Revista Proceso

Tepetitán, el pueblo en el que nació AMLO: Donde el río es el patio de las casas

En Tepetitán hay miedo, los pobladores andan en las calles, atentos al río, que es el patio trasero de muchas casas, como la de los abuelos del presidente López Obrador, donde nació. Hoy está vacía y se observa un busto en su honor denominado “El rostro de la esperanza”. 
viernes, 4 de diciembre de 2020

TEPETITÁN, MACUSPANA, TAB.– A la orilla del río Puxcatán está Macuspana, cuyas calles huelen a drenaje pues la crecida del afluente devolvió los detritus a los habitantes por sus cloacas; algunas son intransitables por las inundaciones; otras, por los costales de arena que las bloquean por doquier. 

Y en las vialidades de esta localidad, por las que transitó y creció durante su infancia y juventud Andrés Manuel López Obrador, todas las escuelas están habilitadas como albergues, iglesias y otros inmuebles del gobierno municipal y del estatal. 

El Ejército y la Guardia Nacional se afanan en llevar comida a damnificados por la inundación, la mayoría vecinos de la colonia El Castaño, ubicado en la periferia urbana, junto al río Puxcatán, saliendo de Macuspana, en una carretera estatal llena de baches y tramos en reparación.

Alguna vez este entorno fue selva; ahora es potrero en ambos lados del camino, rodeado de pantanos. Los caballos y las vacas buscan los pocos espacios de tierra firme para pastar. 

Para llegar al pueblo de Tepetitán desde Macuspana se deben recorrer 37 kilómetros por comunidades como Aquiles Serdán, Límbano Blandín, entre otras. Ahí, en ese pueblo en medio de dos ríos, habitan 3 mil habitantes.

Cuando el presidente López Obrador dice que no va “a su tierra”, sino que va “a su agua”, dice la verdad. Acá todo es agua. 

Antes de entrar al pequeño pueblo hay un río que lleva el mismo nombre de esta comunidad. Sobre él hay dos puentes: uno ya fue superado por la crecida del río, el otro está a punto de anegarse.

Los pobladores están en alerta porque el río de la Sierra –llamado en otros tramos arriba río Tulijá–, el otro afluente que rodea al pueblo, ha subido de nivel los últimos días. 

En Tepetitán, don Candelario Ramos Santiago es el líder de una de las 22 cooperativas pesqueras que existen en la ribera de Macuspana. Dice que en los meros días críticos el agua entró a todas las casas. 

El río se llevó tres lanchas de los pescadores, una de ellas con todo y motor, así como redes para pescar y congeladores. Los ganaderos perdieron varias reses.

En su vida, dice, nunca había pasado una situación así de crítica, y se queja porque no ha recibido ninguna ayuda del gobierno. Luego suelta la frase que han pronunciado innumerables agricultores, ganaderos y empresarios de Tabasco y de Tepetitán: la crisis apenas viene.

En Tepetitán hay miedo, los pobladores andan en las calles, atentos al río, que es el patio trasero de muchas casas, como la de los abuelos de Andrés Manuel, donde nació. Hoy está vacía y se observa un busto en su honor denominado “El rostro de la esperanza”. 

A empezar de nuevo

Doña Nilvia Robles Reyes está ahora en el albergue habilitado en la escuela primaria Marcos E. Becerra de Tepetitán, justo frente al pintoresco panteón de este pueblo ribereño. 

Acá donde los pescadores llevan más un mes sin pescar, las otras fuentes de trabajo de las mujeres, como hacer tortillas y totoposte, también han quedado obstruidas por las inundaciones.

Además de esta primaria, están habilitados como albergue el kínder, la secundaria y la escuela preparatoria. Unas mil 400 personas duermen y comen acá desde hace cuatro semanas. 

 Los que quedan en el pueblo siempre están con el alma en vilo, pues el sistema de alerta de Protección Civil tabasqueño a cada rato les pide evacuar sus casas y refugiarse en los albergues. 

Doña Nilvia dice que ella no tiene memoria de otro suceso así, pero sus abuelos le cuentan que hace más de 80 o 100 años pasó algo similar. 

Aunque tienen la comida segura en el albergue, se queja de es incómodo vivir así. 

 El presidente llegó a visitarlos y les dijo que llegará la ayuda para reponer algunos de sus enseres perdidos, por lo que esperan que baje el riesgo para regresar a sus casas.

Agradece la solidaridad de la sociedad civil, la ayuda humanitaria que llega de otras ciudades y estados. Pero lo más importante es que los originarios de este lugar que han migrado y les ha ido mejor regresan a dejar víveres y ropa para los damnificados. 

Aunque se mantiene el peligro de la crecida del río, algunos de los pobladores siguen su rutina en una aparente normalidad, trabajando en la remodelación del parque. Otros remodelan una casa que será el “Banco del Bienestar”. Junto a ella, otros albañiles remodelan una casa de color marrón; es la de López Obrador; ahí vivió su niñez, Justo frente al río. 

Los pobladores tienen la esperanza de que, con él como presidente de la República, le vaya mejor al pueblo y lleguen todos los apoyos.  

Este texto se publicó en la edición 2300 del semanario Proceso, cuya versión digital puedes adquirir aquí. 

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