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El "Calamar…" de Netflix, en casas y calles…

Dirigida por Hwang Dong-hyuk, quien afirmó que su intención fue retratar una metáfora sobre la sociedad capitalista moderna, la saga televisiva es la más vista en Netflix
domingo, 12 de diciembre de 2021 · 22:01

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Un disfraz ha destacado a través de redes sociales y celebraciones, y continúa imponiéndose incluso en los cumpleaños infantiles: se trata de overoles rojos con máscaras de triángulos, cuadrados y círculos, más “metralleta de plástico” en mano:

El traje de la armada de la serie coreana El Juego del Calamar.

Dirigida por Hwang Dong-hyuk, quien afirmó que su intención fue retratar una metáfora sobre la sociedad capitalista moderna, la saga televisiva es la más vista en Netflix: en su primer mes capturó 110 millones de espectadores –superando a The Bridgerton (82 millones), The Witcher y Lupin (76 millones)–, y a través de nueve capítulos narra cómo 654 adultos debaten sus vidas en medio de juegos infantiles, para ganar una suma exorbitante de dinero.

Los perdedores de cada juego mueren en la mayoría de los casos, ametrallados por esa armada de soldados vestidos de rojo, bajo la idea de que haya un ganador entre esas 654 personas. La violencia en su esplendor.

La serie, que en un inicio fue elogiada por diversos medios de comunicación como The New York Times, CNN, BBC de Londres y Le Monde, se ha asociado con el pasar de los meses a memes y Fake News (noticias falsas) en redes sociales, siendo las más comunes asesinatos o suicidios que las autoridades suelen descartar; como muestra, en octubre pasado la Policía Nacional de Colombia descartó la noticia de un asesinato difundida por el portal Newtral.es.

Lo más cercano a una posible muerte asociada a la serie es la información difundida por Radio Free Asia, sobre la sentencia para ejecutar a un hombre que contrabandeó la serie vía USB a Corea del Norte, cadena perpetua al joven que la compró, y cinco años de trabajos forzados a seis personas por haber sido espectadores.

Lanzada en septiembre de 2021 por la plataforma Netflix, para principios de octubre de este año, al menos en la calle Correo Mayor del Centro Histórico de la Ciudad de México, conocida quizá como la más importante de comercio popular, el ambulantaje ofreció máscaras con las figuras de triángulos, cuadrados y círculos que en la serie hacen alusión a un rango de los asesinos.

El traje fue la novedad en las pasadas conmemoraciones por el Día de Muertos, pero también se ha permeado en celebraciones con temática de cumpleaños, según algunas imágenes que se han hecho virales igualmente en redes sociales.

La serie, de acuerdo a una investigación realizada por la BBC, contó con un acucioso estudio detrás sobre la naturaleza humana para conectar con el público alrededor del mundo, basándose en elementos como la infancia, rasgos de personalidades y elementos socio-políticos como pobreza, migración y corrupción.

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Entrevistado vía telefónica, el crítico de cine de Proceso, Javier Betancourt, quien se ha empeñado en desmenuzar la producción audiovisual asiática de los últimos años, contó su experiencia con El Juego del Calamar:

“La vi por curiosidad porque en distintos medios la recomendaban, me atrapó y no pude dejar de verla y la terminé en dos o tres días. Es una serie muy bien diseñada, tomando en cuenta todos los factores de atención a partir de juegos muy básicos; los personajes son interesantes, individuos desesperados dispuestos a correr cualquier riesgo, y en esta época tiene resonancia con la inquietud, la angustia y desesperación de la gente. Hay una doble identificación, incluso para nuestro momento en que coincidió con la pandemia, en donde es jugarse la vida con el virus… esa resonancia con el momento actual influyó mucho.

“Los coreanos son en series y filmes de acción incluso más eficaces que los estadunidenses –quienes son más superficiales–, e incluso con su competencia inmediata, los japoneses, que suelen ser más reflexivos. La fórmula coreana es que si temes que puede pasar lo peor, pasa, mientras los estadunidenses siempre tratan de conciliar.”

Al tocar el tema de cómo niños y adolescentes se disfrazan así, a pesar de la violencia y con la venia de los padres, Betancourt se asombró ante otro factor: triángulos, cuadrados y círculos de las máscaras son los botones de movimiento de los controles de juegos como X-Box y PlayStation.

Sobre a quién debe dirigirse la serie en relación al nivel de violencia, Netflix en Latinoamérica no advierte al respecto; sólo aparece una leyenda al principio de cada capítulo, con duración de un segundo: “Violencia, sexo, desnudos, suicidio, consumo de tabaco”.

–¿Hasta qué punto los padres tienen la responsabilidad en torno a estas vestimentas usadas en niños, en donde se representa a asesinos vestidos de rojo?

–No es una serie para niños, y eso es claro. Para niños es perturbadora. No hay que trivializar: la serie está bien hecha, pero por lo menos es de adolescentes hacia arriba. Es cruel, implacable, y no hay catarsis, no hay “castigo a los malos”, y sí creo que ahí los padres debieran ser más reflexivos al respecto.

Para Betancourt, psicólogo y comunicólogo por la UNAM, el éxito de la serie en el continente americano no es fortuito, producto de una ardua labor de Corea en la industria fílmica desde finales de la década de los noventa:

“Es una serie que va a hacer escuela, creo que más que crítica, juega con el sistema, aunque es capaz de exponer temas como la manipulación, los medios, explotar la necesidad de la gente.”

Por lo pronto, Netflix confirmó la segunda temporada, prevista ya para este 2022, y en días recientes se anunció que competiría por un Premio Emmy.

–Se habla de cierta crudeza en los trabajos fílmicos coreanos, ¿es el sello del éxito?

–Los coreanos llevan todo al extremo, a las últimas consecuencias, te dejan pasmado, así es el cine coreano. Las mejores películas que te puedas imaginar son así. El Juego del Calamar tiene todos esos antecedentes, pero combinados de una manera muy precisa, con una ingeniería dramática donde calculan efectos, ritmo, tensión, personajes.

“Los coreanos tienen muy buena escuela de actuación; la imagen de la mujer coreana suele ser confrontadora, lo que fascina a sus vecinos japoneses. Corea tiene una historia muy dolorosa entre China, Japón, Corea del Norte, fueron víctimas del colonialismo japonés, viven militarizados, siempre están compitiendo con sus vecinos japoneses, creo que es esa intensidad y disciplina lo que les ha dado ese impulso.” 

Reportaje publicado el 5 de diciembre en la edición 2353 de la revista Proceso cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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