración de Estandartes. Lienzos para la memoria este miércoles 28, el público podrá visitarla de manera presencial, con cita previa a través de www.casalamm.com.mx; ahí también el público accederá para verla en línea.

–A raíz de la contingencia, parece que hubo una mayor apertura para disfrutar las artes visuales sin que la tecnología fuera una barrera. ¿Fue su caso, dado el formato híbrido de la exposición?

–Es complicado, esta serie partió de la pintura y es un trabajo donde el referente de la pintura es su propio significado. En ese sentido lo que quisiera es que la relación fuera a través de la mirada, porque lo virtual puede enfriar esa relación, pero también es algo en lo que tenemos que reinventarnos como artistas. Mi generación fue de libros, no de internet, pero hay que abrirse a nuevas formas de mirar las cosas.

“Lo virtual ofrece otras posibilidades, como democratizar las imágenes. La muestra, por ejemplo, se podrá ver en todo el mundo, pero bueno, lo presencial es lo presencial.”

El texto introductorio del catálogo corre a cuenta del narrador y poeta zapoteco Víctor Cata, quien apuntó sobre el significado artístico, cultural y divino de los estandartes, pues a su decir en la muestra de Demián Flores también hay un homenaje a los pintores anónimos que sobreviven a ese arte –muy pocos con nombre y apellido, como es el caso de Cándido Carrasco. Se lee:

“Los 25 estandartes que crea Demián Flores revelan tres conceptos de los que hablaba Alfonso Reyes: la mano, el lenguaje y la cultura. La conjunción de esta triada nos muestra realidades; una, la del agradecimiento a la divinidad por la vida rescatada, y la otra, la mano sensible del artista. Los lienzos tienen una narrativa, una estética que puede ser zapoteca, huave, chontal, mixe o zoque, culturas antiguas asentadas en el Istmo de Tehuantepec.

“Los estandartes, tienen un lenguaje; parafraseando lo dicho por Guillermo Bonfil Batalla sobre el patrimonio cultural, estos lienzos son laberintos de significados que nos confrontan con la alta y baja cultura; lo culto e inculto; lo suntuario y lo utilitario; con el autor y el anónimo; con lo masivo y lo exclusivo; con lo oral y lo escrito; con la academia y la escuela de la vida: todo esto se derrumba ante las nuevas perspectivas antropológicas que pregona: todos los humanos tenemos cultura…”

Sobre lo anterior comentó Flores:

“Este texto que acompaña la exposición me pareció bellísimo, está cargado de muchas metáforas, y en eso abreva esta exposición, en el entendimiento de la imagen como palabra. Es curioso, porque estos meses he tratado de buscar una metodología de trabajo de mi proceso creativo leyendo distintos libros, especialmente Estética y marxismo (1970), de Adolfo Sánchez Vázquez, donde hace una recopilación de textos que relacionan al arte con lo social.”

Y es que Flores es también fundador y director del centro de artes visuales La Curtiduría, espacio comunitario que surgió en 2006 en el taller de trabajo del artista, en donde se imparten residencias artísticas, además del Taller Gráfica Actual y programas académicos denominados Clínicas para la Exposición en Arte Contemporáneo (Ceaco); todo ello se suspendió por la contingencia, si bien poco a poco reabrirán mientras el semáforo sanitario lo permita.

–¿Qué ha pasado con La Curtiduría?

–Me enorgullece mucho porque han salido algunos de los jóvenes artistas que están ahora en Oaxaca, está por emerger la séptima generación de las clínicas, que paró sus clases por la pandemia... Y como parte del proyecto pensamos en desplazar las clínicas a otros lugares fuera de la ciudad de Oaxaca, llevarlos a la región de la mixteca quizá a finales de este año o a principios de 2021, específicamente a Huajuapan de León.

–En algunos textos se menciona su nombre como una figura para llenar el espacio que dejó el maestro Toledo.

–¡Es imposible llenar ese espacio! Toledo era un genio, gran artista, promotor cultural. Si hubiera un Toledo en cada estado, ¡qué país tan distinto sería éste! Tuve la fortuna de crecer cobijado en toda esa infraestructura cultural que creó en Oaxaca, mi primera relación con la cultura fue en la Casa de Cultura de Juchitán. Ahí conocí los grabados y la historia de mi pueblo. 

“Aunque provengo de una familia de comerciantes, mi padre también era poeta, y a través de él conocí al maestro Toledo. Recuerdo que se puso muy contento cuando le dije que me decidí por estudiar Artes Visuales en la ENAP, porque todavía en mis años adolescentes era complicado que alguien se decidiera a estudiar artes, como que no lo entendían tanto. El IAGO (Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca) fue mi segunda escuela, así que de alguna forma crecí como artista de la mano del maestro.

“Y sin duda La Curtiduría no hubiera podido existir sin el aliento y el espíritu del maestro, de lo que él me dio y de lo que es necesario para crear sociedades distintas. Es lo que aprendí, así que de alguna manera sigue siendo su trabajo.”

–Un tema central hoy es el de la manifestación del sector cultural contra los recortes, ¿qué piensa?

–Que es triste. Me gustaría que hubiera una relación más empática con el artista, otros mecanismos institucionales, hay cosas que podrían ser más equitativas ante la realidad en la que estamos. Hablando por mi gremio, es difícil exponer, el coleccionismo está parado, y si no tienes una economía de respaldo es difícil hacer tu propio trabajo. En el tema de las becas, que han sido tan criticadas, no creo que sean malas, pero el tema es que tienen que llegar a grupos más amplios.

“Está el caso del proyecto Chapultepec que suena como un buen proyecto, pero no sé si sea para este país en este momento. Soy de los que piensa que habría que posponerlo y ocupar ese dinero ante la emergencia cultural… ojalá se recapacite al respecto.”  

Reportaje publicado el 1 de noviembre en la edición 2296 de la revista Proceso.

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