Religión

Dios es presidenciable

El crecimiento del voto evangélico en América Latina es tan importante que los candidatos de izquierda no están dispuestos a dejarles el monopolio de esos electores a los políticos de derecha, que son los que han instrumentalizado tradicionalmente a ese sector.
domingo, 3 de octubre de 2021

El crecimiento del voto evangélico en América Latina es tan importante que los candidatos de izquierda no están dispuestos a dejarles el monopolio de esos electores a los políticos de derecha, que son los que han instrumentalizado tradicionalmente a ese sector. Gustavo Petro en Colombia y Lula da Silva en Brasil, por ejemplo, se han acercado a estas poderosas iglesias y públicamente se han declarado creyentes, ajustando sus discursos de izquierda para dar cabida a Dios.

BOGOTÁ.- El político izquierdista colombiano Gustavo Petro, quien encabeza todos los sondeos de cara a los comicios presidenciales de mayo próximo, sorprendió al país hace unos días al declararse religioso, cristiano y seguidor de las enseñanzas de San Francisco de Asís y el cura guerrillero Camilo Torres.

Petro hizo su proclamación de fe en una multitudinaria concentración que constituyó su primer acto de campaña rumbo a la Presidencia de Colombia, y la hizo no sólo para romper la imagen de comunista y ateo que tienen de él muchos colombianos, sino para atraer el voto de la población cristiana.

Para ello incorporó a su equipo al político evangélico Alfredo Saade, quien no comparte las posturas del candidato izquierdista a favor del aborto, la eutanasia y el matrimonio igualitario, pero las respeta y dice que un buen cristiano “no está para apedrear a nadie”.

Petro, un exguerrillero del M-19, exalcalde de Bogotá y senador, comenzó a hablar de su religiosidad el 10 de septiembre, dos días después de que una encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC) indicara que sólo 1% de los colombianos votaría por un candidato presidencial ateo.

Es un hecho que en Colombia y en toda América Latina se registra una caída del catolicismo y un auge de las religiones evangélicas y que los adeptos de estas últimas se han convertido en un disciplinado conglomerado electoral apetecido por políticos de todas las corrientes ideológicas.

Este fenómeno, según especialistas en estudios religiosos consultados por este semanario, tiene “un efecto político profundo” en la región, en especial en países como Colombia y Brasil.

Una metáfora electoral

En Brasil también se realizarán elecciones presidenciales el año próximo y el precandidato izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, quien lidera todas las encuestas, ha iniciado acercamientos con las poderosas iglesias evangélicas de ese país, cuyos fieles representan al menos la cuarta parte del electorado.

Con mensajes en los que habla de su profunda fe en Dios, Lula intenta arrebatarle votos evangélicos al ultraderechista presidente Jair Bolsonaro.

De los 57.7 millones de votos que obtuvo Bolsonaro en los comicios presidenciales de 2018, el 41% (24 millones) fueron de fieles evangélicos. Pero encuestas recientes indican que dos terceras partes de ellos ya no confían en el mandatario, quien es blanco de críticas por el caótico manejo que ha dado a la pandemia del covid-19.

Lula ha aprovechado esa pérdida de confianza e intenta ganarse a ese influyente grupo religioso con una interpretación social de Jesús, a quien se refiere como el activista social “que más luchó por los pobres, que más defendió a los más necesitados y que fue crucificado por lo que representaba”.

Lula ubica a Dios a la izquierda del espectro político, y lo mismo hace Petro, quien sostiene que en la escuela católica en la que estudió en su juventud le enseñaron que, en religión, “la opción preferencial son los pobres”.

La comunicadora y maestra en estudios latinoamericanos María Fernanda Zuluaga Gómez dice a Proceso que cuando en América Latina se mezclan religión y política “Dios puede ser de izquierda o de derecha, lo que depende de la filiación ideológica” de quien lo invoque en una campaña electoral.

Y agrega: “Dios, en este momento latinoamericano, parece estar girando a la izquierda en el discurso político porque el progresismo pasa por un buen momento en países como Chile, Colombia y Brasil. Pero, tradicionalmente, la derecha ha utilizado más la religión para ganar votos”.

El teólogo y filósofo jesuita José Darío Rodríguez Cuadros dice a este semanario que la opción de Jesús por los pobres y marginados es una interpretación teológica concreta que está muy presente en el magisterio del Papa Francisco, pero “Dios no tiene partido”.

En ese sentido, agrega el doctor en estudios políticos de la Escuela de Altos Estudios de Ciencia Sociales en Francia, “Dios no es ni de izquierda ni de derecha ni de centro”.

Para Zuluaga Gómez “es evidente que Dios, la fe y la religión han sido instrumentalizados políticamente a través de la historia, y lo que hemos visto en los últimos años en América Latina es que esta instrumentalización se ha agudizado por el ascenso de las iglesias evangélicas”.

Y agrega que los pastores de estas iglesias “suelen presentar a su feligresía el lado conservador de Dios, y ahora Petro y Lula, que son políticos progresistas, impulsan electoralmente la interpretación teológica de que Dios está del lado de los pobres, y eso es la metáfora de un Dios de izquierda”.

Ascenso evangélico

El teólogo Rodríguez Cuadros afirma que el cambio religioso que experimenta Latinoamérica con el ascenso de las Iglesias evangélicas tomó impuso en los noventa, cuando el Papa Juan Pablo II hizo un pontificado muy conservador.

En esos años, indica, la Iglesia católica puso el acento en los temas morales, como la oposición al aborto, al divorcio y a la eutanasia, y no en lo pastoral.

El catolicismo, dice Rodríguez Cuadros, perdió contacto con los sectores populares y dejó espacio para la proliferación de las Iglesias evangélicas.

“Hoy estas Iglesias –asegura el autor del estudio El cambio de rumbo de la religión en América Latina– tienen una fuerza enorme y creciente en la región por la cantidad de fieles que han acumulado en estos años, y esto les permite presentarse como una fuerza política importante.”

De acuerdo con el doctor en estudios políticos, mientras que a principios de los setenta 90% de los latinoamericanos se declaraba católico, hoy estos sólo representan 65%.

Para la profesora del Departamento de Estudios de la Religión de la Universidad Estatal de San Diego, Rebecca Bartel, la transformación religiosa que experimentan las naciones latinoamericanas “es uno de los fenómenos sociales más importantes” en la región.

“Esto está cambiando profundamente la política en Colombia y Brasil y la podría modificar también en México”, dice en entrevista la doctora en estudios de religión de la Universidad de Montreal.

Según un estudio del Pew Research Center, el número de católicos en América Latina cayó 23% desde los años sesenta hasta 2014. En cambio, la población evangélica o protestante se duplicó en la región, al pasar de 9% a 19% en el mismo lapso, al igual que la que no está identificada con ninguna religión, que subió de 4% a 8%.

El doctor en filosofía Juan Carlos Donoso, quien participó en la investigación del Pew Research Center, dice a este semanario que esas tendencias se han mantenido en los últimos años y que las modificaciones en el mapa latinoamericano de la fe siguen en desarrollo.

“Cada día hay menos católicos, más evangélicos y más no creyentes en la región. Este proceso es imparable y seguirá al menos durante una generación más”, asegura el académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Michigan.

Creciente pluralidad religiosa

En Honduras y Uruguay los católicos ya son minoría frente a los protestantes y los que no se identifican con ninguna religión.

En Centroamérica, donde el crecimiento de los evangélicos ha sido mayor que en el resto de la región, éstos representan 41% de la población en Guatemala y Honduras; 40% en Nicaragua, y en El Salvador y Costa Rica 36% y 25%, de manera respectiva.

Guatemala ha tenido tres presidentes evangélicos que, además, eran pastores: Efraín Ríos Montt (1982-1983), un militar golpista acusado de genocidio; Jorge Serrano Elías (1991-1993), quien en un autogolpe disolvió los poderes Legislativo y Judicial pero una ola de protestas lo llevó a dimitir; y Jimmy Morales (2016-2020), que ha sido acusado de abusos sexuales y financiamiento ilícito de su campaña.

En Brasil, Bolsonaro se convirtió en presidente con decisivo apoyo de los evangélicos.

Glauco Barsalini, profesor de ciencias de la religión en la Universidad Católica en Campinas, Brasil, dice a este semanario que la mayoría de evangélicos votan por los candidatos que apoyen sus pastores, quienes en muchos casos usan a sus fieles como “clientelas políticas”.

Ese enorme poder de los nuevos líderes religiosos, asegura el doctor en filosofía, emana de los vacíos que llenan entre millones de pobres que ven en ellos sus soportes espirituales, afectivos, ideológicos y hasta materiales.

“En los barrios periféricos de las grandes ciudades y en las zonas rurales tú puedes ver muchas pequeñas iglesias evangélicas, una tras otra, en las que los pastores infunden esperanza y la promesa de un Mesías, lo que se convierte en un discurso muy poderoso en medio de tanta pobreza”, señala Barsalini.

En Brasil, como en ningún otro país latinoamericano, las Iglesias evangélicas han traducido su crecimiento en poder político. Pastores y políticos evangélicos integran la quinta parte del Congreso bicameral brasileño y en el gobierno de Bolsonaro están a cargo de cinco ministerios.

El teólogo jesuita José Darío Rodríguez Cuadros señala que, particularmente en Brasil, la caída del número de católicos ha tenido como contrapartida un aumento significativo de las Iglesias protestantes y evangélicas, cuya feligresía representa la tercera parte de la población de ese país.

El ascenso de las religiones evangélicas, afirma, tiene efectos políticos en toda la región.

En Costa Rica, el pastor evangélico Fabricio Alvarado recibió 39% de los votos en la segunda vuelta de los comicios presidenciales de 2018. Ese mismo año, en México, el partido cristiano Encuentro Social (PES) aportó 1.5 millones de votos a la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador, aunque en los comicios legislativos del pasado 6 de junio no alcanzó el porcentaje para mantener el registro.

“Fake news” en nombre de Dios

Los evangélicos colombianos demostraron su gran fuerza electoral el 2 de octubre de 2016, día en el que definieron el resultado del plebiscito sobre los acuerdos de paz con las FARC.

Lograron hacerlo porque pastores emblemáticos hicieron creer a su feligresía, a través de una campaña de fake news, que los acuerdos impulsaban una “colonización homosexual” en los colegios a través de la “ideología de género”, una teoría que considera que la identidad sexual se construye socialmente pero que ni siquiera era aludida en esos pactos de paz.

A pesar de que todos los sondeos vaticinaban un holgado triunfo del “Sí” a los acuerdos, el día del plebiscito ocurrió lo impensable y se impuso el “No” con 50.21% de los votos, apenas por 0.42 puntos de diferencia.

Desde ese momento, los votantes evangélicos colombianos adquirieron una relevancia política que ha venido en ascenso.

El doctor en estudios sociales latinoamericanos de la Universidad de París III, William Beltrán Cely, dice a este semanario que el triunfo del “No” en el plebiscito fue producto “de un proceso de manipulación del expresidente Álvaro Uribe y de pastores evangélicos como César Castellanos”.

Aunque el acuerdo de paz finalmente fue aprobado por el Congreso tras algunas modificaciones, para el país quedó claro que en sucesivos procesos electorales habría que darle toda la importancia al voto evangélico y a los pastores que lo instrumentalizan.

Varios pastores pertenecientes a diversas Iglesias decidieron fundar en 2017 el partido cristiano Justa-Libres, que en las elecciones legislativas del año siguiente obtuvo tres senadores. Uno de ellos, John Milton Rodríguez, es hoy precandidato presidencial de una coalición evangélica. 

Para Beltrán Cely, autor de la tesis doctoral Pluralización religiosa y cambio social en Colombia, el crecimiento de los evangélicos en América Latina y su irrupción en la esfera política generó la expectativa de que esa nueva pluralidad religiosa pudiera ampliar la democracia y enriquecer el debate sobre temas valóricos, como el aborto.

“Pero yo creo que esas expectativas no se cumplieron –señala el académico colombiano– porque estos grupos han tenido un comportamiento muy intolerante y un discurso tan discriminatorio frente a las minorías sexuales, que a veces parece un discurso de odio.”

Además, “la forma de los evangélicos de hacer política reproduce todos los males de la política tradicional latinoamericana: el clientelismo, el intercambio de cargos por votos y la corrupción”.

Reportaje publicado el 26 de septiembre en la edición 2343 de la revista Proceso cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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