Medio Ambiente

Morelos: Ciruelas de la discordia

A tres mil metros sobre el nivel del mar y a unos 12 kilómetros del Popocatépetl, en un paraje conocido como San Isidro se observa que los bosques de Tetela del Volcán tienen "mordidas" de distintos tamaños que les han dado los deforestadores.
jueves, 21 de octubre de 2021

En Tetela del Volcán se ha deforestado 20% de las zonas boscosas en la última década; la mayoría se ha convertido en prósperos huertos de ciruelo. Los agricultores cultivan este fruto por necesidad, “pero también hay quien lo hace por ambición”, según los comuneros. Las autoridades federales confiesan su incapacidad operativa para evitar estos abusos.

TETELA DEL VOLCÁN, Mor. (Proceso).- A 3 mil metros sobre el nivel del mar y a unos 12 kilómetros del Popocatépetl, en un paraje conocido como San Isidro se observa que los bosques de Tetela del Volcán tienen “mordidas” de distintos tamaños que les han dado los deforestadores.

Aunque algunas familias se dedican a la tala, tanto autorizada para aprovechamiento forestal como ilegal, según los comuneros son los productores de ciruela quienes más han devorado el bosque. Algunos cultivan por necesidad, pero la mayoría “por ambición”, dicen representantes campesinos de la localidad. “Tienen cómo vivir, pero les gana la ambición; tiran árboles y luego siembran ciruela. No queremos eso”, acusa Luis Sosa Gómez, comisariado de Bienes Comunales.

Donde antes hubo pinos, oyameles, encinos y otras especies, ahora hay huertos; la mayoría son de ciruela, que luego es cosechada y enviada a la Central de Abasto de la Ciudad de México. Y aunque hay huertas de aguacate, en Tetela del Volcán proliferan las de ciruelo, que han ido mermando 20% de las 510 hectáreas del bosque mixto propio de esta zona, según estimaciones de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

La Red de Investigadores del Parque Nacional Izta-Popo, formada por académicos que realizan estudios en la zona aledaña a los volcanes, ha identificado casi un centenar de personas en Tetela del Volcán como “actores” que tienen un impacto en el lugar. Su investigación apunta que, aunque existen taladores, recolectores de hongos o tierra de monte, los campesinos que buscan espacio para colocar huertas de ciruela son quienes más consecuencias negativas traen al bosque.

Dentro de la zona, sólo en el paraje San Isidro –que consta de 75 hectáreas– han sido afectadas 15 hectáreas durante la última década, en las cuales se podrían sembrar hasta 3 mil ciruelos. Ese ritmo de deforestación se extiende en todo el municipio.

En San Isidro los campesinos no sólo cultivan huertos en medio del bosque, sino que –cobijados por anteriores comisariados de Bienes Comunales, explica Dalia González Pérez, asesora legal de los comuneros– empezaron a vender parte de la zona boscosa a personas de otras comunidades, quienes construyen o siembran maíz y leguminosas.

“Vendieron algo que no es suyo, vendieron lo que es de todos; eso no se hace. Una cosa es que a escondidas talen el bosque y luego siembren y otra cosa es que vendan a quién sabe quién y luego esta persona se cree con derechos de construir o sembrar o destruir”, afirma Sosa Gómez.

En 12 horas o menos, dos personas con motosierra pueden cercenar hasta 50 árboles y dejar un espacio de 2 mil o 3 mil metros donde se siembran 100 o 200 árboles de ciruela que producen importantes beneficios en un año y se multiplican en los siguientes, explica el comisariado. Y las afectaciones se reflejan en la disminución de la captación de agua, el aumento de la temperatura y el incremento del riesgo de deslizamiento de tierra.

En un comunicado oficial de 2017, el gobierno del estado ya presumía la producción de más de 2 mil 550 toneladas de ciruela durante los meses de marzo y abril para abastecer el mercado nacional, en un total de 463 hectáreas de siete municipios, con Tetela del Volcán como el mayor productor. El Sistema de Información Agroalimentaria y Pesquera estimó el valor de la producción de ese año en 9 millones 992 mil pesos (casi 500 mil dólares).

Sosa Gómez dice que las temperaturas eran de 26 grados en promedio y ahora han llegado hasta los 36. Esto ha tenido consecuencias negativas para los ecosistemas, afectados por el desplazamiento de especies endémicas como el teporingo y el gato montés, entre otros.

Los ciruelos, no obstante, son árboles frutales de baja altura que, a diferencia de los bosques mixtos de pinos, oyameles y encinos de la zona, soportan mejor la sequía, pero retienen menos humedad en el suelo. 

En cuanto al agua potable, el flujo de los ríos de la zona disminuyó de manera considerable en temporada de estiaje. El propio Sosa Gómez cuenta que en abril pasado, por primera vez, unas 50 familias de la zona noroeste dejaron de recibir agua durante varias semanas. 

Shirley Reyes Quintero, académica de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, afirma que las hectáreas taladas ponen en riesgo a la población de Tetela del Volcán, pues al combinarse con los efectos de los sismos de 2017, “cada temporada de lluvias existe el riesgo de deslizamientos de tierra que afectarían gravemente a la gente del municipio”.

Reforestación en curso

El 17 de julio pasado, comuneros y activistas llevaron a cabo una de varias jornadas de reforestación en San Isidro. La jornada es parte de un acuerdo con las autoridades federales. La Semarnat acordó con los campesinos plantar 100 mil árboles en la zona a fin de reparar los daños causados al bosque.

“Si no eres de aquí, no notas la diferencia, pero para quienes nacimos en esta tierra es fácil encontrar las zonas donde más bosque se ha perdido. Los árboles endémicos se han ido cambiando por árboles frutales porque la gente no ha tenido de otra”, dice Reyes Quintero.

Frente a esta situación, desde 2019 la Semarnat acordó con los comuneros la siembra de casi 100 mil árboles en San Isidro, en los bosques de Tetela del Volcán. En tanto, los propios comuneros han negado permisos para deforestar y han clausurado una decena de nuevas huertas.

El ayuntamiento de Tetela del Volcán colocó un retén para evitar que se extraiga la madera de los árboles talados ilegalmente. Está en el único camino por el que se la pueden llevar. Media docena de policías revisan todas las camionetas que pasan por ahí. Sin embargo, uno de los campesinos que participó en la jornada de reforestación, quien pide no publicar su nombre por su seguridad, dijo que ha sido testigo de que se corrompe a los agentes para que se hagan “de la vista gorda”.

La delegada de la Profepa en Morelos, Ana Margarita Romo Ortega, dijo que dependen mucho del trabajo de las autoridades estatales y municipales, pues no tienen la suficiente capacidad operativa para poder realizar una mejor vigilancia en las zonas de tala. “Existen programas de coordinación, pero es complejo abatir el problema, aunque continúan mejorando las acciones coordinadas”, expresa.

El comisariado de Bienes Comunales, Sosa Gómez, expresa: “Nosotros terminamos nuestra gestión en febrero de 2022. Queremos detener el crecimiento de las huertas, buscar proyectos productivos para la gente que realmente lo necesita y pedir al gobierno federal mayor vigilancia, mientras que nosotros mismos seguimos sembrando árboles. Porque esto es para nuestros nietos, es nuestro bosque y tenemos que cuidarlo”.

Reportaje publicado en el número 2346 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 17 de octubre de 2021.

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