Bosque de Chapultepec

Por encima de orquídeas y ahuehuetes: El Pabellón de arte va

Aunque los gobiernos federal y de la Ciudad de México no muestran la más mínima intención de ­recular en la creación del Pabellón Contemporáneo Mexicano, propuesto por el artista Gabriel Orozco, la oposición de vecinos, activistas y ciudadanos crece.
sábado, 20 de noviembre de 2021

Son muchas dudas las que plantea el Frente Ciudadano por la Mejora y Defensa del Bosque de Chapultepec en su recorrido con Proceso, denunciando el daño del Pabellón propuesto por el artista Gabriel Orozco, a construirse en espacios que afectarían al Jardín Botánico y al Orquideario. Señalan la ambigüedad de las autoridades al respecto y la ausencia de información sobre los honorarios del arquitecto italiano Renzo Piano, ni se ha explicado la “triangulación” en el financiamiento del empresario Agustín Coppel Luken y del Fideicomiso Probosque México. No hay licitación, no hay consulta, y Orozco se maneja a “dedazo puro”, cuestiona el organismo por medio de Artemisa Negrón y Sergio González.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Aunque los gobiernos federal y de la Ciudad de México no muestran la más mínima intención de ­recular en la creación del Pabellón Contemporáneo Mexicano, propuesto por el artista Gabriel Orozco, la oposición de vecinos, activistas y ciudadanos crece.

Las protestas del Frente Ciudadano por la Mejora y Defensa del Bosque de Chapultepec se han mantenido, y cada día suman más firmas en favor de la conservación del Jardín Botánico y el Orquideario que, literalmente, desaparecerá de seguir adelante con la construcción del Pabellón.

Sería así, dicen los integrantes del frente Artemisa Negrón y Sergio González, la segunda vez que un espacio destinado a la exhibición de arte se construya arrasando parte del Bosque de Chapultepec y un invernadero, pues cuando el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez edificó el Museo de Arte Moderno (MAM) en los años sesenta se devastó irreversiblemente el entorno.

Los activistas exigen, asimismo, que se transparente la forma en la cual se hizo una “triangulación” en el financiamiento del proyecto, que se hará con recursos del empresario sinaloense Agustín Coppel Luken, propietario de la cadena de tiendas del mismo nombre y de una colección de arte, y del Fideicomiso Probosque México, en cuyo Consejo Rector intervienen, entre otros personajes, Antonio Azuela de la Cueva, Francisco Urbano Barnés, María Cristina García Cepeda, Adriana Lobo Almeida y Marcos Mazari.

Piden asimismo que se haga público el contrato y honorarios del reconocido arquitecto italiano Renzo Piano (Premio Pritzker 1998), responsable de hacer el “proyecto conceptual”, y quien no tuvo que concursar por esta obra, “invitado” por decisión unipersonal de Orozco.

A finales de junio pasado, en una conferencia de prensa virtual desde el Centro Cultural Fábrica de San Pedro, en Uruapan, Michoacán, la secretaria de Cultura Alejandra Frausto se negó a hablar del costo de la contratación porque “así se acordó”, y tampoco quiso adelantar cuál sería el presupuesto del próximo año para el proyecto global “Chapultepec: naturaleza y cultura”, cuyo plan rector hasta ahora sigue sin presentarse, pese al compromiso hecho por Orozco en una conferencia “mañanera” en abril de 2019.

Durante un nuevo encuentro con la prensa en octubre pasado, Frausto desestimó los señalamientos del Frente Ciudadano, que días antes realizó un plantón en Paseo de la Reforma para continuar recolectando firmas en contra del Pabellón. Dijo que las obras en las diferentes secciones de Chapultepec se han hecho de acuerdo con los protocolos de conservación ambiental y patrimonial de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) de la Ciudad de México, encabezada por Marina Robles García.

Puso énfasis, incluso, en que se ha invertido en recursos hídricos, descontaminación de aguas y sembrado de árboles en la Tercera Sección, y esgrimió que en la primera (donde irá el Pabellón) no hay afectación alguna al patrimonio natural:

“Lo único que se construye es sobre zonas ya impactadas anteriormente.”

Es difícil precisar el significado de “impactadas” por la secretaria de Cultura, pues no lo precisó en el escaso tiempo que da a los medios para preguntas y respuestas.

Herencia prehispánica

En un recorrido por el Jardín Botánico y el Orquideario, Artemisa Negrón muestra que hay falta de mantenimiento y un cierto abandono, resultado del escaso presupuesto, pero sin duda es un espacio sin degradación ambiental:

En el primero, por ejemplo, se acumula la hojarasca, los árboles no se podan, hay desechos inorgánicos (vasos, cucharas y envolturas o empaques de alimentos); el área de juego para niños, que es una suerte de serpiente o pequeño laberinto armado con bases de madera, está sucia con muchas piezas rotas y en peligro de que los infantes puedan caer y lastimarse con trozos de madera o clavos.

En el Orquideario, el viejo sistema de riego dejó de funcionar hace mucho tiempo, y quien lo cuida debe regar con manguera y a mano. En los vitrales de su bóveda está representada una serpiente. Y en las paredes, a los lados, hay cuatro fuentes de mosaico. En ambos casos faltan piezas y se improvisa con bolsas de plástico para cubrir los huecos y conservar el clima idóneo para las orquídeas.

Pese a ello, diríase que la naturaleza se abre paso. Las orquídeas se conservan espléndidas e incluso se ha logrado hacer crecer algunas fuera del invernadero, en las alturas de algunos árboles. Negrón muestra los ahuehuetes centenarios que sólo se dan en zonas con suficiente agua que debe además ser limpia, por lo cual está convencida de que en el subsuelo hay manantiales.

En la página web de la Sedema se informa que el jardín abarca un espacio de 5.3 hectáreas y cuenta con “una valiosa colección de plantas nativas e introducidas”. Más de 200 ejemplares de plantas domesticadas, de humedal, pastos, ­agaves, suculentas, cactáceas y arboreto.

Excavaciones. Foto: Benjamín Flores

Y se describe:

“Los antiguos mexicanos tenían un gran amor, respeto y conocimiento de la naturaleza con la que convivían; tomando en cuenta que su dieta era básicamente vegetariana, el conocimiento sobre las propiedades curativas o tóxicas de las plantas era muy amplio.

“Además del uso que se daba a la vegetación, tenía un valor estético muy importante, prueba de ello son los diversos jardines destinados a sus mandatarios, como el de Molino de las Flores en Texcoco, perteneciente a Nezahualcóyotl y considerado el primer jardín botánico del Anáhuac (1430) o el de Moctezuma Ilhuicamina en Huaxtepetl (Oaxtepec) y por supuesto el de Moctezuma ­Xocoyotzin, cuyo esplendor ha trascendido la barrera del tiempo en el mismo Bosque de Chapultepec.”

Negrón advierte que si se intenta trasladar las orquídeas a cualquier otro espacio de Chapultepec, morirán, pues tendrían que contar con el espacio ya habilitado y prácticamente ser tomadas y llevadas a replantar inmediatamente. Todo con sumo cuidado. No hay posibilidad de dejar pasar tiempo, no son macetas, y son flores muy delicadas.

Muestra durante el recorrido con Proceso que del lado del MAM se ha comenzado a construir un camino peatonal, su trazo está marcado con cal y parece orientado hacia el Orquideario, donde se pretende construir el Pabellón de Renzo Piano. Se está preparando la base con piedra pequeña roja, y encima se han colocado algunas lozas de concreto o cemento.

La activista mueve con los pies la hojarasca para mostrar que aunque han intentado esconder con ella las marcas de cal, siguen ahí e incluso pasan por encima de las raíces de varios ahuehuetes, cuya vida calcula en cientos de años, y fresnos. Aunque no se corten, si se molestan excavando, morirán, lamenta, y señala cómo están siendo numerados los árboles sin que se haya dicho con qué propósitos.

Su ira es evidente, no puede evitar ir a discutir con los trabajadores que están fuera, maniobrando con la maquinaria pesada, y han abierto un camino hacia el jardín, cortando el enrejado del lado que da hacia el MAM y colocado una mala copia de las famosas “rejas de Chapultepec”.

Los bestias

Sergio González coincide con Negrón en que, de llevarse a cabo el proyecto de Orozco, se destruiría la naturaleza para dar paso por segunda ocasión a un recinto museográfico:

“La primera vez fue cuando se destruyó el invernadero para dar lugar al Museo de Arte Moderno. Es importante decirlo porque se cancela la posibilidad de dotar a la población de educación medioambiental, porque finalmente un jardín botánico es un espacio de educación para la ecología.”

Le parece un asunto fundamental porque está relacionado con la crisis civilizatoria de la cual viene hablando hace años la Organización de las Naciones Unidas respecto al calentamiento global y el llamado “punto de no retorno”.

En un video realizado por el Frente Ciudadano, su integrante Teresa Velázquez lee el fragmento de un texto del poeta Gerardo Deniz (1934-2014), publicado en la página 844 del libro De marras (que reúne su prosa), recuperado por el escritor Fernando Fernández en su blog, en el cual se narra cómo el invernadero, donde pasaba “horas felices”, fue arrasado (http://oralapluma.blogspot.com/2019/02/):

“Un mediodía (quién sabe cuál mes, 1964), hora de comer (…) volé no sé cómo a Chapultepec, a tiempo de asistir en pleno, a la demolición inesperada de mi invernadero esencial. Arriba, entre el esqueleto metálico, los bestias –siempre ellos (a veces tienen título de doctorado)– martillaban para destrozar los grandes vidrios, que caían alrededor, frente a mis pies (…) Todo al carajo (…) Ahora allí se alza el Museo de Arte Moderno. Nada tengo en su contra –salvo recordar lo que antes hubo en el mismo espacio–. (…) No, no me hagan más pendejo de lo que soy. Yo sé de sobra que hoy no es como 1964, ni 1964 como 1950. Sé que hacen falta estacionamientos. Nada más: ¿por qué no demuelen –a 100 metros– este o aquel edificio de mierda para hacer museos con estacionamientos, dejando simplemente en paz lo que estaba bien?”

Negrón. Impotencia. Foto: Benjamín Flores

Cuentas claras

En opinión de Sergio González, cuando Orozco plantea que no va a cobrar por el proyecto Chapultepec, lo que oculta es que la exhibición en el Pabellón de los artistas de su generación y de él mismo –incluso la elección de Piano– son ya parte de su pago.

Considera gravísima la ausencia de claridad sobre la “triangulación de recursos”: “No tenemos la certeza de que ­Coppel puso el dinero para el pago a Renzo Piano”. Así, subraya que Probosque debe transparentar antes que nada la donación al fideicomiso, sólo por el hecho de tratarse de Chapultepec, “el bosque urbano más importante de México”: Que informe cuánto entró y a cuánto ascienden los honorarios del arquitecto y su contrato, cuáles son sus condiciones para intervenir este espacio público.

Comenta que recientemente el frente tuvo un encuentro con diputados de varios partidos y posteriormente otra reunión a la cual se sumó un representante de la Sedema. Ahí pidieron que se les defina ya sí el Pabellón ocupará o no los terrenos del Jardín Botánico, pero “han sido ambiguos en su respuesta, como lo ha sido la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto”.

Enfatiza:

“Demandamos como ciudadanía saber si se va a volver a cometer el error de sustituir el jardín por el Pabellón, por una simple razón: los espacios de arte contemporáneo son de exclusión social, no son lugares donde va a entrar el ciudadano común, el pauperizado, el que –en su mayoría– visita Chapultepec los fines de semana.”

Retan a que se haga un estudio de públicos que muestre el nivel de ingreso de la gente a espacios de exhibición de arte contemporáneo, como el MAM, el Museo Rufino Tamayo y la Casa del Lago de la UNAM, para determinar si es correcto gastar dinero público en ese proyecto.

Recuerda el caso del Corredor Chapultepec, cuando se manejó la misma idea de que el arquitecto Fernando Romero (yerno de Carlos Slim) haría el “proyecto conceptual” y terminaron pagándole alrededor de 40 millones de pesos, dice, por diseñar una maqueta y entregar unos “renders”. Entonces considera preocupante que en Chapultepec se repita la historia y se le llame “proyecto conceptual” para no cumplir con las leyes y las normas, que además fueron creadas por la actual jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, cuando fue secretaria del Medio Ambiente con Andrés Manuel López Obrador:

“Ella creó el andamiaje legal para la gestión del Bosque de Chapultepec, fue ella quien propuso que hubiera un consejo rector y que habría que crear un plan de manejo, que debería ir a consulta ciudadana, todo esto no ha sucedido hasta ahorita y tememos que no va a suceder.”

Todo, añade, es determinado a “dedazo puro” por Gabriel Orozco, “le llamamos el contratista… porque sin licitación, por asignación directa, como si él fuera el funcionario, está decidiendo a quién le da los proyectos: Eligió al arquitecto Mauricio Rocha para la Cineteca de la Cuarta Sección, y a Tatiana Bilbao para la Bodega de Arte, “y así fue invitando a sus amigos”.

Y el problema, recuerda, es que como Orozco no tiene un contrato de prestador de servicios o empleado sino un “convenio de colaboración” (en el cual se establece que podrá tener los invitados que consideré para la creación del proyecto), no está obligado a rendir cuentas, aunque se trate de un espacio y dinero públicos.

Cuando se le pregunta por la responsabilidad de Homero Fernández, coordinador del Complejo Cultural Chapultepec, responde sin rodeos que es “el cabildero, el abogado, quien está haciendo el entramado legal para ajustar la maquinaria y puedan tomarse decisiones en lo oscuro, sin ninguna vocación de transparencia”.

Según una Memoria de cálculo del proyecto general, compartida por los integrantes del Frente con Proceso, el costo del Pabellón Contemporáneo Mexicano, con un Jardín Botánico, es de 490 millones de pesos. Incluye entre otros conceptos: librería, cafetería restaurante, taquilla, almacén general, módulos de baños, área interna de colecciones, sala de exposiciones, oficinas de administración, área de mantenimiento, “site” (sic), comedor, ­circulaciones y plazas exteriores.

Sin información. Foto: J. Raúl Pérez

El elevado presupuesto que desde el inicio de este gobierno se ha destinado al Proyecto Chapultepec motivó a los investigadores y especialistas en políticas culturales, Carlos Lara y Carlos Villaseñor Anaya, a solicitar a la Cámara de Diputados que del monto para 2022 se reasignen 250 millones de pesos en favor de las más de 2 mil casas de cultura y centros culturales de todo el país, con lo cual se beneficiaría a 85.7% de la población, no sólo a la de la alcaldía Miguel Hidalgo.

Al cierre de esta edición, y justo cuando se discutía en la Cámara el Presupuesto de Egresos de la Federación 2022, había atendido al llamado sólo la diputada Gabriela Sodi Miranda.

A través de un tuit, y haciendo un comparativo entre lo aprobado a los institutos nacionales de Bellas Artes (3,327,320,957) y de Antropología e Historia (4,011,157,057), con los 3,823,590,000 destinados a Chapultepec, Villaseñor cuestionó:

“¿Se necesita algún comentario para comprender el desbalance? Por un lado las instituciones responsables de la custodia, conservación, investigación y difusión de nuestro patrimonio cultural arqueológico, artístico e histórico de todos los mexicanos y de mucho patrimonio mundial.” 

Reportaje publicado el 14 de noviembre en la edición 2350 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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