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Morena, el reto de navegar en la “orfandad” rumbo a 2024

La presidenta nacional del Consejo Nacional de Morena, Bertha Luján, reflexiona sobre la situación que sortea el partido desde que López Obrador se lanzó a su tercera campaña presidencial. También sobre la polarización entre morenistas, los dos aspirantes más visibles y el reto de evitar las tribus.
jueves, 9 de diciembre de 2021

En entrevista, la presidenta nacional del Consejo Nacional de Morena, Bertha Luján Uranga, reflexiona sobre la situación que el partido sortea desde que su fundador, Andrés Manuel López Obrador, se lanzó a su tercera campaña presidencial. También habla de la polarización entre morenistas, los dos aspirantes más visibles para 2024 (Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard) y el reto de evitar la formación de tribus morenistas. “En el momento en que (AMLO) se va a la Presidencia hay un espacio que no se ha podido suplir con una dirigencia de ese nivel”, dice.

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- A tres años de llegar al poder, las dirigencias de Morena no han logrado superar el vacío que dejó el liderazgo de su fundador, Andrés Manuel López Obrador, hoy presidente de México.

Sus disputas internas son protagonizadas entre quienes vienen del movimiento social y los que proceden de otros partidos; a su vez, ya se registran los efectos de las pugnas por la sucesión de 2024, específicamente en la renovación de su estructura y padrón de militantes.

En un balance autocrítico, que rechaza la idea de agrupar a sus militantes en “puros” e “impuros”, aunque admite el riesgo de conductas facciosas o “tribus”, como ocurrió en el PRD, la presidenta nacional del Consejo Nacional de Morena, Bertha Luján Uranga, expone las dificultades y expectativas de su partido, el más joven y exitoso de México.

Con el registro obtenido en 2014, Morena tuvo como dirigente nacional a Martí Batres Guadarrama y como presidente del Consejo Nacional a López Obrador, quien en 2015 reemplazó al primero, lo que le permitió desplegar sus giras por todo el país. El partido, creado como trampolín político del hoy mandatario, jamás vio impugnadas sus decisiones.

Como se sabe, en diciembre de 2017 López Obrador dejó la dirigencia para postularse como candidato presidencial –por tercera vez– y, con ello, los sobresaltos se iniciaron: la presidencia morenista quedó en manos de la entonces secretaria general Yeidckol Polevnsky.

De manera accidentada, la política y empresaria extendió hasta donde pudo su periodo, pero terminó depuesta a principios de 2019 por el Consejo Nacional, presidido por Bertha Luján, que designó interino a Alfonso Ramírez Cuéllar.

En el último trimestre de 2020, luego de un proceso cuestionado, impugnado y judicializado, la dirigencia quedó en manos de Mario Delgado, quinto dirigente formal del partido.

Pese a todo, la participación en apenas tres elecciones federales ofrece un saldo positivo: la Presidencia de la República, 17 gubernaturas y la mayoría en el Congreso de la Unión, esto es una mayoría apabullante sobre sus longevos opositores, los nonagenarios PRI y PAN, así como un PRD al borde de la extinción.

Para Luján, en el éxito también hay una consecuencia, empezando por la dirigencia nacional morenista desde que López Obrador se convirtió en el presidente de la República.

“Hay una cuestión que se viene dando precisamente por la ausencia formal de Andrés Manuel López Obrador en la dirección de Morena. En estos años, desde que fuimos movimiento y hasta 2018, esa guía, ese liderazgo fue factor de unidad fundamental para la construcción de Morena para lograr el triunfo de 2018… En el momento en que (AMLO) se va a la Presidencia hay un espacio que no se ha podido suplir, con una dirigencia de ese nivel”, dice.

No es todo. Luján recorre en lo general la estructura para ilustrar cómo el fenómeno se expande por todo el país, en liderazgos locales que se convirtieron en gobierno, creando así vacíos en diferentes niveles.

Fragmento de la entrevista publicada en la edición 2353 del semanario Proceso, cuya versión digital puedes adquirir aquí.

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