Fondo de Cultura Económica

Desde presidencia, la colección 21 para el 21 del FCE

La colección 21 para el 21 del Fondo de Cultura Económica (FCE) consta de 21 volúmenes con tiraje de 100 mil ejemplares cada uno y se financió con recursos del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado.
sábado, 30 de octubre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Idea del presidente Andrés Manuel López Obrador, “básicos, fundamentales y destacados” –según refirió en el momento de su presentación en una conferencia mañanera–, la colección 21 para el 21 del Fondo de Cultura Económica (FCE), apuesta para este año, se distribuye en todo el país.

Consta de 21 volúmenes con tiraje de 100 mil ejemplares cada uno, se financió con recursos del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado con inversión de 45 millones de pesos que, a decir del gobierno federal, cubrió costos de impresión, pago por derechos de autor a herederos o autores y distribución.

Los libros se editaron como parte de las conmemoraciones históricas oficiales para este años –700 de la fundación de México-Tenochtitlán, 500 de su toma y 200 años de la consumación de Independencia–, si bien abordan esencialmente temáticas a partir de la Independencia y hasta mediados del siglo XX.

En un razonamiento sobre la colección, el periodista Andrés Ruiz, integrante del departamento de Comunicación del FCE, explicó vía telefónica que poco más de la mitad del tiraje total (que asciende a 2.1 millones de ejemplares) lo distribuye la editora en clubes de lectura, bibliotecas, universidades populares y escuelas normales rurales, o directamente en sus propias librerías mediante solicitud.

Aunque en datos proporcionados de manera posterior, se aseguró que de 735 mil volúmenes que le fueron entregados al FCE (es decir, menos de la mitad del tiraje total), a la fecha se han repartido 438 mil.

El otro millón se reparte entre personal de las secretarías de la Defensa Nacional, de Marina, Guardia Nacional, Servidores de la Nación y funcionarios públicos.

Los 21 títulos son: La revolución de Independencia, de Luis Villoro; Canek, de Ermilo Abreu Gómez; Muerte en el bosque, de Amparo Dávila; Balún Canán, de Rosario Castellanos; El libro rojo de la Independencia, de Vicente Riva Palacio y Manuel Payno; Breve historia de la guerra con los Estados Unidos, de José C. Valadés; Tomóchic, de Heriberto Frías; Tiene la noche un árbol, de Guadalupe Dueñas; Antología de poesía mexicana del siglo XIX, (selección de Ezra Alcázar), Y Matarazo no llamó…, de Elena Garro.

Tiempo de ladrones, de Emilio Carballido; Río subterráneo, de Inés Arredondo; Los de abajo, de Mariano Azuela; El libro vacío, de Josefina Vicens; Noticias biográficas de insurgentes apodados, de Elías Amador; El laberinto de la soledad, de Octavio Paz; Apocalipstick, de Carlos Monsiváis; Pueblo en vilo, de Luis González y González; Paseo de la Reforma, de Elena Poniatowska; Crónicas de amor, de historia y de guerra, de Guillermo Prieto, y La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán.

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Ruiz informó que la idea de la colección surgió del presidente, quien la conversó con el escritor Paco Ignacio Taibo II, su director, y éste a su vez con el Consejo Editorial del Fondo, apegándose al “mayor ahorro posible” en términos de costos y derechos de autor.

–¿Qué tan natural o complicada fue la selección de las obras, cómo fue?

–El presidente estuvo muy involucrado en esta selección y otra parte Taibo II y un comité editorial en el que se vio qué libros tenía el Fondo. Me entusiasma que se haya incluido a escritoras, algunas conocidas, como Elena Garro, Rosario Castellanos o Elena Poniatowska, pero otras no tanto, como Josefina Vicens, Guadalupe Dueñas o Amparo Dávila… y me dio gusto porque merecen ser reconocidas y valoradas por una nueva generación de lectores.

–¿Hay algún título sugerido por el presidente, alguno que les interesara exponer en el FCE?

–El presidente tenía interés en el libro de Luis Villoro, es un libro importante en el que el autor hace un inteligentísimo análisis de corrientes ideológicas que dieron paso a la formación de una idea de nación, lo que a su vez desató la Independencia; nosotros teníamos interés en publicar un libro que se hizo para esta colección, las Crónicas de amor, de historia y de guerra, de Guillermo Prieto (un trabajo excelso de los treinta y tantos volúmenes que recogió Boris Rossen), hay 14 ensayos de Prieto, desde las batallas y la resistencia a la invasión francesa, a la estadunidense, hasta temas de la vida cotidiana.

Ruiz también destacó otros volúmenes, como Pueblo en vilo, Los de abajo –“un icónico de la Revolución Mexicana–, Canek, Tomóchic.

–Menciona Los de abajo, Canek, aunado a esos está El laberinto de la soledad, por ejemplo, que ya forman parte a su vez de otras colecciones del Fondo. ¿Se cuestionaron esto para dar cabida a otras lecturas?

–Lo que pasa es que El laberinto…, que además es importante porque recoge el tema del mexicano, es un libro clave de la cultura del siglo XX en México y no queríamos que se pensara que por un sesgo ideológico no íbamos a publicar a Paz, siendo un ensayista y poeta del tamaño que fue, un pilar de las letras españolas. Evidentemente, se tomó en cuenta que íbamos a competir contra nosotros mismos, pero aun así pensamos que era importante publicarlo, regalarlo para que más gente tuviera acceso a ese ensayo.

–Pero éste y otros de los volúmenes que le mencioné están en línea, gratis.

–Sí, pero hay gente que no tiene acceso a internet, competimos contra nosotros mismos, pero también un libro de esta calidad, de un pionero de la novela de la Revolución Mexicana, como Los de abajo, maravillosa, que relata mucho la vida cotidiana de los combatientes de la revolución, tenía que estar.

–¿Qué responder ante los cuestionamientos de quienes consideran que se trató de una colección poco creativa en su selección?

–No sé a qué se refieran con eso, dar a conocer a escritores como Dueñas, Inés Arredondo, Dávila, Vicens, no puede ser trillado, son fundamentales. En el caso de Vicens, es una de las primeras novelas experimentales, o de Dueñas, sobre lo insólito en lo cotidiano. Muerte en el bosque de Dávila, que da título al volumen, es maravilloso, no sé qué pueda ser trillado.

Reportaje publicado el 24 de octubre en la edición 2347 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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