Chapultepec

Graciela de la Torre: en Chapultepec, nadie sabe nada

Con interrogantes en cuanto a la planeación, proyección, financiamiento, objetivo y el sentido de los nuevos recintos para el Proyecto Chapultepec, la historiadora Graciela de la Torre cuestiona también en lo general la política pública de la 4T.
sábado, 26 de diciembre de 2020

Con todas las interrogantes posibles en cuanto a la planeación, proyección, financiamiento, objetivo y el sentido de los nuevos recintos para el arte que se anuncian para el Proyecto Chapultepec, la historiadora y exdirectora del Museo Universitario de Artes y Ciencias cuestiona también en lo general la política pública de la 4T. A la vez, exalta el trabajo de la UNAM en tiempos de crisis por la pandemia y en la búsqueda de una redefinición de la cultura post covid-19.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En marzo pasado, Graciela de la Torre asumió la dirección de la naciente cátedra internacional Inés Amor en Gestión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), un espacio para la reflexión de los impactos de la contingencia en la cultura y el debate de propuestas, estrategias y nuevos modelos para salir de la crisis derivada de ella.

A partir de lo que se ha expuesto en los diversos foros de la cátedra y de su experiencia al frente de instituciones, como los museos Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) –del cual fue creadora–, el Nacional de Arte (Munal) y Nacional de San Carlos, entre otras, ofrece su visión sobre la política cultural del gobierno de la autonombrada Cuarta Transformación.

A su entender, no se está transformando la cultura ni hay una cultura transformadora. Ni siquiera se cuenta con los diagnósticos que sustenten acciones como la desaparición a tabla rasa de los fideicomisos de ciencia y cultura, o el Proyecto Chapultepec –al cual considera la antítesis de la cogobernanza–, no se alienta la filantropía ni la participación social, sino el clientelismo y la discrecionalidad en los apoyos.

En entrevista telefónica con Proceso, pone acento en el Proyecto Chapultepec: Naturaleza y Cultura, encabezado por el artista Gabriel Orozco, y señala dos aspectos preocupantes: la creación de la Bodega Nacional y la falta de una proyección financiera, pues si la hay no la han dado a conocer. De hecho, ella solicitó datos a través del área de Transparencia de la Secretaría de Cultura, pero la respuesta ha sido evasiva.

“Estos dos asuntos me preocupan enormemente: la bodega concentradora puede significar una pérdida, un acto criminal, es peligrosísimo en un país como el nuestro. Y no saber cuánto va a costar, cuál es el techo financiero de la puesta en marcha, el mantenimiento, la operación de todo el sector cultural que está en este proyecto. Además de que, como digo, es la antítesis de lo que la cogobernanza exige en la actualidad y de cómo no debe ejercerse el poder.”

En los tiempos actuales, dice, ya no caben los modelos autoritarios, e imponer el Proyecto Chapultepec es, en su opinión, un acto de “prepotencia, de exclusión, por no decir discriminación, donde se subordinan la voz y los deseos del sector cultural a unas decisiones jerárquicas de poder y se nos está imponiendo un modelo centralista de cultura”.

Añade que se está invisibilizando a la comunidad cultural, no se le escucha, no hay diálogo y, por lo tanto, no hay consenso, cuando deberían ser decisiones participativas.

Una muestra, se ha repetido, es el Pabellón Contemporáneo de Arte, criticado por considerarse una propuesta “unipersonal” de Orozco e innecesaria, pues –según sus cifras– ya hay alrededor de 40 espacios dedicados al arte contemporáneo en el país, y por lo menos la mitad están en la Ciudad de México. Además, va en detrimento de los presupuestos para los museos del país. El artista ha declarado que sería como el conocido Palais de Tokio, de París, Francia.

Pero no, asienta De la Torre, y cuenta que ese proyecto fue un proceso de creación “ejemplar”. Cita un libro, editado por el propio museo, donde se rememora la colaboración de diseñadores, curadores, arquitectos y otros profesionales para evitar precisamente que “fuese producto de un dogma”, el planteamiento de una teoría que no fuera resultado de encuentros y no resolviera preguntas y problemas específicos.

Le parece, pues, inaudito que no se tenga hasta este momento un diagnóstico y un plan estratégico, pero prefiere ya no abundar en este punto señalado hasta el cansancio por distintos críticos. Más bien aborda el tema de la bodega y los gastos de operación.

Barril sin fondo

Hace ver que concentrar el patrimonio en una bodega podría ser “un acto criminal” si no se cuenta con las condiciones idóneas de conservación, seguridad, control, administración de colecciones, etcétera. Recuerda la pérdida de buena parte de la historia cinematográfica del país durante el incendio del 25 de marzo de 1982 en la Cineteca Nacional, y el del 2 de septiembre de 2018 en el Museo Nacional de Brasil, que conmocionó al mundo.

Lamenta que, como otras propuestas del proyecto global Chapultepec: Naturaleza y Cultura, la bodega “esté en la total opacidad”, lo cual considera más grave que la poca información que se ha proporcionado sobre otros espacios, como el Pabellón de la Defensa Nacional o la Casa de la Cultura Política, por ejemplo:

“No sabemos en qué condiciones va a estar ahí el patrimonio, si sólo va a ser el del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes), si será el patrimonio histórico de Antropología (Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH), si el de los museos del interior de Chapultepec…”

E hilvana más dudas:

“Cuáles van a ser las condiciones de administración de estas colecciones, cómo se va a subsanar la pérdida de historia de los acervos.”

Sobre este aspecto abunda que los acervos se han ido formando en paralelo a las instituciones que los albergan, como en el caso del San Carlos, el Munal o el Museo de Arte Moderno, y tienen un ­vínculo; si éste se rompe, ¿cómo se van a subsanar esos vacíos históricos?

Y se pregunta: ¿Por qué se requiere una bodega nacional si los acervos visuales y documentales ni siquiera han tenido un gran incremento?

Por el contrario, dice, una de las demandas actuales es que, en lugar de hacer el Pabellón Contemporáneo o esta bodega, se destinen los recursos al enriquecimiento de las colecciones ya existentes, como propuso la curadora Paula Duarte en estas páginas (Proceso, 2296).

Recuerda un solo depósito concentrador de arte en el mundo: el Depot Boijmans Van Beuningen, ubicado en Rotterdam, Holanda. Pero ahí, destaca, se invirtieron 90 millones de euros, de los cuales 35, fueron donaciones; 55, son de un préstamo bancario, y el resto se obtuvo mediante una campaña para levantar fondos:

“No cayó sobre el presupuesto público, aquí no sabemos ni cuánto va a costar, quién la está diseñando, qué condiciones de seguridad tiene.”

Y suponiendo que la bodega concentradora tuviera las condiciones óptimas de conservación de los acervos, advierte que el patrimonio podría perderse por un descuido, un acto vandálico e incluso uno terrorista.

De la Torre solicitó a través de las respectivas unidades de Transparencia de la Secretaría de Cultura (SC) y del INBA, información sobre el proyecto arquitectónico, costo de construcción, equipamiento y puesta en marcha tanto del trabajo en el Complejo Cultural Los Pinos, como en el Proyecto Chapultepec. ¿Resultado?:

El instituto le respondió que la solicitud tendría que dirigirse a la secretaría, pese a que la subdirectora de Patrimonio del instituto, Dolores Martínez Orralde, informó a Proceso (No. 2296) que tanto el pabellón como la bodega serán espacios administrados por el INBA.

En tanto, el arquitecto Homero Fernández, coordinador del Complejo Cultural Los Pinos y desde hace unos meses del Complejo Cultural Bosque de Chapultepec, contestó por parte de la SC que en agosto pasado se presentó el plan maestro y sugirió visitar la página www.chapultepec.cultura.gob.mx, donde apenas se esboza en un párrafo cada propuesta individual.

Sin embargo, cabe señalar que Gabriel Orozco, quien se ha quejado de que en los medios hay “desinformación” e “infodemia”, admitió en entrevista con este semanario que tal presentación en realidad no existió sino que fue un “acto simbólico”, mientras Fernández, también en entrevista, afirmó que no hay un plan maestro, sino que se está trabajando en un plan “conceptual” (Proceso, 2297).

Por su parte los creadores y colectivos interesados en el proyecto se han quejado de que las instituciones culturales ofrecen información confusa, contradictoria e incompleta.

De la Torre indica que la crítica ha puesto acento en la imprudencia e impertinencia de destinar recursos para la creación de las obras de infraestructura y el proyecto Chapultepec en general, en medio de la crisis. Ella agrega más cuestionamientos:

¿Cuántos museos serán?, ¿quiénes lo está decidiendo?, ¿cuál es su misión?, ¿cuál será su estatus legal?, ¿ya se proyectaron financieramente?, ¿cuánto va a costar la puesta en marcha?, ¿de qué tamaño va a ser la nómina?, ¿cuánto se va a pagar a los funcionarios?, ¿van a estar sujetos a la Ley de Servidores Públicos?, ¿se les pagará igual a los trabajadores de la cultura?, ¿a qué dependencia se van a inscribir?, ¿cuál será el costo del funcionamiento anual de estas instituciones?

“De esto nadie habla y va a ser un barril sin fondo que estará sobre el sector cultural. Me preocupa mucho no saber cuál es el techo financiero de la puesta en marcha, la operación y el mantenimiento de todo el sector cultural que está en este proyecto.”

Filantropía, no negocio

Cuando De la Torre planteó la creación del MUAC fue también un asunto polémico, por lo cual se le pregunta si entonces contó con un diagnóstico para identificar a qué carencias o problemas daría respuesta. Indica que en el plan maestro del Centro Cultural Universitario se habló desde un principio de crear un espacio para la exhibición de arte.

El museo se planeó durante tres años, explica, y participó en el proyecto un cuerpo colegiado de historiadores de arte, museólogos, museógrafos, comunicadores e incluso psicólogos para definir la misión, y se hizo un programa de necesidades para el arquitecto (Teodoro González de León) y una proyección financiera de cuánto iba a costar:

“Así es como se hacen las cosas, hay un plan. Nunca fue una decisión unipersonal, jamás.”

En cambio, aquí en el Proyecto Chapultepec, enfatiza, “tenemos una decisión curatorial personal, si es de otra manera no nos lo han comunicado”. Y vuelve a interrogar:

“No entiendo cómo van a empezar un proyecto si no existe todo lo previo que estoy platicando, y he puesto el ejemplo del Palais de Tokio. Aquí no hay consenso.”

Se le pide su opinión sobre la política cultural en artes visuales y museos del gobierno federal. Antes que nada, lamenta que sus colegas en el INBA, en quienes reconoce talento y compromiso, trabajen en una situación tan complicada por falta de recursos. Y no se refiere sólo a los provenientes del erario. Explica:

“No hay aliento a la filantropía, están atados de manos, no pueden generar recursos y tampoco tienen la posibilidad de disponer de los autogenerados… No es cuestión de profesionalismo, son las circunstancias.”

E insiste en la falta de diagnósticos sobre las condiciones en las que operan los museos de la capital, para señalar que la situación es peor para los del resto de la República. Refiere entonces que la UNAM hizo con IBM un diagnóstico sobre la situación de los museos, recién cerrados por la pandemia, y ahora se carece de uno sobre cómo están abriendo, y sin él no se puede hacer un plan.

La UNAM ha hecho ya varios estudios, el primero de ellos Para salir de terapia intensiva. Estrategias para el sector cultural hacia el futuro, también el Estudio de opinión para conocer el impacto del covid-19 en las personas que trabajan en el sector cultural de México, y ha organizado distintos foros con el título El sector cultural tras la pandemia: reflexiones críticas, todos disponibles en https://cultura.unam.mx/DiagnosticoCultural.

Asegura que los foros ofrecen una visión muy crítica. Se han realizado sobre diversos temas: los museos, la cadena de valor del libro, medios audiovisuales, artes escénicas y performativas, cuya parte final se llama Aprendiendo del virus, redefinición de la cultura post covid-19.

Dice entonces que la cultura debe cambiar, necesita de “una cirugía mayor” pues no se cuenta con una ley de museos ni sobre mecenazgo, hay que revisar la ley del libro, la de protección al patrimonio… Pero en el sector cultura, no hay “transformación”

–¿No hay proyecto en la 4T?

–Sí, sí tiene propuestas, una de ellas es el pabellón y Chapultepec, el apoyo a las culturas originales.

Ironiza:

“Y tienen reglas muy claras, clarísimas, como los apoyos directos, es una regla, por eso han desaparecido varias instancias… Tampoco se alienta la filantropía. Esas son las políticas.”

–Se eliminaron fideicomisos por el tema de la corrupción.

–Porque no hay diagnóstico, si lo hubiesen tenido verían qué se tiene que eliminar y qué no. Entonces aquí hay una cosa muy clientelar, cuando tú tienes los apoyos directos estás atenido a decisiones discrecionales.

Recientemente, en su participación en la mesa de análisis “Balance desde la ciencia y la cultura” del Seminario Patrimonio Cultural: Antropología, Historia y Legislación, organizada por el INAH, el poeta David Huerta recomendó el diagnóstico de la UNAM. Se le pregunta a De la Torre si hay interlocución con la Secretaría de Cultura para su materialización en políticas públicas.

“Sí –refiere– hay interlocución, pero no puedo responder por ellos si están considerando los diagnósticos en sus acciones y planteamientos.”

Y añade:

“Nosotros somos una voz crítica y de autocrítica sobre los problemas que se presentan en la cátedra, que son sobre la contingencia ciudadana, y eso no está contemplado en la actual administración ni la autocrítica y menos la crítica, así que pues no, no empatamos en los propósitos.”

La UNAM no sólo se adelantó en estos diagnósticos a la SC, también ha dado otros pasos antes, por ejemplo, en la promoción del idioma español en el extranjero en conjunción con el Instituto Cervantes de España y otros de América, cuando la Secretaría de Relaciones Exteriores apenas firmó un convenio de colaboración en ese sentido, hace un par de semanas.

Ante este contraste entre la política cultural de la universidad y la del gobierno federal, afirma la historiadora del arte:

“La universidad tiene muy claro a dónde va en términos de políticas culturales. Hay un ámbito de absoluta libertad, de apoyo a la creación, de respeto al trabajador de la cultura. Entonces creo que la línea es muy clara.”

La propuesta de los museos, sigue, va mucho más allá de recorridos virtuales. Y la universidad se está preparando, con base en sus diagnósticos, para enfrentar la nueva era de la humanidad post covid-19. Seguirá con sus foros y diagnósticos para medir indicadores de sostenibilidad para el futuro, saber cómo serán los nuevos públicos, el lenguaje artístico.

“No sabemos cuándo va a llevar la nueva era, pero desde marzo hemos cambiado tremendamente con nuestros públicos y nuestra manera de ejercer la gestión cultural. Estamos en busca de nuevos paradigmas.”

–¿Cómo le están haciendo? En el sector oficial se habla de los recortes presupuestales, pero la universidad también los enfrenta.

–Claro, pero la universidad alienta la filantropía, la corresponsabilidad con la sociedad civil organizada. Actualmente, no podemos pensar en sostener nuestras instituciones únicamente con los presupuestos oficiales, tenemos que autogenerar recursos y aliarnos con organizaciones e individuos que se corresponsabilicen del sostenimiento de nuestras instituciones culturales.

Ése es el camino que están siguiendo muchas instancias culturales en el mundo, apunta. Y aquí el Estado mexicano está haciendo lo contrario totalmente.

–¿Le está cerrando las puerta a la participación privada?

–Sí, absolutamente, 100%, no hay ningún dialogo productivo para hacerla corresponsable de la gestión cultural.

Se le comenta que, en una de las ­reuniones con colectivos culturales para hablar sobre Chapultepec, se dijo que la directora del INBA, Lucina Jiménez, planteó que habría para el financiamiento del proyecto un esquema de asociación público-privada (Proceso, 2292). Así se hizo el Museo Barroco de Puebla.

Advierte De la Torre al concluir:

“Eso no es filantropía ni hacer corresponsable a un patronato o asociación, no se trata de entregar un negocio con parte de las ganancias.”

Este reportaje forma parte del número 2303 de la edición impresa de Proceso, publicado el 20 de diciembre de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí

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