Derechos Humanos

Ejido de Mixtlalcingo: una mina de arena con olor a muerte

Integrantes de la VI Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas detectaron la semana pasada varias osamentas humanas en una vieja mina de arena del ejido de Mixtlalcingo. Presumen que ese lugar sea un "campo de exterminio".
miércoles, 27 de octubre de 2021

Integrantes de la VI Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas detectaron la semana pasada varias osamentas humanas en una vieja mina de arena del ejido de Mixtlalcingo. Presumen que ese lugar sea un “campo de exterminio”. Y eso les recuerda las fosas clandestinas de Tetelcingo, por lo que exigen a las autoridades investigar, incluso les dicen cómo hacerlo. Lamentan que haya poco interés en hacerles justicia y ayudarles a encontrar a sus familiares.

YECAPIXTLA, MOR.– La vieja mina de arena del ejido de Mixtlalcingo tiene un olor similar al de las fosas clandestinas de Tetelcingo.

“Esto es nuevo, sabíamos que existía, pero no habíamos comprobado y demostrado a las autoridades que en Morelos también existen fosas del crimen en donde está enterrada nuestra gente, nuestras hijas, nuestros hermanos, nuestros esposos”, dice Tranquilina Hernández, una morelense comprometida con la VI Brigada Nacional de Búsqueda de Personas ­Desaparecidas y mamá de Mireya Montiel, de quien no se sabe nada desde 2013.

No hay evidencia todavía de que en la confección de este panteón clandestino del crimen organizado haya participado la Fiscalía General del Estado. Pero el horror que comenzó a brotar en la zona estos días de búsqueda, de manera inevitable recuerda mucho lo ocurrido entre 2016 y 2017 en los entierros de Tetelcingo y Jojutla.

A 13 kilómetros de las fosas irregulares en Tetelcingo se encuentra la mina de arena abandonada. Está en una meseta que va de un pequeño cerro a la barranca El Salado, donde, según los indicios, se encuentra un “campo de exterminio”, un lugar donde se han inhumado de manera ilegal cuerpos en distintos periodos durante los últimos 10 años.

La zona “está caliente, muy caliente”, dice Elvia, una mujer que busca a su hijo desde hace dos años. Tiene la esperanza de encontrarlo en Mixtlalcingo, pues ella vive muy cerca de este lugar.

Renuente a que se le tomen fotografías, asegura que los lugareños aparentemente viven como si nada pasara, pero en realidad tienen miedo. En medio de los campos de sorgo sobresalen varias construcciones que recuerdan las fosas de Tetelcingo. Parecen abandonadas.

En una de ellas, a un kilómetro de la mina de arena, el miércoles 20 por la tarde las familias localizaron una construcción sin terminar en la que se observan cinco puntos en los que hubo hace poco movimiento de tierra. Sobre uno de ellos había restos humanos.

El lugar “está asegurado” por la fiscalía desde antes de la visita. Al menos eso dijo el fiscal para desapariciones forzadas en Morelos, Alejandro Cornejo Ramos. En el entorno se ven aún los restos de la cinta que usan las autoridades para acordonar lugares asegurados. El 4 de julio pasado, la Fiscalía Oriente ejecutó en esas construcciones una orden de cateo en la que se ­exhumaron dos osamentas.

Este texto es un adelanto del reportaje publicado en el número 2347 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 24 de octubre de 2021.

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