El homicidio que hace tropezar a Trump

martes, 9 de junio de 2020
El asesinato del ciudadano negro George Floyd, cometido por el policía blanco Derek Chauvin, fue la chispa que prendió las calles con miles de jóvenes enardecidos que desafiaron la pandemia para expresar su rechazo al racismo y a la brutalidad policial. Sin embargo, el uso de la fuerza para sofocar las protestas frente a la Casa Blanca y el amago presidencial de utilizar a los militares para borrar las manifestaciones han sido la gasolina que amenaza con quemar la ansiada reelección de Trump en noviembre próximo. WASHINGTON (Proceso).- “Ley y orden” es el lema de Donald Trump ante las manifestaciones en Estados Unidos que condenan el racismo, la fuerza bruta policial en el homicidio de George Floyd y ventilan una posible derrota electoral del presidente. Decenas de miles de estadunidenses, exigiendo el cambio de rumbo político en su país, desbordaron las calles en más de 170 ciudades y poblaciones, poniendo en la antesala de la esperanza la posibilidad de elegir a un nuevo presidente el 3 de noviembre próximo. Asesinado el 25 de mayo por el policía Derek Chauvin, quien puso su rodilla sobre el cuello de la víctima ocho minutos para someterlo, Floyd podría ser el generador del fin del presidencialismo despótico de Trump. Las manifestaciones que se iniciaron en Minneapolis, Minnesota, donde fue asesinado el hombre negro ante la complacencia de tres policías compañeros de Chauvin, se expandieron raudas como el covid-19 hacia otras urbes estadunidenses, sobre todo a las más emblemáticas. El coraje e impotencia de la comunidad negra ante un hecho inobjetable de racismo y abuso policial contagió a una parte de la sociedad que salió a las calles a manifestarse y a la que Trump amenazó de dominar como dictador. Las protestas pronto se tornaron en disturbios y actos vandálicos… Ante ello, Trump amenazó el lunes 1 con sacar al ejército para controlar a los manifestantes, si los gobernadores no usaban a la Guardia Nacional. Tres días antes, centenares de manifestantes –la mayoría jóvenes– se reunieron frente a la Casa Blanca, reclamando justicia para Floyd y reformas a las instituciones policiales. Intimidado por la presencia y mensaje de los manifestantes, el Servicio Secreto decidió esconder y resguardar a Trump en el búnker presidencial. En un hecho histórico, apagaron las luces de la Casa Blanca… Es una imagen que metafóricamente expuso la realidad que se vive en Estados Unidos. “Si una ciudad o estado rechaza tomar acciones necesarias para defender la vida y propiedades de sus residentes, desplegaré a las fuerzas militares para rápidamente resolver el problema”, sentenciaba Trump ese lunes, mientras afuera de la Casa Blanca se acumulaban los manifestantes. “Estoy enviando a miles y miles y miles de soldados fuertemente armados, personal militar y agentes de la aplicación de la ley para detener los disturbios, robos, vandalismo, asaltos”, arremetía Trump intentando intimidar a los manifestantes en todo el país. Minutos después del mensaje de Trump, agentes federales y afectivos de la Guardia Nacional, con gases lacrimógenos y balas de goma, replegaron a quienes se manifestaban frente a la mansión presidencial para que el presidente pudiera atravesar libremente la calle. Trump caminó por el parque Lafayette y, posando con una Biblia en la mano, se paró frente a la iglesia de San Juan. Para ese entonces los manifestantes ya habían sido sometidos con violencia. A partir de ahí, como en efecto dominó, aumentó el deterioro político del primer mandatario. Joe Biden, exvicepresidente y virtual candidato a la Casa Blanca por el Partido Demócrata, recriminó al mandatario por posar con la Biblia y por el ataque sin sentido contra los manifestantes, haciendo eco a la voz de condena de líderes religiosos que se indignaron por el uso del texto sagrado. “No permitiremos que cualquier presidente nos silencie, no dejaremos que aquellos que ven esto como una oportunidad de sembrar caos avienten una cortina de humo para distraernos de las quejas legítimas que están en el centro de estas protestas”, denunció Biden. Las criticas aumentaron de tono, relevancia y cantidad, así como el deterioro de la posición del presidente. Las decenas de manifestaciones en todo Estados Unidos empezaron a tornarse más pacíficas, incluso con el abucheo e intento de control entre los mismos protestantes a quienes intentaron violentarlos con actos vandálicos a propiedades y negocios.
Fragmento del reportaje publicado en la edición 2275 de la revista Proceso, ya en circulación.
 

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