Coronavirus

Infundado optimismo en torno a la vacuna

Un estudio considera que las 10 mil camas máximas de ocupación hospitalaria que existen en la Ciudad de México y su zona conurbada podrían quedar rebasadas en 50% por los contagios que se han registrado durante diciembre.
lunes, 28 de diciembre de 2020

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La llegada a México del primer embarque con 3 mil dosis de una vacuna contra el covid-19 coincidió con el repunte de contagios de la enfermedad que una noche antes sumó 12 mil nuevos contagios.

Según la Secretaría de Salud federal, al martes 22 se habían contabilizado 3 millones 386 mil 195 personas contagiadas en nuestro país, cantidad que se va a incrementar durante las próximas dos semanas, de acuerdo con los reportes epidemiológicos oficiales.

Sin embargo, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, calificó la llegada del primer embarque de la vacuna elaborada por Pfizer como “el principio del fin de la pandemia”, un optimismo que fue rápidamente refutado por un estudio del Centro de Investigación y Docencia Económicas y de la Universidad de Stanford, que prevé el colapso de los hospitales en el Valle de México a mediados de enero.

Dicho estudio considera que las 10 mil camas máximas de ocupación hospitalaria que existen en la Ciudad de México y su zona conurbada podría quedar rebasadas en 50% por los contagios que se han registrado durante diciembre, pese a que ya se decretó la suspensión de actividades no esenciales en todo el Valle de México.

Las cifras oficiales tampoco son alentadoras. El Sistema de Información de la Red Irag, que contabiliza las camas disponibles para enfermos de covid-19, reportaba el 23 de octubre un total de 467 unidades médicas que reportan una ocupación hospitalaria mayor a 70%, de las cuales 226 corresponden a hospitalización general, 138 a unidades que tienen camas equipadas con ventilador y 103 a unidades médicas con cuidados intensivos para pacientes intubados.

En total hay 60 hospitales públicos y privados que tienen disponibilidad de camas para la atención de enfermos de covid-19 en el país, la mayoría de los cuales se ubican en la Ciudad de México, el Estado de México, Baja California, la zona metropolitana de Monterrey, Guanajuato y San Luis Potosí. 

El contraste también se da con las cifras acumuladas de decesos que ha provocado el virus SARS-CoV-2 entre la población mexicana: al martes 22 México sumaba 119 mil 495 personas fallecidas a consecuencia del coronavirus.

Además, el comportamiento del exceso de mortalidad en el país también refleja un crecimiento de 31% en el número de muertes estimadas en México, de acuerdo con la propia Secretaría de Salud federal.

Hasta la semana epidemiológica 47, que va del 15 al 19 de noviembre, la mortalidad acumulada en el país era de 889 mil 988 defunciones observadas, mientras que el promedio de la mortalidad acumulada entre 2015 y 2018 fue de 635 mil 364 fallecimientos, es decir, que el exceso de mortalidad en 2020 era ya de 254 mil 624 personas hasta hace un mes.

De esa cifra, menos de la mitad fueron decesos confirmados por covid-19: hasta el 19 de noviembre pasado de esas 254 mil muertes, 100 mil 588 fueron reportadas directamente como consecuencia de infecciones del nuevo coronavirus. 

 

Déficit de personal y presupuesto

 

Un documento del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), órgano en el que convergen investigadores de los distintos institutos de salud del gobierno federal, contiene una de las primeras autocríticas a la respuesta que la Secretaría de Salud federal le ha dado a la emergencia sanitaria por la pandemia.

Producto de un seminario entre investigadores del sistema de salud pública, el documento Nota conceptual. Reflexiones sobre la respuesta de México ante la pandemia de covid-19 y sugerencias para enfrentar los próximos retos reconoce que la situación sanitaria del país se ha agravado por la fragmentación del sistema de salud y la transición iniciada por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador para desaparecer el Seguro Popular y formar el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar. 

“La pandemia llegó a México durante un proceso de transición en el sistema de salud, emprendido por la nueva administración federal, la cual contempla el desarrollo de un nuevo modelo de atención primaria; sin embargo (…) este proceso aún no se ha concretado, lo que se traduce en un factor adicional que ha dificultado la respuesta del sistema a la emergencia sanitaria”, destaca el documento del INSP.

La nota conceptual reconoce la existencia de otros problemas del sistema de salud mexicano, como las carencias de infraestructura, la falta de disponibilidad de recursos humanos calificados para atender hospitales y la fragmentación de todo el sistema sanitario que impedía la colaboración entre instituciones como el IMSS y el ISSSTE, organismos que atendían hasta 42% de la población mexicana antes de la epidemia.

Además se reconoce que hay una gran desigualdad entre los servicios médicos que funcionan en las 32 entidades federativas del país, por lo que hay 15 estados que sufren un grave déficit de personal médico y de enfermería para atender a su población.

El análisis apunta que la densidad de personal sanitario por cada mil habitantes “está muy por debajo del límite recomendado, con un déficit de alrededor de 60 mil médicos y enfermeras” en entidades críticas, con lo que es casi imposible dar seguimiento epidemiológico a las personas contagiadas por covid-19 y tener un sistema de detección temprana para casos graves de la enfermedad.

“Debe reconocerse que la insuficiencia crónica de personal de salud dificulta la vigilancia de la evolución de pacientes diagnosticados en tratamiento ambulatorio, para identificar signos de alarma. Un elemento de particular importancia ha sido la falta de un sistema de vigilancia efectivo, vinculado a la atención primaria; en particular, la carencia de un programa para la identificación temprana de casos y el rastreo de contactos”, justifica el análisis.

También se pone en evidencia que el sistema de vigilancia epidemiológica que en 2009 se implementó para atender la epidemia de influenza AH1N1 fue perdiendo presupuesto a partir de ese año, disminución que también es responsabilidad del gobierno de López Obrador.

“A partir de 2009, cuando el presupuesto para la vigilancia epidemiológica era de mil 354 millones de pesos, los recursos para la vigilancia disminuyeron paulatinamente hasta 2020, cuando el presupuesto aprobado fue de 533 mdp, es decir, la pandemia llegó a un país con gran debilidad en sus sistemas de vigilancia”, atestigua el análisis del INSP.

Por último, la nota conceptual del INSP reconoce que al principio de la epidemia México sólo tenía capacidad para procesar 21 mil muestras semanales para la detección del nuevo coronavirus, por lo que se tuvo que reforzar la capacidad diagnóstica de la red de laboratorios con fines epidemiológicos. 

“En los primeros meses de covid-19 los laboratorios tuvieron que ampliar sus recursos humanos, equipamiento, insumos y reactivos para poder enfrentar la escasez mundial y los complejos procesos de compra de insumos; este esfuerzo permitió alcanzar una capacidad de hasta 100 mil pruebas semanales en el sistema público”, concluye el estudio.  

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