Revista Proceso

Un estadio en su honor

Maradona en Nápoles fue la encarnación del talento y, a la vez, de los excesos de esa ciudad. El estadio San Paolo, sede del Nápoles –equipo de Primera División–, cambiará de nombre a “Diego Armando Maradona”, confirmó el alcalde de la ciudad, el exmagistrado Luigi de Magistris.
martes, 1 de diciembre de 2020

ROMA (proceso).– Es el jueves 26 y se inicia el luto en Nápoles. Tras un miércoles 25 de shock por la muerte de Diego Armando Maradona, venerado en esta ciudad como un santo, la bulliciosa y habitualmente pantagruélica Nápoles estalla en su honor.

Nadie puede ignorar la funesta noticia. En cada cruce, en cada lugar de la ciudad hay huella de él. “Ad10s”, se lee incluso en un letrero electrónico de una estación del metro de esta ciudad del sur de Italia.

En el céntrico barrio español Quartiere spagnolo, donde está uno de los inmensos murales de Maradona que hay en la ciudad, se amontonan las velas, los improvisados altares y una continua procesión de fanáticos cuyo final se escapa a la vista.

Similar escena se repite en la zona del estadio San Paolo. El inmueble, sede del Nápoles –equipo de Primera División–, cambiará de nombre a “Diego Armando Maradona”, confirmó el alcalde de la ciudad, el exmagistrado Luigi de Magistris.

En este coliseo del futbol en el que el Pelusa jugó de 1984 a 1991 también hay flores, bufandas, peluches y decenas de mensajes escritos a mano que van dejando niños, adolescentes y adultos. Los canales locales de televisión reportan constantemente cada detalle sobre el deceso del astro argentino.

“Necesitamos tiempo para llorar”, responde el portavoz del club napolitano, Nicola Lombardo, en un mensaje enviado a esta periodista.

“Es algo incomprensible para quienes no son de aquí. Esta es una ciudad muy desafortunada y difícil, una ciudad empobrecida que siempre ha sufrido mucho y él (Diego) nos llevó a lo más alto del futbol, nos colocó en el mapa; fue un héroe que nos devolvió el orgullo”, cuenta a su vez el periodista Carlo Tarallo.

“Nápoles era la capital del futbol en esos años con él. Maradona siempre ha sido un personaje que parecía hecho a la medida para esta histriónica ciudad italiana, la más latinoamericana de Italia, con todas sus contradicciones”, agrega.

Espejo de la ciudad

Maradona en Nápoles fue, en efecto, la encarnación del talento y, a la vez, de los excesos de esta ciudad. Fue el líder y genio que llevó al equipo local a conquistar sus dos únicas copas nacionales, una copa de la UEFA y una Copa de Italia, pero también fue el controvertido jugador que se hundía en la cocaína, el alcohol y en las fiestas con prostitutas; ha sido un descenso al infierno que todavía inmortaliza una infeliz fotografía suya en un jacuzzi con el mafioso Carmine Giuliano.

Una mancha que, sin embargo, muchos de sus aficionados le perdonaron con el paso de los años; el astro argentino conservó la veneración de los napolitanos hasta el punto de convertirlo en esa especie de Dios con pies de barro.

Maradona era una suerte de santo terrenal; en Nápoles rivalizó con San Genaro –el de la sangre licuada–, tanto que centenares de napolitanos bautizaron en ese entonces a sus hijos con el nombre del hoy difunto futbolista: Diego. 

¿Por qué esta adoración tan lejos de Argentina? Una respuesta la daba en estos días Salvatore Esposito, actor de la exitosa serie Gomorra, quien explicaba cómo Maradona se convirtió en el tipo que encarnó el paradigma del norte contra el sur. “Para nosotros, jóvenes que crecimos en las difíciles periferias napolitanas, fue el más grande jugador de todos los tiempos. Crecimos viéndolo jugar. Era una alternativa para evitar acabar en la calle, era un ejemplo que venía de abajo”.

Para el ministro italiano de Deportes, Vincenzo Spadafora, el Diez era más que un campeón, “era un genio, una estrella. Representó una época imposible de repetir para los sueños y las esperanzas de mi ciudad”.

Dos días de luto

La llegada de Maradona a Nápoles no ocurrió en un momento cualquiera, sino en una época muy difícil para esta atormentada ciudad. Esto es la Campania de los años ochenta, la de las salvajes guerras de la Camorra, el cártel que azota a esta región.

Se trata de una época en la que sus habitantes padecieron el terrible terremoto de Irpinia de 1980, en el que centenares de personas lo perdieron todo y cuya interminable reconstrucción había precisamente evidenciado la cruel desigualdad entre las regiones del rico e industrializado norte y las del empobrecido sur de Italia.

En ese contexto es que ahora excompañeros y exrivales del argentino en el campo no perdieron la ocasión para despedirlo.

“Era un dios, pero también muy humano. Si te equivocabas y quería decírtelo, lo hacía cuando ya no había nadie en el vestuario”, fue el recuerdo del futbolista Ciro Ferrara, uno de sus mejores amigos de la época y vecino del argentino en el barrio napolitano de Posillipo.

“Estoy destrozado, lloré mucho”, dijo Corrado Ferlaino, el antiguo presidente del Napoli, quien en 1984 le pagó al Barcelona 13.5 millones de liras (unos 7 millones de euros actuales) para hacerse de los servicios del ariete sudamericano, una cifra nunca antes desembolsada por el equipo local para comprar un jugador.

“Querido amigo mío, jugaremos todavía muchos partidos y sé que nos harás gol, como siempre has hecho”, escribió en las redes sociales Walter Zenga, exportero del rival Inter de Milán y de la selección italiana. “Ha sido un honor jugar contigo, tenías un corazón grande”, afirmó Franco Baresi, exdefensa del Milán y del conjunto nacional de Italia. “Lo defenderé hasta el final. Era un hombre bueno”, salió a decir Cristiana Sinagra, madre de un hijo que por mucho tiempo Maradona no reconoció.

Ni el Papa –argentino como Diego– y el propio Vaticano quisieron quedarse atrás. Francisco recuerda “con afecto” las ocasiones de encuentro de los últimos años, “y lo recuerda en la oración”, transmitió su portavoz, Matteo Bruni.

“Un extraordinario futbolista, pero también un hombre frágil, con una vida marcada en varias ocasiones por el flagelo de las drogas”, escribió, por su parte, Vatican News, la página de internet del departamento de Comunicación del Vaticano.

A su vez, la ciudad de Nápoles declaró dos días de luto y la población se fundió en un largo aplauso en su honor en la noche del jueves 26.

“¡Oh mamma, mamma, mamma, oh mamma, mamma, mamma, sai, perché, me batte el corazón, ho visto Maradona, ho visto Maradona, eh, mammá, innamorato son!”. Con esta letra, considerada el himno de Maradona en Nápoles, centenares de fanáticos napolitanos lo homenajearon en barrios y frente al estadio que se llamará Diego Armando Maradona. Los tifosi saltaron, lanzaron bengalas y se amontonaron desafiando las medidas sanitarias impuestas por las autoridades nacionales para esta zona considerada roja, por ser una de las de mayor número de contagios de covid-19. 

Este texto se publicó en la edición 2300 del semanario Proceso, cuya versión digital puedes adquirir aquí.

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