Francia

Eric Zemmour, el candidato ideal de la ultraderecha

Eric Zemmour, el candidato ultraderechista a la Presidencia gala, se muestra furiosamente racista, xenófobo, misógino y homofóbico... y defensor de la tesis conspirativa que cree que la población blanca y cristiana de su país está en riesgo de desaparecer.
domingo, 26 de diciembre de 2021 · 13:40

Periodista metido a la política, Eric Zemmour ya comenzó a cimbrar la escena francesa. Hábil intérprete del sentir de algunos sectores sociales, el candidato ultraderechista a la Presidencia gala, a la cabeza de su propio partido –Reconquista, en alusión al movimiento que expulsó a los musulmanes de la Península Ibérica en el siglo XV–, se muestra furiosamente racista, xenófobo, misógino y homofóbico... y defensor de la tesis conspirativa que cree que la población blanca y cristiana de su país está en riesgo de desaparecer.

PARÍS (proceso).-  El ambiente es eléctrico en la inmensa sala del Parque de Exposición de Villepinte, en los alrededores de esta capital, y se torna enfebrecido cuando Eric Zemmour, rodeado de guardaespaldas, recorre el pasillo central para acercarse al podio.

Camina despacio y sonriente al hollywoodense son de Immortal, del compositor noruego Thomas Bergersen.

“¡Zemmour presidente! ¡Zemmour presidente!” entonan como un solo hombre unos 12 mil seguidores del candidato de extrema derecha a la Presidencia de Francia, mientras agitan grandes banderas tricolores. De pronto un hombre logra burlar la vigilancia de sus custodios, se le echa encima e intenta agarrarlo por el cuello. El servicio de seguridad inmoviliza al individuo.

Zemmour sigue caminando y la multitud, coreando su nombre.

Para el candidato y sus partidarios ese frío domingo 5 es “un día histórico”, pues es la fecha que el periodista, ensayista y estrella del canal televisivo CNews, versión gala de Fox News, eligió para lanzar su propio partido y convertirse en líder político.

Ese primer mitin electoral se da cuatro días después del anuncio de su candidatura presidencial en un video apocalíptico de 10 minutos, salpicado de imágenes violentas mezcladas con las figuras de Juana de Arco, Napoleón o Charles de Gaulle y evocaciones nostálgicas de los años “idílicos” que precedieron la “fatídica” rebelión estudiantil de mayo de 1968. El video fue difundido en YouTube y en las redes sociales.

Zemmour se sube al podio en medio de ovaciones… y empieza su discurso.

“¡Vamos a cambiar el curso de la historia! Si gano las elecciones presidenciales no habrá una alternancia más en el poder. ¡Será el principio de la reconquista del país más bello del mundo!”, proclama al tiempo que aparece la palabra RECONQUÊTE! en una gigantesca pantalla.

“Reconquista. Es el nombre del nuevo partido que he querido fundar”, anuncia triunfalmente.

Despierta fervor entre el público ese nombre enfatizado por un signo de admiración, referencia clara a la histórica Reconquista de la Península Ibérica, iniciada en el siglo VIII por los reinos cristianos y que acabó con la expulsión de los musulmanes a mediados del XV.

Salvar al pueblo francés amenazado de extinción es el eje central del programa político de Eric Zemmour. El controvertido periodista lleva años repitiendo que la mitad de Francia será islamista en 2050, haciendo suya la tesis conspirativa de la Gran Sustitución, de Renaud Camus.

Según ese ideólogo de ultraderecha ya está en marcha el remplazo de la población blanca cristiana europea –y particularmente de la francesa– por otra, oriunda en su mayoría del Magreb y del África subsahariana. Camus y Zemmour sostienen que ese proceso, “generado por los flujos masivos de migrantes” y la “alta tasa de crecimiento demográfico de la población no europea”, acabará definitivamente con la cultura y la civilización galas.

“¡Francia pide ayuda! ¡Ya no es tiempo de reformarla, urge salir a su rescate!”, exhorta el candidato. Pero antes de desmenuzar su estrategia de “reconquista”, Zemmour recurre a la retórica victimista de Donald Trump al presentarse como blanco de una implacable coalición en la que no teme amalgamar toda la clase política francesa, la prensa y los terroristas islámicos.

“Mis adversarios quieren mi muerte política, los periodistas quieren mi muerte social y los yihadistas mi muerte física”, concluye desatando abucheos rabiosos contra sus enemigos.

Antimigrante

Impedir que la “identidad y la esencia” del pueblo francés desaparezcan en las tres próximas décadas será la prioridad absoluta de Zemmour si llega a ocupar la silla presidencial. Larga es la lista de las medidas que, apenas electo, tomará para cumplir su “misión salvadora”.

Promete a sus entusiastas seguidores que interrumpirá de una vez por todas los flujos migratorios legales y clandestinos antes de lanzarse en una larga letanía de disposiciones coercitivas.

Limitará a “un puñado de individuos” el número anual de beneficiarios de asilo político y disminuirá drásticamente el de las naturalizaciones, prohibirá la reagrupación familiar, seleccionará con rigor extremo a los extranjeros autorizados a estudiar en Francia.

También perseguirá las asociaciones de asistencia a los migrantes indocumentados y cancelará la atención médica a la que actualmente éstos tienen derecho, expulsará sistemáticamente de Francia a los delincuentes y desempleados extranjeros, privará de la nacionalidad francesa a los criminales binacionales y cancelará el ius soli, que permite que un niño nacido en Francia de padres extranjeros acceda a la nacionalidad francesa a partir de los 18 años y bajo ciertas condiciones. La lista sigue.

Zemmour no es el único en propugnar ese tipo de medidas. Muchas figuraban en el programa político de Jean-Marie Le Pen y ahora en el de su hija, Marine Le Pen, candidata de la Agrupación Nacional; varias fueron preconizadas por la Unión por un Movimiento Popular (UMP) durante la Presidencia de Jacques Chirac y sobre todo la de Nicolas Sarkozy –aun si sólo algunas fueron parcialmente aplicadas– y finalmente numerosas coinciden con disposiciones defendidas actualmente por el ala más derechista de la UMP.

Para resaltar su radicalismo, el líder de Reconquista se compromete también a abolir la Ley Contra Insultos y Crímenes Racistas, Antisemitas y Xenofóbicos, promulgada en 2004 –en virtud de la cual fue condenado dos veces por la justicia–, a “liberar” Francia de la Corte Europea de los Derechos Humanos y a rechazar la primacía del derecho europeo si “amenaza la soberanía nacional francesa”, al igual que lo están haciendo Viktor Orbán y Mateusz Morawiecki, dirigentes antiliberales de Hungría y Polonia.

Zemmour remata anunciando que todas estas medidas no se debatirán en el Parlamento, sino que serán sometidas a votación popular.

Migrantes africanos. Odio racial. Foto: AP Thibault Camus

“No hay odio”… y peleas

Sin tenerle miedo a la paradoja, asegura que “un pequeño judío sefardita de sangre berebere, como él, oriundo del otro lado del Mediterráneo” no puede ser racista. Y mientras exclama en medio de vítores que “no hay odio en mi corazón. No hay odio en nuestros corazones”, se arma una pelea en el fondo de la sala. El lugar es tan grande que la mayor parte de los asistentes no se percata de la violencia de los hechos que filman los camarógrafos de los canales televisivos que cubren el acto.

Todo empieza cuando unos 12 integrantes del movimiento SOS Racisme se paran sobre unas sillas, se quitan abrigos y chamarras y exhiben sus camisetas. En cada una está pintada una letra y juntas proclaman: “NON AU RACISME”.

Los activistas no duran un minuto de pie. Acaban de inmediato tirados al suelo, pisoteados y golpeados –tanto muchachas como muchachos– por jóvenes con obvia experiencia de combate que se adelantan al equipo de orden del acto. Vuelan sillas, llueven puñetazos. Cinco de los activistas antirracistas resultan heridos.

El día siguiente los Zuavos de París, un grupúsculo de neonazis con trayectoria de hooligans y conocidos por su brutalidad, reivindican con orgullo la acción en un video difundido vía Telegram. Una semana más tarde Gérald Darmanin, ministro del Interior, pide la disolución del grupo.

Zemmour no comenta el acontecimiento ni la agresividad sistemática de sus partidarios contra los periodistas acreditados para seguir el acto. Su vocero denuncia la “provocación” de los antirracistas antes de admitir que “nadie debería recurrir a una fuerza irrazonable”. Le contestan aguerridos grupos de activistas antifascistas anunciando que van a “pudrir” la campaña del fundador de Reconquista.

Los meses que vienen amenazan ser agitados.

Explotar los miedos

Ese primer mitin electoral de Eric Zemmour es fiel imagen de su protagonista.

El experiodista y hoy político atiza tensiones y miedos, destila odio y división, exacerba el sentimiento de precariedad económica y social que sacude amplios sectores de la sociedad francesa en los últimos años y que se manifestó en el Movimiento de los Chalecos Amarillos, empeora esa vulnerabilidad que se va convirtiendo en ansiedad existencial mientras más dura la epidemia de covid.

Aún faltan cuatro meses para las elecciones presidenciales francesas: la primera vuelta se celebrará el 10 de abril de 2022 y la segunda, el 21 del mismo mes.

Eric Zemmour por el momento dista de haber recolectado el patrocinio de 500 funcionarios elegidos, requisito indispensable para presentarse al?escrutinio.

Tampoco queda claro cómo logrará financiar los costos de su campaña electoral. En víspera de la oficialización de su candidatura perdió el apoyo económico de Charles Gave, un multimillonario de firmes convicciones identitarias, muy influyente en los círculos de extrema derecha, que dirige sociedades de inversión de fondos.

Como sea, las provocaciones racistas, xenofóbicas, misóginas y homofóbicas del líder de Reconquista, reiteradas durante su gira de los tres últimos meses por todo el país para promover su libro Francia no dijo su última palabra, le permitieron alcanzar 18% de la intención de voto en los sondeos de opinión hasta mediados de noviembre.

Semejantes resultados, por volátiles que sean, desestabilizaron aun más el ya muy alterado escenario político galo y desplazaron el debate preelectoral hacia postulados de derecha dura y extrema derecha.

También dejaron más débil que nunca a la izquierda, dividida entre siete candidatos. Destacan Anne Hidalgo, actual alcaldesa de París, por el Partido Socialista; Yannick Jadot, de Los Verdes; Jean-Luc Mélenchon, de Francia Insumisa, y Fabien Roussel, del Partido Comunista.

Chalecos amarillos. Vulnerabilidad social. Foto: AP Kamil Zihnioglu

El caso de Eric Ciotti es emblemático de esa fuerte derechización. Expresidente departamental de los Alpes Marítimos, actual diputado y cuestor de la Asamblea Nacional, encabeza la corriente más extremista de Los Republicanos; declaró que de darse un duelo Zemmour-Macron en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, votaría a favor del primero. Unos días después exigió la creación de un “Guantánamo francés” y así justificó esa exigencia:

“Desde 2018 y hasta 2022, 2 mil 540 detenidos condenados por terrorismo islámico o radicalizados salieron o saldrán de la cárcel después de haber cumplido su condena. Debemos ir mucho más allá de lo que prevé la legislación que les impone llevar pulsera electrónica.”

Ciotti y Valérie Pécresse, presidenta de la importante Región de la Isla de Francia, que rodea París, compitieron en la segunda vuelta de las elecciones primarias organizadas el pasado jueves 2 por Los Republicanos para designar a su candidato a la Presidencial.

Ganó Pécresse, pero con 39% de los votos Ciotti, cuestor de la Asamblea Nacional, cuenta con suficiente apoyo para imponer a su excontrincante parte de su programa y se muestra dispuesto a chantajear a su propio partido con aliarse con Zemmour, su amigo, en caso de no lograr su cometido.

De hecho Ciotti y Zemmour bregan en favor de una alianza entre Los Republicanos y la extrema derecha.

Según los últimos sondeos, Emmanuel Macron tiene 24% de la intención de voto en la primera vuelta; Pécresse, 17%; Marine Le Pen, 16%, y Zemmour “baja” a 15%, mientras la izquierda está en el limbo.

Pero los sondeos son sólo una imagen aproximativa. Y después de la sorpresa provocada por la elección de Donald Trump en 2017 en Estados Unidos, los politólogos galos se muestran sumamente cautelosos.

El lema de la campaña electoral de Eric Zemmour es la divisa de Napoleón: “Imposible no es francés”.

Texto publicado en la edición 2355 del semanario Proceso cuya versión digital puedes adquirir aquí. 

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