México-Estados Unidos

Las remesas no ayudan al desarrollo, sí al consumo

A contrapelo del discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador, las familias que dependen de dicho flujo de dinero son vulnerables ante la falta de apoyos y las restricciones presupuestales en materia migratoria.
jueves, 18 de noviembre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A contrapelo del discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador –quien considera “héroes” a los mexicanos que radican en el extranjero por mantener la captación de remesas en niveles récord, como reiteró en su visita del pasado martes a Nueva York–, las familias que dependen de dicho flujo de dinero son vulnerables ante falta de apoyos y restricciones presupuestales en materia migratoria.

México ocupa la tercera posición mundial con mayor recepción de remesas, después de India y China. Sólo en 2020 captó 40 mil 607 millones de dólares por dicho concepto, pese al confinamiento originado por la pandemia y en medio de las peores crisis económicas de las últimas décadas.

En 2020 las remesas alcanzaron el quinto récord consecutivo. De acuerdo con un análisis de BBVA Research, el monto alcanzado ese año (más de 875 mil millones de pesos) representa 40 veces los recursos que el gobierno destinó al programa Jóvenes Construyendo el Futuro, al cual le fueron presupuestados 20 mil millones para 2021.

2020 también fue el año que el país dependió más de las remesas, pues los envíos de los más de 13 millones de mexicanos radicados en Estados Unidos –sin contar los de segunda y tercera generación– representan 3.8% del PIB nacional.

“Este monto de recursos es mayor a todo el presupuesto federal de México aprobado para 2021 de las secretarías de Educación, Salud, Trabajo, Bienestar y Cultura en su conjunto”, según BBVA.

Las entidades que dependen en mayor proporción de las remesas son Michoacán, con 17% del Valor Agregado Bruto; Guerrero (14.4%), Oaxaca (12.9%), Zacatecas (12%), Nayarit (10.3%), Guanajuato (8.4%), Durango (7.8%), Chiapas (7.3%), así como Morelos e Hidalgo (7%).

Arturo Villaseñor, sociólogo de la UAM y quien forma parte de Iniciativa Ciudadana, red civil especializada en ciudadanía binacional y políticas públicas en Centroamérica, México y Estados Unidos, critica: “Creo que el uso político que se ha hecho sobre los mexicanos en el exterior ha sido a través de un doble discurso. Por un lado los ponen como grandes héroes nacionales, por la contribución que tienen hacia la economía nacional, pero esto no se ve reflejado en programas de apoyo o de inversión para el retorno”.

En entrevista, Villaseñor lamenta que el actual gobierno haya eliminado el Fondo de Apoyo para Migrantes y el Programa 3x1 para Migrantes, que habían funcionado como orientadores de las remesas hacia proyectos productivos y de apoyo a comunidades.

El 3x1 para Migrantes apoyaba las iniciativas para realizar proyectos que contribuyan al desarrollo de sus localidades de origen, con la aportación de los tres órdenes de gobierno: federal, estatal y municipal, así como de organizaciones de migrantes en el extranjero. Había proyectos de infraestructura social, servicios comunitarios, proyectos educativos y productivos.

Con la llegada de la “Cuarta Transformación” quedaron borrados del mapa. A esto se suma el recorte al presupuesto del Instituto Nacional de Migración (INM), el máximo órgano de gobierno de política migratoria.

En 2018 su presupuesto era de mil 731 millones de pesos, mientras que para 2022 el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) contempla mil 662 millones de pesos para el INM.

De acuerdo con datos publicados en el diario La Jornada, para la coordinación general de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, el PEF considera 58 millones de pesos, 1%  menos que en 2021 pero 16% por debajo del que ejercía cuando entró el gobierno actual.

Y la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas dispondrá de 42 millones el próximo año, 0.6% inferior al proyectado para el presente año y 29% menos que en 2018.

Los hogares mexicanos que dependen de las remesas destinan esos recursos principalmente al consumo, la compra de electrodomésticos, la construcción, gastos educativos y ahorro.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe ha realizado ejercicios sobre las formas de incluir las remesas en diferentes cadenas de valor de varios países, como la producción de tomate y chile verde en El Salvador; el turismo en Sacatepéquez, Guatemala, así como la producción de lácteos en República Dominicana.

El estudio dejó algunas lecciones: se requieren políticas públicas que fortalezcan las capacidades técnicas, gerenciales y financieras de los pequeños productores rurales, y el sector público puede incentivar las inversiones donando o financiando a tasas preferenciales un monto proporcional a cada peso o dólar aportado por los receptores de remesas.

Sin embargo, México no cuenta con un plan como ése y todo apunta a que en 2021 las remesas alcanzarán un nuevo máximo histórico: hasta septiembre se registró la entrada de 37 mil 334 millones de dólares y todavía falta contabilizar el último trimestre.

“Lamentablemente –concluye Villaseñor– ha habido un desmantelamiento de los programas dirigidos a la recepción de remesas y a la generación de mejores condiciones. No hay un programa de inversión para integrar esos recursos en un negocio de tu propia familia… y que eso pudiera generar dinero adicional, como realmente funcionaría el motor de desarrollo del país.”  l

Texto publicado en el número 2350 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 14 de noviembre de 2021.

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