Cineteca Nacional

Ayala Blanco, Bonfil y Carro: La edición 70, tras medio siglo

Nostalgias aparte, se trata de un Festival de Festivales –como se le llamó en sus inicios– que los cinéfilos de corazón aguardan, si bien el fenómeno está “ya un poco choteado” por realizarse dos veces al año, opina Jorge Ayala Blanco, presente en la primera edición de 1971.
domingo, 21 de noviembre de 2021

Nostalgias aparte, se trata de un Festival de Festivales –como se le llamó en sus inicios– que los cinéfilos de corazón aguardan, si bien el fenómeno está “ya un poco choteado” por realizarse dos veces al año, opina Jorge Ayala Blanco, presente en la primera edición de 1971. Para el uruguayo Nelson Carro, quien llegó exilado a México, su trascendencia es innegable; en cambio, de acuerdo a Carlos Bonfil, cuya crítica fílmica comenzó a partir de 1990, la muestra debe ser permanente y no como se la programa en su sede la Cineteca Nacional.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Eran los albores de la década de los setenta.

Comenzaba una época excepcional del cine mexicano debido al apoyo del Banco Nacional Cinematográfico a una generación importante de realizadores que sólo duró seis años, creándose entonces la Muestra Internacional de Cine, sustituto de la exitosa Reseña de Festivales Cinematográficos.

Desde entonces, es decir, hace medio siglo, la muestra “sigue vigente, atractiva y ocupa un lugar importante”, expone el crítico e investigador de cine Nelson Carro Rodríguez (Montevideo, Uruguay, 1952).

Director de difusión y programación de la Cineteca Nacional (instancia que desde su creación en 1974 organiza la muestra), Carro fue entrevistado por Proceso en su oficina de la colonia Xoco. Allí, destaca “el buen lugar” que ocupa este ciclo del séptimo arte en la exhibición fílmica de México:

“La muestra ha tenido épocas mejores y peores, altibajos sin duda; pero se ha mantenido, y sin ánimo de que haya competencia entre las películas. A pesar de que en México existe una enorme oferta de festivales, la cinematográfica se ha diversificado mucho y esta muestra brinda un panorama de lo que ha sido el cine nacional e internacional en estos 50 años”, subraya entusiasta, aportando la cifra que el Anuario estadístico de cine mexicano 2020, editado por el Instituto Mexicano de Cinematografía, ofrece: son 161 los festivales fílmicos nacionales.

En tanto, el crítico de cine, historiador y profesor decano de la UNAM Jorge Ayala Blanco (Ciudad de México, 1942) destaca por teléfono que “este medio siglo es el resultado de un proceso evolutivo tanto de la muestra como de la cinefilia mexicana, las cuales están estrechamente ligadas”. Así, la importancia de la muestra ha cambiado a lo largo del tiempo, consigna:

“De ser un fenómeno cultural de primer orden, se ha convertido en una especie de gran ciclo de lujo de la Cineteca, el cual ahora posee una ventaja, ya que recorre todo el territorio nacional.”

Jubiloso, Ayala Blanco, autor de 17 tomos sobre la historia del cine nacional, acentúa que la muestra continúa siendo algo esperado por los amantes del cine:

“Es como una extraña tradición mexicana que afortunadamente se ha sostenido. Es un buen ciclo de películas. Llegó a ser el gran acontecimiento cultural cinematográfico de México. Después intentaron el Foro Internacional de la Cineteca. Mas la muestra ya está un poco choteada porque se hacen dos al año, y se creó Talento Emergente dedicado a las nuevas miradas cinematográficas en el mundo; entonces ya son cuatro muestras cada año y eso por supuesto debilita a la misma Muestra Internacional de Cine.”

Finalmente, el ensayista, traductor y crítico de cine Carlos Bonfil (Ciudad de México), quien recibió el premio Guerrero de la Prensa al Mérito Periodístico que otorga la Red de Prensa Mexicana de Cine durante el Festival Internacional de Cine de Morelia 2021 (FICM), la cataloga como “un lugar de encuentro en el que la gente puede salir de su nicho privado, ya sea de casa, frente a la computadora o frente a su celular, y al cabo de tantos años mantiene un fuerte apetito que ahora se alimenta con las redes sociales y la masificación del video, para ver el cine contemporáneo”. En charla dentro de la Cineteca, este editor, quien comenzó a escribir crítica hace tres décadas y coordinó el libro ¡Hoy grandioso estreno!: El cartel cinematográfico en México (2010) exalta que “la muestra sigue cumpliendo esa función de ser el punto de contacto entre las viejas generaciones cinéfilas y los jóvenes de hoy que llegan con un gran deseo por descubrir cosas nuevas”.

El deseo de Bonfil sería que exista una muestra permanente:

“Que no se límite únicamente a dos temporadas, la de primavera y el otoño, sino que cada mes existan oleadas. Hay que recordar que cuando estaba la muestra aparte se mostraban los directores de la muestra, por ejemplo, si veías El espejo de Tarkovski, se exhibía otro filme de ese cineasta para conocer más su obra.”

Y completa:

“Cuando surge la muestra ya existe el deseo por parte del público a lo que entonces se llamaba el ‘cine de aliento’, ahora conocido como cine de autor. Esa expectativa continúa.”

Dos películas mexicanas

Aparte de conmemorar cinco décadas, la Muestra Internacional de Cine celebra su edición 70 del 12 al 29 de noviembre, cuando en los últimos años se desarrollaba en primavera y otoño.

La primera ocurrió en 1971 precisamente durante el mes de noviembre, proyectándose 21 destacados largometrajes, como La vía láctea (Francia e Italia, 1969) de Luis Buñuel, Los malditos (Italia, 1969) y Muerte en Venecia (Italia y Francia, 1971), de Luchino Visconti; Celos al estilo italiano de Ettore Scola, Muñeca reina (México, 1971) de Sergio Olhovich, y Vergüenza (Suecia, 1968) de Ingmar Bergman.

Ahora, la programación de la 70 edición incluye 14 largometrajes, con dos producciones de México: La sombra del caudillo (México, 1960) de Julio Bracho (la cual después de casi 30 años de censura se estrenó en 1990, siendo restaurada desde enero de 2020 al pasado septiembre), y El otro Tom (México y Estados Unidos, 2021) de Rodrigo Plá y Laura Santullo, sobre la salud mental infantil (Proceso, 2340).

La 70 muestra se podrá ver en la Cineteca Nacional desde el 12 al 29 de noviembre, y del 18 de noviembre al 9 de diciembre en el cine Tonalá, Cinemanía, la Casa del Cine, además de cinco complejos Cinemex (Casa de Arte, Altavista, Duraznos, Manacar e Insurgentes) y tres Cinépolis (Diana, Plaza Carso y Samara).

 Posteriormente recorrerá la República Mexicana.

Efervescencia de los sesenta

Los años sesenta de México padecían de una creciente animadversión por los “churros”.

El investigador Emilio García Riera escribió en Breve historia del cine mexicano que en publicaciones culturales, como la Revista de la Universidad y el suplemento México en la Cultura del diario Novedades, “una nueva crítica ya no se sentía obligada, como casi toda la anterior, a defender al cine mexicano por el simple hecho de serlo”. Al contrario, se planteaba la necesidad urgente de un cambio radical con hincapié en la importancia del director como responsable básico o autor de las películas.

Jomí García Ascot, José de la Colina, Salvador Elizondo (hijo del productor homónimo), Gabriel Ramírez, Carlos Monsiváis, Eduardo Elizalde, Luis Vicens y García Riera conformaron en 1961 el grupo Nuevo Cine, al que se unieron aspirantes a directores fílmicos: José Luis González de León, Salomón Laiter, Manuel Michel, Juan Manuel Torres, Rafael Corkidi y Paul Leduc, quienes editaron la revista Nuevo Cine.

Afines al grupo fueron el escritor Carlos Fuentes, los pintores José Luis Cuevas y Vicente Rojo, el productor Manuel Barbachano Ponce y los ya destacados Luis Buñuel y Luis Alcoriza. Por otro lado, la UNAM creó un importante movimiento de cine-clubs.

La Reseña de Festivales Cinematográficos, que desde 1958 se efectuaba en la capital mexicana y también en Acapulco, familiarizó a un amplio público con las obras de cineastas altamente celebrados, como los italianos Visconti, Fellini, ­Rossellini y Antonioni, el escandinavo Bergman y los franceses Resnais, Godard y Truffaut. Sin embargo, la Reseña terminó en 1968 porque proyectó cintas de movimientos estudiantiles que habían ganado en festivales.

Nelson Carro emigró a México de su natal Uruguay en diciembre de 1976, publicando crítica en Tiempo Libre del periódico Unomásuno y colaborando con la Filmoteca de la UNAM. Recuerda que a la desaparición de la reseña nació la muestra, “más modesta, sin tanto glamur”:

“La creó la Dirección de Cinematografía de la Secretaría de Gobernación, después pasó a depender de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC), y terminó en la Cineteca Nacional, institución de la Secretaría de Cultura. Se creó con el mismo criterio de la reseña, para ser un festival de festivales con filmes que venían de Cannes, Berlín y Venecia. En 1971 efectivamente hubo una efervescencia cinematográfica, y no es casual que los tres cineastas mexicanos con más participación en la muestra son Arturo Ripstein en primer lugar, el recién fallecido Felipe Cazals y Jaime Humberto Hermosillo, quien murió en enero de 2020.”

De los extranjeros más presentes, apunta a Bergman, Fellini, Visconti, Carlos Saura, Woody Allen, Pedro Almodóvar...

“Junto con La sombra del caudillo –dice Carro– pasaremos ahora un cortometraje sobre la IV muestra, donde se aprecian las multitudes que se hacían para entrar al teatro El Roble… Ahí se ve que toda la avenida Reforma estaba prácticamente bloqueada por la gente, y es impresionante cuando se abre la sala por cómo una gran estampida trata de encontrar un asiento. Entonces sí que había una gran euforia.”

El actor Rodolfo Landa, hermano del entonces presidente de México Luis Echeverría Álvarez, fue nombrado en septiembre de 1970 director del Banco Nacional Cinematográfico, mismo que resultó beneficiado ese año por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público con mil millones de pesos, informan varios diarios de la época. Cabe recordar que en 1972 volvió a funcionar la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. En 1975 empezaron las labores del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). García Riera explica en su volumen:

“Muchas cintas del Estado fueron filmadas en cooperación con productores privados o con los trabajadores. Y la gestión de Rodolfo en el Banco no afectó los intereses privados de la exhibición y la distribución.”

Nelson Carro enfatiza que durante largo tiempo fue “una obligación ver las películas de la muestra” porque no había en el país ningún festival de cine y muchas cintas no se estrenaban a nivel comercial, “se traían directamente para ser parte de ella”. El autor de El cine de luchadores (1984) relata que el cine mexicano siempre ha sido parte de la muestra, aunque actualmente “depende también de la disposición de los distribuidores” que sus películas lleguen al gran evento:

 “A veces se estrenan antes y ya no se integran. Por ejemplo, este año varias ya salieron en los cines, como Noche de fuego, de Tatiana Huezo, o Una película de policías, de Alonso Ruizpalacios. Entonces ya no se consideran, y así sucede con varios directores, o sea: Almodóvar estuvo bastante en las primeras ediciones de la muestra y después ya no, por cuestión de distribución. En otras ocasiones, solicitamos los filmes y no se pueden obtener porque se van directamente a las plataformas, en fin. Nos hemos adaptando a todos esos cambios.”

Pese a la pandemia, asegura, el público ha respondido bien a la Cineteca Nacional (“ahora con el cambio de semáforo estamos subiendo un poco más el aforo”). En 2019 hubo 1 millón 300 mil espectadores, de los cuales la muestra tuvo 25 mil 500 alcanzando 40 mil espectadores en todo el país. En la 68 edición de noviembre de 2020, asistieron 8 mil personas, y en la anterior, la 69 de abril pasado, 11 mil. Carro redondea positivo:

“El desafío es mantener la muestra y ver cómo puede crecer más, sin cambiar su objetivo.”

Desde luego, destaca la proyección de La sombra del caudillo, cuya restauración sufrió retrasos (por las restricciones que produjo el confinamiento ante el covid-19), y estuvo a cargo del Laboratorio de Restauración Digital de la Cineteca, con apoyos en especie del Fideicomiso para la Cineteca Nacional, patrocinios de Arte y Cultura Grupo Salinas A.C., más colaboraciones de Estudios Churubusco y la Fonoteca Nacional.

Hoy en marquesinas

Aparte de las mencionadas La sombra del caudillo, película de 1960 inspirada en la novela clásica de la Revolución Mexicana escrita por Martín Luis Guzmán, y El otro Tom, que obtuvo Mejor Dirección (Rodrigo Plá y Laura Santullo) en el FICM 2021, la edición 70 conlleva 12 sorpresas más que arriban desde otras latitudes.

Entre ellas, se hallan Algunas bestias (Chile, 2019), de Jorge Riquelme Serrano, un retrato atroz sobre los lazos familiares y el abuso de poder; El hombre que vendió su piel (Francia, Túnez, Bélgica, Alemania y Suecia, 2020) de Kaouther Ben Hania, una sátira del elitista mundo del arte donde se denuncia la deshumanización y los prejuicios que pesan en Europa sobre los inmigrantes provenientes del mundo árabe; Habitación 212 (Francia, Luxemburgo y Bélgica, 2019) de Christophe Honoré, que reflexiona sobre el amor y las memorias personales a partir de Chiara Mastroianni (hija de Catherine Deneuve y Marcello Mastroianni), quien interpreta a una mujer que decide empezar de cero tras 20 años de matrimonio.

Sebastian Meise dirige La gran libertad (Austria y Alemania, 2021), la cual revisa la represión hacia los homosexuales en la Alemania de la posguerra. Mohammad Rasoulof narra cuatro historias con la pena de muerte como hilo conductor en La maldad no existe (Irán, Alemania y República Checa, 2020). Las golondrinas de Kabul (Francia, Luxemburgo, Suiza y Mónaco, 2019), de Zabou Breitman y Éléa Gobbé-Mévellec, es un filme animado que reconstruye los duros años noventa en Afganistán en torno a dos parejas que viven el reciente dominio talibán en la región.

Con Memoria (México, Colombia, Reino Unido, Francia, Alemania y Tailandia, 2021) el cineasta Apichatpong Weerasethakul continúa explorando la convergencia del pasado, presente y futuro, desde la búsqueda de lo trascendental por parte de una botánica escocesa interpretada por Tilda Swinton. El turco Ferit Karahan reflexiona sobre las fallas del sistema burocrático y del mundo adulto en una sobria odisea de dos niños con Mi mejor amigo (Turquía, 2021). La joven parisina Suzanne Lindon construye una carismática historia de crecimiento a través del drama intergeneracional en el encuentro de una chica de 16 años con un actor mayor que ella en Primavera en París (Francia, 2020). Las complejidades y riesgos de los barrios periféricos de Roma se ven desde la mirada de sus niños en Queridos vecinos (Italia y Suiza, 2020), segunda película de los hermanos romanos Fabio y Damiano D’Innocenzo.

También hallamos al director tunecino Mehdi M. Barsaoui, quien con su ópera prima Un hijo (Túnez, Francia, Líbano y Catar, 2019) compone una crítica al mundo patriarcal mirando los súbitos cambios de la Primavera Árabe hace una década. Asimismo, otro clásico de la cinematografía universal se integra restaurado: El espejo (Unión Soviética, 1975) del célebre Andréi Tarkovski, ni más ni menos, donde su lente revisa la historia rusa del siglo XX a través de un trance de texturas e imágenes como declaración artística personal.

Reportaje publicado el 14 de noviembre en la edición 2350 de la revista Proceso cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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