Los medios impresos alemanes buscan su propia 'vacuna”

domingo, 14 de junio de 2020
La prensa alemana, como otros sectores golpeados por la pandemia, lucha por sobrevivir; la crisis sanitaria y económica causada por el covid-19 amenaza su existencia. La trascendencia del asunto no se reduce al apoyo que los medios de comunicación puedan recibir del Estado, tiene que ver con garantizarle a la población el derecho a la información en tiempos de incertidumbre... Y para cumplir con esa garantía, la solución, quizás, esté en los contenidos de pago y suscripciones digitales. A continuación, el debate. BERLÍN, Ale. (Proceso).- El Mindener Tageblatt es un periódico regional que se distribuye en el norte del estado federado de Renania del Norte, con una venta comprobable de alrededor de 30 mil ejemplares diarios. Con la llegada de la pandemia, el pequeño rotativo sufrió una drástica caída en sus ingresos por publicidad. En los días más duros de la curva de contagio, y como una manera de contrarrestar la pérdida de ingresos, la casa editora que lo publica creó una plataforma para pequeños comerciantes y artesanos de la ciudad de Minden y sus alrededores, para ofrecer el servicio de entrega de artículos domésticos de primera necesidad. Pero tal estrategia sirvió más bien como un loable servicio a la comunidad, porque en nada contrarrestó la caída de los ingresos. Como el Mindener Tageblatt, la gran mayoría de la prensa escrita alemana –desde los grandes periódicos y revistas nacionales hasta los pequeños diarios regionales y locales– se enfrentan en los tiempos del covid-19 a una paradoja: pese a que como nunca antes la demanda por su información se ha incrementado exponencialmente, sus ingresos han caído en picada, amenazando la existencia de muchos impresos. Ante esta situación y de manera inédita, gran parte del sector ha tenido que recurrir a diversos apoyos económicos que otorga el Estado. Eso sí, con la claridad –de ambas partes– de que por ninguna circunstancia la libertad de prensa ni la independencia editorial de cada publicación está en riesgo. La relevancia del tema no se reduce al apoyo que los medios puedan recibir en medio de la crisis sanitaria y económica para su supervivencia, tiene que ver, también, con garantizarle a la población el derecho a la información en tiempos de incertidumbre.

La ecuación no cuadra

Desde que la epidemia por coronavirus estalló en Alemania quedó claro que la gente en este país busca, como nunca antes, información confiable, fidedigna y un periodismo de alta calidad. Y lo más importante: que están dispuestos a pagar por ello. Si bien la venta individual de periódicos y revistas tuvo un ligero descenso por las medidas de confinamiento para la población durante casi dos meses, la consulta de medios digitales creció sobremanera. Grandes y prestigiosos diarios, como el Frankfurter Allgemeine Zeitung o el Süddeutsche Zeitung (SZ), reportaron incrementos sustanciales en los clicks a sus páginas: el primero, 80% más respecto de los dos primeros meses del año, y el segundo logró durante marzo, abril y mayo la meta planteada para todo 2020: 150 mil suscripciones digitales. Otro ejemplo: la casa editorial que publica el diario Die Zeit reveló que, respecto del año anterior, la demanda por suscripciones se duplicó en estos meses. Por su parte, los regionales Stuttgarter Nachrichten y Stuttgarter Zeitung –que comparten casa editorial con el SZ– también reportaron un máximo histórico de 66 millones de visitas en sus portales en línea y un incremento que asciende a 27 mil suscripciones digitales. Sin embargo, es insuficiente. Grandes o chicos, nacionales o regionales, a los periódicos alemanes no les cuadra de momento la ecuación “alta demanda más mayor oferta igual a mayor ingreso”. ¿La razón? El modelo de financiación. La mayoría de los rotativos alemanes se sostiene en tres pilares. Por un lado, los ingresos por venta y suscripciones. Por otro, el negocio de la publicidad. Y finalmente por la organización de actos como conferencias, charlas, seminarios y congresos. Así, al haberse paralizado prácticamente todos los sectores de la economía por la pandemia, también se paralizó la publicidad. Las grandes empresas de la industria automotriz, turística, de moda o de salud y belleza dejaron de anunciarse. También se detuvo el mercado de los anuncios de pequeñas empresas y comercios, muy fuertes a nivel regional. Y con un virus letal circulando de manera invisible entre todos, igual se vino abajo la organización de actos propios. La alemana Asociación Federal de Editores Digitales y de Periódicos (BDZV) representa los intereses de la prensa diaria, dominical y semanal política alemana concentrada en 286 diarios y 13 semanarios. Un primer saldo preliminar de esta federación da una idea de la crisis que se enfrenta: en marzo los ingresos por publicidad cayeron 40%; en abril, 60% y el cálculo para mayo –cuyo corte hasta el cierre de esta edición no se tenía– no parece mejorar. “El saldo final de esta crisis –al menos de este primer brote– lo sabremos con exactitud hasta dentro de un año, cuando tengamos el balance de 2020; pero las previsiones no son buenas. Los editores proyectan para los próximos meses hasta el término del año una pérdida de ingresos general de cuando menos 20%”, explica a Proceso Anja Pasquay, vocera del BDZV. –¿Qué estrategia han seguido las casas editoriales en Alemania para hacer frente a este trance? –Han desarrollado nuevos productos de contenido, como newsletters y podcasts sobre el coronavirus, que si bien en un principio son gratuitos, se espera que en un futuro se conviertan en una oferta de paga. Algunas editoras se dedicaron, en algún momento, a prestar servicios de entrega de artículos urgentes a los que la población local no podía tener acceso por sí misma por el confinamiento o por el temor a un contagio. Es el caso del Mindener Tageblatt o el Sächsische Zeitung, que a nivel regional se han ocupado de la entrega y también han ayudado con la publicidad. Pero, sin duda, dice la representante del BDZV, el empleo de la jornada reducida ha sido un medio que les permite mantener liquidez a corto plazo y evita el recorte de trabajadores.

Rescate del Estado

El 18 de marzo, en un mensaje a la nación, la canciller Angela Merkel señaló que la pandemia de coronavirus es el mayor desafío que enfrenta Alemania desde la Segunda Guerra Mundial. Y como tal, pocos días después el gobierno federal anunció un paquete de ayuda económica, el más grande en la historia del país, que hasta ahora considera más de 350 mil millones de euros para soportar a las pequeñas, medianas y grandes empresas, así como a profesionales independientes. En este programa todas las empresas en crisis pueden beneficiarse, incluidas las editoras de periódicos. Las ayudas estatales se concentran especialmente en dos figuras. El denominado kurzarbeit o jornada parcial, que es un subsidio que tiene como objeto compensar parcialmente la pérdida temporal de ingresos y evitar despidos. En esta figura, los empleados reducirán su jornada de trabajo y su respectivo pago también y el Estado compensará el salario faltante. La otra figura son los denominados créditos para la reconstrucción, que bajo condiciones favorables permiten a las empresas hacer frente a las consecuencias de la pandemia al facilitar liquidez a corto plazo. Históricamente los editores de periódicos en Alemania han visto con recelo cualquier tipo de apoyo o subsidio estatal, pues cualquier acercamiento entre ambos polos es peligroso para la independencia editorial. El límite había sido hasta antes de la pandemia que aceptaran la reducción del IVA a 7% en lugar de 19% en productos de prensa. Pero el coronavirus lo cambió todo. Alrededor de 80% de las empresas editoriales miembros del BDZV han solicitado al gobierno federal el beneficio del kurzarbeit, y de esos, cuando menos 30% aplican la ayuda social no sólo en sus áreas comerciales sino en las redacciones. La crisis también ha dado pie a que los editores insistan ante el gobierno federal en una petición que al menos desde hace un año los ocupa: apoyo económico para la distribución de los periódicos. Y es que, según explica Pasquay, este último, pero muy importante eslabón en la producción de periódicos se ha vuelto muy costoso. “Al disminuir el número de suscriptores, la repartición del periódico se vuelve cada vez más costosa porque, especialmente en los estados, las entregas se hacen a direcciones cada vez más alejadas unas de otras; al mismo tiempo todavía hay mucha gente, especialmente mayor, que quiere leer su periódico en papel porque considera que las ediciones digitales no son una alternativa. “El ya no poder llegar a ellos significa que esta gente tendría que prescindir completamente de noticias e información”, explica la vocera del BDZV. Para este caso, los editores sí desean la participación económica directa del Estado. A finales del año pasado los editores lograron que el Parlamento aprobara un apoyo de 40 millones de euros para la?distribución.

Renovarse o morir

Sin duda, el coronavirus ha forzado y empujado a los periódicos alemanes a expandir la oferta digital que originalmente se pensaba hacer gradual y lentamente. El BDZV calcula que el acceso a las ofertas digitales de los periódicos se ha incrementado 150%. Los nuevos productos van desde newsletters, podcasts, contenidos especiales para niños y servicios comunitarios. El reto es ahora capitalizarlos. En un encuentro digital realizado el 27 de mayo, Mathias Döpfner, presidente de la federación y quien además es jefe del grupo editorial Axel-Singer, fue enfático al sintetizar la etapa por la que están transitando los diarios alemanes: “El fin del modelo de ingresos sólo por publicidad”. En su opinión, el gran futuro de los medios serán los contenidos de pago y suscripciones digitales, porque cada vez más gente valora el periodismo fiable y veraz y, además, está dispuesta a pagar por ello. Más aún, en una reciente entrevista con el semanario Der Spiegel, planteó dos escenarios: “O bien la crisis de coronavirus será en los próximos meses el acelerador de un costoso proceso de transformación que muchos editores no sobrevivirán, o bien lograremos utilizar el creciente resignificado y nueva atención del periodismo para lograr nuevos y mejores modelos de negocios digitales, logrando que nuestra industria salga de esto fortalecida. Pero ello requerirá de que los editores sean valientes e innovadores.” Este reportaje forma parte del número 2275 de la edición impresa de Proceso, publicado el 7 de junio de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí

Comentarios